Era un bosque enorme, no solo por sus árboles gigantescos, sino también por ser el lugar donde habitaban bestias con inteligencia y poder. Era el lugar que por miles de años fue intocable, ni siquiera podía ser atravesado por simples armas o por el uso de la magia. Esa barrera que lo cubría era un enigma para todos los forasteros e incluso dentro de ella solo unos pocos sabían de quién era. Pero con el paso del tiempo, la barrera se iba debilitando cada vez más. Los altos mandos, sus reyes, un elfo y una bestia de forma humanoide, ordenaron crear ciudades escudo para el futuro. Pero ese futuro llegó en un parpadeo. Un día, sin previo aviso, la barrera desapareció. Incluso los que no podían detectar la magia o verla se dieron cuenta por las noticias que inundaron el bosque. Esta llegó antes a los humanos. En las ciudades que servirían como un escudo estaban hundidas en un caos. Combatientes y no combatientes se preparaban para cualquier ataque. Ya a dos días de la desaparición de la barrera. El sonido de pasos y jadeos apenas audibles. Rompían con el silencio del bosque. Parecían correr de algo. Detrás de él no se veía nada, hasta que una luz tenue se disparó a una velocidad extremadamente rápida que golpeó al elfo que emitía esos pasos. Con un sonido sordo cayó al suelo mientras gritaba por el dolor. Una sombra cubierta de pies a cabeza se acercaba lentamente para darle ese último golpe al elfo que se retorcía de dolor. El encapuchado levantó un pequeño cuchillo y los gritos cesaron abruptamente. Se quedó inmóvil. Todo a su empezó a ralentizarse, parecía un sueño. Sintió algo que se acercaba. Reaccionó rápidamente y se preparó para atacar, pero aquella cosa arrasó tan rápidamente que ni siquiera tuvo tiempo de parpadear para darse cuenta de que ya estaba muerto. Una bestia cuadrúpedo, escupió una cabeza o lo que quedaba de ella. Sus dientes se tornaron rojos al igual que su pelaje alrededor de su boca. Ignorando la escena, volvió a correr desapareciendo del lugar como si ni siquiera hubiera estado ahí. Al mismo tiempo, cerca de las murallas, había grupos escondiéndose preparándose para el asedio. Dos elfos estaban patrullando. Había una bestia, pero apenas se podía notar. Ni siquiera era su cuerpo real, era como un humo imperceptible que se movía de un lugar a otro. Dos flechas fueron lanzadas rápidamente y los elfos cayeron inertes al suelo. Seguido de eso, un rugido temible se escuchó. Los atacantes se dieron cuenta muy tarde. Fallaron.
Todos se dispersaron y salieron corriendo, escapaban hacia fuera del bosque, pero ya era tarde. Uno por uno iban cayendo mientras eran perseguidos. Pocos salieron del bosque. Las bestias y elfos se quedaron en el bosque. Los sobrevivientes de aquella invasión la catalogaron como un fracasó más y se retiraron. Mientras la batalla en el bosque llegaba a su fin, en otro rincón del bosque, dentro de la mente de Lumia, se libraba una batalla, una lucha silenciosa. Solo se veía oscuridad. Se extendía a donde posaba mi vista, no había nada más. Desesperadamente intenté llamar a alguien, a ese ser que estuvo conmigo desde el inicio, la llamaba con tanta insistencia… pero no pude escuchar su respuesta el vacío se había comido todo sonido. No sabía donde estaba o siquiera si es que me movía, sinceramente ni siquiera lo entendía. Pero Yuka no estaba. ¿Qué había sucedido? Todo era tan silencioso que me daba miedo. Lo último que recuerdo es que Amel estaba cayendo lentamente mientras todo se volvía borroso, Parecía agitada, aunque no podía saberlo… mi mente estaba un poco tensa, un momento después sentí algo… ¿Qué es.?, ¡No lo sé!. Una sacudida a toda aquella oscuridad pude percibir, que poco a poco se estaba tornando más iluminada. Pude ver mis manos… sí, las podía ver llenas de sangre, mi torso desnudo, mi pelo completamente rojo, de mi boca solo salía sangre a borbotones caí de rodillas en aquel espacio ahora blanco. Un dolor indescriptible palpitaba Dentro de mí: Tum, tum, tum. A lo lejos vi un pedazo de carne, palpitaba insistentemente. Me estaba mareando tanto que solo me daban ganas de cerrar los ojos, pero ni siquiera podía hacer eso. El tiempo parecía eterno, el pedazo de carne comenzó a dejar de latir luego de un largo rato, tal vez fueron horas, todo volvió a aquella oscuridad tan infinita, como aquel blanco anterior, pero algo había cambiado. La oscuridad era más cómoda que aquel lugar completamente iluminado. Aunque todo era calma, sentía como mi cuerpo se intentaba reconstruir: era doloroso. Poco a poco un tenue brillo se dirigía hacia mí. Me asusté y quise correr, pero me detuve cuando noté su presencia y, ¡sí!, la había estado llamando todo este tiempo. Yuka. Todo se tornó blanco de nuevo, pero un color naranja mezclado con un tenue amarillo empezó a colorear todo, y lentamente abrí mis ojos. Mis sentidos iban volviendo. Sentí una calidez en mi mano. El lugar en donde estaba era tan suave… incluso el cielo era marrón. ¿Dónde estaba? Me pregunté. Miré hacia todos lados. Era un lugar extraño. Pero solo reconocí una cosa o más bien era una Elfa. Aunque estaba dormida me sostenía la mano. Tenía una expresión suave en su cara, pero algo era extraño. No había ninguna herida o algún signo de que haya sido lastimada. Me acerqué lentamente hacia ella intentando verla bien. De la nada, por alguna razón, un sonido de pasos muy ligeros, me puse alerta. En ese momento, cuando me moví, Amel se despertó algo despistada. Me pare frente a ella para protegerla y un chirrido horrendo se oyó. Ni siquiera sabía su procedencia. Solo me daba escalofríos. Una luz cegadora se posó del otro lado de aquella cosa y una silueta alta pude notar. Lentamente se iba acercando. Una piel clara, orejas que ya había visto antes. Tenía un traje algo sucio, traía una manta y una cubeta con agua. Sentí una mano en mi hombro y seguido una voz. «Oh, Boro, ya estás aquí.» Dijo Amel mientras saludada desde atrás mío. «Sí, señorita Amel. También parece que su amiga está despierta luego de días de dormir.» «S-sí, sí», dijo mientras me calmaba dándome suaves palmadas en la cabeza. No entendía qué estaba pasando, pero me calmé luego de un momento. Amel me explicó todo y me hizo una pregunta. «Lumia, ¿acaso eres algún tipo de bestia?» El elfo miró con indiferencia mientras dejaba el cuenco con agua. Amel me miraba algo preocupada y pareciera que se arrancaría el labio inferior por algún motivo. No entendía. Tal vez fue la pregunta en sí o bueno desde el inicio nunca entendí nada. Incluso con la ayuda de Yuka no pudimos descubrir nada. Solo aquella cosa. Pero en fin: A tal pregunta que me tomó desprevenida no pude dar una respuesta. Amel, aquella Elfa que se aferró a mí en aquel bosque que nunca me dejó ir por algún motivo, me daba un poco de tristeza ver a Amel con esa cara, aunque no la conocía tanto, entendía que ella no me intentaba lastimar o usar, y lo confirmé en aquella pelea, Yuka aún desconfiaba y seguía alerta. Por otra parte. Amel solo se aferró a mí nuevamente, vio a aquel elfo que permaneció sin hablar. Y solo observando, pareció asentir y se retiró, Amel comenzó a guiarme para aquel cuenco, y comenzó a lavarme el pelo Era tan cálido el hecho de tener a Amel, incluso Yuka que era lo único que tenía, aunque Yuka estaba muy malhumorada últimamente, incluso se sentía distante, pero no había nada que pudiera hacer, hasta que Yuka quiera hablar… Amel me comenzó a lavar con el agua que había traído el otro elfo llamado Boro, aunque su aura era algo extraña no sentí ninguna amenaza, pero cuando me concentre en entender donde estaba, solo se oían voces y sonido de golpes y un ruido que se escuchaba melódico. Amel me froto la cara, no sé si era para calmarme, pero funciono, aunque ni siquiera sabría si entendía mi estado emocional actual, tenía mucho en que pensar. Ni siquiera Yuka entendía mucho de las emociones, era bastante fría, pero con el paso del tiempo y todo lo que hemos vivido nos hemos ayudado mutuamente y hemos experimentado algunas cosas. Bueno… Fue Yuka la que siempre estuvo para mí, lo quiera o no… siempre estará conmigo aunque algún día espero poder darle algo a cambio. Las horas pasaban y Amel había salido, pero no sabía donde, me prohibió ir con ella y solo empezó a unirme en mis pensamientos, cada vez las voces y ruidos fueron haciéndose más y más suaves hasta el punto que desaparecieron… Mi mente empezó a divagar con un camino, plantas, que seguían un rumbo, horas después. La habitación no cambiaba no era completamente oscura, y en todo momento era lo más pacifico posible. Mirar el techo, todo a mi alrededor. No me quise mentir a mi misma quería investigar y descubrir que era. Pero no tenía ganas de hacer nada la cama era tan suave que no podía moverme. Yuka seguía con su meditación para reconstruir su memoria, pero en todos estos años ni siquiera pudo descifrar algún fragmento con información útil. Y la poca magia que tenía la uso en mí. No tenía idea de cuanto tardaría en recomponer toda la magia igualmente yo la estaría alentando, aunque yo poseo más magia que cualquiera. No puedo usarla a voluntad por razones que desconozco, aunque Yuka puede extraerla no es compatible con ella. Una minúscula gota de toda esa magia podría hace que Yuka explote. Según lo que me explico a sique es peligroso manipular magia. Aunque mi magia sea inutilizable, tengo fuerza, aunque mi cuerpo ni siquiera tiene músculos. Yuka nunca pudo explicarme, exactamente que soy o siquiera se atrevió a explicarme. Sinceramente también sabiendo las circunstancias no le hubiera preguntado. Las risas poco a poco volvieron para luego ir desapareciendo lentamente, aunque unos pasos se acercaban de prisa hacia la habitación. Me levanté de la cama algo confundida. Me posé frente a la pared, la puerta se abrió lentamente, del otro lado Amel estaba bostezando con una mano en su boca, parecía cansada y olía rara, aunque cuando me vio me sonrió y rápidamente me levanto, me llevo ala cama y caímos juntas, Amel aferrándose de mí me miro aun sonriendo y luego de un momento callo dormida aun abrazándome. Siempre tuve curiosidad. Por los elfos. Aunque Amel era un elfo. No la veía especialmente parecida a una bestia o los elfos que nos atacaron. Había indagado con Yuka, pero fue inútil solo eran especulaciones aunque tenía razón, pero no del todo. Hay elfos con mente de bestias y elfos sin esa mentalidad diría que Elfos pacifistas.
Intenté escapar del agarre de Amel que cada vez se ponía más contenta. Hasta que por fin pude liberarme. Dejando a Amel sola en la habitación me escabullí y salí por la puerta, vi un pasillo largo, con otra puerta, no quise entrar, pensé que era otra habitación y abría más gente, seguí el pasillo, había otra puerta, pero la ignore, aunque tenía muchas ganas de investigar minuciosamente. No podía darme el lujo tristemente, ya que podría haber más elfos.
Baje, por un pasaje que tenía unas enredaderas sin hojas para sostenerse, mientras bajaba apoyándome, mi mirada se cruzó con la de aquel elfo. El elfo parecía estar limpiando las mesas con una tela, era muy alto. Aunque cuando me vio su expresión era la misma. ¡«Hola», salude con entusiasmo a aquel elfo! Él respondió devolviendo el saludo. «Entonces que haces aquí… ¿Lumia?, si no me equivoco» dijo un poco cansado «Investigando» «Que estás investigando?» respondió aquel elfo llamado boro, con algo de curiosidad en su cara «Los alrededores» respondí mientras me sentaba junto a él. «Es interesante. Me puedes contar un poco?» dijo boro notablemente más curioso «Desde que Yuka me contó de los elfos. Siempre me dieron curiosidad, si serian como las bestias que vivían en el bosque o serian como otras bestias o los humanos de los que me hablo Yuka aunque nunca vi un humano, pero mi aspecto es el de un humano hasta donde sé.» «O-Oh, cogh. Bueno La señorita Amel me contó la curiosa aventura de como se encontró con usted señorita!, aunque no entiendo mucho es sorprendente lo madura que es y esta tal Yuka nunca había escuchado ese nombre ni de parte de Amel.» «Bueno. Yuka, Fue la única que me enseño y cuido desde que tengo memoria, aunque también estaba el Dragón con el cual jugaba» dije con una mirada algo apagada Boro lo noto rápidamente «Ah-ah, debió ser duro perder a su amigo de juegos. Lo siento, Espero algún día conocer a esa tal Yuka que la crio en el bosque» dijo con cara apenada mientras se levantaba para seguir limpiando «Bueno, Señorita puede ir a arriba por las escaleras y volver a su habitación para que pueda dormir algo» Lo miré un momento y luego me fui por donde vine. Era extraño, pero aquel lugar era cómodo, aquella cama era lo más grandioso de este mundo. Mientras Lumia jugaba en la cama donde Ámel dormía profundamente, Boro se quedó limpiando mientras pensaba sobre Lumia y su comportamiento y extraña imaginación Aunque el nombre de Yuka lo tenía intrigado no por el hecho de que lo reconociera ni nada sino que Amel no dijo ese nombre. Eh incluso un dragón, los niños humanos, son realmente extraños. Aunque Si hubiera un dragón eso realmente sería un problema… Suspiro Limpiemos esto rápido para poder descansar hoy fue un día muy, muy largo. Al día siguiente unos pajaritos, chirriaban por afuera de la habitación era la misma, la noche aunque antes era tan silenciosa aquí era tan ruidoso. Era un nuevo día se podía notar por las voces y los ruidos de galope, era sorprendente todas las voces que se escuchaban, Amel parecía que no se despertaría en un buen rato, se oyeron golpes suaves en la puerta, salte de la cama para ver de quien se trataba. Era el mismo elfo de siempre. «Buenos días, Señorita Lumia» dijo mientras pedía que me moviera para pasar. «Y Señorita Amel, Ya tendría que estar de pie. No le parece?» dijo boro con un tono completamente diferente con el que me había dado los buenos días. Amel se retorció en la cama mientras se agarra va la cabeza, parecía que estaba sufriendo me acerque para ver que pasaba, pero me abrazo y me tiro nuevamente ala cama, caímos con un sonido sordo. «Vamos boro 5 minutos más» dijo Amel haciendo pucheros mientras me abrazaba Luego de un momento se sintió un choque eléctrico y Amel salto hacia arriba, miro para todos lados. Sin saber la procedencia del hechizo, culpo a boro. La primera bienvenida del sol, en un nuevo entorno era totalmente diferente tanto que comenze a llorar mientras reía, era confuso pero. Aquello que me mantuvo atada poco a poco iba desatándose… y ese camino se volvió más largo y con más flores.
Luego de que Amel recibiera su castigo por parte de Yuka. Comimos la comida que boro nos había traído, Él se fue para abrir su bar, y dos voces rápidamente se escucharon. Carcajadas. Parecían felices. Quise comer rápido, para investigar a esos elfos. Pero Amel me detuvo. No entendí su actuar, eh intenté zafarme, pero ella se aferró aún más fuerte y no me dejo ir. Pregunte. Pero se resignó a estar callada.

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