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La princesa que mataba dragones

Parte II

Parte II

Oct 10, 2018

Pasaron varios años, Leonora tenía quince años y ya era toda una señorita. A pesar de que su madre le había enseñado a comportarse como una buena dama, ella seguía teniendo los mismos sueños y deseos de su niñez pero no se atrevía a comentarlo con sus padres para evitar discusiones desagradables. El protocolo y la etiqueta eran cosas que nunca le agradaron y mucho menos aún le gustaba usar esos elegantes pero apretados e incómodos vestidos que le comprimían las costillas y la hacían caminar de forma extraña.

A escondidas de sus padres (sobre todo de su madre) Leonora se escapaba a la biblioteca del castillo a devorar cuanto libro encontrara acerca de caballeros y dragones; y no sólo eso, sino que en secreto mandaba a sus criados de confianza al pueblo a que le compraran todos los libros sobre ese tema que encontraran en las librerías, porque sabía que si la reina la llegaba a descubrir le echaría un sermón como el que le dio cuando era niña. Aunque por otro lado, ya estaba fastidiada de tener que esconderse y fingir ser algo que no era y que no tenía ninguna intención de ser.

En una tarde tranquila, estaba empezando a anochecer mientras Leonora se encontraba en el balcón de su habitación practicando sus técnicas de tejido (cosa que tampoco le agradaba porque se le daba fatal), vio pasar sobre su cabeza una enorme sombra con una figura amenazadora. Se levantó de su sillón con un salto y alzó la cabeza hacia el cielo, únicamente alcanzó a ver una enorme cola negra llena de pinchos que se perdió entre las nubes. - Eso no puede ser un... dragón... ¿O sí? - se preguntó a sí misma mientras seguía escudriñando el cielo en busca de aquella extraña sombra.

La princesa bajó velozmente las escaleras hacia el salón principal del castillo donde se encontraba su padre para comentarle acerca de lo que acababa de ver, cuando en ese momento, entró uno de los consejeros reales agitadísimo y con cara de angustia. - ¡Majestad! ¡No vais a creer lo que tengo que deciros! Todos los súbditos están aterrorizados porque un dragón anduvo merodeando por varias aldeas del reino causando grandes destrozos. -

Al escuchar eso Leonora confirmó sus sospechas, lo que acababa de ver pasar por el cielo era nada más y nada menos que un dragón.

El rey, con natural preocupación, se puso a pensar en qué podía hacer para solucionar ese asunto. - ¡Tenemos que acabar con ese peligroso animal lo más pronto posible! ¡No quiero que siga ocasionando más problemas! -

- ¿Y qué sugiere que hagamos, vuestra Majestad? - inquirió el consejero hecho un manojo de nervios por la situación.

- Sugiero que sean convocados los mejores caballeros del reino, sólo los más fuertes y valientes deben de acudir al palacio para que juntos podamos planear una estrategia de ataque y poder acabar con esa bestia feroz. -

- Me parece una excelente idea, vuestra Alteza. - replicó el consejero. - ¡Ahora mismo haré circular la proclama real por todo el pueblo! -

Leonora era consciente de que la situación era realmente grave, pero vio su gran oportunidad de poder realizar su sueño de toda la vida: poder combatir a un furioso dragón como los valientes caballeros, y sin pensarlo dos veces, corrió hacia donde su padre para expresarle lo que ella tenía en mente. - Papá, he escuchado que hay un dragón merodeando por el reino y que vas a llamar a todos los caballeros a que vengan a pelear contra él. -

- Así es, hija mía - le contestó el monarca algo confundido por el interés que la princesa mostraba en ese asunto.

- Yo venía a pedirte que me dejes unirme a los guerreros y combatir con ellos al dragón. -

El rey no pudo quedar más que sorprendido con lo que Leonora acababa de pedirle. - ¡Pero hija! ¿Qué cosa estás diciendo? -

- ¡Por favor papá, te lo suplico! Toda mi vida he admirado a los grandes caballeros de la historia y creo que no sólo los hombres pueden ser valientes, yo también lo soy, también tengo temple de guerrera al igual que ellos. -

- Lo lamento querida, pero esto es algo demasiado difícil y peligroso para una chica. -

La reina, que pasaba por ahí cerca, alcanzó a escuchar la conversación de la princesa con su esposo e intervino enseguida. - ¡Pero Leonora! ¿Cómo es posible? ¿Después de tantos años, desde aquella vez que te hablé de lo que debes hacer tú como doncella, aún no comprendes cuál es tu lugar en esta vida? -

El rey le dio la razón a su mujer. - Hija, no sabes lo que dices. No es lo mismo leer libros acerca de dragones que enfrentarte a ellos en vivo y a todo color, es demasiado arriesgado, para eso estamos nosotros los caballeros. -

Sin decir ni una sola palabra más, Leonora salió corriendo hacia el jardín más alejado del castillo, que era el refugio al que acudía cada vez que quería estar sola, y se echó a llorar sobre la gran fuente de mármol que adornaba el centro del jardín. - No entiendo ¿por qué quieren obligarme a hacer cosas que no quiero sólo porque la sociedad dice que así debe de ser? - murmuró mientras que una luz extraña y refulgente iluminó el lugar.

La luz se fue haciendo más tenue y en su lugar apareció una hermosa mujer con expresión amable y unas brillantes alas plateadas. - ¿Qué te ocurre, muchacha? ¿Por qué estás aquí sola llorando? - le preguntó la recién llegada a Leonora.

La princesa se secó las lágrimas, levantó la cabeza y la miró sorprendida. - ¿Y usted quién es? -

- Bueno, soy lo que algunos llaman un hada madrina. Vine a verte porque estabas muy triste y supuse que tendrías un problema muy gordo y podrías requerir de mi ayuda. -

Leonora se puso de pie, dejó de llorar y le explicó al hada su problema. - Pues verá usted, mis padres se oponen a que yo me una al ejército de guerreros que van a tratar de vencer al dragón que anda acechando por el reino y yo me siento totalmente segura de tener la suficiente valentía y fuerza para poder derrotarlo también. -

El hada abrió los ojos completamente sorprendida y se quedó pensativa mientras Leonora la observaba impaciente. - ¿Y bien? - le preguntó. - ¿Usted también cree que una joven y delicada princesa como yo no debería tener esa clase de ideas rondando por la cabeza? -

- Ah, bueno... este yo no... - contestó titubeante. - Sólo es que me sorprende bastante lo que me acabas de decir ¿Sabes? Por lo general las doncellas tristes que he ayudado antes me piden que les dé un vestido bonito para ir a un baile y otras cosas así de superficiales y poco relevantes, pero lo tuyo me conmueve realmente. Me pareces una joven valiente y decidida que no se va a detener hasta lograr su objetivo, veo en tu corazón un gran deseo por luchar y dar una mano a los que te necesitan y eso debe ser recompensado. Así que no te preocupes, voy a echarte una mano. -

Leonora no pudo contener su emoción y corrió a abrazar a su hada madrina. - ¡Muchísimas gracias de verdad! ¡No sabe lo feliz que me hace saber que me comprende! -

- Bueno muchacha, para que puedas entrenar junto a los caballeros mañana en el palacio necesitarás una buena armadura, porque me imagino que no has de tener ninguna. - Dicho esto, hizo un movimiento con su varita mágica y le dio a la princesa una brillante y hermosa armadura. - También debes tener un escudo y lo más importante de todo: una espada. -

- ¡Esto es de verdad increíble! - exclamó Leonora mientras observaba su reflejo en el agua de la fuente con su nueva armadura puesta. - ¡Es mi sueño hecho realidad, no tengo como agradecerle! -

- No te preocupes querida, no me debes nada... ¡Ah, pero hay una cosa más que tengo que decirte! Cuando asistas a los entrenamientos, no te quites nunca el yelmo ni reveles tu verdadera identidad. Es preferible que por ahora no descubran que eres una chica porque no te dejarán seguir adelante. Pero no será por mucho tiempo, tu valentía y tu talento se encargarán de hacer que todos se den cuenta de que estás haciendo lo correcto y no tendrás que esconderte más, te lo aseguro. Así que ya no llores, sé valiente y sigue adelante con tu sueño. -

Dicho esto último, el hada desapareció dejando a una feliz Leonora en medio del jardín iluminado por las estrellas del cielo.

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LaBoheme1987
Lilith Cohen

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