(Entre la Oscuridad de la Noche y la Claridad del Día)
Unos humanizados Syvaksgloido, Mirukunin y Karuraida observaban al sol salir por un horizonte mientras que, en el opuesto, las estrellas todavía perduraban. Eran el día y la noche convergiendo en un mismo lugar. Mirukunin, el estelar, dio un respiro. Sus ojos se habían vuelto negros de todos los malos presagios que tuvo.
Karuraida, la que anda con dificultad, sacó una baraja de cartas que tenía guardadas. El viento que soplaba se llevó a todas.
—No volverán —dijo imbuido en melancolía Syvaksgloido, el protector victorioso.
—Aún hay una esperanza —miró directo al sol sin sufrir daño en los ojos.
—Dime, cuál es esa esperanza.
—Cazadores.
Al pronunciar la última palabra, el astro rey terminó de elevarse en el horizonte. Había comenzado un nuevo día.
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