La tienda de campaña que compartía con Aer, Rune y otros tantos elthean era amplia. Cada uno contaba con su propio saco para descansar y aunque el suelo del exterior era duro, el tumbarse allí le pareció tan agradable como si de su propia cama se tratara. No necesitaba una almohada apropiada, y aunque en un principio le costó conciliar el sueño, no tardo en quedarse dormido. Demasiado había pasado en poco tiempo y aquel fue el primer momento en el que pudo descansar.
Horas más tarde, o eso es lo que creyó, durante un brevísimo instante pensó que había regresado a su casa. Sin embargo, no escuchaba a sus padres con su habitual parloteo o los ruidos de la gran ciudad. Ni siquiera el oído lejano del televisor con las noticias de fondo. En lugar de ello alguien insistía para que despertara. Tanto Aer como Rune estaban a su lado, alternando la mirada entre él y la salida.
—Tenemos que irnos, Finnian —dijo Aer, calmado pero alerta.
—Ahora. Venga, levanta —le urgió Rune.—. No podemos perder más tiempo.
—¿Qué está pasando? —dijo Finnian, aún con cierta somnolencia.
—¡Nos están atacando! ¿Aún seguís así? —exclamó Kay, entrando en la tienda—. Es el que acabó con nuestros compañeros, ha vuelto.
—¿Cómo estáis tan seguros de ello? —dijo Finnian.
Ese no era el Kay tranquilo y carismático que conocía, sino el guerrero haciendo frente a una terrible amenaza. No mentiría, nadie lo haría con algo así. Asintiendo sin añadir nada más, cogió la mochila y se la echó al hombro, siguiendo el paso del cuarteto mientras le escoltaban hasta el exterior. Si antes pensó que Alta Espada se encontraba en un estado lamentable, el cambio de ahora no tenía ni punto de comparación.
Más muros destrozados, Pequeños Guerreros heridos y tirados en el suelo y hasta los pocos edificios del patio exterior estaban en llamas. Pronto, su visión reparó en Theri, quien luchaba contra el enemigo desconocido a quienes todos temían.
Incluso con lo grande e intenso que era el vikingo, la diferencia de su pelea con los leopardos era evidente: estaba perdiendo. Entre la penumbra de la noche apenas podía percibir el aspecto que tenía aquel elthean que carecía de piedad, aunque el sonido de los golpes que lanzaba, impactando sobre la armadura del guerrero, retumbaban como un tambor. Y que si contra los leopardos salió casi ileso, las heridas que estaba recibiendo debían ser peores, pues no lograba acertar con sus golpes. Entonces fue lanzado contra la misma tienda de la que salieron.
—Tenemos que marcharnos, ¡ahora! —exclamó Rune.
—¿Y dejarles así? ¿Después de todo lo que han hecho por nosotros? —dijo Finnian.
Alzó tanto la voz que llamó la atención de los presentes, incluso de su enemigo. Tan rápido que a sus ojos le costaba captarlo, pronto vio a una criatura no mucho más alta que él que se sostenía sobre las dos piernas. Desprendía un aura morada que le impedía ver con claridad cómo era, pero sus ojos rojos y las cuchillas de sus brazos fueron suficientes para que prefiriera ver a los leopardos otra vez.
Aquel elthean se detuvo frente a él, casi como si estuviera observándolo, para después alzar uno de sus brazos, dispuesto a atacarles hasta que algo cambió. Una luz blanca se extendió por el castillo, iluminando todo su alrededor, proviniendo de su colgante. Rune se había puesto delante de él, igual que Aer, en un intento para defenderle. Entonces ella resplandeció, cambiando de forma. Cuando su luz se extinguió, Rune apareció como una majestuosa águila de plumas marrones y negras, con unos cuernos imponentes en la cabeza. De su pico nacieron círculos de energía rojiza que atraparon a aquel elthean sacado del infierno.
—¡Rune ha evolucionado! —exclamó Aer.
—Tenéis que marcharos. ¡Ya! —gritó a lo lejos Theri, siendo ayudado por Fee a levantarse.
—Subid a mi espalda, de prisa —dijo Rune, aunque ahora tenía una voz mucho más grave que su versión enana.
—¡No podemos dejarles aquí así! —gritó Finnian, señalando a su alrededor.
—No hay otra alternativa —dijo Kay cuando su enemigo se liberaba sin apenas esforzarse.
—Ese elthean te está buscando a ti, Finnian. ¿Lo entiendes? —dijo Aer—. Tenemos que sacarte de aquí.
¿Cómo podía estar tan seguro? No quería dejarles atrás, pero qué otras alternativas tenían si los Pequeños Guerreros habían perdido, dudaba mucho que Rune pudiera marcar una diferencia. Mientras trepaban sobre ella, Aer lanzó un puñetazo de aire hacia aquella cosa, llamando su atención.
—¡Eh! Intenta cogernos si puedes.
Después de un fuerte aleteo, ya en las alturas comprobaron que el elthean les observaba, ignorando todo lo que había a su alrededor. Entonces alzó uno de sus brazos y de él brotó una hoz de energía que fue directa hacia ellos, rozando a Rune en una de las patas en el proceso.
“¡Agarraros!”, exclamó la elthean, volando para alejarse del castillo y huyendo de aquel enemigo que seguro volverían a encontrarse.
Armado con su ingenio y su (no) sentido común, Finnian es un Signo, el único que se interpone entre los malévolos planes del Señor de la Calamidad para controlar el mágico mundo de Elthea. Obligado a asumir un destino que podría ser fatal, Finnian se une con sus compañeros elthean, criaturas con diferentes poderes, con el fin de unir fuerzas y derrotar a esta amenaza.
Juntos atravesarán bosques espeluznantes, serán perseguidos, casi devorados y lucharán para salvar sus vidas, aprendiendo que lo correcto y lo fácil no es siempre lo mismo. Porque esta historia no es solo donde un héroe nace, sino donde un villano también se alza.
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