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Esta Noche

Apatía

Apatía

Dec 07, 2019

Me había marchado en silencio, sin responder nada, yo tampoco conocía la respuesta.

Mi madre, feliz de verme sana y salva, solo me abrazó, solo eso, no preguntas, no reproches. Así es mamá. Mi hermana, sin embargo, se mordía los labios para no bombardearme con sus reclamos. Mas, en sus ojos, no solo había enojo, había picardía, una picardía cómplice. Ella siempre me reclamaba mi falta de “corazón”, mi “alta exigencia” en cuanto a los chicos. “¿Qué esperas para enamorarte de alguien? ¿Un ángel bajado del cielo? ¡Por tonta, te vas a quedar sola!”, me había dicho más de una vez. Seguramente pensaba que había pasado la noche con “alguien”. Bueno, sí había pasado la noche con “alguien”, pero no como ella pensaba.

Esa noche, esperó a que mamá se durmiera y vino hasta mi cama a atormentarme con sus preguntas. Desde un reclamo fuerte “¿qué demonios pasa contigo?” hasta la curiosidad cómplice ¿quién es? ¿Cómo se llama? ¿Dónde lo conociste? Terminó su largo cuestionario con la satisfacción de “saber” que su hermanita por fin se había enamorado.

_¿Qué te hace creer que estoy enamorada? _ pregunté dándome la vuelta.

_¡Hey! ¿Cómo es eso? ¿Me das la espalda? Soy tu hermana mayor. No sé si estás enamorada, pero si no lo estás… te falta un poquitín, apenas una nada. Lo que no entiendo es porqué tanto misterio. Mamá estaría más que feliz de saber que te interesas por alguien, no le importaría siquiera que fuera viejo y feo. Le duele verte sola.

_ A mí no me importa estar sola.

_ No me digas que aún piensas en ese bueno para nada.

_¡Para nada!

“Ese bueno para nada” era Tony. Tenía quince años cuando lo conocí, en el bus, dónde más. A los quince años tenía el sueño estúpido de conocer a alguien tan especial como mi papá y mi abuelo, y amar y ser amada como mi madre, como mi abuela. Me sonrió, era lindo, me buscó conversación. Me dijo que era linda, que era especial y yo le creí. Claro que Tony solo buscaba pasar el rato, y cuando yo no acepté, quiso forzarme, lo golpeé donde más le dolía, lo arañé, lo mordí y lloré por mucho tiempo Pero no lloré por él, lloré por la ilusión perdida. Pero no iba a llorar eternamente, simplemente lo olvidé. No sé cuándo pasó, solo sé que un día dejé de pensar en él. Desde entonces no quise saber más nada de nadie. Ojalá hubiera conocido a Marcos antes de eso, entonces seguramente me habría enamorado de él.

_Eres bonita, demasiado delgada creo yo, pero eres muy bonita. Esa mirada penetrante de tus lindos ojitos negros, derretirían un bloque de hielo. ¡Hay, hermanita! En medio de tanta miseria es bueno tener alguien en quien pensar _seguía Julia, en su papel de hermana mayor _ ¿Es Marcos?

Me tomó por sorpresa la pregunta. ¡Marcos! “Es un hombre de lo más lindo y tan buena gente”, mi hermana se sigue deshaciendo en halagos. Yo pienso ¿y Rodrigo? Él es solo eso, Rodrigo de Ciudad Nueva. Rodrigo, el enemigo, el monstruo, el malo. No es verdad, eso no es lo que quiero pensar , mejor dejo que el pensamiento vaya a donde quiera ir, “Rodrigo es un ser humano y nada más”.

_¿No dices nada? ¿Ni un sí o un no?

_No. No hay nadie.

_¡Ay Valentina! No te creo. ¿Qué tendría de malo? Ya es hora, hermanita. Te estás “quedando”. Ni que fuera quién. ¿Un traficante? ¿Un vagabundo? Mamá lo aceptaría. No quiere que te quedes sola.

_Querida hermana, la soledad no es una desgracia _ le digo, no quiero que siga hablando _ Anda a dormir. No hay nada que contar.

Intenté retomar mi vida, intenté olvidar estos días. ¿Cuántos fueron? ¿Tres días? ¿Cuatro? Cada día tiene el peso de años en mi vida. Basta. Fin de la aventura.

Lavé la bufanda, es suave, realmente muy suave. Recuerdo de una extraña aventura, solo eso, un recuerdo. Lo guardaré en la caja donde guardo este cuaderno, donde guardo el narciso ya seco. Una vaga sensación de tristeza me invade, pero pasará, como todo. La vida continua.

Dos días, no he vuelto a la “zona oscura” de la ciudad y de mi alma. Marcos está molesto o lo que sea, apenas si me saluda, me da igual. Mi ánimo se va apagando cada día más. A nadie le extraña verme así. Mañana es mi cumpleaños.

La lluvia constante ha golpeado aún más mi pobre ciudad, al pasar con el bus observo edificios que están por colapsar de tan viejos y maltratados que están y ahora la lluvia. ¡Pobres! Los que viven en esos lugares tendrán que abandonarlos y buscar otro lugar, en buena hora hay muchos lugares disponibles. Aquí ya no hay aquello de “esta es mi propiedad y nadie lo toca”, si está libre, lo tomamos.

_¡Feliz cumpleaños, Valentina!

Es Marcos. ¡Maldición! Es el día. Me abraza, parece que es de nuevo Marcos, el de siempre. Me sonríe, me ayuda a quitarme los zapatos. ¡Oh! ¡Qué ternura! Me regaló un peluche. Un poco descolorido, pero muy limpio. Muy limpio y la sonrisa se me apaga. “Rodrigo. Impecable de pies a cabeza”.

_¡Gracias! Está muy hermoso.

_Me disculpo por mi inmadurez _, me dice _ estos días no he sido yo. Me he comportado como un adolescente, peor aún que un adolescente _. Hace una pausa, seguimos caminando. _ Te vas a reír pero creí que estabas viendo a alguien_, agrega.

¿Qué? Quise recordarle que eso no era de su incumbencia pero, preferí callar.

_No sé de dónde sacaste esa idea. Sabes bien que no me interesa tener una relación. Me gusta mi soledad_ respondo, escucho mi voz y me doy cuenta de que sueno un poco enojada.

_Lo sé, pero… quizás un día cambies de opinión. Cuando eso suceda… estaré a tu lado.

_Vamos, vamos a trabajar _ le dije, ya no quería seguir escuchando estupideces. Más saludos de los demás. En casa… también me dirán ¡Feliz cumpleaños!

Hora de irse a casa. Cogí mis zapatos y mi paraguas, “no es tan hermoso como el paraguas de Rodrigo, pero sirve”. ¡Rayos! Cualquier tontería me hace pensar en Rodrigo.

_¡Valentina! ¡Espera!

Es marcos. Y ahora… qué quiere. Llega corriendo a mi lado. Sonríe feliz. Al menos alguien es feliz.

_Hoy es tu cumpleaños _, dice. ¡genial! Quise responder algo pero solo se me ocurrían comentarios crueles. Me callé esperando que diga algo más.

Salimos, camina conmigo, voy al paradero del bus, por suerte no llueve, pero el frío cala hasta los huesos. Parece querer decir algo pero no se atreve. Llegamos al paradero, pasan cinco minutos, ya llega el bus, hora de despedirse. Por fin habla.

_ Valentina, yo… ¡quiero invitarte a una reunión de los Hijos de los Profetas! _ me dice atropellando las palabras.

Esperaba anhelante mi respuesta. Es mi cumpleaños, de por sí mi día es terrible, y ahora ¿pasaré lo que queda del día en una aburrida charla religiosa? ¿Entonarán himnos y me hablarán del fin del mundo? Mi respuesta era obviamente ¡no!

_¡Está bien! Por qué no. Pero recuerda: debemos estar en nuestras casas antes de que apaguen las luces. Mi madre moriría de angustia si la oscuridad me atrapa en la calle.

_ Lo sé. Nadie debe estar en las calles en medio de la oscuridad. No tienes idea de los horrores que esta esconde.

¿Es en serio? ¿Todo el mundo sabe lo que ocurre en las calles cuando las luces se apagan? ¿Todos lo saben? ¿Por qué yo no? ¡Ah, sí! Nunca me interesó. Mi vida, hasta hace unos días, era tan simple que, ahora me doy cuenta, deprime. No volveré a la zona oscura. Iré con Marcos, escucharé una aburrida retahíla de exhortaciones, me sacudirán la conciencia y perdonarán mis estúpidos pecados, el más grave y estúpido de todos: la indiferencia.

Marcos me explica que primero tendremos que pasar por su casa, está muy cerca de aquí, dice. Bien. Si fuera otra persona desconfiaría de él, pero es Marcos y él no haría nada malo jamás. Llegamos al edificio donde vive. Era cierto, vive cerca al trabajo. Me pide esperar en la vereda. Después de unos minutos regresa, trae una bolsa negra en una mano y una polera con capucha en la otra. Empieza a parecerme extraño lo que sucede.

_Perdona _ parece apenado _ pero tengo que hacerlo _ . Me siento intrigada _Quiero que nos conozcas pero no puedo dejar que sepas dónde nos reunimos, es por tu propio bien.

No entiendo nada, lo miro intrigada. Me da la polera para que me la ponga.

_¡Gracias! Hace frío. Pero me parece gracioso que tenga que usar una polera para ver a tus amigos _ le digo, mientras me pongo la polera. Marcos saca de la bolsa una pañoleta verde, la enrolla un poco, y se acerca a mí, lo miro sorprendida y ya algo incómoda.

_ Debo vendarte _ me dice.

_¿Qué? ¡Estás loco! _ esto es demasiado. Me doy media vuelta y decido irme.

_¡Espera! _ me sujeta de los hombros _, por favor, te lo ruego, confía en mí.

Me doy la vuelta, lo miro, quiero decirle que se vaya al diablo, pero me encojo de hombros y accedo. Quiero mandarlo al diablo, pero me controlo y decido tener paciencia. Es Marcos, mi mejor amigo. Me venda los ojos, y como si no fuera suficiente, me pone unos anteojos encima y cubre mi cabeza con la capucha, me dice que incline mi cabeza y me toma del brazo para llevarme. Subimos a un auto, por el sonido puedo darme cuenta que es tan viejo como mi autobús diario.

_ Llegamos _ dice y me ayuda a bajar del auto. Me sigue llevando del brazo. Me molesta tener la pañoleta sobre los ojos. Siento que abre una puerta y me hace entrar con él. La puerta se cierra, me sigue llevando del brazo unos metros más, otra puerta se abre, se cierra, y muy lentamente bajamos unos escalones, y cuando estoy a punto de caer, por fin se detiene. Me quita los lentes y la pañoleta. ¡Al fin! Miro alrededor, pero no hay nada extraño, una habitación casi vacía, apenas si hay unas cuantas sillas.

Vuelve a abrir la bolsa, esta vez saca unas túnicas blancas, me alcanza una y me dice que me la ponga mientras él se viste con la otra. Sí que están locos de remate estos tipos. Ya estoy aquí, un poco tarde para arrepentirme. Debí decir que no en el paradero del bus; ahora estaría en mi casa, tranquila, con mi madre y mi hermana, quizás Victoria esté esperando para saludarme. Pero estoy aquí. Me quito la polera y me pongo la túnica encima de la ropa. Me indica que me quite los zapatos y me calzo unas zapatillas de tela, también blancas. La túnica es larga, llega hasta mis tobillos, cubre toda mi vestimenta.

_ ¡Gracias por confiar en mí! 

********************************

Mil disculpas por la demora pero tuve un pequeño inconveniente con mi cuenta. Afortunadamente ya está resuelto. Buena semana para todos. Me alegraría mucho recibir un comentario tuyo.

floraleandro
Flora Leandro

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" Si somos héroes o villanos depende, supongo, de qué lado de la historia estés. Para ti somos monstruos, para nuestra gente somos sus héroes"
La maldad ha llegado al límite de la destrucción. Dios, la Naturaleza, fuerzas desconocidas, no sé quien escribe la historia de nuestras vidas, pero el autor ha decidido poner punto final a su obra. Marcos y los Hijos de los profetas afirman que hoy es el día, que esta noche será la última. Y... creo que tienen razón. ¿Puede el amor verdadero nacer en el infierno?
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