Estaba bajo el altar en la misa, el padre sabía que estaba ahí ya que me patea con fuerza mientras ejercía su misa. Posterior a esta, decido ir a hablar con él.
—Me dolió la patada —le dije mientras me acariciaba el brazo.
—No agarres la mala costumbre que tenía tu padre —dijo seriamente.
—No es mi culpa ser su hijo.... —miro atentamente al padre—. ¿Cuándo me dirá dónde están mis padres?
—No puedes saberlo, no ahora.
—Vamos padre, Bárbara y Juan me han criado como si fueran mis padres, pero ellos mismos me dijeron que hablara con usted para que me diga cómo ir a ver a mi madre y mi padre.
—¿Te han dicho por qué no estás con ellos?
—Aún no.
—Bueno primero pregúntales por qué y después vienes y me dices el nombre de tu padre —acepté con resignación lo que dijo el padre Carlos y me fui directamente a mi casa.
Al llegar estaba silencioso, era de sospecharse, Bárbara y Juan siempre iban a alguna parte y no volvían en horas o en días, eso sí, me dejaban todo preparado para que no me faltara nada, caminé por el pasillo hasta llegar a la biblioteca que tenía con llave mi padre, nunca he entrado y tampoco tengo curiosidad de saber qué puede haber ahí. Bárbara me dijo que era una biblioteca, pero no le creo mucho ya que me lo dijo de una forma un poco despectiva. Mientras estaba perdido en mis pensamientos, siento el viento entrar mi casa, observo a todos lados y no veo a nadie, el aire se hizo denso y el pecho me dolía... En eso, aparece Juan.
—¿Estás Bien?
—Si tío, gracias
—¿Qué haces cerca de la puerta de esa habitación? —dijo con un tono suave—. ¿Hay algo... que te atraiga a ella?
—La verdad es que sí —dije intentado ver hasta donde llegaba la cordialidad de mi tío.
—Ya veo —se queda pensando por un segundo—. Carlos me dijo que hablaste con él.
—Si...
—Necesitas saber el nombre de tus padres —me interrumpe Juan.
—Eso me dijo el padre Carlos.
—Tu madre se llama Alice, es extranjera, en realidad nunca tu padre me dijo de dónde venía, solo llegó justo en el momento en que tu padre se separó de Bárbara.
—¿Mi padre y Bárbara?
—Así es —dice Bárbara apareciendo en la sala.
—Tu padre se separó de Bárbara, y Alice apareció. De principio fueron grandes amigos, siempre Carlos trataba de que volviera con Bárbara, pero ya nada se podía hacer, además, Bárbara se terminaría enamorando de mí y él después de 5 meses se enamoró de tu madre y ahora viven juntos.
—¿Cómo se llamaba mi padre?
—Francisco —dice Bárbara, dejando a Juan con una expresión de asombro—. Tu padre...
—No está listo aún para que lo sepa, Bárbara.
—¿Saber qué? —dije un poco desconcertado.
—Vamos, si él pudo sentir esa presencia viniendo de tu habitación, significa que puede perfectamente identificarnos.
—¡Bárbara!
—¿Qué sucede? ¿Qué quieres decir con que puedo identificarlos? —Juan hace un suspiro de resignación.
—Tu padre… Era un mago, no de esos que hacen shows e ilusiones, hablo de alguien que podía alterar la materia y usar los elementos de la naturaleza para su beneficio… Era muy hábil en la batalla.
—Sí, tu padre fue la reencarnación de uno de los magos más fuertes del mundo, alguien a quien hoy en día se le conoce como Taurustar Drakest.
—¿Taurustar Drakest?
—Drakesttor, tu padre no pertenece a este mundo, tu padre era el mago más poderoso de todo el universo, era considerado el maestro de maestros, detuvo a un ejército de más de 5000 hombres con sus propias manos, consiguió mantener este lugar que tú conoces a salvo después de una catástrofe, también fue el que nos dio la vida a mí y a Bárbara, él es el responsable de que tú nacieras ya que salvó a tu madre.
—¿A qué se refieren con que les dio la vida?
—Mi nombre real no es Juan, mi nombre es Grail, o me conocen otras personas como Death. Soy el guardián de tu padre al que se le conoce como Arghus Thor.
—Mi nombre es Arthoris, y soy la guardiana de tu padre.
—Escucha con atención, ahora que sabes la verdad puedes ir a la catedral y decirle al padre Carlos si te da el permiso para ir a las catacumbas.
—¿Soy un mago yo acaso?
—Lo eres, tu poder está dormido en este mundo de los humanos —dijo Arthoris.
—Eso sí, si por algún motivo vas a la época de los magos, tu padre murió hace miles de años.
—¿Miles de años? Entonces ustedes deberían ser unos ancianos.
—Eso es porque la magia que tenemos nos permite envejecer a un ritmo muy lento… Además, la diferencia de tiempo de este mundo con el otro es significativa —dijo Juan.
—¿Cómo murió mi padre entonces?
—Salvándole la vida a tu madre —dijo Arthoris.
—Tu padre sacrificó toda su magia para hacer que Alice no muriera por una maldición.
—Ya veo, iré de inmediato a la catedral —en eso, siento que algo que me inquieta.
—Drakesttor, ¿sentiste eso? —me pregunta Juan.
—¿Qué fue eso? —dije un poco aterrado.
—Fue una presencia mágica... —Arthoris se detiene a pensar un momento y después dice—: Ve a la catedral... ¡Ahora!
Salí de mi casa y corrí a través de las calles de mi ciudad, la noche estaba estrellada y la luna llena le daba un toque bien especial, logré advertir varias veces como si algo o alguien me estuviese siguiendo, pero volteaba y no veía a nadie ni nada... estaba corriendo en la calle completamente solo.
Al llegar, encontré al padre en las afueras de la catedral.
—Drakesttor, entra rápido.
—¿Qué es lo que sucede, padre?
—Entra, de ahí te explico.
Entré a la catedral, Carlos se veía muy angustiado, estaba tembloroso y muy nervioso, solo atiné a seguirle a través de un pasillo sin preguntar, pasamos por varios pasillos enormes llenos de habitaciones y cuadros de una especie de monje o mago.
—¿Quién es él?
—Soy yo —dijo Carlos expulsando una presencia mágica.
—Ya veo... Así que eras mago como mi padre.
—Sí, fui yo quien le reveló que era un mago.
—Vaya, eso no me lo esperaba y por cierto ¿Para dónde vamos?
—Es una historia muy larga... solo te diré que te pondré a salvo.
—¿A salvo? ¿A salvo de qué?
—No de qué, sino de quién... —hace una pausa y me observa—. Hace tiempo cuando recién naciste, estábamos caminando fuera de la ciudad de donde vivíamos y apareció un extraño guerrero... Arghus y Grizin, el hermano de Arghus, trataron de proteger a tu madre, pero fueron vencidos muy fácilmente, sin embargo, cumplieron su objetivo... Y para evitar que volvieran atentar contra ti, decidieron enviarte a este mundo —entramos a unas catacumbas—. Ya llegamos.
—¿Unas Catacumbas?
—Sí —Carlos se acerca a un ataúd y lo abre y veo un espejo extraño... no me reflejaba y su superficie se movía.
—¿Qué es eso Padre?
—Es el portal por el cual tu padre llegó al mundo de los magos.
Me acerco más detenidamente al portal, observo al padre Carlos y estaba atento, en eso, asiente con la cabeza y me acerco para entrar al portal, pero el ataúd se cierra de golpe y veo a un joven con cabello negro, liso con flecos que le cubrían la frente y uno de sus ojos, este era de color rojo, su cabello era algo corto, su altura como la mía. El padre Carlos estaba muy asustado y se puso en posición de combate.
—¿Quién eres? —pregunté seriamente.
—Tranquilo muchacho no es contigo con quien vengo a hablar... por ahora.
—¿Qué haces acá? ¿Vienes a matar a Drakesttor nuevamente?
—No South, vengo por ti —en eso, el muchacho desaparece y aparece nuevamente al lado de Carlos y lo ahorca.
—¡Detente! —corro para detenerlo.
—Retrodium —salgo expulsado y caigo al suelo mientras Carlos estaba siendo ahorcado por el muchacho.
—Suéltame —en eso, Carlos desaparece como un humo que se dispersa rápidamente.
—Ja,ja,ja —soltó una risa el muchacho—. Lo supuse desde un principio... no era el real.
—¿Qué hiciste? —trato de golpear al muchacho, pero él me retiene y me lanza contra la pared y me tiene sujetado del cuello—. Suéltame —trato de forcejear sin resultado.
—Escucha niño, tú no eres mi preocupación ahora, si no te maté hace siglos atrás en el otro mundo no fue porque Arghus y Grizin me hayan detenido... sino porque no era mi intención, si lo fuera en este mismo instante te mataría.
—¿Quién eres?
—Uno de los sirvientes de la muerte, vengo directamente desde el Limbo tratando de cumplir las misiones de mi amo, si no intervienes, será posible que permanezcas con vida... pero si te interpones en nuestro camino… —me lanza al otro lado de la habitación—. Ya verás... Nos veremos Drakesttor —en eso, abre un portal y entra.
—¡Imbécil! —grito y corro al portal al cual había entrado este extraño guerrero.

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