Sí, una larga noche. Explico que Marcos se va a quedar porque el tiempo no alcanza para que retorne a su casa. Ellas están encantadas, se deshacen en atenciones. Yo le digo que estoy muy cansada y prefiero irme a dormir. Al rato los escucho conversar y por más que intento dormir, no puedo. Pienso y pienso en Rodrigo, los narcisos, y las medicinas milagrosas. Quiero ir a la zona prohibida, sé que no lo encontraré, han pasado varios días y seguramente él no vendrá más, quizás un día o dos. ¡Quién esperaría más!
Las conversaciones han terminado. Mi madre lo invita a dormir en la cama de la abuela o sea en la misma habitación que yo. Finjo dormir.
A la mañana siguiente todos estamos afanados por ir a trabajar, como siempre mi madre es la primera que sale, ella se va más lejos. Mi hermana, Marcos y yo salimos juntos, pero Julia se va en otro bus.
Mientras esperamos permanecemos callados, es como si fuéramos dos desconocidos. Inesperadamente Marcos me tomó de las manos y dijo:
_ Tu madre es una buena persona, un ser con un corazón muy puro.
Sentí miedo, tuve la sensación de que me anunciaría una noticia terrible. Retiré mis manos con cierta violencia.
_ Eso lo sé. Mi madre es una mujer extraordinaria. Es un milagro en este mundo lleno de maldad. Jamás en mi vida la escuché quejarse contra Dios o contra la vida. Siempre ha recibido todo con el mismo amor y la misma gratitud. Cuando mi padre murió, en medio de sus lágrimas esbozó una sonrisa y nos dijo que recordáramos lo mucho que él nos amó y que ese amor siempre estaría allí con nosotras, en nosotras. Nos dijo que Dios sabía por qué sucedían las cosas. Ahora no podemos entenderlo, dijo, pero el Señor sabe el por qué sucede lo que sucede. Sé que soy muy afortunada al tenerla conmigo.
Sentí que dos gruesas lágrimas rodaban por mis mejillas. Marcos me volvió a tomar de las manos y mirándome con inmensa ternura preguntó:
_ La amas mucho, ¿verdad?
_ ¡Con toda el alma! _ exclamé.
_ ¡Díselo! ¡Abrázala! Hazle sentir lo mucho que la amas, no mañana, hazlo hoy.
Me sobresaltó la intensidad de sus palabras, el énfasis que puso a cada palabra. Me soltó las manos con mucha lentitud y luego mirando el bus que llegaba, muy pensativo prometió:
_ No dejaré que sufra. Es promesa. Ella no sufrirá
Sus palabras causaron una profunda impresión en mi espíritu. Quise pedirle explicaciones, pero llegó el bus y se rompió ese momento casi mágico. Volver al tema ya no fue posible. Pero no puedo quitarme de la cabeza sus palabras, están allí resonando una y otra vez. Quería hablar con él, sin embargo, parecía ser él quien me evitaba esta vez.
De regreso ya en casa, antes de que llegaran mi madre y mi hermana, siguiendo un impulso de lo más estúpido saqué la bufanda y envolví no solo mi cuello, también mi rostro con ella. ¡Es tan suave! Atenta al menor indicio de la llegada de mi hermana. La guardé apenas escuché sus pasos acercándose a la puerta.
Cuando llegó mi madre vi con sorpresa que llevaba en el pecho un prendedor, pequeño, discreto, muy discreto, pero, llamó mi atención.
_ ¿Y eso? _ pregunté extrañada.
_ ¡Oh! Me lo regaló Marcos. Yo no quería aceptarlo pero insistió tanto, tanto y realmente estaba muy apenado cuando le dije que no. Me dio lástima verlo así y terminé aceptando su obsequio. Es muy bonito aunque no sé qué representa. Creo que no es nada, sólo un prendedor bonito.
Lo tomé entre mis manos y lo observé detenidamente. No logro reconocer el metal. Parece oro, pero dudo que lo sea. ¿Qué es? A simple vista es una cruz, pero la parte superior más parece un ave, un águila creo, lleva las alas elevadas, termina en punta, en un ángulo tan agudo que me hace dudar que sean alas. En fin para qué me preocupo por un simple prendedor, seguramente Marcos quería despertar la simpatía de mi madre y por eso le hizo un presente.
Recordé sus palabras y al devolver el prendedor abracé a mi madre, le di un beso en la frente y le dije lo mucho que la amo. Sorprendida sonrió feliz, me abrazó con fuerza y me devolvió el beso en la frente.
_ Lo sé hija, yo también te amo mucho _ me dijo.
Se siente tan bien abrazar a alguien a quien uno ama. Ese sentimiento de bienestar me recuerda a alguien más.
Me prometo que al día siguiente iré a la zona prohibida, no, no es que yo le ame o algo así, es solo que… me siento bien cuando estoy con él.
Al día siguiente llueve, y llueve realmente con gran fuerza. Mi pobre paraguas apenas si me protege.
Salí del trabajo muy rápido, sin dar tiempo a que “Marcos” me abordara y me quitara preciosos minutos. Llego al lugar de los encuentros anteriores, el poste, y más allá… el ¿hotel? Creo que dijo que era un hotel. Obedeciendo a mi estúpida nostalgia entraré, miraré y me iré. Empujo la hoja derecha de la puerta que cede fácilmente y entro.
Un espectáculo inesperado se presenta ante mí. Narcisos y más narcisos. Narcisos en el piso alrededor de la banca, narcisos sobre ella, narcisos sobre la mesita. ¿Qué significa esto? Mi sorpresa no tiene límites. Pero él no está aquí. Pienso que debí venir antes.
_ ¡Hola! _ escucho su voz, está detrás de mí. Muy lentamente me vuelvo. Él está allí frente a mí

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