_ Los demás grupos _ continuo _ te diré lo que he podido observar. Los indiferentes, ya te dije, vivimos sin involucrarnos con nada. Los parias, ya lo sabes, son los abandonados por todos, incluso por la vida. Yo creo que, en cierto modo, están muertos ya. Los agresivos pasivos son los que se pasan la vida quejándose y renegando y amenazando cada día con hacer algo para cambiar las cosas, para cambiar el sistema, pero todos sabemos que no harán nada. Los agresivos violentos, son aquellos que no necesitan una razón para agredir a los demás, están tan molestos con todo, con la vida, con la gente, golpean a quien se cruce en su camino, a sus mujeres, a sus hijos, a todos. Los depres paran llorando y lamentándose por todo, no hacen nada, solo viven para quejarse. Los violentos sin freno, son asesinos, destruyen todo lo que pueden y nadie puede detenerlos, nadie se atreve a hacerlo, enfrentarlos significaría morir. Y los traficantes… esos son seres sin alma, si vender su alma fuera posible, lo harían, pero… no tienen alma. Trafican con el hambre, trafican con la salud, trafican con la necesidad de los pobres. Nada les importa, más de uno ha comprado medicina de la buena a los traficantes y una vida entera no es suficiente para pagarles.
Eso es Ciudad vieja. La antesala del Infierno.
_¡Oh! ¡Mi querida niña! ¡Qué ingenua! Crees conocer la antesala del Infierno. Te aseguro que no. Es apenas una ciudad atrapada en la miseria.
_ ¡Por favor! No puedes saber eso. Tú vives en el Paraíso.
_ Conozco el infierno, ya estuve allí.
Dejó el vaso, estaba muy serio. Me preocupé.
_ Mi pregunta _ dije, intentando romper ese momento incómodo. _ ¿Sabes lo que pasa en Ciudad Vieja cuando caen las tinieblas? Es decir ¿Sabes qué “criaturas monstruosas” habitan en Ciudad Vieja?
_ Sí, lo sé.
Y no dijo más. Me quedé desconcertada, esperaba una explicación, o al menos algo más que un simple “Sí, lo sé”. Quedamos en silencio. ¿Otra vez cometí un error? ¿Dije lo que no debía?
_ Es tarde _ dice, _ el día tan gris no permite darse cuenta del paso del tiempo. Debes irte ya, es peligroso que la noche te atrape fuera de tu casa. Vamos, tu ropa ya está seca. Cámbiate.
Cuando salgo del edificio me doy cuenta de que realmente es tarde, creo que la oscuridad me atrapará en la calle.
_ Es tarde. Mejor quédate, es más seguro.
_ No. Necesito volver a mi casa. ¿Trajiste la medicina? Debo llevársela a mi madre.
_ Un día más… no te preocupes, no hará mucha diferencia.
_ Tú sabes que sí. Un día más o menos puede ser la diferencia.
_ Entonces… ve, ve rápido.
Me alejo de él, volteo a verlo, me mira preocupado, sonríe apenas. Intento parecer animada. La lluvia viene acompañada de fuertes vientos, en cuestión de minutos estoy empapada de nuevo y realmente hace frío. Camino lo más rápido que puedo, sin voltear a ningún lado, las luces se apagarán pronto.
A una cuadra del edificio, se apagan las luces. La repentina oscuridad me paraliza, no sé qué hacer.
_ ¡Camina! _ Es Rodrigo, está detrás de mí. Me rodea con su brazo y me empuja con cierta fuerza. _ ¡Camina! ¡No te detengas!
Ahora me coge del brazo y me lleva casi a rastras. Llegamos al edificio, está cerrado, me desespero por encontrar mi llave, pero los nervios no me permiten hacerlo. Él toma mi bolso y encuentra la llave, abre la puerta, entramos y subimos rápidamente al segundo piso, las velas y lamparines iluminan el pasadizo. Toco la puerta.
_¡Julia! ¡Soy yo! ¡Valentina!
Julia corre a abrir la puerta, puedo escuchar sus pasos apresurados.
_ ¡Dónde demonios has estado! ¡Nos tienes muertas de angustia!
Volteo con la intención de decirle a Rodrigo que se quede, no me importa lo que digan, él no puede salir a la calle en medio de la oscuridad. Me quedo estupefacta. No está. No lo entiendo. ¿A dónde fue? Me siento profundamente angustidad. ¿Estará bien? Es Rodrigo, trato de tranquilizareme, yo sé que estará bien.
_ ¡Pasa! ¿Qué esperas? _ Julia me jala con violencia para hacerme entrar.
_ ¿Y mamá? _ pregunto, me sorprende no verla.
_ Está mal, llegó y apenas se fue Marcos, se echó a dormir.
_ ¿Marcos?
_ Sí, vino Marcos. Mamá, a pesar de su malestar, está feliz. ¿Acaso no lo sabes? Como todo un caballero de siglos atrás, vino a pedir el consentimiento de mamá para cortejarte.
_ ¿Cortejarme? ¿Qué? ¿Cortejarme? _ exclamo, fuera de mí.
_ Sí, cortejarte. Tiene permiso para cortejarte y ser tu novio.
¡Mi novio!

Comments (0)
See all