Me partieron en pedazos y me hicieron creer que sin lo mío quedo a la deriva, pero si hay tanto afuera, ¿por qué no pedir prestado un poco de aire?
Terremotos me obligan a moverme y los relámpagos a abrir los ojos. Es que solo estar parado es cosa de sabios y lo mío es un capricho.
Huracanes me invitan a correr y las corrientes de agua a fluir, pero pienso demasiado y hago poco. Tengo que incendiarme.
Mis sueños no están más lejos que mi libertad y quiero salir a buscar, con tiempo, lo que de chico escondí.

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