Please note that Tapas no longer supports Internet Explorer.
We recommend upgrading to the latest Microsoft Edge, Google Chrome, or Firefox.
Home
Comics
Novels
Community
Mature
More
Help Discord Forums Newsfeed Contact Merch Shop
Publish
Home
Comics
Novels
Community
Mature
More
Help Discord Forums Newsfeed Contact Merch Shop
__anonymous__
__anonymous__
0
  • Publish
  • Ink shop
  • Redeem code
  • Settings
  • Log out

La villana quiere evitar su trágico destino

El destino I

El destino I

Jul 18, 2022


Con la frente bien alta, Ethy salió de su recámara acompañada de Rose y de varias doncellas. Caminaba con elegancia entre los largos y estrechos pasillos. Desde que se bañó, su cuerpo había vuelto a la normalidad. No sentía dolor ni cansancio. Era como si todo ese sufrimiento se hubiese evaporado después de estar un buen tiempo, sumergida en la bañera.


Ethy se congeló en su propio sitio, cuando de repente su padre corrió hacia su dirección. La abrazó como si no quisiera dejarla ir. Abrió los ojos con estupefacción al ver el rostro de Flavian demacrado e hinchado. ¿Habrá estado llorando? Era la primera vez que lo veía tan decaído desde el fallecimiento de mi madre. 


—Pensé que te había perdido para siempre, hija. Jamás me lo perdonaría...


Ethy nunca se había cuestionado si iba a sentir el cariño de su padre alguna vez en su vida. Durante cinco años de penuria, nunca conoció el significado de tener un padre cariñoso.


—Estoy bien —soltó con desgana.


Flavian dio un paso atrás. Tragó su propia saliva al ver la expresión vacía de su hija. No veía nada, solo oscuridad en sus pupilas. 


«¿Qué hice?» se recriminó. 


No había sido un padre ejemplar. Estuvo tan amargado, afectado por la muerte de su querida Calista. Para evadirse, se concentró en los asuntos del estado. El imperio Vierfyra estaba sumergiendo después de varios siglos de una crisis, tanto económica como social. Con las nuevas gestiones hechas por el heredero del trono, el príncipe Nikolas Calimir, estaba brillando en abundancia. 


En su juventud, había sido el caballero real del príncipe Basil de ese entonces, ahora el actual emperador, luchando en un sinfín de guerras. Sin conflictos bélicos, administraba la fuerza bélica junto con el duque de Wishmell, Izan. Fueron mejores amigos desde la infancia, pasaron la juventud en la academia de magia y luego se enlistaron en el ejército a la edad de catorce años. A la edad de diecinueve años, Izan se enamoró de Casilda, una joven enfermera. Meses después, se casaron mientras Flavian aún estaba en la milicia. Cuando cumplió los veinte años, Calista apareció en su vida. Víctima del cupido, terminó profundamente enamorado de ella. Era su alma gemela, su otra mitad. En pocas semanas, el matrimonio entre ellos se hizo realidad. No había nada en el mundo que pudiese separar una pareja hecha del cielo. 


Perderla había sido como perder una parte fundamental de su ser. Podía seguir respirando o vivir sin problemas, pero sin ella, era como estar muerto en vida. Extrañaba escuchar su voz, su risa, sus consejos. Más que su duquesa o esposa, era su compañera, su mejor amiga, su confidente. No tenía ganas de nada. Ni de practicar su pasatiempo favorito: hechizos para combatir. Estaba luchando contra la depresión todo el rato, pero cuando se tumbaba en la cama, olía la ropa de su Calista y se echaba a llorar hasta el enrojecimiento de sus ojos.


Ver a su pequeña Ethy crecer y convertirse como su Calista era devastador. No soportaba estar ni un minuto a su lado porque si lo hacía, iba a derrumbarse. Quería decirle lo mucho que la amaba, que ella era la razón por la cual aún estaba con vida, y que daría toda su riqueza por verla feliz. Estos últimos cinco años, Ethy se volvió cruel con todos. Superficial, fría y sin corazón. Pero no podía regañarla porque sabía que la muerte de Calista había afectado demasiado a los dos. 


Aunque no estaba a su lado, la protegía desde lejos. Quisiera ser más un padre ausente, pasar el tiempo juntos. ¿Y si de repente moría como su Calista? Sería desolador. No tendría ninguna razón para seguir con vida. Por el miedo resonando por sus venas, se había alejado de ella. Era lo mejor para él. 


Pero, ese plan ya no era fiable. No después de darse cuenta de que el tiempo no perdonaba. No servía nada planificar el futuro con total detenimiento si el destino tenía otros planes en mente. Ver a su pequeña Ethy en su cama, padecer tal sufrimiento, gritando agitada hasta romper el timbre de su voz. Nunca podría olvidar esas imágenes de su mente. 


No iba a perder más el tiempo alejándose de su hija. Iba a ser el padre que siempre había deseado, darle el amor y el apoyo que su hija necesitaba. 


Ethy sentía un horrendo nudo en mi garganta. No podía evitar esa emoción agria conocida como rencor, renacer entre sus venas. Nunca se había dirigido hacia su presencia desde la muerte de su madre. La había dejado sola, destrozada, donde no solo perdí a su madre, sino a su padre también. De un día para otro, él se había convertido en un desconocido.


Ahora, se sentía extrañada y algo incómoda por su actitud de preocupación por la hija que había abandonado todos estos años. Todo este sentir le dejaba un mal sabor en su boca.


Se alejó de él. Si se sentía arrepentido por no haber sido un buen padre y quería ganar de nuevo su cariño, no se lo voy a poner fácil. Sí, se había prometido así misma ser una persona ejemplar, con un corazón noble. Pero no será tonta para nadie. No dejará que los demás la pisotearan, pensando que solamente era una tonta y buena jovencita. Quién era capaz de hacerla daño o a la gente que quería, lo pagará muy caro.


Quiso enfrentarse a él y gritarle a todo pulmón todo lo que su corazón había envuelto con punzantes espinas.


«He estado relegada de tu amor paterno todo este tiempo. No será fácil para mí olvidar cada lágrima que deslicé por culpa de tus fríos y crueles silencios de abandono. Cada paso que daba, te alejabas de mí cómo si fuese la peor de las enfermedades.»


Pero Ethy pronunció otras palabras, cargadas de frialdad.


—Gracias por su preocupación, padre.


—Hija mía, no debes dar las gracias. Soy tu padre. Es normal que me preocupe por el bienestar de mi hija. Bueno, ¿y si vamos a desayunar juntos? Hace un día espléndido para disfrutar de un buen desayuno en el jardín.


Ethy soltó una carcajada sin gracia. No podía creer lo que estaba oyendo.  Estuvo años esperando tener al menos la atención de su padre, ir a comer juntos. Siempre había intentado acercarse a él, a entablar una conversación con el fin de poder pasar tiempo juntos porque a pesar de ser poseedora de un malicioso corazón, necesitaba el apoyo y el cariño de su padre. 


Pues ahora Ethy no quería pasar tiempo junto con su padre, porque no sentía nada más que un espacio vacío en su corazón. Era una reacción normal dada las circunstancias. 


—Padre, no se preocupe porque me falta larga vida por recorrer. Pero no hace falta pasar el rato conmigo porque sabe muy bien que mi presencia es un incordio para padre. ¡Ten un gran día! 


Ethy hizo una leve inclinación con su falda, y lo abandonó como él lo hizo una vez en este solitario y frívolo pasadizo. 

Rose caminaba detrás de Ethy como si fuese la guardiana de su señorita. Ethy se sentía protegida y fuerte. De estar encerrada en la jaula de la maldad a tener personas a su lado era un cambio agradable. La hacía feliz. 


El padre de Ethy tenía razón. El día era demasiado hermoso para desperdiciarlo. La joven era amante de las cosas bellas. Y quería apreciar la belleza de la naturaleza como lo haría cualquier artista. Decidió tomar un ligero y delicioso desayuno. En estos momentos, se le antojaban dulces. 


Una sutil sonrisa se asomó en los labios de Ethy cuando se dejó caer en una de las sillas. La mesa estaba llena de todo tipo de pasteles. La compañía de Rose y la sublime melodía de la brisa, golpeando con suma suavidad las hojas de los árboles, hacían sentir bien a Ethy.


El agua de la piscina resplandecía gracias a los rayos solares, como si fuera el diamante más brillante del universo. 


Ethy se llevó una taza de té a sus labios, y disfrutó cada sorbo. Rose se sentó delante de ella. Al principio, se había negado a hacerlo porque una doncella no podía sentarse junto con las damas de la nobleza. Pero a Ethy esa costumbre social le parecía una estupidez. Al final y al cabo, todos eran humanos. No deberían existir barreras sociales entre ellos. La culpabilidad le escoció al recordar el infierno que hizo pasar a los pobres criados. Sin embargo, esa parte de su personalidad ya no existía más. Ethy iba a tratarlos con dignidad, no como seres inferiores porque sería su forma de pedirles perdón. 


Pero después de persuadir a Rose, la doncella aceptó a regañadientes su destino. Aunque dentro de ella, estaba agradecida con Ethy por tratarla con respeto a pesar de su nacionalidad. Era la única que no la veía como enemiga. Hasta sus propios compañeros de trabajo negaban de ella. La maltrataban con un sepulcral silencio, con indiferencia como si no existiera. Era, sin dudarlo, el peor maltrato. 


Rose no tenía la culpa de los crímenes cometidos por su imperio. Solo era un ser humano como ellos, una víctima. ¿Por qué tanta rabia hacia su persona? Se preguntaba todas las noches, en su habitación, viendo la luz nocturna. 


Ethy le regaló una de sus mejores sonrisas al encontrarse con la mirada perdida de Rose. Luego sus dorados iris se enfocaron en el bizcocho de chocolate. Tenía una buena pinta. 


Rose le cortaba una gran porción del bizcocho. Los labios de Ethy se entreabrieron, deseando probarlo. Ella era golosa. Los dulces eran una perdición para Ethy. No podía sobrevivir el día sin llevarse a la boca un buen trozo de tarta. 


Ethy cerró los ojos al masticar el bizcocho, y soltó un gemido de puro placer. ¡Fue todo un infierno estar todo una semana sin probar ni un bocado de sus dulces favoritos! 


Ethy casi se cayó de la silla debido a la conmoción. ¡Ya había pasado una semana desde su caída a las profundidades del mundo de los sueños! 


—Rose, ¿qué día es hoy?


—Estamos en el mes de junio del año 27 de la era de Merrinton. 


En el imperio de Vierfyra, los años se contabilizaban de una manera diferente. Era según la duración del reinado del emperador. Ahora, estaban en la época Merrinton, el gran emperador Basil Merrinton. 


¿Entonces en dos años era la desdicha de Ethy? ¡Se negaba a ello! En estos momentos, tenía el poder entre sus manos cambiar su futuro.


No sé cómo podrá cambiar la historia con Everard. ¿Y si rompía con él? Volvió a sacudir su cabeza negativamente. Él la iba a odiar más si de repente rompía el compromiso. La única opción que le quedaba era ser su amiga.


Se quedó pensativa. Cada segundo que pasaba, le parecía que era la mejor idea. Si fuera amiga de Everard, tendrá una buena relación con él y no la odiará. Y en el momento que él se iba a enamorar de su novia Amé, romperá el compromiso y podrá salvar su pobre cuello.


Ethy no estaba tan segura sobre si acercarse a Amé o no. Tal vez si hiciera su amiga, no arderá en llamas de hacerle daño por culpa de la envidia. Estará rebosando de vida. 


«Everard, prepárate.» Dijo Ethy mentalmente, soltando una pícara risa.


—¿Señorita? ¿Está bien?


Dejó de reírse. Rose la miraba como si le hubieran salido tres cabezas. Su expresión facial era graciosa.


—Estoy muy bien, Rose. ¿No cree que hace un buen tiempo? Vamos a dar una vuelta por el jardín.


Sin esperar por su contestación, se levantó de su asiento.


Ethy caminaba por todo el jardín, dando pequeños saltos. ¿Dónde se había quedado su frialdad y elegancia? Aunque, Ethy prefería lo que era en estos momentos: libre y feliz. Antes, la amargura no la había dejado saborear la felicidad ni la libertad. Era como si fuese un pájaro encerrado en una jaula de oro, donde lo había tenido todo, excepto la oportunidad de desplegar sus alas y volar lejos.


¿No era la hora de buscar el sentido de su vida? ¿Qué era lo que le apasionaba? ¿Los dulces? ¿La lectura? ¿Qué quería ser en la vida? ¿Qué era lo que le daba bien?


Ethy aprovecharía la oportunidad de descubrirse quién era ella en realidad, mientras estaba en la misión de salvar su pellejo. 


Ethy siempre se dejó llevar por la mentalidad maliciosa de las personas. Quería tener una vida perfecta, ser la mejor de todo el mundo. Se encerró en esa amargura, y dejó que la maldad dominase sobre su cuerpo. Después de despertarse de la pesadilla, ya no quería seguir los dictados de la sociedad maligna y frívola.


—Señorita, ten cuidado. El suelo está resbaladizo.


Ethy miró el suelo. Llegó en una zona donde estaba demasiada mojada, inundada de barro por todas partes.


—¿Llovió ayer? —preguntó curiosa.


—Estuvo lloviendo toda la semana. Las tormentas eran cada vez más fuertes.


«Como sus gritos en la pesadilla» replicó para sus adentros.


—¡Qué pena! Quiero ver la lluvia. La gente se pone triste cuando llueve, pero a mí me pone feliz. ¡Ojalá pudiera bailar debajo de la lluvia! Aunque, luego, terminaría en la cama enferma de fiebre.


Seguía dando pequeños saltos por el jardín. Sus zapatos como el dobladillo de su vestido se habían manchado de barrio, pero le quitó importancia. Estaba tan radiante de alegría que no le importaba nada a nada más que su propia felicidad.


Observó cómo las plantas goteaban mientras disfrutaba de su caminata.


Paró de caminar, cerró sus ojos y la magia de los sonidos celestiales de la naturaleza la llevó a otra dimensión. Los pájaros cantando, el goteo de las plantas y el crujido de las hojas secas al pasar por ellas. Era una especie de musical. 


Pero esa paz mágica había sido interrumpida cuando comenzó a sentir escozores en su cuello. Era por causas de su collar. Le molestaba sobremanera. Así que, lo quitó, y se lo guardó en su diminuto retículo negro —hecho de la mejor tela de seda—.


—¡Señorita Etheldreda! Mira quién está viniendo. ¡Es su prometido!


—¿Cómo? —Exclamó casi gritando.


Desvió la vista hacia la entrada del invernadero, y allí estaba la silueta de Everard, el siguiente duque de Wishmell. Aunque aún no eran oficialmente prometidos, ya que, el compromiso aún no se había formalizado. Si no había ninguna equivocación, por la parte de Ethy, la fiesta del compromiso sería en cuatro semanas, antes del cumpleaños del futuro emperador del imperio, el príncipe, Nikolai Casimir.


Everard se encontraba andando hacia ella con una elegancia repleta de seriedad. Su andar la dejaba sin palabras. 


Ethy se quedó embobada viendo cada movimiento suyo, en silencio. Quisiera tener esa misma aura de seguridad y confianza. No era únicamente un joven carismático y serio —justo como su tipo ideal, aunque lo intentara negar por su bien—. Su rostro era una creación divina. Dios debió amarlo cuando lo había creado. No era justo que lo tuviera todo. Riqueza, belleza y poder.


Ethy tragó su propia saliva cuando Everard estaba a su lado, mirándola, según a su pesar, con reproche y superioridad. Le devolvió la mirada sin ponerse nerviosa por culpa de su presencia. ¿Acaso se creía que iba a apartar la vista como lo hacía antes?


Notó un desgarrador dolor de cuello al estirarlo, para poder ver bien a Everard. ¡Maldita sea! ¿Desde cuándo él había crecido tanto? La última vez que Ethy lo vio fue hace nueve meses, y en ese entonces era alto, pero tanto como lo era ahora. ¿Por qué cambió tanto en poco tiempo? A su lado, Ethy se sentía como una diminuta hada del bosque y eso que su estatura era considerada alta para el reino.

Ethy se fijó en la anchura de los hombros de Everard. ¿Qué pasaría si acortaba la distancia entre ellos y pasaría sus manos por los hombros masculinos? 

alicekitten
Alice Kitten

Creator

Comments (0)

See all
Add a comment

Recommendation for you

  • What Makes a Monster

    Recommendation

    What Makes a Monster

    BL 76.7k likes

  • Silence | book 1

    Recommendation

    Silence | book 1

    LGBTQ+ 27.3k likes

  • Primalcraft: Sins of Bygone Days

    Recommendation

    Primalcraft: Sins of Bygone Days

    BL 3.4k likes

  • Frej Rising

    Recommendation

    Frej Rising

    LGBTQ+ 2.9k likes

  • Primalcraft: Scourge of the Wolf

    Recommendation

    Primalcraft: Scourge of the Wolf

    BL 7.2k likes

  • Silence | book 2

    Recommendation

    Silence | book 2

    LGBTQ+ 32.4k likes

  • feeling lucky

    Feeling lucky

    Random series you may like

La villana quiere evitar su trágico destino
La villana quiere evitar su trágico destino

1.4k views58 subscribers

Etheldreda es la villana de la historia. Everard es el protagonista.

Everard y Etheldreda están comprometidos desde niños.

El destino de Etheldreda es morir asesinada en las manos de su prometido por su intento de asesinato hacia la protagonista de la novela.

Pero Etheldreda intentará cambiar su futuro después de despertarse de su pesadilla, decidida de llevarse bien con Everard y así evitar su muerte.
Subscribe

5 episodes

El destino I

El destino I

696 views 1 like 0 comments


Style
More
Like
List
Comment

Prev
Next

Full
Exit
1
0
Prev
Next