Estaba parado frente a mí, joven, tal vez veinticinco o veintiséis años, de rostro gentil, mas su belleza física me sorprendía menos que la pulcritud de su persona y su ropa. ¡Todo él era tan limpio!
Quise respondedor, pero el acceso de tos me lo impidió.
_Estás muy enferma _ dijo.
_¡Vaya! ¡Qué observador! _ dije algo incómoda y con cierta dificultad, me dolía hablar. Tragué saliva y procuré respirar hondo.
_¡Qué agresiva! _ respondió él y sus lambios dibujaron casi una sonrisa. ¿Se burlaba de mí? Sus ojos se posaron en las flores floridas que había sacado de mi bolsillo, las pobres en su encierro habían empezado a ajarse.
_¡Ah! Sus flores _, le alcancé las diminutas flores.
_¡Son muy bellas! _ exclamó sonriendo. Una dentadura perfecta.
_No tanto como las de su jardín. ¿Cómo se llaman? ¡Oh yes! Narcisos
_¿Mi jardín? _preguntó sorprendido. _ ¡Ah! Ese ... jardín. Suena poético. El jardín de la muerte.
_¿El jardín de la muerte? _ Qué tontería era eso del jardín de la muerte y eso de lo poético. “¡De qué rayos habla!”, Pensé.
_El jardín de donde arreglas el narciso es un ... ¡cementerio!
_ ¿Cementerio? _exclamé sorprendida, realmente no me esperaba eso. Quise decir algo más pero otro terrible acceso de tos me lo impidió.
_Sí _dijo _ es un cementerio. ¿Ustedes no tienen uno?
_¡Vaya! Primera vez que me regalan una flor ¡y es una flor de cementerio! ¡Una flor de muerto! _ dije, cuando por fin pude controlar la tos. No sabía si reír o enojarme.
_Lo siento_. Se disculpó. _No era mi intención. Tú querías una flor y te di una flor. No quise ofenderte. ¿No siembran flores en el cementerio ustedes?
_No tenemos cementerio. Aquí cuando morimos nos mandan al "Gran Horno", y nos convertimos en simples cenizas, pero eso no importa, somos polvo y al polvo volveremos, solo que ustedes se demorarán un poco más que nosotros, pero al fin y al cabo, todos volveremos a formar parte del polvo de la tierra.
_ Oye ... bueno, no me gusta llamarte "oye", ¿cuál es tu nombre? ¿Como te llamas? _preguntó. ¿Para qué quería saber mi nombre? Creo que solo quería cambiar de conversación.
_No tengo nombre, al menos no creo que alguien de aquí tenga nombre para ustedes. ¿Cómo nos llaman? ¿Parásitos? ¿Qué somos para ustedes? _ dije algo irritada.
_Bueno, empezaré yo, me llamo Rodrigo _. Dijo ignorando mi reclamo.
_No. Tú no te llamas Rodrigo _, dije _ te llamas Narciso.
_Entonces ... tú ¿te llamas Trébol? _ dijo con una mal disimulada sonrisa.
_Me da igual. No me molestas llamarme Trébol.
Era muy amable y agradable y ... hermoso. Me faltan palabras para describirlo, pero no olviden que él era del otro lado del muro, ellos son culpables de nuestra vida. Si pensaba que yo iba a ser su amiga, estaba muy equivocado.
_Trébol, estás muy enferma_, dijo. Yo iba a responder algo, pero la mano en señal de que me callara. _ Escúchame _ prolongadamente. _Seguramente tienes muchos motivos para odiarme o para despreciarme y de hecho tienes razón para hacerlo. Sin embargo, y aunque tú no quieras creerme, quiero ayudarte. Soy médico y he traído medicinas para ti. Ayer te sentí mal, y definitivamente hoy estás mucho peor. Si no recibes medicación empeorarás y ... podrías, incluso, morir.
_¡Qué novedad! _ exclamé con amargura. _ Morir es parte natural de nuestras vidas. Todos estamos enfermos. No es noticia, alguien que conozca quizás en estos momentos está agonizando o murió. Lamentablemente nuestra enfermedad no tiene cura. Se llama pobreza. Como tú quieres llamarle me tiene sin cuidado, para nosotros solo tiene un nombre: pobreza. Además, Narciso, pierdes tu tiempo, no tengo dinero con qué pagar tus medicinas. Te equivocaste de cliente _ respondí. Sentí enojo, pero no por él, estaba enojada conmigo, él era el enemigo, era de Ciudad Nueva. ¡Era tan odiosamente amable!
_¡Me ofendes! _ respondió con expresión muy seria. _Ya te dije, soy médico, me sentiría deshonrado si te dejara abandonada a tu suerte solo porque no tienes dinero, una nimiedad como esa no me impedirá cumplir con mi juramento de médico. Además, en el estado en que te encuentras, no creo que razones con claridad, no puedes tomar decisiones. Quieras o no te atenderé.
Se decidió muy decidido. Por un momento me quedé callada, pensando qué podría responder que lo disuadiera de cumplir su propósito. Tenía razón, no pensaba con claridad. Mi cabeza era un amasijo de dolor. Tenía la sensación de que mis ojos saltarían de sus órbitas en cualquier momento.
Ante mi prolongado silencio, sonrió.
_Veamos, Trébol, sé una niña buena y dame tu mano. Deja esos tréboles. Vamos a dejarlo en ... mi bolsillo. Ahora vamos a sacarte este ... mitón.
Mientras hablaba iba ejecutando lo que dijo. Me sentí avergonzada al ver mis manos desnudas, tan maltratadas, con las uñas cortadas al ras, la piel reseca, encogí los dedos, pero él me cogió la mano, sus manos eran muy suaves, sacó una tableta, y extendiendo mis dedos, yo indicado que colocara mi palma sobre la pantalla. Salió de ella una luz azulina que cubrió toda mi mano por unos segundos. Antes de que saliera de mi sorpresa, sacó mi mano de la tableta, me devolvió los mitones y se concentró en la lectura de una serie de datos que aparecieron en la pantalla.
_¡Qué demonios es eso! ¿Qué cosa hace eso? _ exclamé al fin.
_ ¿Esto? Bueno ... cómo te explico, es ... una especie de computadora, te identifica y da los datos que necesito: presión sanguínea, ritmo cardíaco, temperatura, entre otras cosas, y ... si tuvieras, tu historia médica. Pero claro, tú ... no tienes. Lamentablemente la información que tienen en los hospitales de aquí no está en mi base de datos.
_ ¿Hospitales? _ me reí. _ Sí, claro, nuestros modernos hospitales. Lo siento. _ me disculpé rápidamente al ver su mirada tan seria.
_ Dame tu mano una vez más _. Yo me había vuelto a colocar el mitón. Los dejó puestos. Sacó de su bolsillo una pequeña aguja, unida a un pequeño cubo. Abrí los ojos aterrada al darme cuenta de que me pincharía con esa aguja.
_No te asustes. Apenas sentirás un pequeño piquete. ¿Alguna vez te ha picado un mosquito? Será menos que eso. Bien, quédate tranquila, vamos a desinfectar.
También de ese dispositivo desconocido para mí salió una luz, esta vez roja, esperaba que me desinfectara con algodón y alcohol, pero no, esa luz cubrió mi mano, sentí una sensación de calor, muy agradable en un día tan frío, y sentí el piquete
_¡Demonios! ¿No que no duele? ¿Qué clase de mosquitos tienen ustedes? _ me quejé, besando mi dedo. Ya un poco más calmada volví mi atención a lo que hizo. Sacó un cable pequeño y conectó la tableta, y regresó a la pantalla de datos. _ Vaya, esa cosa ya te contó mi vida pasada y presente, ahora ¡te cuento mi vida futura! _. Dije
_ En cierto modo sí. Esto me da los datos de tu salud presente, y proyecta las enfermedades que padecerás en el futuro, podrían que no puedas evitar, porque el daño está hecho y las que podrías evitar si cambias tu estilo de vida.
_¡Vaya! Ustedes, los médicos de ese lado _dije, señalando con un gesto el muro_ son muy graciosos. Todo es tan fácil y perfecto para ustedes. ¿Por lo menos me dirás qué me anuncia tu "bola de cristal" para el futuro?
_No es muy alentador. ¿Quieres saberlo? ¿Quieres saber de qué morirás y cuánto tiempo? _ me fijaron mirándome fijamente a los ojos.
_No. No quiero. Para qué. Sería sufrir el doble. Empezaría a sufrir desde ahora esperando el día de mi muerte. Prefiero vivir con la esperanza de un día más ... quizás. No temas. Cuando la muerte toca a mi puerta, no me correré, la recibiré con una sonrisa, me tomaré de su mano y me iré con ella.
_ Como quieras. Es tu vida. Pero aquí y ahora, yo soy el médico y tú eres mi paciente. Así tenga que obligarte, te medicaré. De modo que, sé una buena niña y descúbrete la nalga.
_¿What?
_No temas. Sólo quiero aplicarte una inyección.
_¿No tienes uno de esos jarabes apestosos o una de esas pastillas que saben a porquería? Te prometo que me lo tomo sin chistar.
_¡Oye! ¿Que Paso? ¿Dónde está la chica valiente y hasta agresiva? Vamos, Trébol, será un pequeño piquete, ni lo sentirás.
_¿Cómo tu mosquito de hace un rato? No. No. No. No quiero, prefiero morirmeeee !!
_No seas niña, descúbrete la nalga. _me consideró en tono bajo, con cierta lentitud, pero era un mandato, y sus ojos me decían que estaba perdiendo la paciencia conmigo.
_Vamos, entremos a ese edificio, no quiero que te "desnudes" aquí en medio de la calle. Alguien podría verte.
_No te preocupes, por aquí no se acerca nadie que esté en su sano juicio. Podrías asesinarme y nadie se enteraría.
_No me tientes _ dijo.
Se acercó a la puerta del edificio y entró, esperando que yo lo siguiera. Pensé que no era tan alocada la idea, podría asesinarme, quién lo sabría, más aún, quién reclamaría, ¿a quién reclamarían?
Dentro del edificio, aterrada, me descubrí la nalga y me mordí los labios para no gritar.
El piquete esta vez apenas si lo sentí, me indicó que me acomodara la ropa, así lo hice y me quedé paralizada, empecé a sentir un dolor que quemaba como si fuera una oleada de fuego grabar mi pierna y de allí se dispersó por todo mi cuerpo llegando hasta mi cerebro. Creí que perdería la conciencia, por unos segundos todo se oscureció. Recuperé el aliento y busqué apoyo, no fue necesario, él ya estaba sujetando.
_Estás muy débil, por eso te choca tanto. No temas, en unos minutos te sentirás mejor. Confía en mí. Vamos, busquemos algo donde puedas sentarte. Necesitas descansar un poco.
Le seguí sin decir nada, encontramos una banca de madera, que definitivamente no debió pertenecer a ese lugar en tiempos mejores, alguien debió dejar esa vieja banca de madera, quizás alguien que alguna vez buscó refugio en ese lugar. Me senté sin dejar de sujetarme de él.
_¿Quieres curarme o quieres asesinarme? ¿Qué es eso? ¿Medicina o fuego? Jamás en mi vida he sentido tanto dolor. ¿No tienen modos menos dolorosos de atender a sus pacientes?
_Muy rara vez utilizamos inyecciones, preferimos la luz y el sonido para curar enfermedades. No tenemos enfermedades tan serias, normalmente tratamos a las personas más de manera preventiva que curativa.
_¿Luz? ¿Sonido? ¡Eso es imposible! Me engañas, te burlas de mí.
_Superemos tu enfermedad y cuando tu cuerpo esté más fuerte te lo demostraré_, dijo, muy seguro de que yo volvería.
_Debes volver, sino no sanarás_. Parecía adivinar mis pensamientos. Hice una mueca de disgusto. Era un extraño y quería darme órdenes.
_Eres mi paciente, sino vuelves mañana, te buscaré hasta encontrar, donde sea que estés.
_ Está bien, volveré mañana. Ahora debo irme, no demoraré en encender las luces, y de allí ... no pasaré mucho tiempo para las apaguen. Está prohibido estar en la calle durante la noche. Además quién saldría en medio de las tinieblas.
_¿Lemes a la oscuridad? _preguntó.
_¡No! _respondí desafiante.
_Deberías, por tu propio bien, deberías temer a la oscuridad.
Había tal seriedad en su rostro y una advertencia tan firme en su voz. Mi madre me había anunciado muchas veces, pero nunca sentí como ahora la fría caricia del miedo. ¿Qué sucede cuando Ciudad Vieja se cubre de tinieblas? Debía ser algo realmente espantoso para que aún los de Ciudad Nueva temieran.

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