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Los Heraldos: Sabiduria

Capítulo II: Génesis Parte 1

Capítulo II: Génesis Parte 1

Mar 10, 2023

This content is intended for mature audiences for the following reasons.

  • •  Physical violence
  • •  Sexual Content and/or Nudity
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Para empezar, mi vida no es muy divertida, por lo menos durante el día.

No he podido terminar mis estudios debido a los problemas económicos que mi familia acarrea en este momento. Hace varios años tuve que dejar mi carrera de lado para poder llevar pan a la mesa todos los días.

Algunos dirían que trabajar de Uber es tonto, agotador o lo que sea, pero se gana su buen billete si sabes cómo.

Además, siempre podía llegar a ver a mi mamá sonreír, debido a que en ese momento estaba enferma de Fibromialgia, una enfermedad autoinmune que hacía que el cuerpo ataque sus propios músculos y no tiene cura, sólo un tratamiento de analgésicos y relajantes nada baratos. También tengo dos hermanos más, en el cual yo soy el mayor de los tres.

En este momento, estoy terminando una carrera para señora de avanzada edad.

- Haber, mijito, yo sé muy bien para donde voy y en esta calle no está mi casa.
- Madame, sólo estoy siguiendo lo que dice el mapa.
- No, no, ¡NO! Mi casa es de color azul con bordes verdes y con un rosal en el jardín...

Cuando voy pasando por sexta vez y me detengo por tercera en la casa, le señalo:

- O sea, ¿esa...?

La señora mira para afuera y se vuelve furiosa hacia mí diciéndome, o gritándome, que esa no era su casa.

- Entonces, llame a quien le pidió el Uber y dígale que nos ponga la dirección correcta...

La señora, refunfuñando, hizo como le dije y al minuto sale un hombre con muchos kilos demás, en una toalla, de la casa en la cual estaba estacionado.

- Ay, de estos modelos Dios Mío...- digo para mí, contemplando al tipo semidesnudo acercándose a mi auto.
- ¡Antonio! ¿Pero dónde estabas, hombre?
- Lo siento, mami, me estaba bañando cuando me llamaste, ahí es cuando supe que llegaste...
- ¡Este adorable muchacho te estuvo esperando como media hora! Ahora más te vale pagarle bien...
- Si, mami...

Entre toda la discusión, lo único que me fijaba era en esa toalla y me preguntaba cómo los medios divinos trabajaban para hacer que no se cayera. El mundo no está preparado para ver lo que había debajo

Entre tanta lonja y sin una mano para sujetarla, ¿cómo es que seguía puesta ahí?

Además, no saco mucho con criticar, yo también estoy pasadito de peso gracias a mi línea de trabajo

Mi volátil imaginación se ve interrumpida cuando se me eclipsa el sol gracias al señor que me empezó a preguntar por el costo de la carrera:

- Son... Cinco mil trescientos, señor.
- ¡Hasta salió más barato! Mire, por las molestias, tenga la tarifa original de seis mil, ¿ok?
- ¡Oh! ¡Muchas gracias, señor!

Mientras hago el vuelto de los seis mil, recibo una llamada de parte de mi mamá.

- Muchas gracias, joven. Felicite a su mamá de mi parte.
- Gracias a usted, señor. Así lo haré.

Termino la carrera, apago la app y contesto la llamada:

- ¡Hola mami!
- ¡Hola perrito! ¿Cómo te va?
- Bien, bien, justo terminé una buena carrera.
- Ah, ¿sí? ¿De cuánto?
- Seis lucas.
- Mish, qué bien. Oye perrito, ¿te podrías traer pan por favor? Además, tienes que acompañar a tu hermana a comprar la leche del gordito con el vuelto...
- ¿No que el gordo tiene sus propios padres que le compren la leche?

Así es, para variar, a mi hermana, de tres años menor que yo, se le ocurre embarazarse de un criminal, drogadicto y cafiche.

- Sabes muy bien que el padre no es más que un inútil que cree que porque le chantó una guagua a tu hermana se puede venir a acomodar con nosotros. No lo hagas aún más difícil, ¿sí? Ambos sabemos que esa relación no va a durar...
- Lo sé, pero resulta que gracias a él tampoco puedo llevar a Arturo a la casa porque el gil nos empieza a molestar...
- También lo sé, perrito. Yo sé lo que te costó tener una relación, pero aguanta, por favor...

Siempre he estado solo, al menos socialmente. Durante todo mi periodo escolar sufrí de bullying y casi no tuve amigos, a excepción de unos cuantos que fueron desapareciendo en el camino. Durante la universidad fue igual, a excepción de la parte de los abusos ya que, los cabrones se amontonaban para poder hacer los trabajos grupales y los grupos de estudios conmigo. Debo admitir que en parte me siento orgulloso de mí mismo, hice pasar de semestre a varios soburros.

A Arturo lo conocí en una de mis carreras de Uber, la ruta indicaba que tenía que ir a las afueras de Santiago y era de noche, por lo que la tarifa me iba a dejar con una gran sonrisa.

Él iba vestido con una polera verde, con una chaqueta marrón encima, usando jeans y unas zapatillas deportivas. No conversamos nada de nada al menos por la mitad del camino, sólo dejamos la música sonar. Pero a medida que salía de la ciudad, mi curiosidad sobre a dónde nos dirigíamos se incrementaba. Sin querer, comencé una conversación que le daría un poco más de emoción a mi vida:

- Sólo por curiosidad, ¿A dónde vamos? Porque te diriges a un sector bastante apartado...
- Lo sé, pero si fuera más cerca, los carabineros no nos dejarían en paz...
- ¿Los carabineros?
- Obvio, los autos suelen hacer bastante ruido...
- ¿Autos? ¿Ruido? ¡¿Vamos a un lugar donde corren autos?!

No me recuerdo muy bien si lo dije así, pero lo que sí recuerdo bien es su reacción después de eso. Estudiaba ingeniería mecánica y los autos siempre han sido mi pasión, pero como era solitario, nunca llegué a tener la oportunidad de hacer contactos y encontrar un lugar así. Ni que mi mamá me hubiese dejado de todos modos...

- Jajajaja, tranquilo, no es para tanto.
- Sí, lo siento, me emocioné un poco. Es solo que nunca pude encontrar un lugar así.
- Ah, ya veo, tú también eres un tuerca, ¿no?
- Sí, lamento si mi emoción sacó lo mejor de mí.
- No, no, descuida, es solo que me sorprendiste un poco

Recuerdo que ambos nos quedamos viendo, pero había una conexión que nunca sentí antes. Esos ojos verdes eran magnéticos para mí. Como siempre fui del tipo solitario, no sabía lo que era. Esta era mi primera vez sintiendo algo por alguien,  sí que la oportunidad la tenía cerca.

- Entonces, ¿te vas a quedar mirando por lo bonito que soy o me vas a preguntar algo?
- Sin duda eres bonito...

Sin pensármelo dos veces, me tapo la boca con una de mis manos y puedo sentir mi sonrojo. Aunque estemos de noche, sé que estoy tan colorado como un semáforo.

Para mi sorpresa, lo único que escucho son carcajadas y una mano en mi hombro.

- No me molesta, tranquilízate. Yo estoy en el mismo equipo. Además, no viene mal que te digan lo bonito que eres.
- Presumido. Sólo porque eres de esa rara especie de rubios ojos verdes. Apuesto que te lo dicen a menudo...
- Mmmm, tal vez. Pero no de alguien que juega con el mismo pie.
- Claro, ¿le dices eso a todas tus conquistas?
- Tal vez sí, tal vez no, ¿Quién sabe? - Me extiende su mano. - Arturo Echeñique.
- Daniel Vanthassell. – Le respondo el apretón lo mejor que puedo mientras conduzco.

En el momento en que nos dimos la mano, sentí lo que puedo describir como una adictiva corriente eléctrica. 

Nos pusimos a conversar prácticamente de todo. Él me comentaba que también intentó ser ingeniero mecánico pero que el dinero no le dio para eso. Además, se sintió mejor en el mundo clandestino de las carreras y que se hallaba cómodo así. Estuvimos como media hora más conversando y nos dimos cuenta que estábamos encajando muy bien. También le pregunté el por qué toma Uber si va a un lugar donde se hacen carreras y él me contó que su auto lo tenía un amigo y que ya estaba allá.

- Así que, ¿tú corres?
- No he tenido la oportunidad de salir del videojuego aún.
- Oh. ¿Y por qué no me muestras un poco de lo que estás hecho?
- Ja, lo haría, pero eso arruinaría mi estatus de conductor de cinco estrellas.
- Bien, te prometo hasta hacerte una recomendación en Uber si me demuestras lo que puedes hacer, además de un bono extra.
- Con que lo pones así, ¿eh?
- Sip, así lo pongo...
- Bien, no me culpes si te terminas meando encima y mojando el asiento que tendrás que secar.
- ¡Como si me fuese a meaaaa.....!

Él todavía no termina de hablar y al auto le doy a fondo. Admito que no llegué hasta el lugar como quería, pero literalmente, lo hice mearse encima. El olor no era agradable, pero por suerte llevaba unas prendas extra para casos de emergencia y esta era una de ellas.

- ¡Creía que el auto no tenía modificaciones aparte del alerón!
- Nop, sí lo está. Al estilo Slipper.
- Estás loco, ¡de remate!
- Gracias por el cumplido.
- Gracias a ti por los pantalones. Afortunadamente, somos de la misma talla.
-  Descuida, ahora tu deuda es doble por si acaso.
- ¿Con que así lo pones?
- Sip, así lo pongo. Entonces, ¿dónde es?
- Da la vuelta aquí. Y ¿Daniel?
- ¿Sí?
- Bienvenido al Paraíso.

El lugar era espectacular, todo un paraíso para un tuerca. Apenas llegamos al lugar, apagué la app, Arturo me pagó y le envío mensaje a mi mamá de que llegaría tarde. Él y yo no nos separamos en toda la noche, me introdujo a todos sus conocidos, hasta corrí en algunas carreras que incluso gané. Esa noche me fui con 500 mil pesos en el bolsillo, usando un auto que apenas estaba aspirado. Me fui con Arturo de vuelta a Santiago, lo que hubiese muy placentero si el soburro no se hubiera emborrachado. Lo peor es que, también era de esos que se ponen cariñosos con el alcohol, pero no vamos a comparar a un gordo cervecero o una mujer con verrugas con un tipo que parece modelo, sin contar que el muy desgraciado me vomitó el auto. 

Al final, decidí llevarlo a mi casa, donde mi mamá me esperaba con garrote en mano por la hora y su sorpresa fue aún mayor cuando me vio llegar con mi bello durmiente. Al explicarle todo lo que sucedió, no sabía si regañarme por haber sido tan irresponsable de no sólo haber llegado tarde, haber traído sin permiso a un borracho a la casa y más encima haber corrido en carreras clandestinas o felicitarme por el dinero que logré ganar y el Adonis que me logré agarrar.

- Está sano, ¿verdad?
- No lo sé, creo que sí.
- ¿Lo tocaste?
- Sip… Y ¿Qué hay con eso de que si lo “toqué”?
- Entonces si está sano.
- ¿Por qué siempre haces lo mismo?
- ¿Qué cosa?
- Me preguntas que sentí en relación a algo que toqué y después me das la razón.
- Siempre te hemos dicho que eres especial, Daniel. Además, ¿Qué más sentiste con él que te diste el lujo de traerlo sin permiso?
- Jeje, sentí que con él podré empezar una nueva aventura.

Y no me equivoqué. Al otro día se disculpó, pagó por las molestias y me lavó el auto con sus propias manos. Lo malo es que me dejó la pega de deshacerme del hedor que quedó. Pasamos casi todo el día juntos y a la noche lo fui a dejar a su departamento. No hace falta decir que al despedimos intercambiamos números. Desde entonces hemos estado juntos. Y las carreras clandestinas las hago de vez en cuando, lo cual ha ayudado mucho a la situación actual. Hasta he podido mejorar y personalizar mi bebé de cuatro ruedas.

Hoy cumplimos dos años y le había avisado a mi mamá que lo pasaría con él, debido a que lo he estado sintiendo raro desde hace varios meses y algo me dice que el fuego se está apagando. Me hace sentir cierta culpa, debido a que no puedo pasar suficiente tiempo con él debido a que estoy trabajando constantemente, pero tampoco puedo reemplazar a mi familia sólo por una buena noche. También tengo prioridades.

- Está bien, pero recuerda que tengo el aniversario hoy y no quiero estar tarde de nuevo.
- Sí, tranquilo.
- Ya mami, voy para allá.
- Ok, perrito cuídate y maneja tranquilo.
- Gracias mami, cuídate tú más y lo haré.

Termino la llamada, reviso la hora, veo que son las 5 PM y me dirijo a mi casa. Tras media hora, llego a allí y veo que mi hermana ya me estaba esperando afuera, guagua en brazos.

- Hola, Sal.
- ¿Y por qué te demoraste tanto?
- Sorry, estaba un tanto lejos...
- Mmh, ya. Apúrate que el niño tiene hambre.

Ella se dirige a la puerta de los asientos de atrás y oigo una exclamación.

- ¿Y esto? – Me muestra un libro con una estrella de siete puntas en la cubierta...
- ¡Oh! Se le debió caer a mamá. ¿Me lo pasas?
- Nah, después de verlo te lo paso.

Me demoro aproximadamente una hora, en donde el silencio es el mayor tema de conversación entre mi hermana y yo, gracias al libro que hojea una y otra vez. Al llegar a la casa, me aterro al ver la hora ya que, me tenía que estar en el departamento de Arturo a las 7  y ya eran las seis y media.

- Ya, Sal. Me voy, ¡nos vemos mañana!
- Ya, cuídate, mándale mis saludos a Arturo. – Y me lanza el libro en la cara.
- Gracias, así lo haré.

Me voy corriendo hacia el departamento, casi quemando neumáticos, mientras guardo el libro en la guantera. El tráfico era una pesadilla, como siempre, pero me las arreglé para llegar cinco minutos antes de las siete para impresionarlo. Saco las cosas para la cena, los ingredientes para hacer una lasaña con una botella de vino tinto, subo como loco al quinto piso y uso las llaves que él me dio a los seis meses de relación. Me sentí muy realizado en ese momento.

Abro la puerta y lo único que siento es mi corazón encogerse al escuchar unos gemidos proviniendo de nuestra habitación y la voz de Arturo pronunciando un nombre que no era el mío.

Me acerco a la habitación, midiendo cada uno de mis pasos, sin hacer ningún ruido, pero sintiendo cada vez más como ese puñal se clava aún más en mi alma.

Giro la perilla de la puerta y contemplo con todo horror la escena ante mí, experimentando de primera mano el agrio sabor de la traición. Lo peor de todo, es que están tan metidos en lo suyo que no se han percatado de que entré en la habitación.

- Dale, Artie, dale...
-  Mauri, me vengo...
- No temes que llegue tu novio...
- Nah, siempre llega tarde ese imbé...

Los ojos de Arturo se abren como platos al verme parado ahí, llorando y viendo todo. Y cuando digo todo, es TODO.

- Termina la frase...

Arturo se saca de encima a su amante, aún "activo", se incorpora y se me acerca.

- Daniel, yo...
- Termina. La. frase.
- Daniel...
- Termínala...
- Yo...
- ¡AHORA!
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