Me quedé sin saliva en la boca, necesito una botella de agua, un coca cola, un jugo barato, lo que sea de beber. Silas, a comparación de mi, parecía intocable. Seguía caminando igual, sin dar un quejido ni preocuparse por las miradas de la gente.
— ¿Tú crees en la magia? —preguntó de repente, cortando el silencio. —Cuando tú no estabas conmigo, una chica me entregó este folleto con símbolos tan extraños, tiene tango negro como la ropa que uso, y está contrastado con blanco.
Vi el folleto y coincidía con la descripción. Lo tomé entre mis manos y lo doblé para que quepe en un bolsillo. Es un folleto interesante, podría ser una decoración inusual.
Aunque mi nombre comience con las dos primeras letras de mi signo zodiacal, no creo en la magia ni en los horóscopos. Una de nuestras hermanas mayores, sin embargo, cree en esas chorradas. Que si los aries son de una manera y los escorpio no, puras chorradas.
—Me ha quedado en claro tu respuesta, pero esto que te diré es impresionante: dicen que hay sitios en las ciudades a los que solo entras si tienes magia. Están ocultos en callejones, lugares abandonados y en algunos casos alejados.
— ¿Es por eso que estamos cerca de uno? Puse la mirada en alto, estaba un callejón con algunos bolsas de basura al iniciar.
—Bueno si, mira que conveniencia, hay también una tienda, de las tantas por las que pasamos.
— ¡Silas! Esto es increíble. Son solo leyendas urbanas sin relevancia, es increíble que me hayas traído hasta aquí.
—Lo siento hermana, estamos en la capital y
—No todos los días estamos Estorné.
—Esperame un rato que iré por unas bebidas.
Una disculpa tonta no basta, espero que el viejo no se encuentre con padre, madre o algún hijo mayor. Desde que él se fue de la casa a comienzos de año, mucho a cambiado. Mamá planea vender la casota que tenemos y cambiarse de ciudad, su excusa es que aire del sur le sienta mal. Son puras boberías, lo que quiere es vivir en una ciudad más grande.
—Qué es esto que me pesa demasiado —me quejé. Revisé bolsillo por bolsillo que aunque pequeño cabía alguna que otro dinero, moneda por moneda hasta que me tocó revisar atrás, primero mi celular y después el folleto.
Por algún motivo el celular se sentía igual. Saqué el folleto y al desdoblarlo, los símbolos que tenía ya no estaban. ¿Cómo era posible?
Al frente de mí estaba el callejón, cuando lo puse en la dirección de este, apareció de vuelta uno de los símbolos.
—Esto tiene que ser una puta broma.
Al dar un segundo paso, apareció también un segundo símbolo. Era un palito con triángulos en los dos costados. Hice un retroceso y el símbolo desapareció, di unos cuatro pasos contados y aparecieron más símbolos.
Hasta que me puse en la entrada del callejón, se formó un círculo con símbolos diferentes. Había palitos y en especial curvas con todas las formas y adornos posibles.
Me adentré en el callejón, dejando atrás las bolsas de basura. Aparecieron más símbolos en la hoja que se volvió de colores azul y carmesí, los colores de mi ropa.
Esto sin duda alguna era impresionante, parece que al pringado de Silas por fin le salió algo bien.
Sin darme cuenta llegué al final del callejón, viendo la hoja del folleto llenarse con símbolos. Quedamos la pared y yo.
— ¿Hola? ¿Hermana? —sonó la voz de mi hermano que por primera vez en el día me llamó hermana.
—Silas, parece que tenías razón con la magia —me puse detrás de espaldas al muro, sin soltar el folleto. —Esperáme hermano, que voy por tiiiii.
Mi zapato se resbaló con una cosa metálica que alcancé a ver antes de que cayera ¿atravesando el muro? Vi un techo de concreto y unas paredes mientras resbalaba de espaldas, llegando al piso con el folleto intacto en mis manos.
Los símbolos seguían ahí, con los mismos colores. Me puse de pie sin sentir dolor, esto sí tiene que ser una jodida broma. Había antorchas con fuego en los paredes.
Le di la vuelta al folleto pensando en encontrar una guía, estaba vacío. Y como si nada, los fuegos se hicieron azules. Qué clase de lugar sería este.
Caminé porque era lo único que quedaba, empezaron a aparecer símbolos en la parte en blanco del folleto. La diferencia principal con los anteriores es que ahora eran líneas en zigzag y trianguladas, junto con trapecios.
Llegué a un cruce con dos habitaciones iluminadas del mismo color: rojo intenso. El folleto se desprendió de mis manos y traspasó la habitación del lado izquierdo. Lo seguí y lo tomé de vuelta.
Este pasillo era más pequeño. El folleto seguía llenándose de símbolos y a mí no me quedaba más elección que caminar. En todos estos momentos el único ruido que escuché era el de mis zapatos al caminar.
—Qué fue eso —dije, juntando mis brazos al oír un ruido metálico.
El color de los fuegos se volvió rojo carmesí y pasillo lo sentí más pequeño. Apenas podía caminar junto al folleto. Los símbolos se marcaron uno tras otro pero se detuvieron.
Estaba al frente de una puerta circular, la luz de las llamas no sea suficiente, había un último estrecho largo que separaba ambos lugares.
—Bah, a qué va, no es momento de dramas.
Me puse en posición de correr y de un salto hice una carrera pasando el estrecho sin problemas. La puerta circular se abrió cuando quise acelerar y en el momento que me detuve llegué a una habitación con montones de objetos extraños colgados, lo único que pude reconocer era un trébol de cuatro hojas color del bronce.
La luz blanca del cuarto se apagó y de unos aplausos se prendió una idéntica al carmesí de las llamas. Vi tres personas, dos con trajes y una máscara que les tapaba la cara, en el centro de ambos estaba una mujer sentada con un collar de cuentas, cada una de un brillo distinto, todas de un color oscuro. Vi que eran negros al hacer un esfuerzo.
—Acercate. Sé cuáles serán tus preguntas, soy Madam Beltan.
—Pues dígame qué con este extraño folleto, encima del lugar tan raro.
—Te daré las respuestas que necesitas, vamos acércate.
Cómo no soy de esas personas que se hacen rogar me acerqué a la señora. La gente de sus costados parecía de piedra, ni un dedo movían.
—Aquí estoy —mostré el folleto con los símbolos.
—Has llegado en buena hora.
—Qué hora será afuera.
—La hora puede esperar, tú has llegado. Bienvenida, Esmeralda.
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