En alguna parte del bosque, detrás de la acuosa cortina brindada por una catarata, había una cueva. Pudo oírse a alguien masticando y tragando, dándose un festín bañado en pecado. Se trataba de un enorme individuo cuya espalda era lo único que podía verse, mediría un poco más de tres metros y estaba sentado sobre una especie de asiento. Con sus fauces arranco un trozo de carne y menciono:
— ¡Mnh! ¡Comienzo a fastidiarme de estos banquetes sin gracia! ¡No son dignos de un rey como yo!
El hedor a muerte lo rodeaba y se propagaba por todo el lugar. Una alfombra de esqueletos y cráneos de animales se extendía hasta sus pies, lo que indicaba que ese enorme ser no era amigable. Reposando sobre un trono hecho de piedras, se hallaba un monstruo de piel azul, con un solo cuerno brotando de su frente y vistiendo una armadura negra que remarcaba sus pectorales y abdominales.
Como si estuviera hablando con los fantasmas de sus víctimas, dijo:
— Soy la cúspide de los depredadores, soy el horror personificado de todos los seres vivos de este mundo. Soy Kioketsu, el oni azul.
Con sus ojos rojos y una sonrisa de oreja a oreja, apoyo un codo sobre su trono y exclamo:
— A pesar de que he devorado casi todo el ganado de esa sucia aldea, siento que mi estomago sigue tan vacio como antes de comer.
Se sirvió licor sobre un cráneo humano y bebió, chorreándose el líquido por sus labios. Él se creía un rey y así mismo, todo lo que existía fuera de esa cueva le pertenecía. Kioketsu dejo de beber y arrojo el cráneo destrozándolo contra una pared, luego se levanto pesadamente de su asiento y comento:
— Tal parece que tendré que visitar nuevamente a esos aldeanos. Que molestia, hacerme levantar para ir a buscar mi alimento. Parece que esos pequeños humanos aun no conocen la definición de servidumbre.
Camino sobre la alfombra de huesos, que se partían debajo de sus pies. Tomo un enorme mazo de color plateado y lo apoyo sobre su hombro. Finalmente se dirigió hacia la salida de la cueva, mientras decía aterradoramente:
— Creo que esta noche cambiare un poco mi menú, me gustaría comer unos bocadillos más tiernos, quizás unos lindos niños, jejeje.
Mientras tanto, en lo profundo de la caverna donde se vivía un momento muy tenso, Yashamaru atrapado por las manos de tierra que habían salido del suelo, se hallaba a merced de la misteriosa criatura. Esta extendió sus manos sobre él y le dijo:
— Ahora que ya no puedes moverte, señor, solo queda una cosa por hacer…
El joven abrumado por el terror y arrepentido de haber intentado cazar a ese oni, cerró sus ojos y grito por dentro: “¡Maldición, no me puedo mover! ¡¿Realmente…voy a morir aquí?! ¡¿Acaso mi aventura acabara en esta fría cueva, siendo devorado por este pequeño diablillo?! ¡No quiero, no quiero morir!”.
Inesperadamente, el dolor nunca llego y en cambio, la criatura solo apoyo delicadamente sus manos sobre la cabeza de Yashamaru y le dijo:
— ¡Te atrape! ¿Señor, quiere volver a jugar conmigo?
— ¿He?—el muchacho levanto la mirada con incredulidad.
Los dos se permanecieron mirando en el silencio de la cueva, oyéndose solo los constantes goteos de las estalactitas. Yashamaru apenas pudo preguntar:
— ¿Volver a jugar…dijiste?
— Si, ha sido lo más divertido que he hecho en mucho tiempo. ¡Usted es entretenido!—el oni con sus luminosos ojos, asintió con la cabeza.
El atónito héroe ni siquiera sabía cómo reaccionar, podía sentir como el miedo comenzaba a disminuir y la sensación de amenaza iba desapareciendo. Pensó: “¿Acaso no piensa…matarme? ¡No, debe ser un engaño, tiene que ser una trampa! ¡Este oni está jugando conmigo!”. Sin creerle una sola palabra, Yashamaru le grito con ferocidad:
— ¡Oye tú, si pretendes asesinarme, hazlo de una maldita vez! ¡No pienso suplicarte por mi vida!
— ¡Huaaaaaa!—el oni pego un salto del susto.
Atemorizado por el grito, salió corriendo y se oculto detrás de una columna. Se asomo con sus dorados ojos y le pregunto tímidamente:
— ¿Pe…pero porque me grita? ¿Acaso he hecho algo malo, señor? ¿Está enojado conmigo…?
Yashamaru que frunció una ceja, estaba totalmente extrañado con la forma de actuar de esa criatura. Murmuro:
— ¿Pero qué le pasa a ese oni? Su comportamiento es tan…raro.
Viéndose todavía apresado por esa técnica de tierra, él medito: “¡No sé qué demonios le pasa a ese monstruo, pero tengo que aprovechar para liberarme!”. Aprovechándose de la aparente inocencia de la criatura, Yashamaru fingió una sonrisa y le pidió:
— Ho perdóname, no quise ser rudo contigo. Lo que pasa es que estas manos de tierra me están apretando mucho, jeje. Tal vez podrías dejarme libre y así podríamos volver a jugar, ¿qué me dices, he?
Los ojazos del oni se iluminaron de la felicidad al oír tales palabras, se acerco corriendo a él y le exclamo:
— ¡¿En serio volverá a jugar conmigo, señor?! ¡¿Me lo promete?!
— Jajaja Claro que si, después de todo yo también me divertí mucho. Vamos, libérame así podremos volver a jugar a las atrapadas—el joven le guiño un ojo.
El oni comenzó a dar saltos de la alegría, mientras revoleaba los brazos para arriba:
— ¡Yey! ¡Qué feliz soy, yahoo! ¡Esta es la noche más divertida de mi vida!
Yashamaru mientras lo miraba saltar delante de él, sonrió muy ladino y pensó: “Festeja mientras puedas, idiota. En cuanto me libere echare a correr fuera de este agujero de muerte. Pero no te preocupes, volveré a buscarte con un plan más elaborado y entonces…separare tu cabeza del cuello”.
El pequeño ser chasqueo los dedos y exclamo:
— ¡Magia terra: Desactívate por favor!
Las manos de tierra se desarmaron liberando a Yashamaru que no perdió tiempo, de inmediato se levanto y salió corriendo con una velocidad que agito la larga cabellera del oni. Este miro al chico alejándose y le aviso:
— ¡Señor, por ahí no es! ¡En esa dirección queda la salida!
— ¿Pues qué esperabas, estúpido? ¿Realmente pensaste qué me quedaría a jugar contigo? ¡Saldré corriendo de aquí!—dijo el chico, totalmente confiado.
Justo cuando estaba a punto de salir de la cueva, varios pinchos de tierra salieron de la parte superior e inferior de la salida, para que esta se cierre como si fuera una boca. Yashamaru se detuvo sorprendido y grito:
— ¡¿Pero qué carajos?! ¡Ese maldito oni bloqueo mi única salida!
— Señor… ¿Por qué intento escapar?—él se sobresalto al oír la voz de la criatura detrás.
Aterrado, el joven volteo y vio al oni todavía oculto en las sombras. Con la fogata iluminando el lugar, Yashamaru retrocedió hasta chocar su espalda contra la pared. Menciono:
— Diablos, ahora sí que tengo la soga al cuello. No tendré otra oportunidad para escapar y estoy arrinconado por este oni enano.
— ¿Acaso usted me mintió para poder irse y ya no jugar más conmigo?—la criatura comenzó a caminar hacia él, dando miedo.
Finalmente salió de la oscuridad, siendo iluminada por la fogata…La reacción de Yashamaru no tuvo precedentes, su boca y sus ojos se abrieron enormemente y una gota de sudor recorrió su mejilla. Sin poder creer lo que estaba viendo, tartamudeo:
— Dime que esto…es una broma de mal gusto. No puede ser…el youkai que estaba persiguiendo es…
¡Inesperadamente se trataba de una niña oni que rondaría los catorce años de edad, con la piel roja y una larga cabellera blanca parada en puntas que casi tocaba el piso! Sus grandes ojos eran amarillos y tenía dos pequeños cuernos saliendo de su frente. Ella estaba vistiendo una pechera de piel de tigre que cubría desde su cuello hasta sus pechos, además de una falda del mismo material. La pequeña miro con enfado a Yashamaru, pero sinceramente inspiraba más ternura que miedo. El joven culmino su frase:
— ¡Estaba persiguiendo a una niña oni, ¿de en serio?!
— Mentir es de mala educación, señor. ¡Me prometió que si lo liberaba seguiría jugando conmigo, pero solo quería escapar!—la niña lo señalo con dedo acusador.
Yashamaru la miraba de arriba abajo una y otra vez, sin poder creerlo. Pensó: “¡Es una cría, ¿es una condenada enana de metro y medio el oni que estaba asaltando la aldea?! ¡¿Qué demonios voy a hacer con ella ahora?!”. De pronto cayó en la cuenta de que ella podía ser la hija de un oni mucho más grande, por lo que chistosamente se puso a raspar la salida con las uñas. Chillo mientras lagrimeaba:
— ¡Mierda, tengo que salir ya mismo de esta jodida cueva, antes que el papi y la mami de esta petisa vuelvan a casa!
— Nadie volverá a casa…—oyó detrás de él.
El sorprendido muchacho miro hacia atrás viendo a la niña caris baja y solitaria. Ella menciono:
— Yo vivo sola aquí, señor. No tengo un papi y una mami como los demás niños de la aldea.
A pesar de que Yashamaru la miraba con desconfianza, había dejado de intentar escapar de la cueva. Le pregunto:
— ¿Los demás niños de la aldea dices? ¿Entonces admites haber atacado a los aldeanos?
— ¡¿He, atacarlos?! ¡Yo nunca haría algo tan terrible como eso! ¡Sé equivoca señor, solo he ido a espiarlos y…!—la niña agito las manos, sorprendida por la acusación.
Junto dos deditos y aparto la mirada con vergüenza, para confesarle:
— …Bueno, de vez en cuando me robo algo de su comida. Es que mi pancita ruge del hambre y tengo que darle algo…
El chico permaneció en silencio, no podía sentir ningún instinto asesino viniendo de ella. Le dijo:
— Entonces tú eres esa ladronzuela que se robo todas las patas de cordero, ¿verdad?
Apenas escucho esas palabras, la pequeña se hizo agua la boca y se froto la panza, para decir babeándose:
— Haa…patitas de cordero…son tan deliciosas.
De repente, una lamparita se prendió sobre la cabeza de la niña y ella levanto un dedo, exclamando:
— ¡Eso es, se me acaba de ocurrir una brillante idea! ¡Recordé que aun tengo dos patas guardadas! ¡¿Qué le parece si se queda a cenar conmigo, señor?!
— ¡¿He, qué, qué?!—grito Yashamaru, sin poder creer la propuesta.
Antes de que pudiera negarse, la pequeña oni corrió hacia un rincón y saco dos enormes patas de cordero. Con toda confianza, ella se acerco a Yashamaru y le ofreció una:
— ¡Tenga señor, sentémonos en la fogata y comamos, mientras charlamos un poco!
— O…Oye, no es como si hubiera aceptado sentarme a comer conti…—Yashamaru estaba a punto de rechazar su invitación, cuando se le ocurrió una idea.
Muy astuto, recordó que todavía tenía la botella de sake envenenado. Una vil sonrisa se dibujo en su rostro, lo cual era la prueba clara de que había trazado una nueva treta. Miro con perversos ojos a la niña y pensó: “Eso es, esta es la oportunidad para envenenarla con el licor que prepare. Fingiré ser amistoso y terminare engañándola. ¡Podre acabar con ella de una manera muy fácil, jejeje!”. Yashamaru tomo la porción de carne bovina, y le sonrió:
— ¡Claro pequeña, sentémonos a comer y conversar como buenos amigos!
Apenas esa última palabra llego a sus puntiagudas orejas, la niña oni se alegro a tal punto que dos estrellitas se grabaron dentro de sus pupilas. Contenta le pregunto:
— ¡¿Amigos, de verdad que somos amigos?! ¡Qué genial, por fin tengo uno después de tanto tiempo!
— No preguntes obviedades, al fin de cuentas, solo los amigos juegan entre ellos, ¿o no?—Yashamaru le mintió.
La niña impulsivamente lo tomo de la mano y lo condujo hasta la fogata. Minutos después, los dos estaban sentados alrededor del fuego, ella devoraba su pata de cordero mientras el joven la espiaba entre las llamas:
“Tiene el apetito de una bestia, no me sorprendería que haya sido ella quien sé robo todo el ganado, pero…”. Se tomo el mentón y observo su alrededor, sin ver un solo hueso perteneciente a algún animal. Recurriendo a la información recopilada hasta el momento, Yashamaru trato de unir todas las piezas del rompecabezas: “Un oni excéntrico que le gusta robar comida y espiar a la gente, ¿podría ser ella esa criatura? ¿Pero entonces, quién demonios ataco la aldea?”.
De repente él perdió la concentración debido a la niña, que llevándose una mano al tórax, se presento:
— ¡Ho, perdóname que no me he presentado, mi nombre es Ilis! ¿Cómo te llamas tú, amigo?
— Ya…Yashamaru no Yorimitsu—contesto el chico, todavía extrañado por la confianza que la pequeña le tenía.
Teniendo problemas para recordar ese nombre tan largo, Ilis se llevo una mano a la pera y dijo:
— Yasharuma…no, no era así. ¿Cómo era? Gordamaru no Estupiditsu, no, tampoco, eso suena casi como un insulto…era…era…
El muchacho que ya de por si no era muy paciente, estaba con una ceja fruncida y una vena hinchada en su frente. Tratando de disimular su enojo, la corrigió:
— Es Yashamaru, ¿Cómo puedes olvidar un nombre que acabas de escuchar?
— Hee…Es demasiado largo y difícil para recordar. ¡Ha ya sé, te llamare “Yasha”, es mucho más fácil de memorizar!—Ilis exclamo contenta, nuevamente con una lamparita prendiéndose sobre su cabeza.
Ese diminutivo sonó tan ridículo que Yashamaru casi se cayó para un costado. Le protesto enojado a la niña:
— ¡¿Yasha?! ¡¿Me estás hablando en serio?! ¡Ese nombre suena muy estúpido y me quita toda la seriedad!
Ilis se levanto y comenzó a correr alrededor de la fogata, festejando contenta:
— ¡Ejejejeje! ¡Yasha, Yasha, Yasha, suena tan divertido y gracioso!
— ¡Oye, oye, tranquila! ¡Vuelve a sentarte y quédate quieta!—la reto el joven, viéndola corretear por detrás de él.

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