Me tomó del brazo e hizo que me sentara en la vieja banca que cada vez me parecía menos vieja. En lugar de sentarse él también, abrió su maleta mágica y sacó unos pequeños cubos, cuatro, los colocó en el piso formando cada uno una línea recta en relación al otro, lo observaba desconcertada, no tenía idea de lo que pretendía. Se sentó a mi lado, presionó un pequeño botón en su reloj, me sobresalté al ver que de los cubos salieron haces de luz que nos rodearon.
_No tengo tiempo para espectáculos de luces _, dije levantándome _debo irme.
No pude. Había una fuerza increíble rodeándonos, no parecía nada, excepto la luz, que al inicio había sido muy fuerte, pero ahora era apenas un suave resplandor de tono verde.
_¡Qué demonios es esto! _ exclamé intentando inútilmente salir de ese campo de fuerza.
Me miraba divertido, con los brazos cruzados sobre el pecho. Era seguro que estaba gozando con mis inútiles intentos de fuga.
_No perderé el tiempo intentando explicar lo que es, pero sí te diré algo muy fácil de entender: no pierdas tu tiempo. No puedes marcharte a menos que yo te lo permita. ¿Entendido? No sé tú, pero yo intento dormir un poco.
Se echó sobre la banca. Era un tipo alto, la banca le quedaba chica. ¿Y yo? ¿Dónde se supone que pueda recostarme? ¡Qué más daba! Era claro que no podría salir de ese lugar a menos que él me lo permitiera y eso no iba a suceder. Quisiera o no, estaba atrapada. Era un magnífico abrigo, el piso sería más cómodo que mi cama. Me senté en el piso, apoyándome en la banca. No podría dormir. Era una situación de lo más extraña, estaba allí compartiendo la noche con un tipo que para mí era y estaría siempre un desconocido. De pronto se apagaron las luces, en medio de las tinieblas, la suave luz que nos rodeaba era más intensa. ¿Era necesaria? pensé que no. Hubiera sido suficiente con quedarnos en ese lugar, tal vez asegurar la puerta, pero un campo de fuerza, me parecía algo inútil.
Mi madre, mi hermana seguramente estaba muriendo de angustia por mí. Y eso me hacía sentir mal, culpable.
No sé en qué momento me dormí. Desperté con el corazón angustiado. Tenía la sensación de que alguien nos observaba desde el exterior, tal vez alguien que buscaba refugio, nuestra presencia posiblemente lo amedrentaba. Era raro que hubiera alguien aparte de nosotros por esta zona, creí que estaba totalmente abandonado, pero sí, era seguro, alguien nos miraba. Intenté ver, pero las tinieblas reinaban en el exterior, solo veía un vacío sin fin. Sentí pena por la pobre alma que se hallaba fuera, el frío era espantoso, la llovizna en los últimos días era más fuerte en las noches, las veredas y pistas llenas de charcos de agua, daban testimonio de ello en las mañanas.
_Hay alguien afuera _ dije. _Quizás quiera entrar a guarecerse.
_No hay nadie _ respondió, sin abrir siquiera los ojos. Seguía echado sobre la banca. _Si hay alguien entrará, sino se atreve a entrar entonces ... no hay nadie. Duerme tranquila.
No entendí Qué tontería era eso de si entra o no entra. Había alguien que, quizás, necesitaba ayuda.
_Duerme si puedes. Déjame salir, si hay alguien y necesita ayuda, le ayudaré. ¿Cómo podría dormir tranquila sabiendo que alguien está muriendo de frío afuera?
_No insistas. Pierdes tu tiempo. No te dejaré salir. Si hay "alguien" sabrá ponerse a salvo, este no es el único lugar accesible por aquí. ¿Quiere un refugio? Hay muchos Tú no saldrás hasta que amanezca.
Quise decir algo más pero me pidió silencio. Tuve la certeza de que dijera lo que dijera no lo convencería. Me puse de pie, el movimiento que hice pareció generar una réplica en el exterior. No era una, eran varias las personas que estaban fuera, y al parecer no buscaban refugio, tuve la sensación de que esperaban la oportunidad para entrar. Los pelillos de mi nuca se erizaron como si estuviese ante una fiera dispuesta a atacarme y arrancarme la vida. Fue muy extraño. Muy lentamente volví a sentarme y quedé muy quieta.
Las horas que faltaban para el amanecer fueron muy, muy largas. Al parecer no era solo yo quien no podía dormir, él estaba muy quieto, pero podía que también estaba despierto.
_¡Ya amaneció! _dije por fin. Nunca había esperado con tanta ansiedad el amanecer.

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