(Ruinas de Atenas; año 1881)
—Señor Gran Ente, yo, Shedir Cassiopeia; en nombre de mis compañeros le damos absolutas gracias por la maravillosa reunión que nos fue hecha —agradecía una fortuita constelación.
Nadie sospechó que aquel inocente encuentro despertó una fuerte envidia en las dos primeras constelaciones, quienes asistieron a ocultas al lugar del encuentro: las Ruinas de Atenas.
Las constelaciones, zodiacos y otras creaciones del Superior portadores del Semilla del Alma, a pesar de lucir como humanos y tener comportamientos de uno, tenían permitido realizar acciones fuera del código de la moral humana o que antes los ojos humanos, podían ser aberrantes.
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