Deber incluso considero advertirles del peligro que encierran los deseos, que es verdadero: pues grandes relatos imaginamos en los que, laureados, el oro mordemos; mas no debe cumplirse, insistamos, todo aquello que queremos. Frío queda, cocinado, el plato, una vez pasa el tiempo desque nos es servido, y así pasa con los deseos a cada rato, que se desvanecen una vez cumplidos. Sueñe con amor, aventuras o tesoro, que en polvo en tus manos se tornará hasta el más rico oro.
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