El cielo se dividía entre el naranja y el purpura, mientras Greg ya recuperado, caminaba por el sendero rocoso pasado el rio. Sobre su hombro, cargaba un nuevo saco que construyó a base de corteza de árbol. Todo lo cosió con hilos rojos de su capa. Dentro de ella y asomando su cabeza, estaba Tamara, algo consciente pero completamente debilitada e inmóvil. A medida que avanzaban por el sendero soleado, la chica intentaba hacer sacar su dormida voz para hacer más preguntas.
-Greg...- Tamara lo llamaba con poco aliento
-Dime.- Dijo su padre de manera cortante
-¿Estamos cerca?...
-No lo sé. El templo fue destruido. Iba a buscar un mapa ahí, pero.. bueno, ya sabes que pasó.- El demonio recordaba al dardo que se clavó en su cuello.
Greg...
-Dime.
-Perdí el libro.- El demonio atónito se detuvo en el camino, mirando el suelo con los ojos bien abiertos. No podía ni quería creer lo que estaba oyendo -Lo perdí... No podremos encontrar a Teru, ni sobrevivir...- La chica continuaba.
Greg solo cerró su puño enojado, sus sospechas se habían confirmado. Se tragó sus emociones y le dijo seriamente manteniendo su compostura: -Ya lo supuse. No lo tenias contigo cuando te recogí. Tendremos que tomar cualquier pista que encontremos como un camino hacia el Anillo Escarlata. Sobreviviremos como podamos. No nos queda de otra- Dijo al final entre dientes.
-Greg...- Tamara llamaba una vez más a su nombre
-¿Ahora que quieres?
La chica se detuvo por un momento, dudando de su pregunta, hasta que se animó a realizarla directamente.
-...¿Tus amigos eran muy malos?
El demonio se detuvo otra vez al oír esa pregunta, pero esta vez no era enojo lo que sentía, sino confusión.
-¿Por que me preguntas eso?- Greg no podía comprender.
-¿Como eran tus amigos?
Ocurrió un silencio incomodo entre los dos personajes. Greg no tenía intenciones de contestar algo así, y Tamara algo sensible esperaba una respuesta que le ayudara. El demonio rascó su mentón con sus garras, luego sus orejas, y comenzó a recodar:
-Mis amigos eran lo peor. Me tomaban, me usaban, y cuando los necesité, desaparecieron... Como si nunca hubiesen existido.- La voz de Greg a pesar de sonar sería, tenía un tinte amargo en su interior. Sus parpados se caían sobre sus ojos, y su mirada se decepcionaba con tal solo recordar. -Mis estándares son altos porque no quiero imbéciles en mi camino.
-...¿Qué hice, Greg?...¿Qué hice?- La chica se lamentaba y lentamente su voz comenzaba a apagarse. Se había cansado de hablar, su cabeza colgaba del saco y sus cabellos le cubrían todo el rostro. El demonio vio a la niña que ya no respondía, creyendo que se había desmayado otra vez. Con la mirada por encima del hombro, notó que se había quedado dormida.
-¿Niña?- Greg preguntó para asegurarse. Y en efecto, no habían respuestas por el otro lado. La chica estaba inconsciente. El demonio suspirando y con la mirada fría, revisó sus bolsillos. Entre sus dedos, logró sentir un pequeño y redondo artilugio metálico. Al sacarlo a la luz, este resplandeció su botón cristalino, su halo de luz tintineante, y sus alas desplegables.
Greg estaba a punto de estirar sus garras sobre el hombro de Tamara para colocarle el botón. Cuando de repente, una ráfaga de aire cruzó cerca de su rostro. Está logró cortar un poco de su espinoso cabello, clavándose directamente a un solitario pino que se paraba en el fondo; era una flecha cristalina. El demonio estaba atónito. Al girarse para identificar que fue lo que rozó su rostro, comenzaba a envolverse en preguntas.
-¿Pero que...?
Mirando otra vez al horizonte, divisó a lo lejos a una figura humanoide, parada ante la montaña y el sol que se escondía. Mientras mas se acercaba revelaba su apariencia. Era un hombre en una capucha roja. Llevaba una camisa de mangas negras y torso rojo, guantes rojos y pantalones oscuros. En su espalda cargaba un gran arco de color blanco. Sus pasos eran lentos, silenciosos, pero intimidantes. Sus botas de combate negras hacían crujir la tierra, el pasto, y las rocas del suelo. Greg trató de verlo a los ojos, pero no pudo ver nada de él. Su indescifrable cara era cubierta unos lentes rojizos en forma de alas, y una tela negra que tapaba su boca. A los costados de su cara caían largos mechones de cabello blanco. En poco tiempo, estaban cara a cara el uno al otro. A pesar de los metros de distancia, la tensión se había vuelto alta.
-Perdón que nuestro primer encuentro deba ser una advertencia- decía el hombre de la capa roja. Su voz sonaba distorsionada brincando entre dos tonos de voz.
-¿Y tú eres...?- Greg iniciaba el cuestionamiento
-Robín, "Hijo de Ícaro."
-¿Quien?
-Vengo de parte del Anillo Escarlata.
-Ohhh, excelente.
Greg recogió la mochila de su hombro con una de sus garras, y la estiró ante el hombre de rojo. Allí estaba Tamara aún dormida, el demonio se la estaba ofreciendo.
-Encárgate de ella, ¿si?
-No quiero a Tamara. Ambos deben retirarse ahora, por favor.
-¿Como? Pero, oye... ¿Qué significa esto?- Greg estaba visiblemente molesto, agarrando la mochila con la chica al nivel del suelo.
-Greg, no hagas las cosas mas difíciles de lo que son. No quiero luchar contigo, y mucho menos herir a la chica.
-No entiendo nada de lo que esta pasando.
-Mi jefe me ha enviado a detenerte a ti y a Tamara para que no arruinen nuestra misión. Así que por favor, retírate, entrégate ante las autoridades, y no te molestaré mas. Es todo lo que pido.
-Oye, oye, oye. Yo no voy a ir a ningún lado.- El demonio estaba comenzando a molestarse, mostrando sus colmillos ante el sujeto para intimidarlo. Este no parecía reaccionar ante ello -Además, no juegues al misterioso conmigo. Se quien es tu jefe, y ahora mismo me vendría excelente darle una "charla".
-Me temo que el jefe ya no quiere verte, Greg. Si no vas a ayudarnos con nuestros planes de mejorar al mundo, te pido otra vez que te retires.- Robín daba su ultima advertencia ante el demonio, quien terco y enojado, no escuchó absolutamente nada.
-¡Jamás!- Greg agarrando el mango de su espada en su cintura, se preparó para desenvainar el arma. Robin sacó una de sus flechas por la espalda y la posicionó rápidamente entre su arco blanco, alistándose para el disparo.
Greg se propulsa velozmente contra el, con la disposición de cortarlo en dos, pero Robin dispara su flecha directamente al suelo, a centímetros de Greg. La flecha al entrar en contacto con la tierra, explota en una densa niebla purpura que deja ciego al demonio. Todos sus alrededores están cubiertos por la niebla, rodeándolo como si fuera el ojo de un huracán. Tamara comenzaba a despertar por el remezón.
Greg buscaba al hombre de la capa roja con su espada en mano, pero no habían rastros de él; había desaparecido por completo. Desde sus piernas, sentía como la tierra estaba levemente temblando. Las rocas crujían y la tierra rugía ahogada. Desde la lejanía, miles de manos humanas putrefactas se alzaban desde el suelo en dirección hacía Greg. Este sorprendido por las apariciones, intenta retroceder, pero cayó sobre su trasero.
Las manos al verlo indefenso, comenzaron a multiplicarse, levantándose más y más desde los escombros. El demonio gateaba de espaldas intentando alejarse de ellas, pero las manos con su alta velocidad están a punto de alcanzarlo. Por primera vez se veía espantado, tanto que cubrió su rostro con sus garras, intentando defenderse inútilmente.
Pasaron los segundos en silencio, pero nada había ocurrido; las manos desaparecieron. Greg precavidamente abría sus ojos creyendo que todo acabó. Pero entre la densa niebla la tormenta estaba tan solo iniciando. Frente a él, desde las tinieblas una sombra caminaba en su dirección de manera ominosa.
Greg se levantó y sostuvo su espada listo para pelear, respirando agitado y con sus manos temblorosas. Saliendo desde la niebla, el ente revelaba su piel de obsidiana, cabello corto, cuernos pequeños, y su largo vestido blanco que era acompañado por un collar de piedra luna. Su rostro era redondo, con pecas. Había caminado hacía el con los ojos completamente cerrados, y al abrirlos, reveló sus pupilas apagadas, sin brillo y ni rastros de vida.
El demonio dejó caer su espada. Su rostro se rompía entre la sorpresa y la tristeza , no quería querer lo que estaba viendo; era el fantasma de su esposa que había venido por el.
-¿Donde está?- Le decía el espejismo en un tono monótono y con eco.
-No...Tú no...- El demonio estaba petrificado, no creía lo que veía.
-¿Donde está la niña, Greg?- El espejismo insistió, y a medida que insistía, su voz golpeaba con mayor fuerza en el cráneo del demonio. Greg no sabía como responderle, tartamudeaba y se sudaba mucho, recordando con el corazón arrepentido la promesa que hizo en su nombre con Tamara.
-Papi...¿A donde me llevas?- Desde su oído derecho, El demonio escuchó la delicada voz de una niña pequeña, una voz que el pudo reconocer casi de inmediato. Volteándose algo tembloroso, vio al fantasma de su propia hija, cuando aún era muy pequeña. Su cabello pelirrojo era largo, y con un vestido de a cuadros verde.
-No me dejes sola...- El segundo espejismo decía con una voz triste y asustada. Greg con el corazón en las manos intentó acercarse hacia la niña para tomar su mano, pero esta se desvaneció en el aire frente a sus ojos.
-¿Donde está la niña?- El espejismo de Honey le interrumpió. El demonio se volteó a verla aterrado. A medida que el fantasma se acercaba, el demonio retrocedía. Ella estiró su brazo para intentar alcanzarlo, pero su brazo se desprendió de su cuerpo, cayendo a la tierra y pudriéndose en cosa de segundos. Su piel se agujeró y su carne se tornó verde. Greg mirando horrorizado el acto, levanta con temor la mirada solo para toparse con la cara de su esposa derritiéndose, revelando su cráneo que le gritaba con furia: -¿¡Donde está?!
Greg gritando del espanto, cerró sus ojos con fuerza y se cubrió nuevamente con sus garras, indefenso. Al abrirlos, todo había desaparecido. El bosque y su atardecer habían regresado.
Robin todavía está frente a el, esperando pacientemente a que se retire. Tamara todavía estaba en el saco, despierta.
-¡Greg! ¿Qué te ocurre? ¿Puedes oírme?- Le preguntó a su padre, quien volteó pálido a verla, sudaba y sus ojos se habían abierto por completo.
-¿Greg?- Tamara intentaba comprender que le ocurría al demonio. El no lograba comprender -¿No la vio? ¿Nadie mas la vio?- Se preguntaba a si mismo dentro de su atormentada cabeza. Lleno de rencor e impulsividad, desenvainó su espada y fue cargando contra el hombre de la túnica, cortando su torso.
El demonio se percató de que el corte de su espada se había resbalado del cuerpo de Robin. Su camisa roja se había desgarrado, revelando bajo ella la característica piel de obsidiana que estaba intacta ante el corte.
-Imposible... ¡Eres una sombra!- Greg exclamó con sorpresa.
Robin contraatacó dando un rodillazo al pecho de Greg, y luego pateándolo lejos. El demonio se deslizó con sus garras sobre la tierra, deteniendo el impulso del golpe. El hombre de la túnica dio un enorme salto hacia el cielo, desapareciendo en el aire. Greg lo buscaba por sus alrededores, esperando el siguiente ataque. Sus oídos no le daban pistas, mucho menos su visión. Desde las alturas sobre su cabeza, escucho aquella voz distorsionada hablarle:
-No se que habrás visto entre mis ilusiones, pero sea lo que sea, espero comprendas que no es buena idea seguir adelante.
Greg observó a un costado suyo, y se encontró con Robín parado en la rama de un solitario pino, mirándolo amenazantemente. El demonio no hesitó y quiso continuar con su interrogatorio.
-¿¡Acaso eres-?!- Greg se interrumpió a si mismo de terminar la frase. Tamara estaba despierta, confundida y preocupada por el estado del demonio. Su padre miraba al suelo inquieto, algo dentro de él le llamaba a no decir el nombre del jefe. Tragando un poco de saliva, clavó sus ojos otra vez en el otro hombre, confrontándolo:
-¿Eres el jefe?- Dijo Greg con confusión:
-Dijiste que sabías su nombre. Mentir no siempre te resulta bien, Greg.
-¡Baja de ahí maldito gallina! ¡Peleemos!- Dijo convencido de que ese hombre no era el jefe.
-¿Estas seguro que quieres pelear?- Robin percibía como la mano de Greg estaba temblando, podía percibir su miedo e intimidación ante el. El demonio al notar esto, sujetó su mano con la otra que tenía libre, y la forzó a bajar. -¡No me iré a ningún lado! ¡Llegaré al Anillo Escarlata y me las pagarán!
-...Bueno- Dijo Robin entre un suspiro, pensando en que tendría que recurrir a sus últimos recursos -Lamento que deba ser de esta forma, pero si debo usar mis poderes para espantarte de este lugar, no me dejas mas opción.-
¡Pelea, cobarde! ¡No eres un chico ángel! eres... un... ¡Chico gallina! ¡Si, eso!
-Nos vemos. Greg.- El hombre de la túnica se preparaba para marcharse, dándole la espalda.
-¡Espera!- Le exclamó Tamara, quien también tenía dudas. Robín reconociendo la voz de la chica, se giró un poco para ver su rostro. Podía verla algo apenada. Seguía sensible del evento ocurrido en el castillo, a pesar de que el hombre de la túnica no sabía nada sobre ello.
-Yo... también tengo muchas preguntas. Por favor, respóndenos y te dejaremos en paz.- La chica a pesar de su tono suave y triste, la desesperación salía a flote entre sus palabras. Robin pudo sentir aquellas emociones. Pensativo, miró al suelo, sin decir ni una palabra por varios segundos. Greg esperaba inquieto una respuesta, mientras Tamara solo se preguntaba que estaría pensando. Él se dirigió hacia ella, levantando su cabeza con lentitud:
-Nos volveremos a ver, Tamara.- Robin finalmente decidió retirarse, dando brincos entre las copas de los pinos, desapareciendo en el aire en un rastro de luz rojo. Greg y Tamara, con dudas y sin respuestas, decidieron continuar silenciosamente el camino hacía el Anillo Escarlata. Pensando que quizá, pero tan solo quizá, los misterios en los que ahora se habían envuelto tendrían una explicación tarde o temprano.

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