-¡540 botellas hay en la pared, 540 botellas hay!~ ¡Si una de ellas llegase a caer, 539 botellas quedan en la pared!~
Greg caminaba ligeramente molesto sobre un enorme tronco. El tronco funcionaba como un puente que evitaba la caída a un rio de liquido venenoso que estaba bajo sus pies. Entre el liquido flotaban cráneos que parecían ser de humanos. Ambos se encontraban en un segmento del bosque muy oscuro, lleno de sauces llorones que cubrían el sol e invitaban a la oscuridad. Mientras tanto, Tamara le cantaba una canción desde su mochila de saco, intentando hacer que el demonio se rindiera y dijera la verdad. Luego, una dos horas pasaron:
-¡318 botellas hay en la pared, 318 botellas hay!~ ¡Si una de ellas llegase a caer, 317 botellas quedan en la pared!~
Ahora Greg escalaba el manto de una montaña helada con sus afiladas garras. No había rastros del sol y el cielo estaba gris, El aire era sofocado por la violenta ventisca que azotaba el lugar. El demonio ya no sabía que era lo que le causaba mas irritación, la nieve en su rostro, o la voz de su hija rebotar dentro de sus alargadas orejas. Luego, Tres horas pasaron:
-¡97 botellas hay en la pared, 97 botellas hay!~ ¡Si una de ellas llegase a caer, 96 botellas quedan en la pared!~
Ahora Greg bajaba por un muro de rocas al costado de una gran cascada. El sol había regresado, pero no sería por mucho, pues ya comenzaba a atardecer. Greg a pesar de haber oído cinco horas seguidas de Tamara cantar, no dejó que su furia le ganara, y preguntó seriamente:
-¿Ya terminaste?
-Faltan 96 botellas para romper, y mientras más me preguntes más me demoraré en romperlas.- Tamara veía que su plan no estaba funcionado, así que evitó el contacto visual con él por un rato. Su concentración en cantar no le hizo notar el fétido olor que provenía desde la misma mochila. Era un olor vomitivo y repulsivo que arrugo la cara de la chica.
-Oye ¿Qué mas traes aquí? Huele horrible.
-Cosas de segunda mano.
-¿Y por que huelen a pañal sucio? Espera, ¿Esto es basura?
-Basura, no. Cosas de segunda mano, si. Es el tesoro de un hombre afortunado- Greg corrigió
-Guácala...- Tamara asqueaba al pensar que efectivamente podía ser basura.
-No es tan terrible, mira hecha un vistazo a dentro.
Tamara sumerge su cabeza dentro de la mochila de saco, revisando más a profundidad las cosas que tenía su padre. Entre las bolsas de frituras procesadas, los libros, y un cepillo de dientes, La chica ve una polera blanca bien extendida con un texto en su pecho: "Los nenes malos van a Chicago". Tamara volvió a forcejear su cabeza hacía la superficie, solo para mirar a Greg fijamente.
-¿"Nene"?...
Luego de unos minutos. Greg y Tamara lograron bajar sanos y salvos a las orillas rocosas de la cascada. Rodearon el enorme lago acompañado de los pinos y el cielo naranja. Unas pequeñas y traviesas libélulas revolotearon y juguetearon sobre la cabeza de Tamara. Esta escondió la cabeza rápidamente por repelús, aterrada por los bichos alados. Repentinamente, Greg tomó la mochila de saco y la colocó como saco de papas en un agujero que había cavado cerca de la misma orilla. El movimiento hizo que ahora los hombros enredados de Tamara fueran expulsados.
-¡Ey! ¿¡Que haces, sesos de mierda?!- Tamara se quejaba, pero su padre no le oía nada. Simplemente comenzó a rellenar tranquilamente el hueco con sus garras, dejando solo el perfil de la chica al aire. El polvo que se levantó la hizo estornudar un poco. Una vez acabó, El demonio reclamó su caña de pescar de la mochila, y se sentó al borde del lago a pescar una vez más.
-A las chicas no les gustan los "nenes" que huelen a pescado, ¿sabes?- Tamara le dijo
-No estaría pescando de nuevo si no me hubieras interrumpido antes- Greg estaba enojándose más.
-Jo, ¿Asi que ahora es mi culpa?
-Si, ahora cállate.- dijo de manera cortante. Tamara blanqueó los ojos y rezongó del aburrimiento. Miró las espaldas del demonio que pescaba intentando relajarse. Todo era muy silencioso, bastante silencioso... y la chica en pocos segundos ya estaba con algo nuevo en mente para fastidiarlo un poco:
-Y... ¿Ya terminaste?- Preguntó curiosa.
-No. -Greg cortaba.
-¿Y ahora?
-No.
-¿Y ahora?- Tamara insistía
-¡Que no!
-....¿Que tal ahora?
La furia en el pecho de Greg estaba por explotar, con fuerza clavó su caña a un costado, y se volteó para confrontarla.
-¡Escucha niñita! no pruebes mi paciencia... Ya jugaste demasiado conmigo y ahora si me estoy enojando. ¡Es en serio!
-Entonces respóndeme de una vez ¿Qué quieres de mi? ¿Por que me secuestraste?
-¿Como quieres que te pruebe la verdad?...- Greg cubrió su rostro de lo irritado que estaba.
-No tienes que probarme nada, te conozco al pie de la letra.
-¿Ah si?- Greg preguntó sarcásticamente.
Tamara le miró seriamente, levantando una ceja. La mueca hablaba por si sola.
-... Bueno, tienes razón- Greg derrotado y algo avergonzado se rascó la nuca. El silenció atacó de nuevo, pero Tamara sin hesitar lo rompió con una propuesta para definir su veracidad:
-...Júramelo- Los ojos de Tamara lo clavaban como pequeñas agujas en la piel -Júrame que no estás mintiendo.
-Lo juro- Greg decía con bastante seriedad.
-No tan rápido, alto ahí. No lo jures por ti... Júralo por mamá- La mirada de la chica ahora perforaba a Greg como si fuera una espada. El demonio se puso algo nervioso, se ahogó por un momento incluso. Tamara lo seguía observando de manera desafiante, sabía que si Greg mentía no podría contra una promesa a nombre de su mujer. Pero sorpresivamente estaba llevando su mano al corazón, mientras cerraba sus ojos y soltaba las palabras:
-Lo juro. Lo juro por Honey...
Tamara estaba anonadada, Pensó que se rendiría y admitiría su plan malvado, pero no creyó que en serio lograría prometer algo por su madre. En ese caso, Greg debía de estar diciendo la verdad, pensaba la chica.
-Bien, ¿Ahora me crees?- Greg intentaba sacarse de encima el tema de su esposa lo mas pronto posible.
-...Espero no hayas dicho su nombre en vano. Te estaré vigilando.
-¿Entonces vas a trabajar conmigo?
-No lo sé, en realidad...- Tamara entre suspiros pensaba en si sería buena idea trabajar con su padre.
-Ok, a callar entonces.- Dijo Greg mientras se colocaba unos tapones en los oídos y agarraba su caña para volver a la pesca.
-¡Ey, espera! tengo mas preguntas.- La chica aún no había terminado -Tenía un botón con alas pegado en mi. Cuando lo vi, gatilló mis poderes y... y extrañas imágenes vinieron a mi cabeza- Tamara al recordar poco a poco los sucesos hizo que su piel se erizara y que sus poderes psíquicos crearan leves ondas desde su cabeza: sus pupilas brillaban y su cabello flotaba. Sacudió su cabeza en negación para salir del trance, y prosiguió interrogando a Greg -Dime ¿Sabes que significa todo eso? ¿Qué es eso del "Anillo Escarlata"?- Tamara vio que sus interrogantes no iban a ningún lado, pues el demonio no estaba oyéndole nada. Estaba a punto de regañarlo, cuando empezó a notar que algo grueso y pinchudo estaba enrollándose al rededor de sus hombros. Al bajar la mirada, vio que eran vainas espinosas; vainas de que parecían de una planta.
-Ah... ¿Greg?- Tamara intentó pedir algo de ayuda. Pero nuevamente no tuvo ninguna respuesta -¡¡Greg!!- Intentó llamarlo de nuevo con mas urgencia, y una vez mas se quedó sin respuestas. Las enredaderas agarraron el torso superior de Tamara tan fuerte que la desenterraron de su hueco, y la arrastraron lentamente hacia la densidad del bosque con mochila y todo. Detrás de ella, más enredaderas espinosas la esperaban. La chica pensó en utilizar sus poderes psíquicos, pero recordó el impedimento que significaba la red que la envolvía. Mientras más usaba sus poderes, más se agotaba físicamente, y un shock eléctrico de la red no sería de ayuda, pensaba para si misma. Un nuevo par de enredaderas llegó desde el bosque para envolverla de cuerpo entero. Con una fuerza descomunal, lograron levantarla por los aires. Entre su respiración agitada, se dirigió gritando hacia Greg.
-¡Oye! ¡¿No querías trabajar conmigo?! ¡Este es un buen momento para probarlo!- El regaño de Tamara se vio interrumpido por unos gruñidos que venían desde los altos pinos detrás de ella. Desde las hojas de los arboles, miles de dientes rojos y puntiagudos resaltaban, soltando babas verdes que brillaban y que escurrían hasta el suelo. A medida que los colmillos salían a la luz, un enorme y oscuro hocico sin ojos, nariz, ni orejas, y un estrecho cuello verde se revelaban: Era una planta carnívora gigante. La bestia la levantó con sus vainas por sobre su enorme boca, y abrió sus fauces; dispuesta a devorar a la chica entera.-¡¡¡Greg!!!- Tamara dio su ultimo grito de ayuda.
-Vaya... una Trucha arcoíris, un pez de agua dulce y algunos casos salada, de coloración muy clara. Eres un salmónido muy interesante entre otros que he visto.- Greg estaba muy ocupado admirando el pez que atrapó. El Pez brincando entre sus manos escapó cayendo al rio, dejando al demonio con una mirada frustrada.

Comments (0)
See all