Tenía el pelo negro salvaje y una cara llena de cicatrices. Había un pasado oscuro que lo ataba al Imperio y era un hombre oscuro y torturado. Era un hombre valiente y leal que había traicionado a su bando para unirse a la Hermandad y luchar por la libertad.
Ella lo amaba con todo su corazón, pero estaba inquieta. Había una preocupación con un nombre y apellido.
Pero Rylan también sabe que la profecía podría separarlos para siempre. Porque la profecía dice que uno de ellos debe morir para salvar al otro y al mundo.
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Buenos días, preciosa - le dijo con voz ronca.
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Buenos días, mi amor - le dijo ella con una sonrisa.
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¿Qué tal has dormido? - le preguntó él.
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Muy bien - mintió ella - ¿Y tú?
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También - mintió él.
Los dos se miraron a los ojos, sabiendo que se estaban mintiendo. Los dos habían soñado con Rylan Calder.
Ethan se incorporó y se puso la camisa. Amara hizo lo mismo con su vestido.
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¿Qué planes tienes para hoy? - le preguntó él.
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Voy a ver al Anciano - le dijo ella - Me ha llamado para hablar sobre la esfera.
La esfera era el artefacto mágico que habían robado al Imperio en su último ataque. Era una esfera de cristal que contenía una poderosa energía mágica capaz de abrir portales entre los reinos y comunicarse con los dioses. El Emperador la quería para aumentar su poder y su dominio sobre el mundo. La Hermandad la quería para restaurar el equilibrio entre los reinos y proteger a los humanos de la tiranía del Emperador.
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¿Qué te ha dicho el Anciano? - le preguntó él.
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No lo sé - le dijo ella - Supongo que me dirá cómo usar la esfera y qué papel juega en la profecía.
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Ten cuidado, Amara - le dijo él - La esfera es muy peligrosa. No sabemos qué efectos puede tener en ti o en los demás.
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Lo sé, Ethan - le dijo ella - Pero confío en el Anciano. Él sabe lo que hace.
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No lo dudo - le dijo él - Pero también confía en ti misma. Tú eres la elegida, Amara. Tú tienes el poder del fuego en tus manos. Tú puedes cambiar el mundo.
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Gracias, Ethan - le dijo ella - Eres muy dulce.
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Y tú muy valiente - le dijo él - Te admiro, Amara. Te admiro y te amo.
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Y yo a ti, Ethan - le dijo ella - Te amo con todo mi ser.
Los dos se abrazaron y se besaron con ternura. Luego se separaron y salieron de la habitación.
El refugio de la Hermandad era una antigua mansión situada en medio del bosque. Allí vivían y se entrenaban los rebeldes que habían escapado del Imperio o que habían nacido con el don de la magia. El refugio estaba protegido por un hechizo que lo hacía invisible a los ojos del Imperio y por una barrera de rocas que lo rodeaba.
Amara y Ethan caminaron por los pasillos del refugio, saludando a sus compañeros y amigos. Algunos de ellos eran veteranos de la guerra, que habían perdido a sus familias o a sus hogares por culpa del Emperador. Otros eran jóvenes idealistas, que habían decidido luchar por sus sueños y por un mundo mejor.
Entre ellos se encontraba Rylan Calder, el heredero del Imperio, que se había rebelado contra su padre y se había unido a la Hermandad. Rylan estaba en el patio del refugio, practicando con su arco mágico. Su arco era una obra de arte, hecho de madera de roble y adornado con runas de plata. Su arco era capaz de disparar flechas de aire que podían atravesar cualquier material.
Rylan disparó una flecha al blanco que estaba al otro lado del patio. La flecha dio en el centro con una precisión milimétrica. Rylan sonrió satisfecho y preparó otra flecha.
Fue entonces cuando vio a Amara y a Ethan salir del refugio. Los vio caminar juntos, cogidos de la mano, sonriendo y hablando. Los vio felices.
Rylan sintió un pinchazo en el pecho. Un pinchazo de dolor y de celos. Rylan estaba enamorado de Amara desde el primer momento que la vio. Rylan sentía una conexión especial con ella, una conexión que se basaba en la magia y en el destino.
Rylan sabía que Amara y él eran los elegidos de una antigua profecía que anunciaba el destino del mundo y de los dioses. Una profecía que los había unido desde antes de nacer y que los obligaba a cumplir una misión sagrada.
Pero Rylan también sabía que esa profecía podía separarlos para siempre. Porque la profecía decía que uno de ellos tendría que morir para salvar al otro y al mundo.
Rylan sacudió la cabeza, tratando de alejar esos pensamientos. No quería pensar en la profecía ni en Amara. Quería pensar en su entrenamiento y en su lucha contra el Imperio.
Se concentró en su arco y disparó otra flecha al blanco. La flecha falló por poco. Rylan frunció el ceño y preparó otra flecha.
Fue entonces cuando oyó una voz femenina a su lado.
- Hola, Rylan - dijo la voz.
Rylan se giró y vio a una mujer que lo miraba con interés. Era Lyra Winters, su amiga de la infancia y consejera.
Lyra era una mujer serena y elegante, con una sonrisa cálida y unos ojos marrones llenos de lealtad. Era leal, astuta y empática, y había sido el apoyo incondicional de Rylan desde que eran niños. Su especialidad era la magia del agua, que usaba para curar y calmar.
Lyra había acompañado a Rylan en su huida del palacio, pero no estaba de acuerdo con su decisión de unirse a la Hermandad. Lyra creía que Rylan podía cambiar el Imperio desde dentro, usando su influencia y su carisma. Por eso había decidido infiltrarse en el convoy que transportaba la esfera y tratar de convencerlo de que volviera.
Pero su plan había fallado. Rylan había conseguido robar la esfera y escapar con Amara. Lyra había tenido que fingir su muerte y seguirlos hasta el refugio de la Hermandad. Allí se había ganado la confianza del Anciano y de los demás rebeldes, ocultando su verdadera identidad y sus verdaderas intenciones.
Pero Lyra no había renunciado a su objetivo. Seguía esperando el momento oportuno para recuperar la esfera y llevarse a Rylan de vuelta al Imperio. Seguía creyendo que él era el único que podía reformar el sistema y traer la paz al mundo.
Y seguía amándolo con toda su alma.
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Hola, Lyra - dijo Rylan con cortesía.
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¿Qué tal tu entrenamiento? - le preguntó ella.
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Bien - mintió él.
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¿Puedo probar tu arco? - le pidió ella.
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Claro - le dijo él, tendiéndoselo.
Lyra cogió el arco y lo examinó con curiosidad. Era un arco precioso, hecho a medida para Rylan. Lyra recordó cuando él se lo había regalado por su cumpleaños, hacía muchos años. Era un símbolo de su amistad y de su confianza.
Lyra colocó una flecha en el arco y apuntó al blanco. Disparó con destreza y acertó en el centro. Lyra sonrió satisfecha y le devolvió el arco a Rylan.
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Eres muy buena - le dijo él con admiración.
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Gracias - le dijo ella con coquetería - Tú también lo eres.
Los dos se miraron a los ojos, sintiendo una chispa de afecto y de nostalgia. Los dos se querían, pero tenían visiones opuestas del mundo. Los dos tenían razón, pero también estaban equivocados.
De repente, una voz grave los interrumpió.
- Rylan Calder - dijo la voz.
Rylan y Lyra se giraron y vieron al Anciano acercarse a ellos. El Anciano era un hombre anciano, con el cabello blanco como la nieve y los ojos azules como el cielo. Era el líder de la Hermandad y el elegido por los dioses luminosos para recibir su magia. Su especialidad era la magia de la luz, que usaba para iluminar y guiar.
El Anciano era un hombre sabio y bondadoso, que acogía a todos los rebeldes que buscaban refugio en su mansión. El Anciano era el mentor de Rylan y Amara, que les enseñaba los secretos de la magia y de la profecía.
El Anciano era el único que sabía cómo usar la esfera y qué papel jugaba en el destino del mundo y de los dioses.
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Buenos días, Anciano - dijo Rylan con respeto.
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Buenos días, Rylan - dijo el Anciano con una sonrisa - Buenos días, Lyra.
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Buenos días, Anciano - dijo Lyra con reverencia.
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¿Qué tal vuestro entrenamiento? - les preguntó el Anciano.
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Muy bien - mintieron los dos.
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Me alegro - dijo el Anciano - Pero tengo algo importante que deciros.
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¿Qué ocurre? - preguntó Rylan con curiosidad.
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Venid conmigo - les dijo el Anciano - Os lo explicaré en mi despacho.
El Anciano se dio la vuelta y se dirigió hacia la mansión. Rylan y Lyra lo siguieron, intrigados y nerviosos.
No sabían qué les iba a decir el Anciano, pero intuían que tenía que ver con la esfera y con la profecía.
Y con su futuro.

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