Se levantó tan rápido que no pude seguir su movimiento, simplemente miré y estaba sentado. Nuevamente, como en la noche, presionó su reloj y las luces se apagaron.
_¡Eres libre! _ dijo.
_¡Buenos días! _ respondí. Era hora de marcharme. Mi madre y mi hermana estarían desesperadas, pero no podría verlas hasta la tarde. Debía irme, tiempo no me quedaba para regresar a casa. Me quité el abrigo, para devolverlo a su dueño, para mí había resultado una frazada grande y abrigadora . Él me miraba en silencio.
_Bueno _dije al fin _ debo irme.
_Cuídate. Procura venir más temprano.
_¿Hoy? _me sorprendí. No pensaba volver. Creo que adivinó mi pensamiento.
_Sí. Hoy. Soy médico, es mi deber moral no dejar a mi paciente sin completar el tratamiento. Si no vienes, yo te buscaré. Llévate el abrigo, necesitas protegerte del frío, no quiero que recaigas, eso podría tener consecuencias fatales.
_¡Gracias! Pero no puedo, no sabría cómo explicar de dónde lo saqué.
_¿Acaso no puedes comprar uno?
_ Es gracioso lo que dices. En ningún lugar de la ciudad podría yo comprar un abrigo como este. No rechazo tu regalo, es más, me gustaría quedarme con él. ¡Es muy abrigador!
Sonreí a manera de despedida, le entregué su precioso abrigo; cogí el mío que, a lado del suyo no merecía llamarse abrigo, y me dirigí a la puerta. Al abrirla, el frío me golpeó, literalmente me golpeó, fue tan fuerte el impacto que sentí dolor físico. Sí, los inviernos son duros, pero no recuerdo uno que fuera como este. Llovía copiosamente y yo no había traído paraguas, me detuve en la puerta dudando: salir o no salir, como si tuviera elección.
_Déjame adivinar _ escuché su voz, _ no tienes paraguas.
_ No lo he traído, no significa que no tenga uno.
_No dejaré que te marches con esta lluvia. Podrías enfermar de nuevo.
_No puedo quedarme, debo ir a trabajar y…debo ir a casa. Mi familia estará muerta de angustia.
_Entonces llévate el abrigo _ insistió. Estaba a mi lado con el abrigo en la mano.
_Mira _ le dije _ no sé si tu gente te felicitará por ayudar a alguien de Ciudad Vieja, pero “mi gente” no lo aprobaría, no sé lo que harían, pero sé que no me felicitarían.
_Entiendo. Entonces déjame buscar algo para que te protejas. Esperándote, ayer exploré una parte del edificio, creo que encontré un plástico por algún lado. No te vayas. Espérame.
Me puso el abrigo sobre los hombros y desapareció en el interior del viejo edificio. Al rato regresó con un plástico que, alguna vez, debió ser transparente, ahora estaba sucio y muy opaco.
Lo sacudió pero al ver que no resultaba, tomó su impecable bufanda gris que se había quedado en la banca y con ella limpió esmeradamente el plástico. Sentí pena por la bufanda.
_¡Listo! Ahora cúbrete con esto. Y… llévate la bufanda _la sacudió con fuerza y la enrolló alrededor de mi cuello _ no creo que, como está ahora, llame mucho la atención.
Sin decir nada, me quité el preciado abrigo y tomé el plástico y me cubrí con él y con un débil “gracias”, salí. Por suerte llevaba falda, de ser pantalón se mojaría de inmediato en los inmenso charcos que se formaban en la vereda y en la destrozada pista. Avancé unos metros y me detuve, algo llamó mi atención. El poste, donde estuviera apoyado Rodrigo el día anterior, tenía unas marcas profundas como si algo o alguien lo hubiera arañado. Me acerqué y me sobrecogí al comprobar que eran marcas recientes. “¡Diablos! Espero que sea algo y no alguien, no quisiera encontrarme con la criatura que tuviera garras como para hacer esto”. Pasé los dedos por las marcas, eran profundas, realmente profundas. No sabía qué pensar. “Empiezo a creer que mi madre y Rodrigo tienen razón para temer a la oscuridad”.
Apresuré el paso no solo por el frío y la lluvia. Llegaría tarde al trabajo pero era peor no ir. Tomé el bus, nunca sentí tan largo el recorrido. Ahora ya no pensaba en la ciudad y lo terrible que esta se veía, mis pensamientos daban vueltas y vueltas sobre una sola pregunta: “¿volveré?” No parecía una buena idea. Por fin llegué, entré, miré mis pies, mis zapatos estaban llenos de agua, los saqué, los escurrí y los dejé apoyados en la pared junto con el plástico que había sido mi protección, por la lluvia, ahora, se veía más limpio. No era la única en pensar que descalza tendría menos frío. Había una fila de zapatos apoyados en la pared. Cogí la bufanda y lo metí en mi bolso, no quería que nadie se fijara en ella. Aunque sucia, no dejaba de ser una espléndida bufanda. Allí venía Marcos, me sentí mal, como si estuviera engañándolo. Recordé que no tengo más compromiso con él que la de ser buenos amigos. “¡No tengo por qué darle explicaciones de nada!” Ese pensamiento no me hizo sentir mejor.
_¡Valentina! ¡Por fin llegas! Estaba preocupado, aunque claro, con esta lluvia, quién querría salir de casa.
_¡Hola, Marcos! _sonreí, quise ser amable.
Me abrazó, me abrazó feliz de verme. Eso empeoró mi sentimiento de incomodidad.
_Te ves muy bien _ dijo. _ Me alegra que te recuperaras tan pronto. Eres una mujer muy fuerte.
_Sí. Muy fuerte _ no sabía qué decir.
_Mira tus pies, llenos de barro _. se inclinó, sacando un pañuelo del bolsillo del pantalón, con la intención de limpiarlos.
_¡No! _ grité. _ ¡No lo hagas, por favor! _ supliqué, casi al borde de la lágrimas. Marcos me miró desconcertado.
_Está bien. ¡Quédate tranquila! Todo está bien.
_Vamos _ dije _ el jefe se molestará si no empezamos a trabajar.
_¡Claro! _ estaba serio, incluso diría molesto _ Vamos a trabajar. Avanzó tres pasos delante de mí, se detuvo, volteó y mirándome fijamente, preguntó _ ¿Estás molesta conmigo? ¿Hice algo que te molestara de alguna forma? Si es así, te ruego me perdones, fue sin intención. Jamás haría algo que te hiciera sentir mal _. Y antes de que pudiera responderle, se alejó.
Marcos y Rodrigo. Rodrigo y Marcos. Tan distintos personajes que invaden mi vida. ¿Marcos es el ángel y Rodrigo el demonio?” Sí, Rodrigo era el demonio a pesar de su belleza y su hermosa sonrisa. Antes de él mi vida era tranquila, estúpidamente aburrida, prosaica; mi actividad más emocionante era observar la ciudad durante el viaje en el destartalado bus, y mi mayor preocupación pensar en que el mundo se va a acabar esta noche o cualquier noche, y ahora estoy atrapada en un sentimiento absurdo que ni siquiera puedo nombrar. ¿Acaso en alguna parte, en algún rincón de mi cerebro estaba la ridícula idea de que Rodrigo podría interesarse en mí? ¿Podría, yo, despertar un interés que no sea la simple curiosidad? Curiosidad científica, me observaba como a un pequeño insecto de alguno de sus inmensos jardines, solo eso, yo era un bichito más.
¿Volveré? Sí. Volveré. No tenía opción. Él había dicho “¡Te buscaré!” y sabía bien que cumpliría su amenaza. A quién engaño. Es verdad, quiero volver. ¿Por qué? No lo sé. Quizás… también por curiosidad.
Ni bien terminó la jornada salí, no quería cruzarme con Marcos. Cogí mis zapatos, se habían secado y debido a la humedad estaban algo torcidos, pero ese no era problema, mis pies lo enderezarían. En el preciso momento en que iba a sacar la bufanda de mi viejo bolso, salió Marcos.
_¿Te marchas? Te acompaño al paradero. Mira, sigue lloviendo. Mi paraguas es grande, suficiente para los dos. El bus demorará un poco en llegar.
_Me iré en el metro, está cerca. No te preocupes, gracias.
_¿El metro? Tú odias el metro.
_Es cierto _ respondí. Esta conversación me estaba incomodando mucho.
No sabía cómo rechazar su compañía sin ser cruel. Siento un gran cariño por Marcos pero, nunca fue problema para mí rechazar su compañía, lo había hecho muchas veces, pero ahora… mi conciencia o lo que fuera me incomodaba.
_Tú lo has dicho _, dije, tratando de recuperar mi aplomo de siempre, _ llueve, hace mucho frío y quiero llegar rápido a casa. Tú deberías hacer lo mismo. Nos vemos mañana.
Sin dar oportunidad a más réplicas cogí mi plástico y salí. No debería sorprender a Marcos mis desplantes, pero me sentía mal.
El metro más un bus me permitió llegar rápido a la zona oscura, a la zona prohibida, una prohibición que no estaba escrita en ningún lado pero todos respetaban, menos yo, ahora.
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A partir de la próxima semana las publicaciones serán solo los viernes. No quisiera fallarles como esta semana. Gracias por acompañarme. Espero un mensaje de tu parte.

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