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Los Heraldos: Sabiduria

Capítulo III: Verdades Ocultas Parte II

Capítulo III: Verdades Ocultas Parte II

Mar 10, 2023

This content is intended for mature audiences for the following reasons.

  • •  Blood/Gore
  • •  Physical violence
  • •  Cursing/Profanity
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- ¿Daniel? ¿Qué pasó? ¿Le sucedió algo malo? ¿Hizo algo malo? – Definitivamente esto va de la mano con lo que acabo de sentir.
- Jojojojojo, ay querida, respira y haz una pregunta a la vez. Pero no, no le sucedió ni hizo nada, por lo menos no de manera intencional.
- ¿Intencional?
- Así es. Hace unas horas, sentí una gran corriente de energía en Santiago y vi que provenía de tu hijo. Dime querida, ¿él ya sabe que es el Heraldo de La Sabiduría?
- No, aún no.
- Y ¿Ha estudiado el libro?
- Se lo ha leído varias veces, pero nunca ha practicado nada de él.
- Esto definitivamente será un problema, querida.
- ¿Por qué? ¿Qué acaba de pasar?
- Primero dime dónde está...
- Daniel no está aquí, se fue a celebrar su aniversario con Arturo. Hoy cumplen dos años juntos. Él lo quería sorprender debido a que han tenido dificultades en su relación.
- Algo me dice que el gusano ya hizo su trabajo y fue eso lo que gatilló lo que sentí, querida.
- ¿Gusano? ¿Qué gusa...? -Ahora sí que me va a conocer...

En ese momento hago conexión instantánea, ya que no sólo encajaba con lo que mi intuición decía, sino que también lo que escuché durante la tarde de la conversación de Alonso. O sí, el maldito muere hoy.

- ¡Alonso! -Grito, molesta.

De la nada, salen los dos, mi hija cargando a su retoño y el gusano empalidece al ver a Vivienne, la misma mujer de la que venía escuchando desde hace un año.

- ¿Qué pasa, tía?
- Nada de tía ni que veintiocho cuartos, ¿Con quién hablabas en la tarde?
- Con nadie, sólo una amiga
- ¿Y qué favor te tenía que hacer?
- Nada, es secreto.
- Ay, querido. Conmigo los secretos no duran mucho y más te vale decir la verdad ahora antes de que la diga yo.
- Agr, está bien. Le estaba comprando algo a la negra y como no sé sobre cosas de mujeres, se la encargué a ella.
- Ooooh, pero que lindo eres...

Mi hija lo abraza y lo besa en la mejilla como si fuera un héroe. En ese mismo segundo, Vivienne no sólo se levanta del sillón, sino que también alcanza a Alonso tomándolo del cuello.

- Querida, no querrás que tu bebé vea esto. Al igual que tú...- Ambas atónitas de no sólo la velocidad con las que las cosas escalaron sino la suya... ¡Atravesó media casa en un parpadeo!

Sus ojos empezaron a brillar con un color verde brillante y Salomé lo único que hace es correr a la pieza con el gordo.

- Muy bien, querido. Ya no es necesario que sigas mintiendo. Sé que, desde hace seis meses, le pediste a tu amiguita, quién tiene un contacto gay, que te ayudara a separar a Arturo y Daniel. Sé que no amas a Salomé y ese niño sólo existe para asegurar tu comodidad...

Que Dios me perdone, pero estoy disfrutando cada segundo de esto. Ese desgraciado a creado mucha disensión en mi familia. Lo que no sé en este momento es que si está cambiando de color por el apretón del cuello o por todo lo que Vivienne va diciendo. Ella prosigue:

- ... En este momento sólo veo dos salidas para ti; la primera es que te vayas de aquí y te escondas en algún otro lugar donde Daniel no te pueda encontrar; y el segundo es que te mate ahora mismo.
- Es... est... estás loca. ¿Quieres que te arresten?
- Ay, gusanito. ¿Acaso no te das cuenta de lo que soy? ¿No te das cuenta que en este momento te puedo hacer desaparecer como polvo al aire y nadie notaría tu ausencia?

Cuando Vivienne apenas termina, Alonso saca un cuchillo mariposa y se lo entierra en el hombro. Yo quedo pálida por la escena, pero me sorprende aún más el hecho de que ella ni se inmutó.

- Niñito, ese fue tu último error. ¡Oblivion Xilio!

No reconozco la palabra que entona, pero en el momento en el que lo hace, Alonso empieza a envejecer tan rápido que después de un minuto sólo queda polvo de él.

Quedo totalmente de una pieza ante la escena, al segundo recuerdo la herida de Vivienne. Por lo que voy a buscar algo con qué desinfectar la herida.

- Querida, tranquila. Voy a estar bien...

La siento en el sillón y me pongo a examinarla...

- No, ¡NO! Te acaban de apuñalar en tu... - Pero al ver el lugar de la herida, no hay nada, ni siquiera una gota de sangre, como si nunca la hubiesen herido. La única evidencia de que alguna vez hubo una lesión es la ropa manchada en el contorno.
- No puede ser...
- Mmmm, SÍ puede ser, querida. ¡Y eso que soy una bruja! Espera a lo que lleguen hacer ustedes, los Heraldos, con su entrenamiento completo.
- Mamá, ¿dónde está Alonso?

Mi hija, sollozando con mi nieto en brazos, nos saca de nuestra burbuja y, por más que haya odiado a ese parásito, su expresión me rompe el corazón.

- Salomé, yo...
- Querida, ¿ves esa pila de polvo de ahí? Recógela por favor, que los muertos en ese estado se vuelven desagradables cuando se esparcen.

Salomé hace un par de cambios de mirada entre nosotras y lo que queda de Alonso y después rompe en un llanto desconsolado. Tal así, que mi bebé sale de mi pieza, desconcertado.

- Mami, ¿Qué pasa? ¿Por qué ella está llorando? Y.... ¡Tía Vivi!

Alberto, totalmente inconsciente de la situación, se fue corriendo hacia donde Vivienne. Lo único malo es que pasó a llevar el nuevo estado de Alonso en el camino y esparció una buena parte de él por el suelo de la casa.

- Oh, mi príncipe. ¡Pero qué grande estás!
- Me he portado bien, tía. Tal y como me mandaste.
- Sí, lo has hecho. Pero un pajarito me dijo que estás flojo en las tareas de matemáticas.
- Es... que... no me gustan las matemáticas.
- Jojojo, mi niño. Hagamos un trato, haz esas tareas y yo daré una sorpresa cuando nos volvamos a encontrar.
- Mmmmm... nnnngh.....yyya. Está bien.
- Betito, mi gatito. ¿Podrías ir a la pieza? Aquí vamos a conversar temas de adultos.
- Noooo, yo quiero estar con la tía Vivi...
- Mi príncipe, ¿en qué habíamos acordado?
- Bueno, está bien. Chao tía.
- Nos vemos, lindo.

Él se despide con un besito en la mejilla de Vivienne, me abraza y se devuelve por el corredor, pasando a llevar las cenizas de nuevo, desparramando aún más en el piso y se entra a mi pieza.

- Les dije que lo limpiaran
- Sí..., ya capté que sabías que esto iba a pasar.
- ¡TÚ!

Mi hija se abalanza sobre Vivienne y yo la intento hacer retroceder, pero me da un empujón tan fuerte contra la pared, que casi siento que me partí en ella. Me movería de nuevo, pero la Fibromialgia no hace más que multiplicar por 10 el dolor que me acaban de provocar. Lo único que me queda es ver como Vivi se las arregla sola.

No sé qué bicho le picó, pero veo cómo se las arregla para sacar fuerzas. La muy tonta dejó al bebé al lado de las cenizas con tal de vengar a Alonso. Pero también veo como mi amiga se las apaña y con un rápido movimiento de manos y pies, pone a mi hija en sumisión.

- ¡Nnrgh! ¡Suéltame, asesina! -Sal, grita forcejeando contra la llave de Vivienne.
- ¡Y yo no permito vivir a traidores! Si estás viva ahora es porque te considero como una hija y ERES la hija de mi mejor amiga.
- ¡No he traicionado a nadie!
- ¡¿Cómo que no, querida?! ¡¿No ves que abandonaste a tu familia por ese parásito?! ¡¿No ves que él sólo te tomaba en cuenta cuando tenías algo de su interés?! ¡¿No ves que en el momento menos oportuno te pusiste a engendrar?! Ese bebé de ahí no tiene la culpa de nada, pero, ¡¿Tú crees que es justo hacerlos vivir algo que no quieren?! ¡Ni siquiera tú querías esto para tu vida!

Mi hija deja los forcejeos y yo logro incorporarme de nuevo para recoger al bebé, que estuvo llorando durante todo este tiempo. Mi hija también rompe en llanto y Vivi deja la sumisión. En el momento en que lo hace, Sal se arrastra hacia mí y León y nos abraza a ambos. Al final, todos a excepción de Vivienne y Betito terminamos llorando.

Veo la hora, son pasado las nueve y media y recibo una llamada de Daniel. Contesto y se me aprieta el alma.

- ¡ALÓ! ¡¿MAMÁ?!
- ¡Hijo! ¡¿Qué sucede?!
- ¡Mamá, te mando mi ubicación! ¡VEN LUEGO, PORFA...!

En ese momento, escucho una explosión y miro a Vivienne, aterrada. Empiezo a llorar.

- ¿Hijo? ¡Daniel!

Pero lo único que escucho es el tono de la línea.

- Ni te molestes, querida. Mejor vayamos a salvarlo. El tiempo apremia.
- ¿Salvarlo? ¿De qué?
- Del motivo de mi visita. El Portador del Orgullo lo encontró.
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