Los principios en los que basamos nuestra vida
Pasamos toda la mañana ayudando a cargar las mercancías en las carretas, todo fue correctamente ordenado y distribuido para evitar sobrecargar a los animales que tiraban de ellas, se les revisó las pezuñas y se los alimentó apropiadamente, ya después del almuerzo llegaron al campamento varios artesanos recomendados por el Gremio de Artesanos, eran orfebres y alfareros, que venían a ofrecer sus productos, eran los obsequios que llevarían a los que permanecieron en la aldea.
Los objetos serían comprados a crédito, había varios empleados del Gremio de Artesanos que tomaban nota atentamente de cada objeto comprado, posteriormente el Gremio de Comerciantes pagaría por todos los objetos y la próxima vez que la tribu venga a comerciar, el monto de la compra de artesanías le sería descontada de sus ganancias, este sistema ya tenía muchos años de ser establecido y me sirvió para recordar lo fuertes que eran las relaciones entre los Lobos Grises y el Gremio de Comercio.
Mientras el resto de los adultos se preocupaba de conseguir los obsequios adecuados, mis padres me llevaron al sector más alejado de la ciudad, allí se levantaba imponente el templo edificado al Dios de la Guerra, mientras caminábamos lentamente Erik comenzó a contar su historia; cuando su familia supo que no tenía talento para la magia, inmediatamente fue desheredado y marginado, se había convertido en un paria a los ojos de su gente, al igual que los Vikingos de la antigüedad en La Tierra, el pueblo al que perteneció Erik creía fuertemente en el destino y en que era imposible escapar de él.
Fueron tiempos difíciles para Erik, de ser una persona en la parte más alta del estrato social, pasó inmediatamente a la más baja, fue obligado a vivir como un guerrero de bajo nivel, literalmente lo convirtieron en carne de cañón, comenzaba a hundirse en la desesperación cuando conoció a un guerrero de una tierra lejana.
Dicho guerrero resultó ser un apóstol del Dios de la Guerra, que estaba en una peregrinación para difundir enseñanzas, el guerrero al ver la angustia de Erik le preguntó por qué se encontraba así, Erik le hablo que su destino había sido sellado y que ya no podría escapar de él, a lo que el apóstol respondió con una burlona risa, Erik sintiéndose ofendido exigió explicaciones al apóstol, quien le dijo que en las enseñanzas del Dios de la Guerra, el destino de los hombres es tan maleable como la arcilla.
Impresionado por esas declaraciones el joven Erik le rogó al apóstol que lo volviera su discípulo, el apóstol acepto pero con la condición que lo acompañara en su viaje, sin nada que perder ni nada a lo que aferrarse, Erik aceptó y ese fue el comienzo de su búsqueda de un nuevo lugar al que llamar hogar, por ese motivo Erik abandonó el culto a las deidades tradiciones de su pueblo y abrazo el culto al dios de la guerra, mientras seguía contando detalles de su viaje y todas las dificultades y penurias que tuvo que enfrentar pude ver a mi madre tomar fuertemente de la mano a mi padre, no cabía dudas que el carácter optimista que mi padre había forjado y su espíritu de nunca rendirse y siempre salir adelante eran las cualidades que más impresionaban a mi madre.
Llegamos al gran templo del Dios de la Guerra, se encontraba al final de una enorme plaza de forma rectangular, con una larga calzada de piedra que conducía a su entrada, su arquitectura me recordaba a la Acrópolis de Atenas, la vereda estaba rodeada de estatuas representando a guerreros de diferentes culturas, cada estatua era una obra de arte magnifica, todos en la misma pose.
Como si guardaran una eterna vigilancia del templo, algunos se veían similares a los conocidos guerreros de terracota de la antigua China, pero ninguno tenía el mismo estilo de armadura, un hoplita, un legionario, un samurái, lo que parecían ser caballeros de la antigua Europa, pero con diferentes estilos de armadura, el número de estatuas era increíble, dejé de contar cuando llegue a 50 y todavía había muchas más, probablemente más de 100 a ambos lados de la calzada.
Mi madre permaneció en la entrada, mientras acompañe a mi padre hasta el altar del templo, un guerrero totalmente equipado se encontraba frente al altar, entre susurros mi padre me dijo que era un apóstol, guerreros consagrados, bendecidos con el don de la palabra, recorrían el mundo llevando las enseñanzas del Dios de la Guerra, rara vez visitaban los templos, padre me dijo que las enseñanzas del Dios de la Guerra no buscaban que los humanos lucharan entre ellos o contra otras razas, ellas eran para preparar a los guerreros para luchar contra los seres infernales que algún día intentarían destruir el mundo y los guerreros debían de tener una conducta digna si querían contar con su bendición.
Los asistentes del templo realizaron una sencilla ceremonia y nos lanzaron una bendición, luego volvimos a encontrarnos con madre, ambos permanecieron inusualmente callados hasta que salimos de los terrenos del templo y se apartaron un poco de mi mientras volvíamos, mis padres estaban discutiendo algo entre ellos, finalmente luego de unos minutos volvieron a caminar a mí mismo ritmo y volvieron a hablarme como si nada hubiera pasado, regresamos al campamento al atardecer, mis padres compraron también unos recuerdos para los mayores y después de la cena todos se pusieron a descansar, saldríamos con la primera luz, el campamento sería desmontado antes del amanecer.
Salimos de la ciudad sin ningún inconveniente, nos despidió la misma persona del Gremio de Comerciantes que nos acompañó desde nuestra llegada, el viaje de regreso fue totalmente tranquilo, aprovechando que habíamos recibido unas carretas bastante más grandes, podía sentarme tranquilamente a leer los libros que mi padre me había comprado, mientras que mi padre conducía lentamente la carreta mi madre me dijo que al regresar a la aldea mi padre Erik comenzaría a entrenarme como un guerrero.
No lo había hecho antes porque primero quería fortalecer mi cuerpo lo suficiente y además quería la bendición del Dios de la Guerra, entonces me puse a recordar, todas las tareas que me había encomendado desde que cumplí los 5 años seguían un rutina fija y estaban encaminadas a fortalecer mi cuerpo, no me había percatado de ello pero probablemente me había vuelto mucho más fuerte que mi yo anterior a la misma edad.
Y así empezó mi entrenamiento, sin descuidar las tareas que previamente tenía asignadas, que se volvieron más pesadas, además debía de seguir entrenando con mi madre Ivina el tiro con arco, el estilo que lucha que me enseñó mi padre Erik era el mismo que él utilizaba, uno que enfatizaba la velocidad y habilidad por sobre la fuerza, el motivo de ello es que dado mi baja compatibilidad con la magia, mi padre Erik me explico que no sería capaz de luchar en igualdad de fuerza contra otro guerrero que tenga una mayor compatibilidad con la magia, por lo que debería de recurrir a un estilo de lucha creativo y siempre buscar sorprender al oponente.
Los caballeros pueden parecer muy elegantes con sus espadas de dos manos y sus armaduras, pero su estilo de combate es rígido, están limitados por el estilo o escuela de espada que utilicen y ni hablar de la lucha en espacios cerrados o con muchos obstáculos como un denso bosque, donde difícilmente encontrarían lugar para blandir adecuadamente sus espadas.
En mi antigua vida había aprendido Jiu-jitsu Brasilero en el ejército, que era una de las formas más eficientes para someter a un oponente y para participar en las peleas clandestinas aprendí el estilo de las artes marciales mixtas, además durante mi tiempo como mercenario también aprendí el mortífero Krav Magá de grado militar, al combinarlos con mucha agresividad me permitió eludir a la muerte más de una vez en mi vida anterior.
Luchando con mi padre pude poner en práctica los movimientos que había aprendido en mi vida anterior, solo debía de imaginar el movimiento y dado al constante entrenamiento en cacería y acecho que recibía de parte de mi madre Ivina, mi cuerpo era mucho más ágil, ligero y flexible que de lo que anteriormente había sido, fue así como pasaron los años mientras me fortalecía, finalmente mis padres me dejaron acompañarlos de cacería, en la tribu de los Lobos Grises, nadie cazaba solo, sería un suicidio enfrentarse solo a los peligros del gran bosque negro y hasta tuve que reemplazar a mi madre en las partidas de caza cuando ella volvió a estar embarazada.
Las lecciones que aprendí de los libros que había comprado en la ciudad de Ciliana también fueron muy útiles, el fundamento más importante de la magia era la imaginación, mientras más clara y detallada fuera la imagen mental que uno hiciera, más efectiva y poderosa sería el efecto de la magia, aplicando el conocimiento moderno de mi anterior vida pude mejorar la magia de fortalecimiento corporal y eliminar algunos de sus efectos negativos sobre el organismo al optimizarla.
Disminuyendo la carga sobre los órganos internos, los músculos, tendones y huesos, incluso podía aplicarla como una pseudo armadura al fortalecer la piel, pero mi mayor logro fue la magia para aumentar la concentración, lo que me permitía aumentar mis reflejos y concentración, al combinarla con mi optimizada magia de fortalecimiento corporal podía lograr proezas como interceptar una flecha en vuelo lanzándole un cuchillo o lograr casi un cien por cien de precisión con cualquier tipo de armas de proyectil o arrojadizas gracias a que al aumentar la concentración mi percepción del tiempo se volvía más aguda, lo que era como ver el mundo en cámara lenta.
Y al combinar ambas magias con el estilo de lucha que me había enseñado mi padre y los instintos de cazador que había aprendido de mi madre se volvía una carta de triunfo en combates cuerpo a cuerpo, su único defecto era el agotamiento mental que producía, por lo que no podía utilizarla durante periodos prolongados, pero su activación era instantánea, con el entrenamiento repetitivo pude mejorar mi resistencia mental, por lo que seguramente mi potencial irá creciendo.
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