Deshojado el atardecer, caído el grueso telón, decidió salir a ver afuera por alguna razón y, sobre pétalos de rosa la encontró desnuda: la noche. rica luz preciosa que la luna vierte sin duda, sin derroche, sobre perfección pura, bajo una cúpula de centellas, sus ojos brillando en estrellas, su cuerpo encendido ébano alojado en perfectos versos de Neruda, poema y poetisa era ella, dos hermosas cosas esas, que me dejaron asombrado. Perfume, su voz; nubes, su sonrisa; telarañas de plata, que el juicio mío nublan, el suave susurro de su risa; dime, noche mía, qué hubo, ¿Por qué amaneciste?
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