No quiera Dios que un ciego no de vista, sino de corazón, fuera emborrachado por su odio y ego y para al infierno mandarlo me diera una razón al mi patria de palabra u obra ofender; pues tan mía como de mis hermanos es la madre patria al igual que, por tanto, de defenderla el honroso deber, pues al ciego su error haremos ver, primero con educación y lecciones y, si eso no sirviera, le adelanto: sin miedo y por la patria mi sangre, orgullosa, defendiéndola su arma manchare, caso de que la suya primero no cayere.
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