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Detrás De Los Muros.

CAPÍTULO 7: Confrontación.

CAPÍTULO 7: Confrontación.

Feb 17, 2024

This content is intended for mature audiences for the following reasons.

  • •  Abuse - Physical and/or Emotional
  • •  Blood/Gore
  • •  Mental Health Topics
  • •  Physical violence
  • •  Cursing/Profanity
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Karl se ocultó en la maleza para observar aquel gigantesco pájaro e intentar hacer un boceto del mismo en el cuaderno que recién había encontrado, el cual estaba mojado y sucio, pero era mejor que nada. Aquella inmensa ave tenía bastante similitud con lo que conocemos como "águila arpía". Era de un color tan oscuro como la obsidiana y el plumaje de su cola al igual que sus ojos enormes y redondos eran de un color azul intenso. La coronaba un par de cuernos anillados como los de una gacela, en lugar de las plumas eréctiles sobre su cráneo que tanto las caracterizan. "Carnívora, parece gozar de la cacería y se alimenta de murciélagos"—escribió a un costado del húmedo dibujo. Apenas terminaba su boceto mientras el cervatillo lo jalaba de las agujetas de sus botas.
—¿Qué sucede amiguito? ¿Quieres irte? Está bien, igual ya terminé.
El ciervo rascaba la tierra con su pata delantera e inclinaba su cabeza repetidamente.
— ¿Quieres que te siga? Está bien, supongo, igual no tengo idea de a dónde podría ir.
Karl retrocedió a modo de pecho tierra para no alertar al águila y se puso de pie, acto seguido el cervatillo comenzó a caminar adentrándose hacia la espesura de la jungla; Era evidente que la pequeña criatura conocía bastante bien el área. Mientras caminaban en silencio, Karl pudo observar muchas construcciones absorbidas por la naturaleza, con una extraña vegetación que no parecía haber visto nunca antes al igual que numerosos insectos de aspecto infernal que decidió evitar a toda costa.
Después de un par de horas de caminata, el pequeño ciervo comenzó a olfatear el suelo como lo haría un sabueso y luego de un berreo que expresaba alegría, miró a Karl y apresuró el paso al mismo tiempo que Karl corría confundido detrás de él. Después de atravesar una espesa cortina de hierba alta, quedó con la boca abierta por la sorpresa.
Habían llegado a una pradera preciosa, que parecía haberle dado lugar antes a una reserva natural dentro de la ciudad, donde había una laguna cristalina con grandes peces de colores metálicos. Los había dorados, rojos, verdes y plateados. Parecían peces gato con una cabeza bastante delgada y un cuerpo de tamaño bastante considerable. También había una pequeña montaña a un costado de la pradera de la cual descendía una cascada que desembocaba a un arrollo, del cual bebían los que parecían ser los familiares del cervatillo. 
—¿Me trajiste a tu hogar? Gracias, es realmente hermoso.
El cervatillo corrió feliz hacia unas criaturas que yacían acostadas junto al arrollo y Karl, al ver que no parecían una amenaza; decidió ir a beber agua del otro extremo de la pradera. No se acercó al límite de aquel lugar respetando con bastante espacio la espesura de la selva a sus espaldas y se arrodilló junto al cuerpo de agua para beber. El agua era tan cristalina que incluso podía ver con claridad la arena y las pequeñas rocas en el fondo, el calor del sol poniente  hizo que el olor de la orina en los pantalones de Karl se volviera intenso, por lo cual después de inhalarlo y casi vomitar, decidió desvestirse para limpiarse en aquel arrollo virgen.
El clima era cálido, el agua fresca, la vista preciosa y Karl se sentía más tranquilo que nunca, por un momento casi olvida que su situación no era la mejor del mundo, pero eso no le molestaba en absoluto; o no lo hacía hasta que notó una sombra que lo observaba oculta entre la maleza, acechando, como si estuviera esperando un movimiento en falso. Era una figura alta, por lo que era de extrañarse que no lo hubiera notado antes. 《¿cuánto tiempo ha estado ahí observandome?》se preguntó Karl viéndose interrumpido por el pequeño cervatillo que saltó sobre él, rebosante de alegría para acompañarlo en su ducha.
—Hola amiguito, ¿tu ya lo habías notado?
El cervato ignoraba totalmente la presencia del extraño. De repente, Karl comenzó a sentir que la tierra a su alrededor temblaba ligeramente, se trataba de uno de los ciervos adultos que se había parado detrás suyo, Karl lo miró de los pies a la cabeza, era tan grande como el águila que devoró a los murciélagos como si de insectos se trataran, sus pezuñas estaban cubiertas por raíces gruesas que hacían parecer cada una de sus patas como  el tallo de un árbol.
Su cuerpo entero estaba cubierto por una dura corteza de extrema textura áspera y musgo verde oscuro y de su interior se asomaban insectos que parecían vivir en la piel del colosal ciervo. De su largo cuello y cornamenta generosamente grande y extensa, colgaban largos metros de musgo que se asemejaba a las algas marinas por su densidad, en los cuales se encontraban un par de nidos de pájaros y múltiples ardillas. Era toda  una comunidad de vida silvestre que había adoptado el cuerpo del ciervo como su hogar. El  gran ciervo se posó sobre sus patas traseras quedando parado en dos patas, listo para atacar a Karl mientras liberaba un poderoso berreo estremecedor; listo para aplastar al extraño que sostenía a su cría. Karl se quedó congelado ante tan aterradora situación. No podría hacer nada para resguardar su vida. Si corría era cuestión de segundos para que las extensas piernas lo alcanzaran y lo dejaran como una goma de mascar derretida en una acera por el calor del sol. Eso si antes lograba salir ileso del arrollo, claro está. 
Repentinamente, la figura que observaba la escena, saltó de la maleza; n su mano llevaba una lanza con punta de hueso tallado y una gabardina con capucha  hecha con la aparente piel gruesa y peluda de un jabalí, que a juzgar por su tamaño; tal vez era también de un tamaño colosal. Unida a la piel estaban atadas lo que parecían múltiples palos de delgadas antorchas con la apariencia de fósforos gigantes. El hombre se lanzó frente al ciervo con un potente grito de guerra masculino y desafiante y se paró frente al animal empuñando su lanza en guardia sin una pizca de miedo en su aura. 
Karl se sentía aterrorizado e indefenso a encontrarse desnudo y vulnerable en el agua, con la cría del ciervo en sus manos. Mientras salía del agua, el aparente padre de la criatura volvió a su poción neutral. Karl puso a la cría en el suelo para que regresara con él, mientras intentaba recoger su ropa apestosa.
—No te muevas niño.
—No me muevo— dijo Karl en un segundo.
La voz del encapuchado era grave y profunda, una sola frase fue suficiente para percatarse de que el hombre tenia experiencia y sabía bien lo que hacía. Se despojó de las pieles y las lanzó a un costado del arrollo, dejando expuesta una figura escultural de piel oscura con una espalda que parecía un muro y brazos que asemejaban robles. Repitió la acción con su lanza, arrojándola sobre la piel del animal en el suelo, quedando así indefenso. Aún así, procedió a arrodillarse ante la imponente criatura frente a él.
El titán descendió su cuello dejando su crin descubierta frente al misterioso hombre, retrayendola a escasos  centímetros al ver que el hombre levantó su mano extendida para dejarla quieta unos segundos, el ciervo se acercó de nuevo, la olfateó y posó su crin juntandola a la palma del sujeto mientras cerraba los ojos y se arrodillaba ante él; a la vista de todos los demás ciervos que miraban con total atención y ante la sorpresa de Karl, los animales que vivían en el interior del ciervo también se acercaron a conocer al enorme hombre. Karl analizó su figura, parecía tener 1.90 de altura, 115 kilos aproximadamente, afroamericano, calvo, con una camisa recortada de las mangas y en su cinturón llevaba cuchillos tallados de piedra que juntos, formaban una equis, un pantalón blanco que había adoptado un color marrón oscuro por la suciedad y un par de botas de la misma procedencia que la gabardina en el suelo. El extraño lo miró por detrás de su hombro y preguntó con su profunda voz: "¿Que no piensas ponerte ropa? Muestra algo de respeto ante el pequeño".
—¡Lo siento mucho señor!
—No te disculpes hijo, solo vístete. No dejas nada a la imaginación.
—¡Lo lamento tanto!—gritó apenado —esto es vergonzoso.
—¿No escuchaste lo que te acabo de decir? Cielos niño... Soy Jasper, por cierto, ¿cuál es tu nombre?— preguntó al recoger sus pieles del suelo.
—Es un placer señor— dijo mientras intentaba subir sus pantalones mojados —mi nombre es...
Un segundo grito se escuchó de la misma dirección de donde había salido el hombre, era una voz que le erizó el cuerpo entero a Karl, no pasaron ni dos segundos cuando un pie que lo utilizó como rampa, dio lugar al salto de una fémina que pasó furiosa con el poder de una motocicleta y con un machete tailandés empuñado, decidida a atacar al ciervo que se encontraba indefenso, el mismo apenas pudo dirigir su mirada hacia ella cuando Jasper la impactó con el cuerpo de su lanza mientras ella seguía en el aire. Todo pasó demasiado rápido y la diferencia de tamaño haría pensar a la mayoría que esa situación terminaría en un jonrón. 
El impacto fue inminente, la mujer cayó al suelo con el palo de la lanza aún sobre su rostro, y sin tiempo para las palabras, tomó el extremo del mismo con su mano libre y lo partió en dos con su talón, lanzando el extremo de su lado al arrollo y atacando con un zarpazo a la cara de Jasper dejándolo con un rasguño en el pómulo izquierdo, con la punta de hueso de la lanza y en guardia; mientras ella se ponía de pie recuperándose de la contusión cerebral. Al retirarse el cabello de la cara Karl gritó: "¡Eres tú! ¡Eres la azafata loca!".
Fue totalmente ignorado por ambos. La sed de sangre de Carolina se podía sentir en el aire, ella y Jasper dibujaban un círculo con sus pies y sus armas en mano, la escena era como ver un león y un tigre preparándose para matarse entre sí. Jasper puso la lanza rota en su boca y sacó los cuchillos de la parte trasera de su cinturón al mismo tiempo que Carolina le daba vueltas a su machete como si de una varita se tratase. Se analizaban uno al otro mientras daban pasos cautelosos y la manada de ciervos miraba manteniendo distancia a excepción del padre del cervatillo, que miraba todo en primera fila, para él era como ver pelear a dos ratoncitos. 
Carolina gritó furiosa y corrió hacia Jasper dejando ver sus habilidades en combate; atacó con una patada sin éxito a la cara de Jasper, seguido de una patada de tigre (rodillazo en la cabeza) que impactó la nariz de Jasper provocando una hemorragia y poniéndolo de rodillas. Carolina no perdió un segundo para lanzar un zarpazo con la intención de decapitarlo, pero fue bloqueado por el cuchillo de la mano izquierda de Jasper, el cual dirigió el machete de Carol hacia el suelo clavándolo en la tierra mientras soltaba su otro cuchillo para darle un fuerte derechazo en el estómago. Ella, aunque lo bloqueó con ambos antebrazos, pudo sentir el fuerte impacto en su caja torácica, como la embestida de un buey; aquel hombre tenía una fuerza sobrehumana.
—No tengo interés en continuar lastimándote niña, mejor quédate ahí. — Le dijo Jasper mientras se retiraba lo que quedó de su lanza de la boca y guardaba sus cuchillos en su cinturón.
Carolina estaba inmóvil en el suelo de rodillas.
—¿Por qué intentas atacar a estas criaturas? He estado aquí por suficiente tiempo como para saber que no le han hecho daño a nadie.
—Idio... Idiota— dijo Carolina entre jadeos —¿Vas a esperar a que lo hagan? Este no es tu asunto, pero si insistes en saberlo, todos estos monstruos son asesinos... y voy a acabar con todos ellos incluyéndote si intentas detenerme de nuevo.
Carolina se puso de pie con su machete aún empuñado y a su vez, el gran ciervo se levantó también. Aún débil por el fuerte impacto de Jasper, caminó en su dirección lentamente; encorvada con una mano en su estómago que aún resentía el dolor.
—Estamos en su entorno, este es  su territorio; por lo tanto, no tenemos poder sobre ellos y no debemos decidir su destino. No nos corresponde tomar la decisión de acabar con sus vidas. 
Como te mencioné, no tengo intenciones de volver a hacerte daño, pero si quieres arrancar una sola hoja de sus cuerpos, debes aniquilarme primero.
—¿Y que crees que voy a hacer?
Karl corrió hacia el frente de Jasper y se paró frente a Carolina que avanzaba lenta pero decididamente hacia ellos.

—Muévete niño ¿Qué piensas hacer?
—No me preguntes que me propongo, por que ni siquiera yo lo sé. Sólo sé que no me moveré un centímetro. No permitiré que el pequeño vea como asesinan a alguien frente a sus ojos, estás criaturas son pacíficas por que no han sido corrompidas por los humanos y no voy a dejar que eso suceda hoy.
—Lo admito, tienes agallas.
Carolina se acercaba cada vez más entre gruñidos de dolor, y cuando estaba a menos de dos metros de distancia, el cervatillo corrió y se posó entre las piernas de Karl berreando con miedo y desesperación. El sabía que su querido amigo estaba en peligro.
—Calla... a ese pequeño monstruo... antes de que lo haga yo.— Le dijo mientras levantaba el arma apuntando a la cabeza de Karl, pero en cuando iba a acestar un corte, el colosal ciervo se paró frente a Karl y el cervatillo, protegiéndolos con su gran pierna de madera, la cual fue impactada por el machete que se clavó en su costado.
—¡Muévete imbécil! ¡Te mataré después, los mataré a todos!— Gritó Carolina entre sollozos.
—¿Por qué se lo llevaron? ¿Por qué me lo arrebataron?.
Lloraba mientras hacía cortes cada vez con menos fuerza en la pierna del ciervo para eventualmente caer al suelo desconsolado.
—Sólo míralo— dijo Jasper mientras rodeaba el cuerpo del ciervo para acercarse a Carolina —ha herido a esta criatura múltiples veces y no tiene la mínima intención de devolverte el daño. Si fuera peligroso, las demás criaturas no se refugiarían en él, sólo quiere proteger a su hijo, no merece la muerte por eso; ni él ni ninguna de las criaturas aquí. Comprendo el dolor de tu pérdida. Lo ví todo y te juro que quise ayudarte, pero la explosión de tu compañero me hizo retroceder antes de acercarme lo suficiente como para siquiera intentarlo. Noté que me estabas siguiendo hace horas y me alegra al fin haberte conocido, solo desearía que la situación fuera mejor. Soy Jasper, por cierto y él es... ¿cuál era tu nombre muchacho?
— ¿Hablas del conejito? *snif* Ya nos conocemos, yo lo traje aquí.
—¡Cierra tu asquerosa boca idiota! Mi nombre es Karl, no vuelvas a llamarme como lo hizo aquel imbécil.
—Aquel imbécil era mi hermano y está muerto. Insúltalo de nuevo y te cortaré la mandíbula en dos.
—Basta de cortejos. Por si no lo han notado, estamos siendo observados.—Dijo Jasper.
Entre la penumbra de la selva a sus espaldas, una figura pálida los observaba. Medía casi 3 metros de alto, estaba totalmente desnudo, con su pálida piel expuesta. Sus brazos eran tan largos, que pasaban de largo sus rodillas terminando en unas huesudas manos de aspecto amenazante. Del lugar donde debían estar sus orejas, sobresalían dos extensiones de piel arrugada que estaban unidas a sus hombros como membranas y apesar de no tener un sólo rasgo facial, era evidente que había observado todo lo sucedido. Solo estaba ahí, parado sin hacer nada, como si los estuviera analizando sin miedo a ser descubierto. 

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