Leonora sabía que tenían que ser muy cuidadosos para poder vencer al dragón y lograr clavarle la espada justo en el corazón. El resto de los caballeros seguían conteniendo al dragón, habían logrado amarrarle el hocico para que ya no pudiera escupir fuego, pero parecía que no podrían tenerlo así por mucho tiempo. Así que Leonora tenía que darse prisa y entonces recordó sus viejos juegos de la infancia cuando bajaba a la cocina a jugar con la estufa y la escoba.
Cuando ella retrocedía a una distancia adecuada era más fácil lanzar su escoba contra la estufa y dar justo en el blanco y eso era lo mismo que iba a tratar de hacer ahora. Se apartó del resto y retrocedió para calcular la distancia aproximada, desenvainó su espada y procedió a lanzarla con todas sus fuerzas y ésta fue a clavarse justo en el pecho del dragón el cual apenas pudo soltar un último chillido agonizante antes de caer muerto instantáneamente.
El rey y los caballeros gritaron y brincaron llenos de júbilo. - ¡Lo logramos! - y corrieron a abrazar a Leonora.
- Ahora tenemos que llevarnos el cadáver del dragón al castillo como trofeo y después dar un gran banquete para celebrar con todo el pueblo nuestra victoria - dijo el rey mientras cargaban entre todos al dragón muerto y emprendían el camino de regreso a casa.
Ya de vuelta en el castillo, el rey organizó una gran fiesta donde hubo mucha comida, bebida y música e invitó tanto a nobles como a plebeyos para festejar a los nuevos héroes del reino.
En medio de todo el jolgorio, el rey pidió que se hiciera una breve pausa para decir unas cuantas palabras. - Amables ciudadanos de este reino, los he reunido aquí porque quiero honrar a este grupo de valientes caballeros, ya que gracias a ellos el malévolo dragón que amenazaba a nuestro pueblo se ha marchado para siempre. -
Todos los ahí presentes comenzaron a aplaudir y vitorear a los guerreros, Leonora y los otros seis caballeros se levantaron de sus asientos haciendo una reverencia para agradecer esa muestra de agradecimiento. Después volvieron a guardar silencio porque el rey todavía tenía algo que decir. - Pero en especial quiero reconocer a este joven caballero... - añadió señalando a Leonora - ... ya que de no ser por su inteligencia y valentía no habríamos sabido cómo derrotar al dragón. -
Y el pueblo estalló en ovaciones a la princesa sin saber de quién se trataba en realidad.
El monarca tomó su espada y prosiguió con su discurso. - Y es por eso que tengo la voluntad de premiar tu gran logro otorgándote un título nobiliario. -
Leonora tuvo que interrumpir a su padre. - Lo siento mucho vuestra Alteza, pero me temo que no podré aceptar tal cosa. -
Todos se sorprendieron mucho al escuchar tales palabras y el rey aún mucho más. - Pero dime joven ¿por qué no puedes aceptar lo que te ofrezco? -
Leonora, que ya estaba cansada de tener que esconder su identidad, se quitó el yelmo para que todos supieran quién era ella realmente. - Porque en primer lugar no soy un joven, y en segundo, porque no necesito un nuevo título ya que yo soy la princesa. -
Todo el mundo se asombró al ver que Leonora era el valeroso caballero que había logrado traer la tranquilidad de vuelta al reino. El rey casi se desmaya de la impresión. - ¡Hija! ¿pero eras tú? -
La reina, que también estaba ahí presente, se sorprendió aún más. - ¡Leonora! ¿Pero... por qué? -
La princesa abrazó a sus dos padres y luego se dirigió hacia el frente para que todos la escucharan. - Sé que todos están muy asombrados por esto y no es para menos, nadie creería que una chica que se espera que sea frágil y débil haya decidido tomar una armadura y una espada para salir afuera a pelear contra un dragón en lugar de tomar hilos y aguja para quedarse en casa a tejer. Lo hice porque yo me sentía capaz de hacerlo, de poder defender la seguridad y tranquilidad de mi gente al igual que muchos hombres. -
Volviéndose a sus padres prosiguió. - Recuerdo muy bien que ustedes me dijeron cuando era niña que debía desechar estas ideas y les pido mil perdones por haberlos desobedecido, pero no podía quedarme quieta sin hacer nada. Espero que puedan comprenderme. -
Leonora miró fijamente a los reyes esperando una buena reprimenda, todos permanecieron callados hasta que el rey rompió el silencio. - Hija, no tienes que disculparte. Es cierto que nos desobedeciste, pero de no haber sido así, no podríamos estar de fiesta en este momento. Lo que hiciste fue por una buena causa y estoy muy orgulloso de ti. -
El padre de Leonora volvió a tomar su espada y pronunció estas palabras. - Hija, por tu valentía y determinación desde este momento te nombro capitana de la guardia real, ya que has demostrado con sabiduría que eres digna de este puesto. -
Todo el pueblo se regocijó. - ¡Salve, princesa Leonora! -
Desde ese momento, Leonora se dedicó entera y felizmente a su nueva labor dirigiendo y adiestrando tanto a hombres como a mujeres para estar listos en caso de que otro dragón volviera a amenazar la paz del pueblo. Y desde aquel entonces, en ese reino se luchó por tratar de que nunca más se volviera a impedir a nadie realizar la actividad que le gustara sin importar si fuera cosa de "hombres" o "mujeres."
Y colorín colorado, este cuento ha terminado.

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