(Planeta Tierra; año 1800)
En centésimas de segundos regresaron de vuelta a la Tierra de su universo, Syvaksgloido tomó la forma de un humano con gran estatura, plexo fuerte, piel cambiante de color, cabellos rubios y ocres; y ojos verdes. Incluso se ideó un vestuario compuesto por unos ropajes parecidos a los usados en la Grecia antigua.
—Por fin estamos de regreso, me siento tan satisfecho por llegar con una alma sana y salva —dijo, mirando sus alrededores caracterizados por su escasa vegetación, tierras infértiles que se acompañaban por un cielo gris.
—No hay tiempo Syvaksgloido, prepara tu vista que en frente tuyo haré una magnífica creación —respondió el creador. Liberó de la burbuja que fabricó, aquella alma traída desde el otro universo. La conciencia hizo lo suyo igual.
Manteniendo precaución tomó un poco de su poder y lo materializó en una bola de luz, la misma que moldeó hasta conseguir el porte de un cuerpo humano. Coloreó su creación, le otorgó un par de genitales. Lo puso al lado de su alma, después unió ambos a través del choque entre un dedo físico y espiritual.
El resultado era un nuevo ser vivo cuyo aspecto no era el que se esperaba. Este, pese a yacer sobre el piso, mostró un rostro de miedo porque lo primero que vio fue la versión humana de Syvaksgloido.
— ¡Tiene vida! —gritó Gran Ente. Su grito provocó que las nubes del cielo se desplazaran. Su alegría era colosal, el experimento realizado fue un completo éxito, solo le faltaba darla una voz y un nombre.
Volvió a mirar su creación, una mitad era de sexo masculino y la otra era femenina. Tenía genitales de ambos sexos. Al poner de pie al ser, le vio caminar con pasos cortos en dirección contraria a su conciencia humanizada. Cada paso que daba le cambiaba el color de ojos, piel, todo lo que podía, alternando de sexo en sexo. Tenía que solucionar el problema de la inestabilidad de la nueva criatura pronto.
—Gran Ente, su creación, no tiene una Semilla del Alma —le hizo dar cuenta su conciencia. ¿Cómo podría defenderse si es que era incapaz de generar sus propios poderes?
Estaba en una encrucijada. Detuvo el andar de la criatura, vio el otro el alma que fue traída. Y lo pensó: era tiempo de mejorar la semilla. Con un soplido le hizo dormir. La conciencia puso una cara de preocupación. Gran Ente iluminó su cuerpo dormido, de una pequeña partícula de su poder creó un cuerpo idéntico al que realizó momentos atrás, con la peculiaridad de que podían distinguirse doce piezas de distintos tamaños.
—Syvaksgloido, me complace en presentarte al Cuerpo Astral. Una característica única de mis creaciones que estará en medio del cuerpo físico y el alma. A partir de ahora, todas las creaciones que haga tendrán esto que les permitirá moverse por todo el universo sin restricción alguna. Es injusto que unos tengan y otros no, haré que los antecesores también la tengan —le dijo a la conciencia que notó la presencia de un humano cerca.
—Gran Ente, me gusta su idea —le respondió a su creadora mientras lanzó una ráfaga de aire invisible que mandó a volar al humano—. Pero, ¿no significa que las anteriores creaciones tengan que domar desde cero de nuevo su semilla? —se adelantó, usando su don de la clarividencia apresurada, característico de las conciencias cuando sienten que hay peligro.
—Será un problema de ellos, un reto que tendrán que superar todos menos los descendientes de razas divinas. Valdrá la pena al final. —respondió con serenidad al cuestionador. De una mano que hizo con tierra del suelo, hizo surgir una pequeña semilla, creó un par de ellas más para que sostuvieran el cuerpo, con la cuarta que hizo acomodó la semilla y el cuerpo astral sobre la creación que se puso de pie. Al abrir sus ojos, no se había asustado. Tenía la apariencia de un hombre de edad adulta con la mirada en frente.
«Nuevo humano, tu nombre, a partir de estos momentos será Primitivus Caelum. Tú eres la encarnación de la constelación del buril; de acuerdo con los astrónomos humanos, tu agrupación estelar es una de las más débiles, no ocurre lo mismo conmigo. Yo soy tu creador o creadora, puedes llamarme Gran Ente.
Quiero que sepas además que conservas parte de tu naturaleza inicial. Podrás cambiar de sexo, color de piel, apariencia y casi todo lo que desees a voluntad. Por favor usa tu don para hacer el bien. Te daré una voz, con ella podrás hablar todos los idiomas existentes en el universo.
El soberano movió las cuerdas vocales de Caelum y le entregó una voz de hombre adulto.
—Gran Ente —replicó la constelación—. Si es quien asegura ser, dígame, ¿quién soy yo? ¿Por qué me encuentro desnudo? ¿Qué hago en estos páramos desconocidos? Y ¿quién es ese tipo que me observa enojado? —dejó el miedo al preguntar. En un par de segundos, mil interrogantes afloraron en él.
—Muchacho, tú eres la primera encarnación de una constelación. Eres el primer "guardián moderno" creado para defender el mundo. Te encuentras desnudo porque no hace unos minutos terminé de crearte.
«Fue en estos sitios en los que decidí darte vida. Quien te ve es la forma humanizada de una conciencia mía llamada Syvaksgloido, él es uno de mis ayudantes. No vayas a preguntarte por las memorias de tu "vida pasada" que las perdiste.
Estás comenzando una nueva vida. Puedes marcharte si gustas, anda y explora que yo te vigilaré.
—Grac-gracias —Caelum se tragó el resto de sus palabras.
—Ten cuidado al interactuar o mencionar mi nombre. Te recuerdo que cuentas con la magnífica capacidad de oírme.
Caelum salió disparado del sitio. Nada le importó el estar desvestido. Se pasó el día sin ropa y explorando sin parar. El Gran Ente se sintió tan feliz por su logro.
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