Un escalofrío por la espalda la recorrió, era hora de irse, de convertirse en polvo de estrellas y volver al cielo. Cogió de la mano al joven guitarrista, se la apretó suavemente y se echó para atrás. Recuperó un medallón de plata que estaba ahí, enterrado entre su pelo y su pecho. Con cuidado se lo dio al joven. Este lo contempló durante unos instantes y se lo puso en el cuello. Y ahora, el final, el silencio y un último abrazo. Se abrazaron y la dama se convirtió en polvo. Él se quedo mirando a la dama que ocupó ese espacio. ¿Qué era eso que sentía en el pecho? Se había enamorado. Se quedó mirando al cielo. “Nos encontraremos aun siendo cien mil leguas de viaje submarino” pensó. Y pasó el resto de la noche mirando al firmamento.

Comments (0)
See all