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Detrás De Los Muros.

CAPÍTULO 2: Los boletos.

CAPÍTULO 2: Los boletos.

Feb 17, 2024

This content is intended for mature audiences for the following reasons.

  • •  Abuse - Physical and/or Emotional
  • •  Drug or alcohol abuse
  • •  Blood/Gore
  • •  Physical violence
  • •  Cursing/Profanity
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De regreso al pasillo, una vez conseguidos los almuerzos de todos, Karl caminaba con gran dificultad; con la piel morada dividida como el torso de un gusano bajo su chaqueta, por el peso de múltiples bolsas que cortaban su circulación como las represas cortan el flujo de agua de los ríos. 
Aún con esto, Karl seguía firme con su paso, sin notar que la pequeña bolsa que sujetaba con las yemas de su mano izquierda había comenzado a resbalarse de sus dedos. Intentó sin éxito evitar el inminente fracaso de comer un bagel con algo de polvo de la superficie del suelo, pero no pudo evitarlo. Hizo un gran esfuerzo por agacharse para recoger el panecillo y meterlo de nuevo en la bolsa para posteriormente colgarla de su dentadura, evitando así que esto se repitiera. Sin embargo, unas voces en la sala de conferencias lo detuvieron de su paso decidido, la puerta estaba entreabierta y Karl se acercó peligrosamente al resquicio. Un ligero cosquilleo recorría su cuerpo, indicando que no debía estar espiando, pero se fue después de ser ignorado por completo.
—Me temo que no tenemos demasiadas opciones señor, (era la voz del supervisor general) definitivamente encontrar a más de un individuo que encaje al menos un 70% en los requisitos exigidos será tan complicado como encontrar una moneda en el oscuro fondo marino.
—Con temor a parecer grosero, hazle el favor a un viejo de buscar de manera más minuciosa. Sabe que no pediría esto si no estuviera al filo del abismo. El mundo era más fácil para todos cuando aceptaban a cualquiera. Desafortunadamente, la situación ha cambiado. Ahora no quieren fantasmas de la sociedad tales como indigentes y otros tipos de malvivientes, ¿sabes? Exigen personas jóvenes y sanas para encaminarlas por el valle de las sombras; algunas con brillantes futuros como deportistas o académicos... y si usted me permite serle sincero, mi atormentado y viejo corazón no quiere continuar con esta impiedad.
—¿Qué hay de los reclusos señor?
—Los carceleros han aumentado el valor de cada uno, debido al aumento desmesurado de la demanda. Por más increíble que parezca, he gastado millones tan solo en los últimos seis meses. ¿Sabe algo? Ya sea por continuar con esta demencia o por negarme a seguir con la misma, presiento que terminaré comiendo de la basura antes de lo que usted cree.
—Señor Vincent, le prometo que antes de que caiga el ocaso de esta tarde, este asunto no será una preocupación para usted. Buscaré minucioso y precavido a todo aquello que muestre un indicio de ser aquello que usted añora— dijo el supervisor mientras se levantaba de su asiento ocultando su exaltación mientras caminaba hacia la puerta entreabierta.
Karl, al notar que se dirigía hacia él; apretó fuerte la mandíbula mientras sus ojos casi escapan de su cara por el susto y comenzó a caminar a toda prisa por lo que le quedaba del pasillo, escuchando de fondo el lento aplauso que los zapatos del supervisor provocaban al impactar el suelo con su fuerte y determinado paso. Sabía que lo que había escuchado en su travesía podía ocasionar problemas si es que llegase a ser descubierto, así que después de correr por un par de largos y estrechos pasillos y subir escaleras por fin estaba afuera de la sala donde se encontraba su destino. Se tomó un par de segundos para recoger hacia atrás su cabello, estaba aterrado por la situación pero al mismo tiempo al notar el helado sudor de su frente y   su embravecido corazón, no podía evitar el sentirse excitado por la emoción; esto probablemente habría sido lo más interesante que le había sucedido desde su ingreso al extenuante empleo como vendedor de tarjetas de crédito por teléfono.
Giró la vista hacia sus espaldas y pudo notar la extensa pierna cubierta por la fina tela azul del traje del supervisor, por lo que procedió a entrar, aún aterrado. Apenas hubo pasado su cuerpo el arco de la puerta, cuando fue impactado por lo que él comparó con el impacto frontal de un autobús escolar. 
—¡Carajo Jay, te dije que no podíamos hacer esto por aquí! ¿Carreras en sillas de oficina? Siempre que te escucho suceden cosas malas. Ahora no tenemos café y hay un maldito desastre por doquier!— dijo Chris, uno de los compañeros de Karl.
—Tranquilizate hermano, nuestro buen amigo Karl se encargará de todo esto. Él es muy amable con todos y es por eso que lo estimamos tanto, ¿no es así? Además el fue quien dejó caer todo en primer lugar. (Ese era Jay, compañero de juegos de Chris y juntos eran un par de gorilas en términos de inteligencia).
—Oigan, esperpentos, ¿los mataría mostrar un poco de decencia y humanidad ante el chico? A diario lo obligan a traer sus grasosos almuerzos e incluso después de derribarlo, ¿lo hacen limpiar su desastre? No me parece justo en absoluto. (La defensora que miraba con ojos condescendientes al chico era Lawrence, probablemente la única persona cuerda además de Karl en esa estadía primitiva).
—Está bien, Lawrence. No es una molestia, supongo que pude tener más cuidado al entrar... no noté que estaban tan ensimismados en lo que sea que estaban haciendo.
—¿Lo ves Jay? te dije que no había de qué preocuparse, déjalo para el buen Karl.
Karl los miró fijamente, entendió cuál era su posición, pero aún así estaba esperando una disculpa; los miraba con un poco de impaciencia, arrodillado y casi sin parpadear. 
—Oye, ¿ qué estás mirando? Se te meterá una mosca en el ojo si no los cierras.
—Tengo la impresión de que olvidan algo...
—Creo que tú, olvidas algo. ¿No es así Jay?
—¿Qué está olvidando Chris? (Chris suspira un poco apenado)
—Déjalo así Jay, el asunto es que este idio...
Antes de que pudieran continuar con la discusión, se percataron de los pasos firmes del supervisor que resonaban con eco por el pasillo y luego de verlo por la pequeña ventanilla de la puerta, se apresuraron a volver a sus lugares. Justo cuando los traseros de Jay y Chris estaban por tocar sus asientos, las puertas se abrieron de manera enérgica. 

—Karl, ¿podrías explicarme por qué parece que te impactó un camión de comida rápida? ¡Levántate ya! El presidente Vincent está por llegar. Él quiere verte.
—¿A mí? ¿Hice algo malo? 
—Al Contrario chico— dijo el presidente que acababa de entrar a la sala —Todo lo contrario, ¿por qué no me acompañas un momento a mi oficina? Quiero hablarte.
—No tengo objeciones, disculpe mi insolencia; pero le agradecería que me otorgara tan sólo un par de minutos para limpiar el reciente accidente en el cuál estuve involucrado, señor.
—No será necesario muchacho. ¡Apuesto a que tus compinches estarán complacidos de ayudarte con todo esto! ya que siempre están más concentrados en sus propios asuntos, lo legal seria que ayuden un poco de vez en cuando y me sentiría absolutamente grato si llegase a encontrar un espacio limpio y ordenado esperando mi retorno. Vamos muchacho, te ayudaré a levantarte— dijo mientras tomaba con suma delicadeza el brazo del joven el cual se levantaba confuso e intranquilo.
Mientras los dos al mando caminaban sin preocupación alguna rumbo a la oficina, Karl podía sentir unas miradas acechantes cuyo calor le calcinaba la espalda; al retornar la vista consiguió encontrar a sus compañeros arrodillados, cuyos ojos afilados se enfocaban totalmente en él, mientras a tientas intentaban rescatar lo más posible de los alimentos desparramados en el suelo del lugar, sabía que el tiempo de su vitalidad se había convertido sin más en un reloj de arena que aquellas bestias ya habían girado esperando su momento. 
Al llegar a la oficina, el presidente se apresuró a acercarse a su fino asiento forrado por una gruesa piel encurtida que rechinaba como las tablas de una vieja casa. Liberó su cuello de la estrangulación de la corbata y deslizó sus manos hasta su cinturón donde repitió la misma acción, para acto seguido abrir un ruidoso cajón del cual extrajo una caja de madera; la cual contenía un puñado de habanos de procedencia cubana, los cuales al olfato de un conocedor o bien, de un fumador veterano, dejaban saber por medio de su aroma que no eran nada baratos. El viejo hombre de apariencia cansada, sacó un par y después de poner uno entre sus molares preguntó: "Señor Karl Orton, ¿es usted fumador, cierto?"
El cambio de actitud reflejado en el vocabulario del cuál el hombre hacía uso para referirse a él le pareció en extremo inquietante, pero cuestionarlo era considerado por el mismo como una cruel descortesía, por lo que correspondió de igual manera. 

—La información salida de sus labios no podría ser más cierta, presidente Vincent.
—Ya que ese es el caso, estoy muy complacido de obsequiarle esto. Como fumador que soy me ocasiona felicidad el hecho de que un conocedor como lo es usted, pueda apreciar la exquisitez de un tabaco tan refinado como este. Pude saber que era usted un conocedor como lo mencioné, al notar la inminente sorpresa en su rostro en cuanto lo extraje de la caja— dijo mientras hacía entrega del mismo.
—Vaya que es usted en extremo observador. ¿Acaso llegó a dedicar su vida a la investigación privada previo a forjar un imperio como este?— preguntó mientras calcinaba el extremo del puro.
—Aunque le resulte difícil a su razón el creer mis palabras, este negocio es bastante reciente. Verá, siempre me otorgó felicidad considerarme un individuo servicial, ¿y qué negocio me haría más feliz que obtener mis preciados ingresos por medio de tal actitud? ofrezco tarjetas que a su vez ofrecen también servicios; sin embargo— dijo con un admirable cambio de tez apuntando a uno más oscuro—  tuve más ayuda de la que usted imagina.
—Haya sido el caso o no, mi perspectiva hacia usted perdurará como la de un hombre digno y dechado al igual  que avanzante en la dura montaña del progreso humano.
—Basta muchacho...— dijo sonrojado —me atribuye usted crédito del cual sobrepasa el nivel del que soy merecedor. Por cierto, quisiera hablar del tema por el cuál le pedí acompañarme hasta la ubicación actual, si no es molestia.
—Por favor, es un placer escucharle.
—Ha trabajado arduamente durante los últimos meses de su estancia en esta respetable empresa. Se ha mantenido al margen de las normas impuestas aquí, y ha respetado hasta la última de ellas. Quisiera recompensar tan duro esfuerzo con algo un poco más valioso que un buen cigarrillo— dijo mientras volvía a abrir el ruidoso cajón.
Karl estaba en extremo intrigado por la continuidad de la conversación ya donde lo llevaría la misma. Vincent sacó un pequeño sobre del cajón y lo postró ante Karl para posteriormente deslizarlo hasta su extremo de la mesa.
—Mi estimado colaborador, esto es para usted; si se está preguntando el motivo, bueno... es resultado de un sorteo en el cual estuvo involucrado usted y un par de sus compañeros debido a su alto desempeño en los últimos meses. Adelante, puede abrirlo.
—Esto es...
—¡Son entradas! destinadas a ser utilizadas en el parque de atracciones más relevante del año: "El Volcán" y sé muy bien que la mayoría de ustedes habrían preferido dinero, pero sospecho que esto les traerá mucha más felicidad que eso. Estas son entradas VIP, las cuales cubren el transporte de ida, el retorno y los viáticos. Dentro del sobre hay 3 entradas, siéntase libre de tomarse unos días de vacaciones pagadas. Invita a un par de chicas lindas y diviértase como nunca.
—Señor Vincent... realmente no sé que decir...
—No hay nada que decir. A partir de mañana puedes usted hacer lo que quiera en ese lugar.
—Supongo que no estaría tan mal... conozco a alguien a quien estos boletos pueden traer gran felicidad.
—En ese caso, les deseo la mejor de las suertes. Puede regresar a terminar su horario y espero verlo aquí muy pronto, señor Orton.
Karl procedió a ponerse de pie y darle la mano en señal de agradecimiento al presidente, para posteriormente salir de la oficina donde el supervisor esperaba impaciente en la puerta su turno para entrar. Después de intercambiar miradas, Karl continuó su camino de regreso a su área de trabajo. En el camino extrajo uno de los boletos para admirarlo con asombro mientras guardaba el sobre en uno de los bolsillos exteriores de su chaqueta. Lo miró detalladamente, sintió su textura, lo olió y volvió a admirarlo incluso después de cruzar la puerta y en el trascurso de su camino hasta su cubículo; donde encontró adherida a la pantalla de su ordenador una pequeña nota la cual decía: "No saldrás ileso de esto". Lo cual lo puso bastante nervioso. En el transcurso del día, levantaba y colgaba el teléfono mientras miraba la hora en su pantalla. El tiempo parecía exento de su curso natural, tuvo suficiente tiempo para pensar en un plan ingenioso para no tener que afrontar su problema y salir limpio del mismo, pero los nervios y el miedo jugaban en su contra. Evitó a toda costa hacer contacto visual con los gorilas a su espalda, los cuales pasaban el tiempo más enfocados en aterrorizarlo con un acto tan simple como lanzar bolitas de papel constantemente y reír a carcajadas por dicha acción. 
A escasos 15 minutos de la hora de egreso, Karl ya había cubierto su cuota con creces, por lo que velozmente, tomó sus cosas y salió del lugar a toda prisa. De manera instintiva, antes de partir por la puerta principal, se dió la media vuelta y comenzó a correr hacia la un escape trasero con acceso hacia el estacionamiento, ya que creía firmemente que lo esperaban por su salida habitual.
Justo en cuanto cruzó la puerta que daba hacia el estacionamiento, fue recibido por un firme y enorme antebrazo, propiedad de Chris, el cuál lo derribó al instante provocando una hemorragia superficial dentro de la cavidad nasal de Karl.

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