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Tamashi no Joka

#2: La cueva del oni Parte 1

#2: La cueva del oni Parte 1

May 14, 2020

Ellos, mensajeros del mal augurio, sobrevolaron sobre la aldea que ahora no era más que el patio de juegos para la bestia reencarnada en esta tierra. La bandada de buitres tan negros como la noche, desplegaron sus alas sobre las numerosas casas que tenían paredes derribadas y agujeros en sus techos. Una de las aves aterrizo sobre un tejado y deposito sus ojos sobre la silueta de un profeta venido en busca de gloria. Se trataba de Yashamaru que yacía de pie en el centro de la plaza principal de la villa. Estaba muy tenso y una gota de sudor se deslizo por su mejilla. A fin de cuentas todos los aldeanos se encontraban rodeándolo y abrumándolo con sus miradas llenas de paranoia.

El muchacho trago saliva y pensó: “Mierda, me estoy poniendo nervioso teniendo tantos ojos encima. ¿Pero qué le pasa a esta gente? Me dan miedo con esas caras de locos que tienen. Por cierto, ¿Dónde está Houki cuando se lo necesita?”. Revoleo la mirada hacia todos lados en busca de su fiel corcel, hasta que lo vio coqueteando con un par de yeguas. Posaba de perfil y les guiñaba un ojo mientras las hembras literalmente parecía que se reían de él. Yashamaru con una vena a punto de explotarle en la frente y con un puño levantado, murmuro irritado:

— Ese caballo pervertido, en lugar de venir a darle apoyo moral a su amo, se la pasa bien con esas yeguas. ¡Juro que un día de estos va a ver!

De repente, uno de los pueblerinos que estaba pálido del hambre y cansancio que tenía, rompió el silencio:

— ¿Él…es el héroe que finalmente nos devolverá la paz?

El anciano que tenía el cargo de líder en la aldea, se encontraba de pie al lado del nervioso joven. Lo presento:

— ¡Para que preguntas si ya sabes la respuesta, esta tan claro como el agua que este jovencito es el sacerdote enviado por Tamashi no Joka!

Los aldeanos comenzaron a murmurar y a mirarse entre ellos, poniendo en juicio de duda a la capacidad del chico. Yashamaru rogaba por dentro que la gente confiase en él: “¡Ho vamos, por favor ténganme un poco de fe! ¡¿Acaso tuve qué haberme presentado de una forma más épica?! ¡Quizás me veo debilucho a simple vista!”.

Un leñador de forzudos brazos se acerco al muchacho que sudaba a cantaros y lo miro de arriba abajo. Lo subestimo y le dijo al resto del pueblo:

— ¿Este flacucho va a acabar con el oni que ninguno de nuestros guerreros pudo vencer? ¡Ja, es la mejor broma que he tenido en tiempo!

Yashamaru ante el insulto, frunció una ceja y se molesto. Apoyo un dedo sobre el duro pectoral del enorme hombre y le echo en cara:

— Mira tú, macho musculoso con espalda de leñador, he venido desde muy lejos por su ruego desesperado de ayuda y lo único que me dices es…flacucho. ¿Jamás oíste el dicho, “nunca juzgues a alguien por su apariencia”?

— Pues a simple vista eres tan flaco como la rama de un árbol. Ese youkai te va a partir en dos como a un palillo. ¡¿No lo creen así?! ¡¿Realmente piensan que este puede ser el salvador de nuestro pueblo?!—el leñador trato de convencer a la muchedumbre.

Para horror del muchacho, cada vez eran más las bocas que lo criticaban. Todos esos malos comentarios parecían tomar la forma de un fantasma que atormentaba a Yashamaru desde su niñez. Sé tapo los oídos tratando de protegerse de las injurias, pero ellas se filtraban entre sus dedos y llegaban a su mente. Yashamaru que deseaba quedarse sordo, susurraba una y otra vez:

— Ya cállense, ya basta, paren…paren de menospreciarme. Silencio, silencio, silencio.

— ¡Todos cierren la maldita boca ahora mismo!—un grito acallo a los pueblerinos.

Para sorpresa de Yashamaru, el dueño de ese vozarrón no había sido otro más que el anciano. Hablo de manera justa y correcta:

— ¡Este joven ha recorrido un largo camino para llegar hasta aquí, y lo único que recibe son sus criticas sinsentido! ¡Vergüenza debería darles!

— Viejo…—el chico estaba atónito ante tal demostración de autoridad.

La muchedumbre bajo la mirada y guardo silencio. El viejo comenzó a caminar alrededor de ellos, demostrándoles lo equivocado que ellos estaban:

— Puedo entender su desesperación, todos tienen miedo y están viviendo en la incertidumbre total. Ese gigante se ha asegurado de pisotear nuestra esperanza, pero deben creer en nuestro héroe…

El adulto hombre miro a Yashamaru y les exclamo a todos:

— ¡Yo con mis propios ojos he sido testigo de lo que este joven puede hacer! ¡Él me salvo de morir ahogado y me ha jurado cazar a ese oni! ¡¿Si no creemos en él, en quien más podemos creer?!

La gente guardo silencio, era tan evidente la tristeza en sus rostros que parecían haber perdido las ganas de vivir. Una señora conto sus penas:

— Mi hijo…mi pobre y joven muchacho salió a cazar hace tres lunas y jamás regreso…esa bestia del demonio… ¡seguramente lo asesino!

Rompió en llanto y se tapo con las manos, mientras dos aldeanos palmeaban su espalda. Un agricultor se quito el sombrero y conto:

— A mí me destruyo toda la huerta, no dejo absolutamente nada…Apenas y puedo darle de comer a mis niños.

— La noche pasada desperté y descubrí que todas mis patas de cordero habían sido robadas… ¡he tenido una enorme pérdida de ganancias!—maldijo un carnicero.

Esa última declaración llamo la atención de Yashamaru que pensó: “¿Sé robo sus patas de cordero? ¿Por qué un oni que ha asaltado establos enteros haría eso? No encaja con su forma de actuar”. Pese al elocuente discurso del viejo, los aldeanos seguían atemorizados y el daño que aquel monstruo les había provocado había dejado cicatrices en sus corazones. Yashamaru avanzo con el deber de reparar esas grietas, paso por al lado del anciano y le dijo:

— Gracias viejo…hasta el apoyo de un saco de huesos como tú puede darle coraje a alguien como yo.

El muchacho se detuvo delante de la muchedumbre que lo miraba con ojos hambrientos de esperanza. Yashamaru exclamo en voz alta:

— ¡Hace mucho, mucho tiempo, existió un niño que soñaba con un mundo de rosas, pero era evidente que en su ingenuidad desconocía que los monstruos si existían! ¡Fue por esa inocencia que no presintió el peligro que tenía delante…!

Sé tomo el pantalón y lo levanto a la altura de su rodilla izquierda…Lo que los aldeanos vieron, los dejo sin palabras, algunos apartaron la vista de la impresión mientras que otros se tapaban la boca. Yashamaru exhibía una horrible cicatriz que le subía desde el talón hasta la rotula. Les dijo en altivas palabras:

— ¡Ese pequeño quiso tener un amigo y aunque jugaron por un corto tiempo, termino siendo lastimado y por primera vez sintió el dolor!

Con varios pilares de humo causados por recientes incendios, casas destruidas y huertos arrasados, alrededor suyo, Yashamaru menciono:

— Mientras lloraba y veía como su sangre brotaba de su pierna, el niño llamo y llamo a su padre. ¿Qué piensan que hizo su papá cuando lo vio?...

Todos lo escuchaban atónitos, Yashamaru cerró sus ojos recordando su triste pasado y les dijo:

— Solo lo regaño. Al comienzo el pequeño creyó que su padre era cruel, pero era al revés, su papá solo le mostro la verdad de este mundo…

Él levanto una mano hacia arriba y comenzaron a emanar blancas partículas de papel entre sus dedos. Al ver esa magia en acción, las personas se asombraron y comenzaron a murmurar entre sí. Yashamaru grito:

— ¡Es un hecho irrevocable, que los humanos y los youkais no podemos convivir en paz! ¡No hay lugar para los dos en esta tierra! ¡Conozco su agonía, la he sentido en carne viva así que por favor…!

Creo una larga espada de papel y la empuño con fuerza. De repente lanzo un corte hacia un costado, provocando que la catana cause un largo tajo en el suelo. Culmino su discurso con ardientes palabras:

— ¡Crean en mí, esta vez no permitiré que ningún niño de esta aldea experimente lo que yo sentí!

Los pueblerinos permanecieron con la boca abierta, primero fue uno el que aplaudió, luego se sumaron otros dos, hasta que finalmente la aldea entera se estremeció en un coro de aplausos. Todos felicitaban a Yashamaru:

— ¡Esplendido discurso, solo un honorable guerrero podría decir tales palabras!

— ¡Bravo, bravo! ¡Él sin dudas es el héroe por el que tanto esperamos!

— ¡¿Vieron su poder?! ¡A pesar de haber creado una espada de papel, provoco un enorme corte en el piso! ¡Después de todo es un sacerdote de la poderosa organización, Tamashi no Joka!

Entre los ensordeceros halagos, Yashamaru le dedico una sonrisa de confianza al viejo quien le asintió con la cabeza.

Nada podría arruinar tal momento, ¡salvo Houki que paso cabalgando detrás del chico! El excitado animal con dos corazones en sus ojos perseguía al par de yeguas. Un hombre se tomo la cabeza y grito:

— ¡¿Pero qué demonios?! ¡Ese caballo quiere violar a mis yeguas, ¿Quién es el dueño de ese pervertido de cuatro patas?!

Yashamaru que no sabía dónde meterse de la vergüenza que tenía, se rasco la cabeza y forzó una sonrisa:

— ¡Jejeje! ¡Ese es mi caballo, no…no se preocupe, ahora mismo lo voy a detener!

Cómicamente, el muchacho comenzó a perseguir a Houki, gritándole:

— ¡Detente ahí, tú, caballo estúpido! ¡¿No podías controlar un poco tus hormonas?! ¡Justo después de haber dicho un discurso tan épico, tenias que hacerme quedar mal!

La muchedumbre permaneció perpleja ante la disparatada escena.

El anochecer no tardo en llegar y con él, un manto de oscuridad y estrellas cayó sobre la aldea. Yashamaru se encontraba descansando dentro de un establo, acostado sobre un colchón de paja. Un candelabro yacía colgando de una madera, brindándole una tenue iluminación al lugar. Su caballo Houki hundió su hocico en un abrevadero y se aseguro de saciar su sed, a fin de cuentas, saldrían de cacería. El joven enderezo su torso y nostálgico miro la cicatriz en su pierna, le pregunto a su caballo:

— Es una horrible marca, ¿no lo crees? Pero qué más da, es el precio por mi ingenuidad…por haber cometido el pecado de contrariar a mi papá.

El caballo dejo de beber agua y se acerco a él, para lamerle la cicatriz, como si eso fuese a desaparecerla. Yashamaru acaricio la cabeza de Houki y le dijo:

— Lamento haberte arrastrado a esto, amigo. Justo tuvo que tocarte un amo fracasado como yo…

Su caballo ahora le lamio el rostro, tratando de animarlo, pero Yashamaru le ordeno que se detenga:

— ¡Ya, ya, para de lamerme que me haces cosquillas, jeje! ¡No te vengas a poner cariñoso conmigo justo ahora! ¡Recuerda que tenemos una misión que cumplir!

El chico observo una botella de sake y una pata de cordero que tenía en el suelo. Estaba motivado, quería que su misión fuese un exito y esos objetos eran la llave del triunfo. Pensó: “Los oni poseen mucha fuerza y resistencia, además de una gran durabilidad en combate. Enfrentarme de manera justa con él no sería más que un suicidio…así que me he preparado”. Tomo la botella de licor y le saco el corcho, para verter un extraño liquido verde en su interior. Yashamaru ahora no mostraba ninguna clase de emoción en sus ojos, no había un ápice de piedad en su mirada. Medito: “Los oni aman el licor por sobre todas las cosas, así que fingiré ser su amigo y le entregare esta botella. El veneno que le puse lo matara en cuestión de minutos y una vez muerto, le cortare la cabeza y me la quedare como trofeo”. Tomo la pata de cordero y le pregunto a su caballo:

— Utilizare esto como carnada. ¿Qué me dices, Houki? ¿Esta vez podremos salir victoriosos?

El bravo animal se paro sobre sus patas traseras y relincho con fuerza, transmitiéndole seguridad a su amo. Yashamaru sonrió y le contesto:

— Lo siento, perdón por preguntarte algo tan estúpido. Hoy es la noche en la que nosotros dos, por fin habremos podido cazar a un youkai.

Él miro pensativamente esa botella de sake, y grito por dentro: “¡Esta vez lo conseguiré, voy a cumplir con tus expectativas…padre!”.

Minutos después, el muchacho montando a su caballo, estaba alejándose de la aldea. Se detuvieron por unos instantes y voltearon para mirar a la villa que tanto daño había sufrido. Con las frescas brisas acariciando su cabello, Yashamaru murmuro:

— Mañana cuando amanezca, todos podrán volver a sonreír y continuar sus vidas en paz. Me asegurare de ello…

Luego de haber cabalgado por una hora, el joven héroe se encontraba dirigiéndose hacia una montaña donde había muchas cuevas. La luna era su amiga y se encargaba de guiar su camino, dispersando la oscuridad con sus puros rayos. Yashamaru paso por un puente de rocas, donde abajo fluía un pequeño arroyo de aguas cristalinas. Los grillos le cantaban melodías para calmar su espíritu y las luciérnagas volaban a su alrededor, regalándole un espectáculo de luces verdes y amarillas. El héroe se perdió en sus pensamientos: “Desde que me convertí en sacerdote, he tenido un total de seis misiones con esta. Todas las anteriores…fueron un fracaso. Ya sea por mi propia debilidad o incompetencia, los youkais siempre terminaban escapándoseme. En la organización se me considera el peor guerrero hasta ahora”. Sé detuvo y miro hacia el cielo, viendo pasar varias estrellas fugaces. Yashamaru dejo caer una lagrima por su rostro, no era porque había visto aquel hermoso espectáculo de la naturaleza, si no porque se había acordado de su padre. Continuo avanzando bajo las estrellas: “Pero la verdadera culpa de mi fracaso, es porque vivo bajo la sombra de mi papá. Las expectativas que tengo que cumplir son tan inalcanzables como el cielo sobre mí. Después de todo…soy el hijo de Minamoto no Yorimitsu”. Recordó un cuadro que habían pintado en honor a su padre, en el podía verse a un guerrero con una lanza, sujetando con una mano la cabeza de un horrendo monstruo.

“Mi papá es el héroe que decapito al legendario oni, Shutten Doji. Aun recuerdo cuando era más joven y lo vi volver a mi aldea, estaba orgulloso de tener a un padre como él. Yo me quería convertir en su viva imagen, pero pronto me di cuenta que solo era una fantasía. Mi padre es fuerte, seguro y ejecuta a los youkais sin dudarlo, yo al contrario...no puedo diferenciar entre humanos y youkais. Soy…Piadoso”.

Esa última palabra hizo ecos dentro de su mente, la piedad en las manos de un guerrero no era más que una herramienta inútil. Ya los rayos de la luna no lo iluminaban, ahora Yashamaru no era más que una sombra que se fusionaba con la noche. Estaba a punto de dar el paso que convertiría a un hombre…en una bestia más. 

matiasromero63
Matías Romero

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