Si fuera mi ánimo hoja, para que lo levantara el viento, no habría más caras rojas, ni máscaras de aborrecimiento. Sería tronco la voluntad mía y mil y una cosas decidiría pero las haría. Verían mis flores la primavera y mis ramas desnudas el otoño mas mi alma entendería, verdadera, la paz de etéreo ver crecer retoños. Mis hojas, inocente, cuidaré, y más que tropezarme con ellos, de los obstáculos del suelo me nutriré.
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