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Detrás De Los Muros.

CAPÍTULO 8: Alianza.

CAPÍTULO 8: Alianza.

Feb 17, 2024

This content is intended for mature audiences for the following reasons.

  • •  Blood/Gore
  • •  Physical violence
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—Es uno de ellos, ¿cierto?— Preguntó Jasper.
—Así es— respondió Carolina visiblemente furiosa —por ahora no los mataré, ni a ustedes ni a estas cosas, pero ese de ahí, es tema aparte. No trates de detenerme.
—No lo haré. Haz lo que debas.
—¡Espera! ¿cómo puedes siquiera pensar en atacarlo tú sola? No olvides que estás herida.
—Soy una guerrera, una sobreviviente. Un conejito como tú no tiene derecho a subestimarme.— dijo mientras recogía su machete y se ponía de pie.
—No te dejaré, debes quedarte. Debemos unir fuerzas y no hacer estupideces si queremos sobrevivir.
—Antes muerta. Además, ¿quién te dijo que puedes darme órdenes? Alguien como tú no podría comprender mis motivaciones.
La criatura había comenzado a moverse y al girarse, dejó ver algo que los dejó a todos atónitos. Un infante yacía inconsciente unido a la espalda de aquel ser. La piel de la criatura parecía haberlo absorbido dejando sus extremidades y su rostro al descubierto y lo llevaba como si de un parásito se tratase. Todos permanecían  inmóviles ante lo que habían visto, incluso el pequeño cervatillo. Para todos era obvio lo que tenían que hacer. De inmediato  se pararon uno al lado del otro.
—Toma esto niño, lo necesitarás.— Dijo Jasper al entregarle uno de sus cuchillos a Karl; él lo empuñó con fuerza en silencio, mientras caminaban hacia la maleza.
Justo antes de entrar a la hierba, algo los detuvo. Una extraña fusión entre aullido y alarido se hizo presente erizando el cuerpo del trío y esto los estremeció,  incluso el cervatillo que iba determinado junto a ellos se ocultó bajo las piernas de Jasper.
—Tranquilo pequeño, ellos no te harán daño mientras yo esté aquí.
—¿Que carajo fue eso?— preguntó Carolina.
—Esos malditos perros del infierno, si querías matar este es el momento adecuado.— Respondió Karl. 
—Entonces te mataré ahora— dijo ella en tono de burla.
—¡Pero no a mí, no seas idiota!
—¿Cómo me llamaste?... ¡Repite eso conejito!
—Ya es suficiente tortolos. Ovidan lo más importante. Vayan por el niño, yo protegeré a nuestros amigos cuadrúpedos, ya que son mas valiosos de lo que creen. Karl, me imagino que sabes a lo que nos enfrentamos, lamento que hayan pasado por eso solos, pero quiero pensar que será un incentivo para que vuelvas aquí a ayudar lo más pronto posible.
—¿Quién dijo que lo llevaría conmigo?
—Yo lo dije.
—¿Y quién te puso a cargo?
—Yo lo hice.
—Me niego.
—No me importa, ve sola si quieres, esos dos te seguirán el paso.
Karl y el cervatillo miraban de izquierda a derecha escuchando la discusión, pero se vieron interrumpidos debido a que el líder de los perros quimera los había encontrado y lanzó al aire otro alarido para alertar al resto de la manada. La noche había comenzado a caer.
—Karl escúchame, ellos le temen al fuego, eso lastima a esos desagradables ojos rosados, toma esto— dijo mientras le entregaba una de sus antorchas a los jóvenes y las encendía con un pedernal.
—No esperes a que te agradezca por esto.
—A nadie le gustan las niñas caprichosas, ahora; ¡váyanse, ese niño los necesita!
Carolina no estaba nada feliz con el reciente equipo informal, pero ahora tenía un nuevo objetivo, y su evidente preocupación por el infante hacía pensar a los demás que no era el monstruo despiadado que quería parecer.
Calorina, Karl y el cervatillo se marcharon determinados hacia la espesa jungla intentando seguirle el paso a la criatura que llevaba en su espalda un niño humano. Sus pasos largos y tranquilos daban la impresión de que apenas y tocaba el suelo para avanzar. Lo persiguieron por casi un kilómetro antes de notar que ellos también estaban siendo perseguidos. 
Al mismo tiempo, Jasper trataba de reunir a todos los ciervos dentro de un círculo formado por antorchas;  parecía irónico que criaturas tan imponentes dependieran de un ser tan pequeño para conservar sus vidas. Jasper corría de un lado a otro ahuyentando a los perros deformes con su lanza rota y una antorcha, pero apenas y podía cubrir una pequeña parte del espacio del círculo donde se encontraba la mayoría de las crías de los ciervos y por eso mismo, los perros aprovecharon un punto ciego para sacar un joven venado de apenas 2 metros de alto. Lo rodearon y comenzaron a morder frenéticamente su dura corteza, no dejaron escapar siquiera a los roedores que vivían en él.
El fuego era demasiado pequeño para limitar a los perros y Jasper se encontraba en un dilema, podía dejar morir al joven ejemplar o podría ir a ayudarlo y dejar sin protección a los bebés cervatillos, se sentía impotente por no poder decidir y entre la confusión, el líder mordió la yugular del ciervo con fiereza y de su cuello comenzó a salir un líquido denso que se disparaba a varios metros del cadáver y que los monstruosos canes parecían disfrutar lamiendolo de la  hierba corta en el suelo. Ante esto, Jasper lanzó un grito desgarrador de batalla y comenzó a retar al líder a una pelea uno a uno, lo cuál llamó la atención de la manada que se iba acercando poco a poco a él. Uno de ellos intentó lanzarse al ataque, pero fue detenido por una fuerte mordida en el cuello por el líder, el cual era notoriamente más grande y feroz, con múltiples cicatrices en la cara y el cuerpo.
—No...mío— dijo el monstruo que evidentemente podía hablar.
—Ven a mí, perro asqueroso. 
Mientras tanto, Karl se percató de que un perro los estaba siguiendo de cerca, corriendo cual caballo al galope acechándolos mientras jadeaba desesperado.
—Carol, tenemos compañía.
—Pues házte cargo, yo seguiré adelante, de lo contrario le perderemos el paso. No tengo tiempo para jugar con cachorritos. 
—Dudo mucho que podamos solos con él, te necesito. 
—Ya deja de ser tan cobarde. No me obligues a escoger entre ese adefesio y tú contra el niño, conoces mi respuesta.
Karl dejó de correr, se detuvo y se dió la vuelta tembloroso. Sentía que estaba apunto de morir y había comenzado a llorar por la frustración mientras  el cervatillo intentaba darle aliento con una caricia de su pequeña cornamenta dirigida a su muslo. Carolina siguió adelante mientras ellos esperaban aterrorizados la llegada del animal. 
Cada segundo que transcurría, parecía eterno. Karl esperaba empuñando el cuchillo de piedra con la posición de un portero visualizando un penal y el cervatillo estaba preparado con la postura de un fiel sabueso cazador. De pronto la bestia saltó de entre dos árboles mirándolos fijamente. Al  intercambiar miradas todo fue obvio, era el mismo perro del sótano que comía aquel cadáver de rata. Sonreía con malicia ya que había seguido su rastro hasta la pradera y su olor desde ese punto, era hora de la revancha. 
El cervato ya se estaba preparando con una gran bocanada de aire, listo para liberar sus esporas. Karl, en cambio, empuñaba tembloroso el cuchillo con tanta fuerza que sus nudillos adoptaron un color blanco. 
Justo cuando el perro estaba por lanzarse hacia ellos, una figura emergió de la oscuridad; era aquel al que perseguían. En uno de sus brazos cargaba el cuerpo inconsciente de Carolina y para la sorpresa de Karl, la criatura se la entregó en sus pies con una inquietante tranquilidad. El perro evidentemente estaba en extremo intimidado por su presencia.
Las sorpresas no habían terminado, ya que el alto acompañante introdujo sus manos dentro de su pecho como si estuviera hecho de arcilla y poco a poco comenzó a extraer al infante para dejarlo, en los brazos de Karl; giró su cabeza hacia la mirada del mismo como si le indicara que cuidara de ambos y Karl asintió con su cabeza. El perro, al ver que le daba la espalda, saltó al ataque; sin embargo, el esbelto lampiño lo tomó del cuello en un rápido giro y lo impactó contra un árbol, dicha acción hizo que el árbol entero temblara parcialmente. El humanoide se acercó a su cara y de una forma bastante bizarra, un orificio en la zona donde debía estar su boca comenzó a abrirse. Un estremecedor grito de autoridad hizo retumbar el suelo y todo a su alrededor, provocando que cientos de pájaros volaran hacia el cielo despavoridos. Dicho grito llegó hasta los oídos de todos en el campo de batalla y provocó que tanto los ciervos colosales como los perros infernales llevaran sus patas delanteras hacia el suelo en señal de reverencia, como si se tratara de la presencia de un rey. Jasper que estaba contra el suelo luchando con el líder, estaba confuso al ver que el enorme animal bajaba de su pecho para hacer lo mismo y acto seguido indicar a la manada que era tiempo de marcharse, no sin antes llevar el cadaver del joven ciervo con ellos.
El ruido ensordecedor despertó a Carolina, que al ver la situación, quiso aprovechar para atacar por la espalda al que parecía ser el gobernador de aquellas tierras. Tomó su machete y Karl abrazó al niño y al cervatillo para protegerlos de lo que fuera a suceder, pero para su sorpresa; cuando Carolina estaba apunto de cortar la espalda de aquel monstruo, algo extraño sucedió. Sus oídos comenzaron a escuchar una extraña frecuencia mientras su cuerpo perdía velocidad mientras más se acercaba a él, como si el tiempo se hubiera detenido en torno al captor del perro, no fue si no por una ráfaga de viento que fue notable el límite del alcance de esa habilidad. El ataque de Carolina seguía en curso, solo que a un ritmo extremadamente lento, el causante sin embargo, parecía exento de este efecto, soltó el cuello del perro que parecía haber quedado adherido al árbol, miró a Carolina y procedió a moverse fuera del área de peligro. Volvió a mirar a Karl que abrazaba fuertemente al niño y el delgado protector parecía entender que podía estar tranquilo si lo dejaba con ellos, después de todo, eran de su propia especie. Él comenzó a caminar hacia la oscuridad con total calma y cuando su figura dejó de ser visible, el efecto desapareció. El perro cayó al suelo tociendo y Carolina se impactó contra el mismo árbol. El  perro se puso en pie y luego de mirarlos con más odio que al principio, regresó de donde vino.
—¡Qué carajos! (Carolina estaba furiosa) ¿qué carajos acaba de suceder? Esos malditos fenómenos... los mataré a todos.
—No creo que sea necesario, mira; nos entregó al niño por voluntad propia. Aunque no sé cuál sea su estado de salud.
—Igual lo mataré.
—¡Él nos protegió!— exclamó Karl mientras el cervatillo dejaba salir el aire guardado con un fuerte berreo imitando a la criatura que los salvó —así es amiguito— dijo Karl entre risas -—suenas idéntico a él— añadió al acariciar su cabeza.
—¿Dónde está él maldito? Debo matarlo.
—Carol ya tranquilízate, se fue. Deja de intentar matar a todo lo que se te acerca. Justo ahora debemos volver con Jasper para ver si el puede ayudar a este pequeño, a menos que tú sepas cómo o tengas conocimientos en medicina.
—¿Qué va a saber ese estúpido?
—Supo cómo darte una paliza, eso es seguro.
—Eso fue mera suerte, ¿quieres intentarlo tú?
—No gracias. Tenemos cosas más importantes que hacer ahora, regresemos.
—Miedoso.
Ambos regresaron con el infante en los brazos de Karl a donde se encontraba Jasper, el cuál estaba tirado en el suelo exhausto, con los bebés ciervo a su alrededor corriendo  juguetones y agradecidos por que los había protegido con su vida. 
—¡Jasper!
—¡Karl, Carol!— gritó felizmente al ver que regresaron a salvo y con el niño —Sabía que podían con él, escuché su grito cuando murió.
—Amigo... respecto a eso, jamás lo creerás.
Después de contarle lo que había sucedido, se quedaron en silencio impacientes mientras Jasper revisaba el estado de salud del infante. 
—Parece que está perfecto de salud, se ha alimentado bien; pero no hay mejor lugar para él que con nosotros. ¡Ya sé! Karl, tú serás el papá, Carol será la mamá y yo seré el tío genial Jasper— dijo y después se soltó a carcajadas.
—No digas estupideces. ¿Ahora eres doctor?
—De hecho lo soy, o lo era antes de llegar aquí. Ahora soy un sobreviviente. Hablando de eso, debemos buscar un lugar donde pasar la noche y buscar alimento.
—No cuenten conmigo, ya tuve suficiente de ustedes dos.
—Oh... vamos mamá Carol ¿vas a dejar a tu retoño solo con su padre y su tío? No te quejes si aprende malos modales, después de todo somos hombres primitivos.
Carol golpeó sonrojada el estómago de Jasper dejándolo de rodillas mientras Karl reía fuertemente ya que los encuentraba adorables.
—Bueno Karl, es hora de despedirse, el pequeño cornudo debe estar también con los suyos.
—Vaya... no quisiera tener que hacerlo. Escucha pequeño... ¿pequeño?
El cervatillo estaba con su padre tallando su recién salida cornamenta en su pierna y su padre rozaba su crin en el costado del mismo. 
—Supongo que sí está donde debe estar... ya podemos irnos— dijo mientras se ponía de pie. Carolina cargaba al niño y miraba confusa la escena detrás suyo. 
Quizás por primera vez, se alegraba de no arrebatar una vida. Los tres se dispusieron a continuar su camino mientras Karl intentaba ocultar sus lágrimas, ya que su corazón se había aplastado por la separación de su pequeño amigo.
—Cielos... realmente tienes corazón de tortuga, no recuerdo como era la expresión— dijo Jasper. 
—No sé de qué estás hablando.
—Eres adorable chico, eso no es tan malo.
—Mi compañero decía que era como un conejito asustado.
—Cierra la boca psicópata pervertida.
—¿A quién le dices psicópata? Te enseñaré lo que es un comportamiento psicópata. 
《uno pensaría que se ofende por que le dicen pervertida 》pensó Jasper.
El trío caminaba en dirección hacia donde se encontraban los edificios para buscar donde pasar el resto de la noche, sin percatarse de que el pequeño ciervo caminaba felizmente a su lado.
—Parece que  alguien vino a despedirse de ti muchacho.
Karl se percató de la presencia del pequeño ciervo.
—Hola amigo, ¿es eso cierto?  ¿Veniste a despedirte?— Preguntó mientras acariciaba su cabeza —Supongo que estás en casa ahora, creo que si sobrevivo, puedo venir a visitarte de vez en cuando.

Todos lo miraban esperando a que regresara, mientras él los veía confundido por haberse detenido. Sin darle demasiada importancia, levantó su pequeña cola y comenzó a agitarla cual cachorro, continuando su camino frente la mirada confusa de sus amigos.
Detrás del grupo venía caminando el padre del ciervo, quien hizo una reverencia en señal de respeto hacia Jasper, para acto seguido empapar en saliva todo el cuerpo de Karl con un gigantesco  lenguetazo, el gran ciervo volvió con la manada después de esto.

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