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Los Heraldos: Sabiduria

Capítulo IV: Primer Contacto Parte 1

Capítulo IV: Primer Contacto Parte 1

Mar 13, 2023

- ¡Vaya, pero qué temblor! Sólo espero que no venga uno más grande.
Miro la hora y veo que ya llevo media hora tarde para llegar a mi trabajo. Si no me hubiese quedado hablando con Salomé no estaría tan atrasada, pero mi amiga me necesita a veces y es agradable escuchar de sus momentos buenos y malos.

Termino llegando incluso aún más tarde. Qué bueno que Don Antonio pasó por alto la hora de entrada gracias al temblor. Dejo el auto en el estacionamiento, marco tarjeta y me duele ver que son las 7:30PM, espero que no me lo descuenten gracias a esto. Al rato después, llega un auto y se estaciona con tal fuerza que el ruido de los neumáticos hace que me duelan los dientes. Pasan los minutos, una hora y nadie baja de ese auto. Cuando se va a completar la hora y media, decido ir a ver el auto por mera curiosidad.

Salgo del edificio, el turno de noche es un fiasco para las ventas, pero por lo menos es tranquilo para los estudios. Me voy acercando al auto y toco la ventana para decirle que su tiempo de estacionamiento es de media hora si no compra nada. Por poco no caigo sentada cuando baja la ventana.

- ¿Pero ¿quién...? ¿Iomi?
- ¿Daniel? Oh, Dios Mío, Pero ¿qué te pasó?

Casi se me cae el pelo al ver su estado. Los ojos los tiene como tomates después de haber llorado tanto y su aspecto es horrible. Para peor, cuando hice esa pregunta, lo único que hizo fue llorar. Abro la puerta y lo abrazo fuertemente y él me responde igual. 
Yo ya sabía lo de él y su novio y esta situación sólo me hace pensar lo peor. Me da una gran tristeza porque Arturo fue su primer todo, prácticamente.

- Ya, ya, haber. Mira, tengo que trabajar, ¿sí? ¿Por qué no entras, me compras algo que te haga sentir mejor y te sigo dando compañía?
- Esta... Está bien. Gracias por tener que aguantarme...
- Nah, descuida. A todos nos rompen el corazón alguna vez.

Lo ayudo a salir del auto y él saca un libro también, tal vez para distraerse, el cual cierra y pone llave. Veo la hora y son casi las nueve de la noche. Considerando la poca resistencia que puso para bajar el auto, creo que tengo razón en la parte del quiebre. Además, me sorprendo un poco cuando lo tomo del brazo y sentir lo tonificado que está, no sabía que tenía tiempo para ejercitarse.

Él y yo entramos al vestíbulo de la estación y me pongo detrás de la caja de servicio. Esbozo mi mejor sonrisa, como si fuera un cliente especial y empiezo a ofrecerle lo que tenemos disponible.

- Bueno, siempre me ha gustado la tremenda hamburguesa cheddar, ¿por qué no me das una de esas?
- Yap, me tardaré unos minutos en hacerla, pero por lo menos tendrás tu refresco de inmediato.
- Ok, gracias Iomi.

Me voy a la cocina a preparar su pedido y él se sienta en unas de las mesas que están al medio y saca su libro. En diez minutos tengo lista su orden y con bandeja y todo, me dispongo a llevársela. Cuando llego a su mesa, parece estar tan enfocado en el libro que creo que no se percató de que ya llegué. También en ese momento, llega un auto de la DPI y de ahí se baja un tipo rubio vestido con la clásica chaqueta azul de la policía.

-¿Daniel?
- Oh, lo siento. ¿Estuviste mucho tiempo ahí?
- No, está bien. Me alegro de que te hayas podido distraer con algo.
- Gracias, Iomi. ¿Hay muchos clientes a esta hora?
- No, pero está bien. Es mucho más tranquilo y entre las horas muertas puedo estudiar un poco más.
- Oh, es cierto. Bio-medicina ¿verdad?
-Sip, es difícil pero gratificante. -El oficial que entró se dirige al baño.
-Hacer lo que nos gusta siempre es gratificante.
- ¿Lo dices por experiencia propia?
- Sip, si pudiera correr todas las noches, podría sacar a toda la familia de la mitad de sus problemas.
- Pero si mueres en esas carreras...
- Sí, ya sé. Me viven dando ese sermón casi todos los días, pero hay veces que el Uber no me rinde. Tan sólo la leche de mi sobrino me sale la cuarta parte de lo que hago en un día. Mientras que en una carrera pago todas las cuentas básicas del mes y hago más de una durante una noche.
- Ya veo.
- Lo siento, no debería de descargarme contigo.
- No, está bien. Es bueno sacar esas emociones. – Escuchamos el desagüe y el oficial sale del baño, dirigiéndose a la caja.
- Ahora vuelvo... – Sé que no debería de enojarme porque sé más o menos por lo que está pasando, pero no soy de metal y tengo problemas más grandes que un quiebre amoroso. 
- Ya era hora, señorita. Usted está aquí para trabajar, no para hacer vida social con el pololo. – El oficial me reclama firmemente, y en parte tiene razón.
- Lo lamento, no es mi pareja, es un amigo. ¿En qué le puedo ayudar? – Hago todo lo más profesionalmente posible.
- Quiero lo mismo que le dio al joven ese y un paquete de cigarrillos, por favor.
- De acuerdo, denme un momento. – Hago el cálculo, le cobro y me pongo a completar su orden.

Me encantaría saber por qué me molesta tanto el hecho que se haya dirigido a mí así, siendo que todos tenemos días buenos, malos y feos. Sobre todo, a mí, que si no trabajo voy a perder no sólo mi carrera, sino que la oportunidad alguna de estudiar otra vez antes de que mis padres me asilen en la casa de nuevo. Tal vez es eso lo que me molesta, el hecho de que a pesar de los problemas que él tiene, posee más libertad de la que yo tengo y con la que anhelo tener.

Pongo todo lo encargado en la bandeja y se la doy al hombre que estaba esperando.

- Aquí tiene su orden, que la disfrute.
- Gracias, pero quería hacerle otra consulta...
- Adelante, ¿En qué puedo ayudarle?
- El joven de ahí la estaba molestando, ¿Verdad? – No sé por qué le dice joven cuando ambos parecen tener la misma edad.
- No, no se preocupe. Sólo somos amigos y él está pasando por un momento difícil ahora mismo.
- Bueno, le echaré un ojo por si acaso...
- ¡Oh! No, no se preocupe...
- Sí me preocupo, descuide. – Me guiña el ojo y se sienta en la mesa contigua a la de Daniel y se sienta de manera que queda frente a él. Caray, espero que no se lo tome a mal.
- ¿Iomi? – El rey de Roma me llama.
- ¿Sí?
- ¿Me podrías traer un vasito de agua, plis?
- Ok, dame un momento. – Mmm, qué raro. ¿Para qué quiere agua si tiene bebida?

De todos modos, busco un vaso de plástico transparente, se lo lleno de agua y se lo dejo en la mesa.

- Gracias y...
- De nada. – Me voy, sin dejarlo terminar. Sigo enojada con él...

Vuelvo detrás del mesón y me quedo viendo lo que sea que esté haciendo con el vaso. Veo como cierra sus ojos y empieza a inhalar y exhalar a un ritmo estable.

- Ok, entonces sólo tengo que darle de mi energía al vaso y ver uno de los resultados... – Le escucho decir.
- Oye, ¿Qué haces? -El policía le pregunta extrañado.
- Un invento...

Escucho una motocicleta llegar a la tienda y me dispongo a atenderle.
El motero entra y se dirige a mí, con el casco aún puesto.

- Buenas noches, bienvenido a Descanso Cepec. ¿En qué puedo ayudarle?
- Deme el combo tres y rápido.
- O-ok. -Me toma un poco por sorpresa el modo en que lo pidió. No hay necesidad de ser tan agresivo.

Hago el cobro y empiezo a preparar la comida, pero desde la cocina me fijo que el extraño no deja de ver hacia Daniel. O sea, lleva el casco puesto y no sé en qué dirección miran sus ojos, pero no puedo evitar pensar eso.
Termino su orden rápidamente y se la entrego.

- Tome, señor. Espero que lo disfrute.
- Más te vale.

El motero toma la bandeja y se sienta en la mesa que está frente a Daniel, de modo que también queda sentado frente a él. ¿Qué diablos le sucede a esta gente con él esta noche? Es como si los tuviera en contra.

El motero se quita el casco y sus facciones me dejan helada, porque a diferencia del color de ojos y pelo, ¡él y Daniel son idénticos!

El oficial queda estupefacto al igual que yo, pero Daniel está con los ojos cerrados y metido en su experimento.
No sé si pasó un minuto o una hora, pero la tensión en el ambiente era tal que se podía cortar en cualquier momento.

De la nada, el vaso que Daniel sostiene en las manos empieza a brillar y se empiezan a escuchar zumbidos eléctricos que del vaso pasan a las lámparas del lugar y ya se vuelve insostenible. Pero no alcanzamos a hablar cuando el vaso que tiene en las manos explota en una luz centellante, quemando casi todas las luces de la parte de servicio.

Me oculto debajo del mesón lo más rápido que puedo hasta que el zumbido eléctrico cesa.

En ese momento, salgo lentamente de mi cobertura y presencio lo que se podría considerar como una zona de explosión ya que, todo lo que rodeaba a la mesa de Daniel y él mismo salieron volando hacia las paredes. Por lo menos, los ventanales son más resistentes de lo que parecen.

Mientras que el motero y el policía están debajo de las mesas y sillas, Daniel yace de espaldas, medio sentado, con los brazos estirados. En la mesa, o lo que queda de ella, sólo quedan residuos carbonizados de lo que alguna vez hubo ahí.

- Ay.... carajo.... nunca más.... algo así en público....

Daniel intenta incorporarse y veo que la onda eléctrica le quemó el pelo y se lo erizó. Extrañamente, le queda.

- Daniel... ¿Qué diablos fue eso?

Me acerco a él y veo que aún trae ese libro en la mano, pero... ¡ESTÁ INTACTO!

- Un experimento que saqué de este libro. -Zarandea el libro en la mano. – Un experimento que no creí que funcionaría así

Ambos nos quedamos viendo lo que queda de la estación, lo cual es realmente deplorable. Se necesitará reemplazar al menos la mitad de las cosas aquí.

- Disculpa, Iomi, pero ¿Estás herida?
- Bueno, sí y no.
- ¿Cómo es eso?
- Físicamente, estoy bien, pero gracias a tu maniobra es probable que mañana me quede sin empleo.
- Oh, lo... lo siento mucho...
- No lo hagas y ayúdame a sacar al policía y al motero debajo de los escombros, ¿sí?

Esta es la última vez que ayudo a alguien, sea quien sea. Siempre me pasa lo mismo... bueno, no como esto, pero... arg, ya que.

Empezamos a retirar las mesas y las sillas y no puedo evitar darme cuenta de la facilidad de Daniel para llegar y sacarlas. En cuanto a mí, no las encuentro tan ligeras.

Al sacar una mesa, nos encontramos una rubia cabeza llena de polvo.

- Ayuden...me...

Daniel saca una mesa de encima y el tipo emerge lleno de polvo.

- Listo, señor...
- ¡TÚ!

El hombre se pone rápidamente de pie y se empieza a sacudir. Acto seguido, saca un par de esposas.

- Niño, tienes tres segundos para decirme qué sucedió aquí y como antes de que te arreste.
- Bueno, punto uno, somos más o menos de la misma edad. Punto dos...
- ¡Te voy a arrestar!
- Punto dos, estaba haciendo un experimento de compatibilidad elemental que, evidentemente, salió muy mal. Y punto tres, aún queda sacar al motero de ahí...

Justo cuando Daniel señala el otro montón de escombros, este estalla violentamente, en donde nos tenemos que tirar al piso para evitar ser golpeados por los objetos voladores.
Cuando logramos despegar del suelo, lo único que vemos es a una silueta parada en medio de las llamas que comienza a caminar hacia nosotros.

- Vaya, vaya. Eres más potente de lo que pensé, Sabiduría...

Al unísono, el policía y yo miramos a Daniel que está al medio de nosotros. Él se incorpora de nuevo, sin dejar de lado el libro.

- No sé quién eres tú pero ese no es mi nombre.
- Ya lo sé, imbécil. Pero, o parece que no sabes que eres el Heraldo de La Sabiduría o te estás haciendo el tonto.
- ¿Qué?
- Llevo rastreándote por meses...
- ¡Deja de hablar sin sentidos y responde! ¿Quién eres tú?
- Me llaman el Portador del Orgullo y, te doy el lujo de responderte porque pronto morirás.

El tipo empieza a caminar hacia Daniel con su tiempo, mientras que este empieza a revisar rápidamente el libro.
Justo cuando este tipo está al frente de Daniel, justo cierra el libro y hace unas poses de manos que sé que he visto en otros lados.

- Vaya, vaya, listo para confrontarme, parece...
- Y tú pareces de los que prefieren pelear a que hablar.
- Para variar... ¡ACIERTAS!

El motero lanza un golpe tan rápido que creía que Daniel moriría, por lo que cierro mis ojos. Pero sólo se escucha un golpe y una especie de estallido, pero... y nada más. Por mera curiosidad, empiezo a ver con cuidado cuando veo que él había detenido el golpe del pelirrojo. ¡¿Pero qué tan fuerte se ha vuelto?!
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