Kioketsu le dijo molesto:
— ¿Es qué acaso no sabes cuándo morirte? Pensé que te habías desmayado.
— ¿Desmayado? Claro que no, solo estaba pensando cómo demonios estabas haciendo para verme con todo este humo—el joven se rasco la cabeza, muy despreocupado.
Muy audaz lo señalo con una de sus hoces y le agradeció:
— ¡Y es gracias a ti que lo descubrí!
— ¿Gracias a mí…dices?—pregunto el monstruo confundido.
Muy típico de Yashamaru que no dejaba pasar ningún detalle por alto, le respondió:
— “Hueles a miedo”, eso fue lo que me dijiste hace unos instantes. Al comienzo pensé que solo lo decías por decir…pero no era así, ¿cierto?
— ¡No puede ser! ¡Entonces te diste cuenta!—Kioketsu se alarmo por alguna razón.
Yashamaru se señalo la nariz y por fin reveló su secreto:
— Tú estabas oliéndome. Estuviste usando tu olfato todo este tiempo para poder rastrearme en el humo. Nunca pudiste verme en realidad.
Había dado en el clavo, los oni poseen un sentido del olfato súper desarrollado, a tal punto que pueden discernir entre el olor del humo y un humano.
A pesar de que su truco había sido descubierto, Kioketsu no tardo mucho en recuperar su exceso de confianza. Aplaudió al joven y lo felicito:
— Bravo, parece que tenemos a un cerebrito aquí. Pero aunque hayas descubierto eso, de nada te servirá para ganarme.
De un salto volvió a meterse en las cortinas de humo, exclamando:
— ¡Tú situación no ha cambiado en nada, sigues sin poder verme! ¡El próximo ataque será el último!
Lejos de perder la compostura, Yashamaru cerró sus ojos y preparo sus hoces. Un susurro lleno de sabiduría nació de sus labios:
— Te equivocas. Gracias a ti aprendí que a veces es necesario no depender de tus ojos. Hay cosas que solo pueden ser vistas con los otros sentidos…
Sé concentro a tal punto, que logro aislar su mente de toda distracción. Fue como si todos los sonidos de ese mundo se silenciaran y un enorme vacío lo rodeara. Para Yashamaru, el viento había dejado de soplar y las llamas del incendio se habían apagado. Suspiro, relajando todos sus músculos y acelerando el flujo de su sangre. Su meditación llego a un nivel que jamás creyó alcanzar:
“Solo eres tú y tu enemigo en este mundo, nada más existe”
Pudo escuchar los pasos de su oponente, llegándole como ecos que resonaban en sus oídos. Yashamaru susurro:
— Puedo escucharte…como te acercas a mí. No solo oigo tus pisadas, tu intención asesina también te delata…ya no puedes ocultarte de mí.
¡El joven abrió de golpe sus ojos y arrojo su hoz hacia delante, gritando!:
— ¡Ahí estas!
¡Sin embargo, Kioketsu apareció por detrás de él con el mazo levantado! El monstruo rugió, subestimándolo:
— ¡Hahaha! ¡Acabas de lanzar tu guadaña en la dirección equivocada, idiota! ¡Parece que al final no fuiste más que palabrerías! ¡Voy a acabar contigo!
— Te equivocas, no la lance en el sentido equivocado. Te tengo donde quería—muy ladino, Yashamaru le susurro de reojo.
Jalo la cadena, haciendo regresar a la guadaña directamente contra él. ¡Sin embargo, Yashamaru se agacho, dejando pasar a la hoz por arriba de su cabeza! La cuchilla termino impactando contra el pecho del ogro, deslizándose a lo largo de su armadura y desatando una ráfaga de chispas. Con los chispazos iluminando su desesperado rostro, Kioketsu grito:
— ¡Imposible, no puede ser! ¡¿Acaso ese ataque no fue más que una finta?!
— ¡Solo fingí que fallaba el ataque para tomarte desprevenido!—dijo Yashamaru.
El ogro retrocedió dos pasos, y una ráfaga de sangre broto a alta presión por el corte en su armadura. Con la cara deformándosele del dolor, chillo:
— ¡Uaaaaaghhh! ¡Me corto, me corto demasiado profundo, dueleee!
Yashamaru volteo en cámara lenta, mientras la hoz en su brazo lastimado comenzó a resplandecer un brillo blanco. Con una salvaje expresión tensando todos los músculos de su cara, él rugió:
— ¡Aun es muy pronto para gritar del dolor, mi ataque todavía no termina!
El color de ese resplandor hizo estremecer al ogro, porque ya sabía de qué técnica se trataba…si, ¡esa era la majestuosa y letal LUNA MENGUANTE! El monstruo grito desesperado:
— ¡No puede ser verdad, ¿todavía tienes energías para lanzar otro de esos ataques?! ¡Si eso llega a darme, me partirá en dos!
Yashamaru intento agitar la hoz, pero apenas movió el brazo sintió un desgarrador dolor viajando a través de sus nervios. No podía moverlo, tenía el codo demasiado lastimado. Al ver esto, lentamente una sonrisa se fue dibujando en el rostro de Kioketsu que exclamo victorioso:
— ¡Gahahaha! ¡No puedes mover ese brazo destrozado que tienes! ¡Que lastima, estabas tan cerca de vencerme!
En ese intervalo de un segundo, la gente en la aldea tuvo una corazonada, de que llegaría un alba lleno de esperanzas. Los niños abrazaron a sus madres y las miraron con lágrimas en los ojos. Los hombres sintieron sus manos libres de los grilletes del miedo. Esa milésima de tiempo se convirtió en una eternidad, donde pudo apreciarse como todo el pueblo se preparaba para gritar. El anciano líder con el llanto empapando su rostro, abrió bien su boca. Finalmente, ese segundo paso y todos gritaron al mismo tiempo:
— ¡HAAAAAAAAZLOOOOOOOOOOOOOOO!
Ese grito recorrió cientos de kilómetros a través de ese bosque, hasta terminar metiéndose por los oídos de Yashamaru. Él grito:
— ¡Los oigo fuerte y claro!
Lanzo la hoz a su boca y la sujeto con sus dientes, sorprendiendo a Kioketsu que quedo con la boca abierta:
“¡Él…agarro la guadaña con la boca!”
Yashamaru sacudió el rostro, agitando la guadaña y exclamando:
— ¡Estilo de hoz cegadora: Luna menguante!
¡Lanzo otra cuchilla de energía, encajándosela de lleno en el estomago a Kioketsu! Una ráfaga de sangre salió salpicada hacia el aire, anunciando el comienzo de una leyenda…de un artista que trae salvación con su Origami.
Continuara…

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