La paciencia es una gran virtud
Fueron pasando los días, mi rutina es comer y dormir, no hay mucho que un pequeño niño de poco más de 1 año pueda hacer por su cuenta, por más que tenga atrapada en su interior la conciencia de un hombre que ha vivido una vida completa, además aún me encontraba bastante débil físicamente por la enfermedad, por fortuna mi percepción del tiempo no está totalmente desarrollada por lo que no terminó siendo una molestia esta monótona rutina.
Al parecer aunque mis recuerdos de la otra vida están intactos, las demás partes de mi cerebro se desarrollan a la velocidad normal para un niño pequeño, vista, oído, sentido del equilibrio, gusto, tacto, coordinación motriz, sigo siendo torpe en la coordinación de mi cuerpo y me cuesta un enorme esfuerzo mantener el equilibrio sin ayuda, también parece que los aspectos psicológicos de mi cerebro se desarrollan como debe de ser en un niño, ya que pese a que puedo hilar pensamientos racionales, también me veo enormemente influenciado por las emociones, por lo que mi conciencia adulta es de momento solo una espectadora en este cuerpo.
Voy creciendo y mis padres me hablan mucho y me llevan a todas partes con ellos, de escucharlos continuamente aprendí que aparentemente la peste llegó a la aldea cuando un grupo de cazadores jóvenes se encontró con cazadores de otras aldeas, resultando infectados y volvieron enfermos a la aldea solo para morir, como el conocimiento médico en este mundo es bastante poco desarrollado, no existe ni tratamiento ni cura para la peste, cuando mi abuelo el Jefe Rock se dio cuenta de lo que estaba pasando ordenó aislar a los enfermos.
Lo que pasó después era predecible, todos murieron y fueron cremados junto a sus pertenencias y tiendas para contener la infección, así 39 personas de la aldea murieron, cuando mi joven cuerpo comenzó a mostrar síntomas, les dijeron a mis padres que me abandonaran pero no pudieron, mi padre Erik tomo a mi madre Ivina y salieron voluntariamente de la aldea, mi padre Erik había viajado mucho y conoció varios países, tenía contacto con varias rutas de mercaderes poderosos, por lo que fue con mi madre Ivina y acamparon en las afueras de la ciudad más cercana que conocía.
Comenzó una desesperada búsqueda de cualquier pista que le diera una mínima oportunidad de curar o por lo menos tratar la enfermedad, ya que del conocimiento que tenía mi padre existían antecedentes de niños pequeños que lograron ser tratados con éxito contra la peste, mientras mi madre cuidaba de mí en su improvisado campamento, hasta que un día mientras escoltaba una caravana conoció a una misteriosa mujer que era una curandera erudita que le dijo que cierta planta medicinal extremadamente difícil de hallar podría ser mi salvación.
Habiendo agotado todas sus demás opciones decidieron con mi madre Ivina ir en su búsqueda, llevándome a hombros peinaron las peligrosas montañas del sur hasta que finalmente lo consiguieron, tras preparar la medicina siguiendo las instrucciones que le había dado la misteriosa mujer, me la administraron y esperaron, para su alivio empecé a mostrar señales de recuperación lo que fue suficiente para convencer a los padres de Ivina que nos volvieran a aceptar en la aldea, pero viviendo muy apartados de los demás, mi recuperación fue muy lenta y parece ser que estuve más de dos meses sin abrir los ojos, por lo que es comprensible su alegría cuando finalmente desperté.
Tras saber eso solo puedo sentirme agradecido y orgulloso del gran amor que me tienen mis padres y del profundo amor que se tienen entre sí, en un mundo sin las ventajas de la tecnología moderna no se aplica el mismo sentido común que en mi vida anterior, cosas como abandonar a los enfermos se consideran normales e inevitables, el grado de sacrificio y entrega demostrado por mis padres incluso causó que algunos los tacharan de locos, por lo que para pagarles por todo lo que han hecho por mi hasta ahora me he puesto como una meta volverme una persona de la cual puedan sentirse orgullosos.
Ya han pasado 4 años desde que desperté mi conciencia en este mundo, por las noches mi padre cuenta historias sobre sus viajes, actualmente tiene 30 años y pasó 7 años de su vida viajando por el mundo, dejó su hogar a los 15 años y conoció a mi madre a los 22 y eso marcó el fin de sus viajes, mi madre también me cuenta historias de sus cacerías y viajes por los extensos bosques y montañas, como fue su primer encuentro con mi padre y como lo invitó a unirse a los Lobos Grises.
De todo lo que escuche de ellos llegue a algunas conclusiones, el lugar donde estamos viviendo se llama 《el Gran Bosque Negro》 ubicado en la mitad sur del 《Gran Continente》, no pertenece al territorio de ninguna nación, la tribu de los Lobos Grises están emparentadas con otras tribus, que se llaman a sí mismas la 《Gente del Bosque》 y según mi padre, la gente que vive en ciudades al norte se refieren a las tribus como 《Los Bárbaros del Sur》, los Lobos Grises son básicamente cazadores y recolectores, construyendo asentamientos semi permanentes, la aldea en donde nos encontramos es su refugio principal y aparentemente se mudan cada cierta cantidad de años para no agotar los recursos locales, a pesar de ser parcialmente nómadas tienen una rica cultura y un sistema de escritura bastante desarrollado.
Existe esa fuerza misteriosa llamada 《Magia》 en este mundo, prácticamente toda la población puede utilizarla en mayor o menor medida, el nivel de magia que uno posee determina su 《Estatus》 en las sociedades 《Civilizadas》 del norte, mi madre además de su habilidad física e instintos como cazadora es capaz de invocar varios tipos de magia, pero no tiene el talento suficiente para lanzarla, lo que hace es imbuir fuerzas elementales como el fuego o el aire en sus armas.
Aunque según los estándares de las culturas del norte su talento para la magia es bajo, es sin duda la más talentosa en la tribu, mi padre pertenecía a una familia muy importante en su tierra natal, a pesar de su apariencia salvaje tiene un nivel de educación e inteligencia muy superior a la media en la tribu y probablemente también al de las personas promedio en otros lugares, pero su talento para la magia es bajo, por lo que fue desheredado y decidió dejar su tierra natal.
Mi padre se crió en una sociedad de guerreros donde la fuerza física y el poder de la magia lo eran todo y cuando fue evidente que su talento y compatibilidad para la magia eran inferiores fue rápidamente marginado, tratando de compensar su debilidad mi padre entrenó su cuerpo, sus sentidos y la poca magia que podía utilizar para volverse un guerrero superior, convencido de que solo eso no sería suficiente, decidió abandonar su hogar y viajó por el mundo aprendiendo todo tipo de habilidades, así aprendió herrería que le ayudó a ser aceptado en la tribu y la alquimia que combinada con los conocimientos que tenía mi madre Ivina sobre las plantas medicinales y venenosas del bosque fue de mucha ayuda a la hora de tratar mi enfermedad.
También hizo muchos contactos con comerciantes y sus redes de información, lo que le permite obtener información sobre los acontecimientos en el resto mundo cada vez que visita la ciudad más cercana, los Lobos Grises no discriminan a nadie y viven como una gran familia, compensando las debilidades de los demás, según mi padre Erik la magia en el sur está mucho menos desarrollada que en las naciones del norte, pero está más extendida, en las naciones del norte es raro ver a las personas comunes usar magia, fuera de las elites o los nobles.
Al cumplir los 5 años de edad mi padre Erik preparó una simple ceremonia dentro de nuestra tienda, al parecer en la cultura del pueblo de mi padre al llegar los niños a los 5 años de edad deben ser tomados como aprendices por sus padres para inculcarles sobre todos los conocimientos que hayan adquirido y prepararlos para la dura vida en el mundo, así frente a un pequeño altar de piedra dedicado a las deidades que mi padre Erik rinde tributo había colocado un pequeño cuchillo en una funda de cuero finamente elaborada.
Mi madre Ivina, miraba gentilmente desde un rincón de la tienda, mi padre Erik permanecía de rodillas frente al altar con los ojos cerrados y parecía profundamente concentrado, yo estaba parado al otro lado del altar directamente frente a mi padre, mi padre hizo un juramento al Dios de Guerra, la principal deidad a la que rinde tributo, me había vuelto su aprendiz, a partir de este día mi padre Erik me daría tareas para desarrollar habilidades y me entregaría para desarrollar mi cuerpo, mi madre Ivina también me enseñaría sobre plantas medicinales y conocimientos básicos sobre cacería.
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