Regresé a casa, llegué casi gateando a mi cama, me dormí al instante. No sentí llegar a mi hermana ni a mi madre.
_¿Valentina? ¡Cariño! ¡Despierta!
Era mi madre, acariciaba tiernamente mi frente. Abrí los ojos y sonreí. Me sentí renovada. Hace mucho no dormía tan bien. El frío en invierno, el calor en verano, el dolor, la enfermedad, siempre hay algo que invade nuestros sueños convirtiéndolos en una experiencia no muy grata en ocasiones.
_¿Eh? _ me sobresalté, la luz del día entraba tímidamente por las ranuras de la ventana. _¿Qué hora es? ¿Ya amaneció? Pero, madre, ¿por qué no me despertaste? No te sentí llegar _. Me desconcerté al verla a mi lado _ ¿No vas a trabajar? _ ella siempre salía con las primeras luces del día.
_Ya me voy, cariño. No te desperté anoche, tuve pena de levantarte, dormías plácidamente, hace muchas noches que escucho toser y gemir de dolor. Era mejor dejarte descansar_. Me miró admirada y feliz _ ¡Mírate! ¡Estás resplandeciente! ¡Qué bueno que estás mejor! No te preocupes, oramos por ti anoche, cariño. Ahora debo irme _, besó mi frente y se marchó cogiendo su bolso de tela que, alguna vez fue azul. Mi hermana, al parecer, ya se había marchado.
Respiré hondo, me sentía ligera, era como si mis pulmones hubieran crecido o el aire fuera más limpio, no sé y no me importaba, solo sé que me sentía muy bien. Pensé en Narciso, no, no, ¿cómo dijo? ¡Oh sí! Rodrigo Supongo que debo darle las gracias. Rodrigo Es tan amable, tan agradable. ¡Odiaba que fuera así! Hubiera preferido un monstruo, un ser malvado, detestable.
_¡Ah! ¡Que lastima! _ me desperecé _Tengo que ir a trabajar! Y en la tarde ... tendré que ir a ver a "mi médico". ¡Ja! Tiene gracia.
En el trabajo me esperaba Marcos, preocupado por mí. Me recibió con una sonrisa, parecía feliz de ver que estaba mejor, eso me hizo sentir mal. ¡El pobre se preocupaba tanto por mí! ¿Y yo? Viendo a un enemigo, y lo más trágico era que quería verlo de nuevo. Apenas llegó mi hora de salida me marché, muy de prisa, no quería que Marcos me preguntara o quisiera decirme algo. Es cierto, él solo era mi amigo y yo no tenía por qué darle explicaciones, pero no me sentía muy bien conmigo misma.
"Debes volver" había dicho él, y volví. Era tarde, no tenía mucho tiempo, no le había dicho a qué hora volvería, seguramente estaría esperando desde temprano, pero no creo que ... seguro se habrá marchado ya. Era un día poco agradable para estar esperando tanto tiempo, el frío era intenso y la llovizna caía persistentemente enlodando las calles. Llegué al punto de encuentro, a paso lento, como quien no quiere. Una parte de mí esperaba que no estuviera allí y otra parte de mí esperaba encontrarlo. Allí estaba, bajo la llovizna, apoyado en un viejo poste, con su abrigo negro, y una bufanda gris, guantes negros de cuero, estaba con los brazos cruzados sobre el pecho. Una pequeña maleta metálica se hallaba a su lado.
Cuando estuvo cerca, me di cuenta que su abrigo estaba seco, totalmente seco, pensé que había estado bajo techo hasta verme llegar, pero su cabello, al igual que su rostro, estaban totalmente mojados. ¿Será que la tela de su abrigo no se moja? ¡Qué cosa tan extraña! ¡Bah! ¡Ya nada me sorprende! ¡Una tela que no se moja!
Antes de que pudiera decirle una palabra me miró y vi el reclamo en sus ojos, moviendo la cabeza de un lado a otro, dijo: _ Muy tarde, señorita, muy tarde.
_Lo lamento, mi vida no es tan fácil como la suya. Yo tengo que trabajar para vivir, qué digo vivir, quise decir sobrevivir. Ayer salí temprano porque me dieron permiso, estaba muy enferma, pero gracias a su milagrosa medicina gozo de una espléndida salud por lo tanto debo cumplir mi jornada laboral.
_Bueno, olvidemos la espera, ya estás aquí. Ven vamos a ponernos a buen recaudo, este frío y esta llovizna no son buenos para ti. Mira ese abrigo, no te protege nada. ¿No tienes uno mejor? _ preguntó. Eso me molestó, quise protestar, pero cogió su maletín con una mano y con la otra cogió mi brazo y me llevó al edificio donde entramos el día anterior.
_Quítate ese abrigo, está mojado, te hace más daño el tenerlo puesto_. Hablaba y actuaba al mismo tiempo, sin que pudiera evitarlo , me quitó el abrigo, se quitó el suyo y lo puso sobre mis hombros.
_ ¡Gracias! _ dije, sinceramente agradecida al sentir un delicioso calorcito que comenzó a extenderse por todo mi cuerpo, me aferré al abrigo y abroché el primer botón para que no se cayera. ¡Este sí que era un abrigo!
_¿Y bien? ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? _preguntó, sentándose a mi lado en la vieja banca.
_¡Qué! _ dije _¿No vas a consultar en tu Tablet mi vida pasada, presente y futura?
_¿Mi tablet? _ parecía desconcertado. _¿Mi tablet? _volvió a preguntar, unos segundos después pareció darse cuenta a lo que me refería _ ¡Ah, eso! No es una tablet, es ... oh, bueno, no creo que lo entiendas, pero está bien, si quieres llamarle tablet, no es problema. Está bien, se parece a la vieja tablet.
Mi respuesta fue un gesto de fastidio, no pareció tomarlo en cuenta para nada.
_Bien, a lo que vinimos _ dijo, abriendo la pequeña maleta metálica. Cerré los ojos e hice un gesto de desagrado al pensar en la inyección.
_¡No quiero! _ dije, alejándome un poco de él.
_¡Vamos pequeña! ¡No te va a doler!
_¡Es suficiente! _ exclamé, _ tú sí que sabes hacer enojar a la gente, ¿no Narciso?
_¿Qué? ¿No entiendo?
Estaba sinceramente desconcertado. Eso me enojó.
_ Primero, te burlas de mi pobre abrigo, aunque no lo creas, es el mejor que tengo. Segundo, me tratas de ignorante. Tienes razón, no sé qué rayos es ese aparato, ni siquiera sé bien lo que es una tablet. Mi abuela tenía guardada una, que, quién sabe dónde había encontrado, nunca funcionó, es más no sé para qué rayos sirve, y no me interesa. ¡Para qué querría yo una tablet! Tercero, y lo peor de todo, ¡me tratas como a una niña! ¡No soy una niña! ¿Sabes cuántos años tengo? ¡Tengo veinticinco años! ¿Sabes lo que eso significa? ¡Soy una anciana! Para mi familia soy una vieja solterona que morirá sola, dentro de no muchos años. ¡Y no me importa ser una anciana solterona! _ estaba histérica, y lo más trágico es que yo sabía que estaba actuando como una loca histérica. Siempre pensé que la gente del otro lado del muro eran unos monstruos insensibles, asesinos sin corazón, que no merecían otra cosa mas que el castigo eterno por sus atrocidades, y allí estaba este tipo simpático y amable, que lo único quería era ayudarme, pero no podía evitar sentir que estaba traicionando a mi gente y a mí misma.
Él escuchó todo mi parloteo sin perturbarse.
_¿Te sientes mejor? Yo sé A nadie le gustan las inyecciones, pero te prometo que el dolor será mucho menos que ayer, y mañana ni lo sentirás. _ Me tendió la mano y me invitó a sentarme a su lado _, Vamos. Necesitas calmarte. ¿Sabes? Esperé mucho tiempo, tengo hambre. Por suerte traje unos emparedados y jugos. Y ... no me gusta comer solo.
Sacó del maletín, que ya parecía mágico, un depósito de vidrio con dos emparedados, y un par de cajitas cuadradas, sin ninguna etiqueta, supuse que era el jugo. Yo miraba todo embobada, como una niña que contempla juguetes nuevos jamás vistos antes.
_Vamos a comer.
Me alcanzó un emparedado y un jugo. El pan estaba cubierto por una servilleta de papel de impecable color blanco. Al ver que permanecía indecisa, tomó mi mano y me obligó a agarrar el pan.
_No temas, no está envenenado.
¿Sarcasmo?
_¡Gracias! _dije con desgano y le di un mordisco al pan, tenía jamón y queso. Después del primer mordisco no pude detenerme, estaba delicioso, era lo mejor que había comido en mi vida.
_Me alegro que te guste _, dijo sonriendo, al ver mi entusiasmo.
_ ¡Está delicioso! ¡Es lo mejor que he comido en mi vida! _ dije, atragantándome con el pan.
_Es solo pan.
_El mejor pan que he comido en mi vida. ¡Esto es pan, esto es queso, esto es jamón verdadero! Y no esa porquería que comemos aquí.
_ ¿No te importa que esté envenenado? _ dijo mientras me miraba divertido.
_No tenía idea de que el veneno fuera tan rico.
_ Exageras. Bueno, termina de comer, bebe tu jugo y a lo que venimos.
Tenía razón, el dolor fue mucho menor, me explicó que ahora mi cuerpo estaba más fuerte, "el impacto es menor". Me acomodé la ropa y miré hacia afuera, no me había dado cuenta de que las luces estaban encendidas desde hace un buen rato, eso significaba que la oscuridad me atraparía en pleno camino. Él también parecía tomar conciencia de ello.
_Es tarde. ¿Vives lejos? ¿Podrás llegar antes de las luces se apaguen?
_No. Pero no te preocupes, conozco el camino y llegaré bien.
_¡No! No lo harás. Te quedarás aquí hasta que amanezca.
_Mi familia morirá de angustia.
_Estoy seguro de que tu familia prefiere pasar una noche de angustia y verte llegar con bien, a no volver a verte nunca más.
_¡Qué trágico! Eres peor que mi mamá. ¿Qué puede ser tan terrible? ¿Un tropezón? ¿Una pierna rota? Lo siento, no me quedaré. No angustiaré a mi madre y hermana.
_Está bien. Como quieras. Solo espera un momento. Toleras mejor el medicamento, pero igual, es mejor que reposes unos minutos. Siéntate. Un par de minutos no harán ninguna diferencia.

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