Incapaz de poder seguir moviendo su arma, Yashamaru grito en el aire:
— ¡Imposible! ¡Ése maldito fue capaz de frenar mis ataques!
Kioketsu sacudió la lanza, estrellando al muchacho contra el suelo y produciendo una explosión. Yashamaru termino maltrecho y tirado boca abajo en medio de un cráter. Creyéndose victorioso, el ogro se limpio las manos y dijo:
— Ahora que por fin me quite de encima a esta molestia, podre ir a saludar a esos aldeanitos y recordarles quien manda aquí.
Una vez más volteo y camino en dirección hacia la aldea, pero entonces escucho un débil susurro:
— Detente ahí… ¿Adonde crees qué vas? Esto aun no termina…
Kioketsu se detuvo y espió por sobre su hombro, viendo al joven levantándose con dificultad. Con el cuerpo temblándole por el dolor y el cansancio, él lo amenazo con la mirada baja:
— Atrévete a volver a darme la espalda…y te aseguro que perderás la cabeza…
— Mejor ya no te levantes más. No tengo interés en matar a un hombre que apenas se mantiene de pie—le aconsejo el orgulloso gigante.
Con varias manchas de tierra y sangre tiñendo su kimono blanco, Yashamaru tambaleándose salió del cráter. Con el flequillo cubriéndole los ojos, dijo:
— Me levantare una y otra vez…sin importar cuantas veces me aplastes…por el bien de toda esa gente que decidió confiar en mí…
— ¿Por qué llegas tan lejos por esos simples aldeanos? No vale la pena tirar tu vida a la basura por ellos—le pregunto el malvado ogro.
Con su ropa echa harapos agitándose al viento y los rayos lunares iluminando su lento caminar, Yashamaru había tomado un aspecto fantasmagórico. Él le respondió con valentía:
— En eso te equivocas, tiraría una y mil veces más mi vida a la basura por ellos. Porque les jure que les traería un nuevo amanecer…
La energía que le quedaba, comenzó a manifestarse en forma de pequeñas flamas blancas alrededor de su cuerpo. El joven cerró sus puños con fuerza y exclamo:
— ¡Un mañana donde todos viven felices, donde los niños no tienen pesadillas estando despiertos, temiendo porque un monstruo los visite en medio de la noche!
Abrió sus manos y partículas de papel comenzaron a brotar de sus dedos, comenzando a crear el arma definitiva, que le traería la salvación al pueblo. Gracias a que una brisa movió su flequillo, pudieron verse sus ojos llenos de determinación…y ese era el tipo de miradas a las que Kioketsu más temía. Con una gota de sudor bajándole por la cabeza, el ogro pensó: “¡¿Cómo puede seguir moviéndose después de la paliza que le di?! ¡No solo eso, puedo sentir como su aura cada vez se fortalece más!”.
Sintiendo como incontables manos invisibles empujaban su espalda, ayudándolo a seguir adelante, Yashamaru grito:
— ¡Puedo sentir el apoyo de todo el pueblo, ellos me están dando la fuerza para seguir luchando! ¡Un monstruo como tú, que no tiene nada que proteger en este mundo, jamás podrá ganarme!
¡Creo dos hoces de papel, atadas a unas largas cadenas enroscadas en sus brazos y grito el nombre de su explosiva técnica!:
— ¡Con estas cuchillas voy a cortar el mal de esta tierra! ¡Forma de Origami: Doble guadaña cegadora!
— ¡¿Creo un par de hoces encadenadas?!—grito alarmado el ogro.
Yashamaru le lanzo un guadañazo directo hacia la cara, que Kioketsu esquivo sacudiendo la cabeza hacia un lado. Aun así, la cuchilla le rozo la mejilla, produciéndole un tajito del que salieron gotas de sangre. Estas volaron en cámara lenta delante de sus ojos, dándole solo tiempo a pensar:
“¡Sus ataques son demasiado rápidos y filosos!”
Apenas reacciono, el joven le arrojo otro guadañazo desde la derecha, que Kioketsu esquivo pegando un salto. La hoz rebano tres arboles en hilera, haciendo que caigan estrepitosamente al suelo. El ogro levanto uno de los troncos con una sola mano y le grito:
— ¡Ese nuevo juguete tuyo parece ser muy poderoso, pero a ver cómo te las apañas contra esto!
Como si fuese una lanza, Kioketsu lanzo el árbol contra Yashamaru, pero él no se aparto de su sitio ni un solo centímetro. Lejos de estar asustado, él inhalo profundamente y comenzó a girar su guadaña derecha. Tanto sus ojos como su hoz giratoria, emitieron un fuerte resplandor blanco y dijo:
— Haaa… “Estilo de oz cegadora: Luna menguante”.
De un guadañazo, disparo una onda cortante con forma de medialuna, la cual corto en dos al árbol, cuyas mitades cayeron a ambos lados del chico. La onda de energía giro como si fuese un boomerang, dirigiéndose contra Kioketsu que grito:
— ¡Mierda, tengo que detenerla o va a partirme en dos!
Sé cubrió con su mazo, provocando que la técnica impacte contra el mango, desatándose una frenética ráfaga de chispas. La potencia del ataque hizo retroceder al ogro, cuyos pies se deslizaron hacia atrás. Con una vena marcándosele en la frente, él hizo uso de todas sus fuerzas:
— ¡Nnnrrrghaa! ¡Como si fuera a ser vencido por una técnica tan infantil!
Con un rápido movimiento de su martillo, desvió la dirección de la cuchilla de energía, la cual le termino pasando por arriba del hombro izquierdo. Aun así, la onda cortante le despedazo la hombrera y le produjo un corte profundo. Una ráfaga de sangre salió del hombro de Kioketsu, que pensó alarmado: “¡Imposible, a pesar de que la desvié, termino dañándome de igual modo!”
Yashamaru había quedado exhausto por haber lanzado semejante ataque, y podía sentir como todo el cuerpo le pesaba. Su visión comenzaba a volverse borrosa, mientras respiraba con mucha más agitación. Él medito:
“¡Mierda, gaste demasiada energía con esa Luna menguante, y dudo mucho que pueda lanzar otra más!”.
Su cansancio era tan evidente, que Kioketsu lo noto a simple vista. El monstruo sonrió confiado y lo subestimo:
— Con solo verte, puedo saber que ese último ataque te dejo agotado. Que lastima que no puedas repetirlo, acabas de perder tu única oportunidad de ganarme.
El ogro lo señalo y genero una pequeña bolita de energía concentrada en la punta de su dedo, luego le dijo:
— Ya que me atacaste con tu técnica más poderosa, seria descortés de mi parte no responderte de la misma forma. “Dedillo de la muerte”.
Disparo una andanada de cinco proyectiles contra el joven que giro velozmente su guadaña izquierda, exclamando:
— ¡Si una de esas llega a darme, será mi fin! ¡“Estilo de hoz cegadora: Barrera circular”!
La hoz giratoria repelió todas las bolitas de poder, desviándolas en múltiples direcciones. Las dos primeras estallaron contra un par de arboles, incinerando sus frondosas copas hasta reducirlas a simples ramas quemadas. El tercer proyectil exploto en la superficie del rio, levantando una ráfaga de agua. Las últimas dos bolitas de energía produjeron dos explosiones bosque adentro, provocando un incendio que hizo huir despavoridos a los animales. Desde la aldea, la desconcertada gente podía ver como los múltiples pilares de humo se elevaban hacia el cielo. Entre los murmullos podían escucharse cosas como:
— ¡¿Qué está sucediendo?! ¡El bosque esta en llamas!
— ¡Debe tratarse del héroe de Origami, él está peleando contra ese oni!
— ¡¿Deberás?! ¡Si es así, espero que gane o estaremos todos muertos!
Al frente de la escandalosa muchedumbre, se encontraba el anciano líder del pueblo. Con sus manos apoyadas en el bastón, él dijo:
— Desde aquel momento en el que me salvaste del rio, supe que eras el elegido para salvar nuestra aldea. Eres el único que puede salvarnos…
Dos lágrimas le bajaron por el arrugado rostro y soltó un emotivo grito a los cuatro vientos:
— ¡Así que por favor, gana! ¡Vence a ese terrible monstruo y tráenos un nuevo amanecer lleno de esperanza, héroe del Origami!
Toda la gente del pueblo estallo en gritos, alentando desde la distancia al guerrero que solemnemente juro liberarlos del yugo de aquel gigante. El humo provocado por el incendio había rodeado a Yashamaru que había perdido de vista a su enemigo. Mirando muy alerta a su alrededor, él pensaba:
“¡¿Dónde está?! ¡Ese bastardo está aprovechando esta cortina de humo para ocultarse!”
Kioketsu lo tomo desprevenido por detrás y le pregunto burlón:
— ¿Me buscabas? ¡Aquí estoy!
Le coloco una patada en el brazo derecho, doblándoselo y mandándolo a volar varios metros por el aire. Yashamaru soltó un grito de dolor:
— ¡Aaaaaaaghhh!
Pego una ágil voltereta y aterrizo de rodillas, tomándose el codo que tenía un enorme moretón. Pudo escuchar como la carcajada del monstruo resonaba en ese mar de humo:
— ¡Gahahaha! ¡Ahora ya no podrás usar más ese brazo!
— ¡Deja de ocultarte y sal adonde pueda verte, maldito cobarde!—le grito Yashamaru.
La voz del ogro sonaba en todas direcciones, desorientando al muchacho:
— ¿Y tener que lidiar con esas molestas hoces que tienes? Mejor no, seguiré atacándote por sorpresa hasta que no quede nada de ti.
Sin saber por dónde vendría el siguiente ataque, Yashamaru comenzó a sudar de los nervios y no podía parar de pensar:
“¡¿Por dónde vendrá?! ¡Maldición, ¿Cómo se supone que pelee contra un enemigo que ni siquiera puedo ver?!”
A merced de una bestia que lo acechaba tras las densas nubes grisáceas, él se mantuvo a la espera del próximo movimiento. Su pulso le temblaba y el corazón parecía que iba a salírsele del pecho. Revoleaba los ojos de un lado a otro:
“¡¿Por dónde va a salirme?! ¡¿Izquierda…o tal vez derecha?! ¡Mantén los ojos bien abiertos, no bajes la guardia, Yashamaru!”
¡Kioketsu saco medio torso fuera del humo delante de él y le exclamo!:
— ¡¿Adonde miras?! ¡Aquí estoy!
Le coloco un puñetazo en la cara a Yashamaru, provocándole un mogollón en el cachete izquierdo. El joven alcanzo a contraatacar, gritándole:
— ¡Maldito, toma esto!
Le lanzo un guadañazo pero Kioketsu rápidamente lo esquivo, metiéndose nuevamente dentro del humo. En total desventaja, el guerrero menciono:
— ¡Es como si intentara cortar a un fantasma, este tipo simplemente desaparece frente a mis ojos!
En ese preciso momento, una pregunta clave paso por su mente:
“Un segundo, ¿Cómo es qué él puede verme con esta pantalla de humo?”.
No era como si los oni tuvieran una vista especial, de hecho, tenían el mismo tipo de visión que los humanos… ¿entonces, que lo diferenciaba tanto?
Fue sacado de sus pensamientos por culpa del ogro, que le exclamo:
— ¡No creo que sea momento para distraerte!
El monstruo saco una de sus horrendas manos fuera del humo, y señalo al joven. Repitió nuevamente su letal técnica:
— ¡“Dedillo de la muerte”!
Genero una bolita de energía en la punta de su dedo y disparo dos de estas contra Yashamaru. Él las esquivo pegando un salto, provocando que los proyectiles estallen contra el suelo y hagan volar cientos de escombros por doquier. En el aire, el joven menciono nervioso:
— ¡Maldición, si esto sigue así no durare mucho! ¿Pero como…como es que puede detectarme? ¿Acaso es alguna clase de poder que tiene?
Apenas aterrizo, Kioketsu reapareció por detrás y le susurro aterradoramente al oído:
— Hueles a miedo.
Un escalofrió le subió desde los pies hasta la cabeza a Yashamaru, que pudo sentir como el sudor frio le bajaba por el rostro. Giro rápidamente, lanzando otro guadaño pero no hizo más que cortar humo. Desde detrás, Kioketsu le encajo un codazo en la nuca, dándolo de cara contra el suelo. El joven permaneció inmóvil y tirado boca abajo, a merced del ogro que sonrió victorioso:
— Vaya, parece que finalmente perdió el conocimiento. Tengo que admitir que este mocoso me puso las cosas complicadas.
Levanto su enorme mazo sobre Yashamaru y se dispuso a rematarlo:
— En generosidad por haberme entretenido tanto, te daré una muerte rápida. Adiós…artista del Origami.
Lo aplasto de un brutal mazazo, provocando una explosión que levanto una nube de polvo. Ansioso por ver el cadáver destrozado, el ogro se rio entre dientes:
— Gihihihihi De seguro termino como un tomate aplastado. Voy a llevar su cuerpo a la aldea, para que sirva de escarmiento hacia todos aquellos que quieran rebelárseme.
¡Sin embargo, Kioketsu se sorprendió al ver que solo había un cráter vacio! Miro a su alrededor, gritando alarmado:
— ¡¿Pero qué, donde esta?! ¡¿Cuándo fue que esquivo mi ataque?!
— ¿Adónde estas mirando? Estoy detrás de ti—oyó al joven.
El ogro volteo, viendo a Yashamaru a varios metros de distancia. Él estaba sonriendo muy confiado, como si tuviera la clave para ganar este combate.

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