Minutos después, él yacía sentado sobre una roca mientras recuperaba sus fuerzas. Su kimono todo empapado yacía colgando de una rama a la espera de secarse bajo los intensos rayos del sol. El muchacho se quejo:
— Haa…haa, eso estuvo demasiado cerca. Viejo, por tu culpa mi ropa termino toda mojada.
— Ya, ya, no deberías quejarte tanto, jovencito. A fin de cuentas todos estamos a salvo—comento el anciano a su lado.
Yashamaru se puso de pie y se acerco a su caballo, para apoyar una mano sobre su cabeza. Mientras lo acariciaba, le dijo tranquilamente:
— Caballo tonto, te dije que soltaras la cuerda. Terminaste con las encías lastimadas por tu terquedad…
Houki solo permaneció mirándolo con esos ojos negros que parecían obsidianas. El chico inesperadamente cerró sus ojos y le sonrió con amabilidad, para preguntarle:
— Dime amigo, ¿estás para un trote más? Aun tenemos que convertirnos en leyendas, sabes.
— ¡Grrriiirrg!—su caballo esbozo una gran sonrisa llena de entusiasmo.
El anciano permaneció mirando el evidente lazo que el joven y su caballo compartían. Le hizo una incómoda pregunta:
— Dime jovencito, ¿Cómo alguien que ama tanto a su animal, sería capaz de abandonar a un viejo como yo?
— Y sigues quejándote aun después de que te salve. Sabes…rescatar personas no es tan fácil como parece—dijo Yashamaru dándole la espalda.
El muchacho volteo y le dedico una seria expresión. Le pregunto:
— ¿Sabes lo que es el mana?
— ¿Huh? ¿Mana dices, es alguna palabra del extranjero? Pues no sé lo que es, tan solo soy un mero pastor de ovejas que vive alejado de las ciudades—contesto el anciano.
Yashamaru dejo salir un suspiro de cansancio, ya que le daba pereza tener que explicar un concepto tan básico como ese. Él abrió una mano y comenzó a crear una pequeña grulla de papel, le aclaro:
— Hace tres décadas atrás se registro el primer encuentro cercano con un youkai. La gente se alboroto por la existencia de esa criatura, mucho antes de enterarse que era la culpable de una serie de asesinatos. Le temieron por ser distinto a ellos, en lugar de por lo que había hecho.
La grulla que había terminado de ser creada, comenzó a mover sus alas como si tuviera vida propia. El anciano que se había olvidado de parpadear, prestaba más atención en esa figura de papel que en el relato del joven:
— Como medida de contención, los grandes maestros de artes marciales crearon una energía llamada mana. Esta fuente de poder siempre residió dentro de los humanos, pero muy pocos lograban utilizarla. El barco de papel, la soga e incluso esta diminuta grulla…todo lo cree con mi mana.
Yashamaru levanto la mano, dejando que el ave de papel levantase vuelo y se elevara por el celeste cielo. A medida que sobrevolaba el bosque, el muchacho terminaba su explicación:
— Lo entiendes ahora, viejo. El arte que creo consume mucho de mi energía, ahora mismo estoy cansado debido a que tuve que salvarte.
El señor que ya había perdido de vista a la grulla, devolvió su mirada hacia Yashamaru que de brazos cruzados, le exclamo confiado:
— ¡Y aun tengo un salvaje oni por cazar! ¡Esa es mi misión y para ello he venido…matar a un terrible ogro que vive en este bosque!
— Haa…haa…ya veo, ahora todo tiene sentido…—el anciano temblaba de la sorpresa.
Cayo de rodillas y de pronto una sonrisa ebria de alegría inundo su rostro. El señor comenzó a reírse y soltar esperanzadores gritos al cielo:
— ¡Jajaja! ¡Aajajaja! ¡Pero qué tonto he sido que no me di cuenta antes! ¡Gracias dioses, por escuchar nuestros ruegos, han traído al héroe que acabara con la bestia!
Yashamaru que estaba confundido, se miro con su caballo sin poder comprender la felicidad del viejo. Finalmente, este se puso de pie y le hizo saber:
— Pues en ese caso, déjame decirte jovencito que salvarme ha sido tu mejor elección. Después de todo, yo…
— ¿Hmm? ¿Tú qué?—el intrigado muchacho no paraba de parpadear.
— Soy el jefe de la aldea atacada por ese oni, soy el que ha hecho el pedido—el anciano se auto señalo.
El chico junto a su corcel permanecieron atónitos y solo se escucho el soplar del viento. Al final los dos reaccionaron de una manera disparatada, el hocico de Houki se abrió tanto que parecía que iba a tocar el suelo mientras Yashamaru se tomo la cabeza y chillo:
— ¡¿Hee, qué, qué?! ¡¿Tú eres el que hizo la solicitud a la organización?!
— Así es, eso me convierte en tu cliente…—el anciano asintió amablemente con la cabeza. De repente le dijo con amenazadores ojos— ¡Cliente que casi dejas que se ahogue, estúpido!
Tomando todo su orgullo y lanzándolo al rio, Yashamaru se echo a los pies del viejo y agacho la cabeza, suplicándole por su perdón:
— ¡Perdóneme por lo que más quiera, de haberlo sabido me hubiese lanzado a rescatarlo sin pensarlo! ¡Se lo ruego, no presente una queja en la organización o me colgaran vivo, haaa!
El anciano con su encorvada espalda volteo y camino alejándose del chico. Con una expresión de seriedad reafirmando sus arrugas, el señor de reojo le notifico:
— Olvídalo, eso es historia pasada que se llevo el rio. Jovencito, que suerte que has venido, tenemos un verdadero problema entre manos con ese oni. Vamos, te llevare hasta la aldea.
Yashamaru con sus ojos inundados por la determinación, le asintió con la cabeza.
Momentos después, el chico iba cabalgando lentamente con el anciano sentado en la parte trasera de su caballo. El señor le conto:
— Ese oni ha estado asaltando nuestra aldea noche tras noche, robo nuestro ganado, destruyo algunas de nuestras casas e incluso mato a tres de nuestros mejores guerreros.
— Eso sí que suena terrible…ese youkai se ha estado portando mal. Pero no lo culpo, es simplemente una bestia salvaje como todos los demás—menciono Yashamaru con nostalgia en la mirada.
Apretó la rienda con fuerza y pensó: “Al final todos son iguales…papá tenía la razón”. El abuelo lo saco de sus pensamientos con una vergonzosa pregunta:
— Por cierto, ¿nosotros habíamos mandado la solicitud hace una semana? ¿Qué te demoro tanto, jovencito?
Yashamaru se puso tan nervioso que casi se cayó de la montura, forzó una carcajada y le echo toda la culpa al pobre de Houki:
— ¡Ha eso, jajajaja! ¡No sé preocupe, me atrase porque este tonto caballo no quería hacerme caso! ¡No es como si me hubiese tardado todo ese tiempo porque estaba perdido!
El caballo refunfuño molesto y literalmente pensó: “Te hubiese dejado caer por esa catarata, mentiroso descarado”. Mientras avanzaban, las copas de los arboles les servían como un techo que cubría los rayos del sol.
La fauna era muy activa en la zona, se podían ver a los conejos saltar entre las malezas, a los pájaros cantar desde los brazos de los árboles y a los ciervos pastando. Para alguien tan atento como Yashamaru, todos estos detalles no pasaban inadvertidos. Le menciono al viejo:
— Los animales…hay demasiados de ellos…
— ¿Huh, y qué quieres decir con eso? Este bosque siempre ha sido muy alegre y animado—el señor se mostro curioso.
Yashamaru asevero sus ojos y se percato de que había algo raro en todo el asunto del ogro. Le explico:
— Los oni son criaturas muy territoriales que poseen un apetito insaciable, si realmente este bosque es el sitio de caza de uno de ellos, no deberían verse animales vivos. Ellos arrasan con toda la fauna o simplemente provocan que la vida salvaje migre hacia tierras seguras.
El anciano estaba asombrado ante el enorme conocimiento del chico, no solo eso, su poder de observación y deducción no eran normales. Le contesto:
— Me sorprende tu inteligencia, pero debo contrariarte, después de todo fue por ese mismo oni que termine cayéndome al rio.
— ¡¿Deberás, anciano?! ¡¿Entonces pudiste verlo?!—pregunto Yashamaru de reojo.
El viejo sintió un escalofrió con solo recordarlo, aquella imagen seguía fresca en su memoria a corto plazo. Él inclinado recolectando frutos mientras veía dos luces carmesíes surgiendo de la oscuridad del bosque. Mientras temblaba de pies a cabeza, el señor le conto con lujos de detalles:
— Lamento decepcionarte pero no, estaba juntando unas moras cuando pude ver unos ojos rojos espiándome desde las malezas. Con toda certeza pude saber que era ese monstruo, así que huí y termine cayéndome al arroyo. Ese momento fue horrible…
Yashamaru se mantuvo en silencio mientras lo miraba por sobre su hombro. Pensó: “No tiene sentido, ¡esto es ilógico! Dudo mucho que este vejete haya podido escapar de un brutal oni. Además esta raza es impulsiva… ¡ellos no suelen acosar a su presa!”. Su presentimiento de que esta misión iba a ser muy complicada, cada vez se acrecentaba más. Se tomo el mentón con una mano y medito: “Un oni que no ataca a los animales y que acecha a sus víctimas, ¿acaso es un youkai excéntrico? Uno con una dieta equilibrada que no necesita cazar y que tiene curiosidad por los humanos, esto es…inusual”. Fue arrancado de sus pensamientos por el anciano que le aviso:
— Hemos llegado a la aldea.
Yashamaru hizo detener a su caballo justo en la plataforma superior de un talud natural. Pudo contemplar más abajo a la villa que tanto tiempo había buscado. Lo que vio lo dejo atónito…tanto que solo murmuro:
— No puede ser… ¿pero qué clase de…monstruo haría esto?
— Impresiona a primera vista, ¿verdad? Aunque no lo creas hemos vivido así por más de un mes—menciono el viejo con cierta resignación en los ojos.
Sé bajo del caballo y avanzo varios pasos hacia delante hasta detenerse en el borde de la pendiente cuesta abajo. Con las manos detrás de la espalda, le conto al joven:
— Esta es la obra de un oni, desde que el demonio ha puesto su mano sobre mi hermosa aldea, la sonrisa de mi gente ha pasado a ser una ilusión para mí. Por favor…guerrero…
Yashamaru solo yacía atónito ante el misterioso panorama. El viejo derramando lágrimas que eran llevadas por las brisas, le rogo:
— ¡Salva a mi aldea de ese horrendo monstruo y regrésale la sonrisa a los aldeanos!
Ante el héroe a bordo de su caballo, podía verse el apesadumbrado paisaje de una aldea en ruinas. Muchas casas yacían destruidas y varios pilares de humo se elevaban. Podía verse a los aldeanos arrojando baldazos de agua a sus cultivos en llamas, mientras que los establos parecían estar vacios. Yashamaru mostro sus dientes y apretó su mano con fuerza, para murmurar:
— Al diablo lo de un youkai excéntrico…
Con una furiosa expresión posesionando su rostro, él lo juro:
— ¡No es más que un oni sádico y cruel! ¡Sin importar quien sea, lo encontrare y lo matare!
En alguna parte del bosque…en lo profundo de una cueva…alguien se encontraba comiendo una pata de cordero. Arranco un trozo de carne con sus filosos dientes y menciono con una voz infantil:
— Mmmm…Esto está demasiado delicioso, ¡es por eso que nunca me canso de visitar esa linda aldea!
Levanto sus grandes y saltones ojos amarillos y contemplo la oscuridad que le brindaba el techo cavernoso. Su femenina voz hizo ecos en cada pasadizo del lugar:
— ¡Además su gente parece tan divertida y animada! ¡Me gustaría poder reír junto a ellos pero ahora parecen un poco molestos! ¿Me pregunto si fue por algo que hice yo?
De repente dejo de masticar y se quedo con la boca llena. Revoleo sus ojazos hacia la luminosa salida de la cueva:
— ¿Mmh? ¿Qué es esta presencia que siento?
Soltó la pata de cordero y camino por el lugar, las sombras impedían ver quién era. Sé detuvo en medio de la luz que le brindaba el sol y dijo:
— Vaya…parece que alguien nuevo llego a visitar la aldea.
Esbozo una tierna sonrisa mientras sé podía apreciar que la piel de su rostro era roja. Muy animada levanto un brazo y exclamo:
— ¡Un nuevo visitante ha llegado, espero que sea alguien divertido así puede jugar conmigo! ¡Yahoo!
Yashamaru sobre su caballo contemplaba el horizonte, con el viento agitando su cabello:
“Esta misión promete ser todo un reto, ahora entiendo porque me la encomendaste a mí, padre. Tal y como conseguiste tu fama en el pasado, yo también lo hare. Cazare a ese oni sin fallo alguno y te llevare su cabeza. Tal vez así y solo así…finalmente me mires a los ojos…Me pregunto cuánto yo y ese monstruo tardaremos…”.
La misteriosa criatura aun en la entrada de su cueva, completo la frase:
— En conocernos, jujuju.
Continuara…

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