En un pequeño pero elegante dormitorio en algún lugar del mundo, dormía un joven muchacho. En el cuarto habían cuadros pintados a mano, candelabros de techo iluminados con suaves llamas, alfombras de tigre, muebles altos, y un enorme ventanal con cortinas tan blancas como la nieve. En la gigantesca cama que se comparaba con la de un rey, yacía dormido el joven en cuestión: un chico castaño y de tez clara, que dormía profundamente en sus sueños.
Su rostro comenzaba a hacer gestos de incomodidad. Él se giraba a todos lados intentando encontrar un punto cómodo, aunque parecía que ya se estaba por despertar. Llevó sus manos a sobar sus parpados, y con mucho cuidado los abrió. La cálida luz de los candelabros iluminó su vista y lo despertó por completo.
El chico a medida que veía sus alrededores, notaba que esa no era su cama, ni su dormitorio, ni su hogar. Hasta el pijama purpura que estaba usando no era el que usaba usualmente. El recordaba perfectamente haber estado en las calles de la ciudad completamente solo. Y después de eso, nada más venía a su mente. Miró todos sus alrededores creyendo que quizá todo era un sueño. Se dio un pequeño pellizco en la mejilla para comprobar, pero no hubo resultados. Todo lo que veía era efectivamente real.
El enorme portón que estaba a un lado de la cama comenzaba a rechinar, abriéndose lentamente y dejando entrar la luz que yacía al otro lado del dormitorio. El chico se hundió en la cama por el susto. Estaba temblando, asomaba sus ojos fuera de las sabanas, ocultando su rostro. De la luz comenzó a aparecer una alta y delgada figura humanoide. A medida que entraba al cuarto se iba revelando el elegante traje blanco con terminaciones doradas que usaba. En el pecho tenía el pin de un Ángel de alas cristalinas. Su cara y nariz alargadas eran acompañada por sus extensos cabellos, que al igual que su barba algo desordenada y puntiaguda, era castaña con unos rastros de canas.
-Al fin has despertado, Teru- Le dijo con una voz profunda pero amable al chico que aún se escondía en la cama.
- ¿Qué es este lugar? ¿Quién es usted? ¿Cómo sabe-? Un momento...- Teru se destapó su rostro al notar algo familiar en el señor del traje -Usted... ¡Usted es el genio y científico galardonado George Scafer!
-Es un gusto al fin conocerte al fin. No puedo creer que aún haya alguien en la tierra que me recuerde.- George se acercó lo suficiente hasta pararse frente a la cama del chico. Este le tendió la mano para saludarlo. Teru algo entusiasmado le dio un buen apretón de manos.
-Genial, yo leía sus libros cuando estaba en la escuela- El efímero asombro de Teru se transformó nuevamente en temor -Espere, ¿Qué hago aquí? ¡¿Como usted sabe mi nombre?!
-Tranquilo hijo. No hay nada que temer. Comencemos por algo simple...- El hombre del traje, llevó sus manos detrás de su espalda; Algo traía entre las manos -¿Estás listo? - Dijo George con un tono sombrío. El chico cerró sus ojos esperando lo peor, pensando que su fin había llegado. Escuchó un fuerte disparo, y apretó su entrecejo con fuerza. Sostuvo la respiración hasta que notó que aún estaba consciente, incluso sintió diminutos hormigueos caer sobre su rostro. Al abrir los ojos, vio que estaba lleno de pequeños papeles de colores. Lo que tenía George entre sus manos solo era un tubo de confeti.
-¡Felicidades! por tu fuerza, poder y heroísmo, te hemos escogido como un candidato perfecto para ser un defensor honorario de nuestra Agencia!- El hombre del traje tiró el tubo de cartón vacío hacia un lado -Te doy la cordial bienvenida a los cuarteles generales de la O.P.P. Muy cómodos ¿no? Supondré que sí, llevas unos buenos días durmiendo en la cama de visitas. Me aseguré de darte la mejor ropa y habitación a ti, eres muy popular entre los demás defensores.- El rostro de Teru trascendía desde la extrañeza a la completa confusión. George no parecía notarlo, así que solo siguió con su discurso:
-Yo soy el jefe de esta agencia, y te he tenido el ojo encima por un buen rato- El hombre del traje como si se tratara de un truco de magia, sacó de su espalda una carpeta amarilla que leía en letras rojas "CONFIDENCIAL". La deslizó sobre la cama de Teru y esta soltó algunas fotos que tenía dentro. Eran varias fotos del muchacho defendiendo la ciudad, tapado en gafas, cubrebocas y gorros que le protegían su identidad. El chico nuevamente aterrado se preguntaba cómo era posible que este sujeto lo pudiese reconocer con tanta facilidad. Nunca nadie sospechó de él y su trabajo como defensor de la ciudad.
-Nuestro agente especializado nos ha hablado maravillas de ti... bastante la verdad.
-Yo... yo no soy el de las fotos, creo que tiene a la persona equivocada- Teru negó su identidad secreta pensando que podría engañar al George, pero este nuevamente de sus espaldas sacó uno de los sombreros que usaba el chico: una gorra de futbol verde. Se la quitó rápidamente de las manos e intentó esconderla.
-También tienes buenos reflejos. Tranquilo, nadie dirá nada de tu identidad.
-Mire, lo siento mucho pero no puedo trabajar para usted. Yo ya soy un defensor por mi cuenta. Tengo una compañera y todo, no puedo abandonarla como si nada.
-Eso no tiene porque ser un impedimento- George a pesar de su tono amigable, se cruzó de brazos y comenzó a darle la espalda -Verás ...Nosotros, la O.P.P. somos la delgada línea entre la lucha de los demonios y los humanos. Nos encargamos de detener conflictos, y creemos que tus actitudes y tu forma de traer "la paz" es muy unidimensional y con favoritismo. ¿No has pensado que se siente ser un defensor de verdad? ¿traer la tranquilidad para ambos bandos?- George comenzó a plantar pequeñas semillas en la cabeza de Teru. El chico miraba el suelo mientras pensaba lo que proponía el señor- Te veo intrigado. Es sencillo, hijo. Nos echas una mano y nosotros te devolveremos el favor. Si quieres permanecer en nuestra agencia como un defensor estrella, te lo permitiremos. Si no, también te lo permitiremos.
-En ese caso... -El chico comenzaba a analizar la oferta -Quiero volver a casa, por favor. - Y la rechazó de inmediato.
-Lo lamentamos, pero eso sí que no lo cumplir aún. Nuestro contrato indica que no te puedes ir hasta que hayas terminado tu periodo de prueba- El señor del traje mostró el contrato mencionado que nuevamente hizo aparecer como por arte de magia. El chico lo tomó, y lo reviso. Se le heló la piel al notar que el contrato realmente estaba escrito a su nombre, con su firma y su huella dactilar
-¿Cuándo ocurrió todo esto? ¿Quién hizo esto?- Se preguntaba a si mismo dentro de su mente.
-Tranquilo, hijo. El periodo de prueba dura 7 días. Ahora ven, te daremos una buena y cálida bienvenida a las instalaciones de la O.P.P. Aprenderás todo lo que necesites para ser un defensor de verdad...- El señor del traje se dirigía hacia la puerta por la que salió. Antes de abrirla nuevamente, le dio una última mirada al chico por sobre su hombro. Este se veía alterado, entre el miedo y la molestia
-Ay, no me mires como un perro mojado... Verás que te va a gustar, saldrás como nuevo de aquí. purificado y benevolente.- George alzaba su mano en el aire, y cerraba su puño fingiendo atrapar la luz de los candelabros con una sonrisa delicada.
- ¡Yo no firme ningún contrato!- El chico dejó salir su desconfianza. El rostro del señor a pesar del comportamiento de Teru, seguía amable y paciente.
-Ya te lo dije, hijo. Un trato es un trato...- George dijo mientras abría finalmente el portón del dormitorio. La misma intensa luz volvió a salir del otro lado. El señor se paró a un costado, e hizo un gesto formal que invitaba al chico a levantarse: una reverencia y su brazo apuntando a la puerta.
Lo único que Teru tenía en mente era escapar del lugar; se volvió su objetivo de tantas vueltas que le dio en la cabeza. Miró rápidamente a la enorme ventana de las cortinas blancas; estaba protegida por rejas en su exterior. No había otra opción, si quería escapar debía investigar a profundidad el lugar en el que se encontraba. Después de todo, lo que le rodeaba ahora era solo un trozo de la imagen completa. Obedeció al gesto de George, y se levantó de la cama. Se colocó unas pantuflas que lo esperaban a los pies de la cama, y se paró frente a la puerta. Era un enorme portón blanco con marco dorado. Al otro lado no veía nada, todo era completamente blanco. Teru miró a George con inquietud. El señor se percató y siguió animándolo con una actitud alegre:
-No temas pequeñín, andando.
Redirigió su mirada hacia la luz. Respiró profundamente su miedo, y todo lo soltó en un gran suspiro. Empezó a caminar lentamente hacía el otro lado, sumergiéndose en la luz que borraba todo rastro de él. Al cruzar, efectivamente no había nada más que vacío. Teru ni siquiera podía verse la punta de la nariz. Intentó regresar de por donde vino, pero el portón se había esfumado. Entre la nada misma, escucho la voz del señor George venir de todas direcciones, retumbando con eco en el vacío y luego retumbando con fuerza en las entrañas de su cerebro:
-Muy bien, ahora comencemos. Aún tienes mucho que aprender...

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