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La Aventura antes del caos

El pueblo de los Elfos capítulo 3 (parte 2)

El pueblo de los Elfos capítulo 3 (parte 2)

Jun 27, 2024

Le refuté una y otra vez, ella siguió callada. Me enoje y me solté bruscamente de su agarre, di unos pasos, Amel hizo un quejido y luego estiró su mano nuevamente.

«¿Por qué?», dije sin mirar atrás

«Ven por favor, ellos no saben que eres humana» dijo Amel con la voz un poco cortada.

«¿Y que hay de malo con eso?» dije sin entender nada

«Lumia, por favor ven. No vayas. Te lastimarán si te ven» dijo Amel ya un poco calmada.

«¿Por qué insistes tanto? ¡Dime!» dije desconcertada aunque me daba una idea.

«Porque eres un Humano» dijo ya cansada.

Oh…

«Entonces simplemente quédate aquí. Estaremos unos días más y luego saldremos de noche hacia las ciudades fronterizas. Ahí una forma de salir de la barrera»

Hizo una pausa y respiró profundamente antes de continuar.

«Y salir del bosque y poder ir a... Lo hablé con Boro. Es lo mejor, Lumia. Si te quedas aquí por más tiempo, puede que te encuentren. Y si eso pasa, no sé qué cosas horribles te harán...»

Su voz se fue quebrando poco a poco.

«Eh, incluso a mí. Me pueden terminar encarcelando por el resto de mi vida, Lumia.»

«Está bien, ¡pero quiero explorar afuera!, Amel» dije, curvando mis labios en una mueca de enojo.

«Bueno, intentaré conseguir una capa para intentar ocultar tu cabello que es tan llamativo y, que no se enteren de que eres una humana, pero por el momento tendrás que quedarte aquí.

«Esta bien me quedare» ya resignada me tire sobre la cama.

«Lumia en serio lo siento, pero es por tu seguridad» dijo Amel antes de salir de la habitación.


Era triste no poder ver el exterior. Pero parece que los elfos realmente si eran tal cual como las bestias.

Me sentí completamente traicionada con Ámel. Incluso Yuka quiso golpearla, aunque nisiquiera tenia magia suficiente como para hacerlo, pero la detuve al menos.

Amel no era como las bestias y, el otro elfo Boro tampoco parecía ser igual.

Solo tengo que esperar.

Los días pasaron, seguía encerrada, Amel y boro pasaban tiempo conmigo de noche y de día, me contaban sus aventuras hasta el momento, y me leían libros. Fue tanto que me olvide nuevamente de mi misma.

Un día, Amel llegó con una capa y algo oculto detrás de ella. Supuse que era otra capa.

Amel parecía triste al no verme sorprendida.

Pero esa noche no pude dormir… me quede mirando el techo y acariciando el cabello de Amel.

Al día siguiente, por fin podría ver aquella ciudad de elfos. Aunque tenía algo de miedo seguía queriendo ver la vida de los elfos y las pocas bestias.

Amel me había explicado que este lugar no era muy poblado como otros lugares, era un pueblo pequeño y con poca población, pero aun así había algunas tiendas y lugares donde concurren los elfos y bestias.

Aunque ya había visto ah los elfos y bestias, Amel había dicho que aquellas bestias eran guerreros y muy poderosos, ya que tenían mucha magia, las que vivían aquí tenían menos magia y fuerza.

Tenía curiosidad de como serian realmente.

Íbamos bajando las escaleras y algunos se nos quedaron viendo, pero nos ignoraron luego de unos segundos, salimos… y tras aquella puerta.

Un sonido tras otro, una carreta voces, gritos, risas y aves volando… el lugar estaba lleno de árboles. Aunque no tan grandes había casas o así las llamaban, lo que me sorprendió fue que había dos que estaban incrustadas en árboles, y eran totalmente grandes.

Empezó nuestra primera caminata luego de semanas de espera.

Amel tomo mi mano con delicadeza comenzó a guiarme, caminamos tan libremente pasando desapercibidos por todos, pero no de algunos curiosos, no era tan importante. Mis ojos no paraban de dar vueltas miraba cada lugar cada cosa por lo mínimo que me pareciera interesante

Las casas eran raras… aunque tenían algo de estilo, tenían piedra, árboles, y se veían tan naturales, me sorprenda y asombrada por como estaban hechas y los transportes: “carros” dijo Amel que se llamaban.

me parecían divertidos, aunque Amel no me dejo subirme a ninguno.

Amel me iba contando y mostrando cada cosa, era encantador. Los elfos eran tan variados, niños, adultos, viejos… Aunque no había tantos se podían ver unos pocos.

observe dos bestias que iban llevando una carreta con suministros o alguna cosa similar, uno tenía cuernos y una figura femenina y el otro, brazos tan fuertes y un pelo que llegaba hasta su cadera.

Eran tan diferente a un elfo, pero lo que más me sorprendió fue que esas bestias humanoides pueden controlar la magia.

Fue algo que me dio tanta impresión y sorpresa que no pude dejar de verlos Me saludaron

Fue un momento que me dio curiosidad, sus sonrisas eran cálidas, incluso aquella bestia luego hizo una pose rara.

El momento paso rápido. a aquella bestia lo golpearon por alguna razón.

Siguiendo con nuestra caminata, llegamos a una tienda de ropa. vimos los trajes y prendas que había desde fuera. Un ventanal gigantesco.

Luego Fuimos algo mas animadas por los puestos de comida que había, no eran muchos, pero era el lugar con mas elfos y bestias. El lugar mas animado diría.

Seguimos recorriendo el pueblo, hasta que ya estaba anocheciendo, las voces animadas de los niños y el sonido de las carretas moviéndose ya casi era imperceptible.

Caminábamos en dirección haca el bar de boro, íbamos por una calle realmente estrecha, Nos quedamos un momento sentadas en unas sillas, mientras charlábamos de todo lo que habíamos visto.

A lo lejos se escuchaban pisadas, eran muchas.

cruzaron elfos y bestias con armaduras, pero a diferencia de los otros, nos ignoraron por completo y siguieron su camino directo ala dirección del bosque prohibido. más de cincuenta eran.

Me aterre un poco, y estaba nerviosa mientras pasaban, algunos nos miraron pero siguieron caminando. hacia adelante.

Amel me agarro de la mano y simplemente volvimos al bar de boro que estaba en su apogeo con todos los clientes. Subimos rápido las escaleras y entramos a habitación y allí había unas galletitas y comida con algo de leche.

Amel se tiró ala cama tan pronto la vio y con un suspiro largo comenzamos a comer… no tenía apetito en realidad siquiera sentía hambre solo… comí porque Amel comía y también porque me resultaba divertido y delicioso.

La noche paso rápidamente y al siguiente día antes de que todos se levantaran.

Amel y yo nos estábamos despidiendo de Boro aunque no fue mucho el tiempo. Amel agradeció todo lo que había hecho. Boro le entrego una carta, luego de una despidida algo rápida, nos pusimos a caminar directo hacia las ciudades fronteras. Aunque era arriesgado boro tenía algunos amigos. Nos ayudarán.

Caminábamos, admirando los paisajes y observando las carretas que se dirigían hacia el pueblo, aunque ninguna se alejaba. Dos o tres carretas pasaron y nos saludaron amablemente. Nos desviamos un poco del camino para adentrarnos en el bosque. Amel fue en busca de madera y palos para hacer una fogata y preparar algo de comer. Luego de alimentarnos, retomamos nuestro camino sin descansar mucho.

La noche se acercaba. Las estrellas eran hermosas; hacía días que no las podía ver bien. Encontramos un claro sin tantos árboles y Amel preparó todo nuevamente para comer y acampar.

Pasamos la noche hablando de lo bellas que eran las estrellas. Le conté a Amel sobre una sensación verdosa que antes veía en el cielo, pero que ya no se notaba, lo cual me dejó intrigada.

Amel y yo nos quedamos observando las estrellas hasta que ella cerró los ojos y se quedó dormida. Yo seguí mirando el cielo.

Habían pasado dos días. Era completamente de noche y se escuchaban soldados entrenando bajo el brillo de la luna. Sus gritos y pasos resonaban. Amel me arrastró hacia un punto ciego del que Boro había mencionado, y llegamos a una choza donde un elfo nos abrió la puerta. Amel, cubierta de pies a cabeza, le entregó una carta. Luego, el elfo nos invitó a entrar y pasar la noche.

El elfo leyó la carta, sorprendido por lo que leía mientras me observaba. Al terminar, suspiró y se frotó la frente y los ojos con las manos antes de aceptar ayudarnos. Sin embargo, tendríamos que quedarnos en la choza un día más.

Amablemente nos informó que unos cuatro o cinco días atrás, los humanos habían atacado, y el perímetro estaba alerta, aunque no tanto. Nos dijo que al día siguiente podríamos salir sin ser vistos.

Amel se agachó en señal de agradecimiento y yo la imité torpemente. El elfo comenzó a calentar algo en un tarro e indicó a Amel que hiciera un poco de fuego. Yo me quedé sentada en la mesa, cubierta de pies a cabeza con el abrigo que tanto me gustaba.

Después de acostarnos, comenzó un ruido que nunca había escuchado: tic, tic, tic. Luego cayó un az de luz que iluminó un poco la ventana seguido de un estruendo en el cielo, y el sonido de la aquellas gotas se hizo más fuerte.

La noche pasó sin más. Al día siguiente, todo estaba lleno de lodo, dificultando el caminar mientras recorríamos los alrededores de la casa. El elfo había salido temprano, siendo un guardia muy respetado y viejo.

Esperábamos con Amel. Había muchas vallas en el jardín y nos entretuvimos observando las plantas.

El sol ya habia caído cuando empezamos a escuchar el sonido de metal chocando y pisadas en el lodo

Amel alzó la cabeza casi al unísono conmigo… Teníamos una mirada de desconcierto… pero también, ya nos dábamos una idea.

Al fin y al cabo éramos dos. Contra quien sabe cuantos al momento sentí que ya estábamos rodeadas. Mire en todas direcciones pero aun así, ninguna escapatoria. Por encima de los árboles bestias con forma humanoide y elfos con armaduras ligeras pero brillantes se posaban con total tranquilidad… eran fuertes incluso más que los otros. Aunque no sé si realmente eran soldados.

Se empezaron a escuchar voces, y en unos minutos, llegaron dos elfos, seguidos con aquel elfo que trabajaba de guardia. Simplemente no entendía completamente, pero aun así no sentía hostilidad de ninguna parte.

En ningún momento dejé que me vieran la cara o las orejas, me acerque un poco a Amel… Mientras que ella se movía unos pasos hacia adelante para hablar con un soldado que parecía ser el que daba órdenes.

Algunos bromeaban mientras miraban desde arriba.

«Señorita Amel Ghantial, hija de Jerenh y Eteris Ghantial. Por orden de su majestad será escoltada hacia el Árbol principal. Respecto a su huida, debido a la crisis actual, la olvidaremos si nos acompaña sin escapar nuevamente».

«Ah, ah… (suspiro)» Amel me abrazó con fuerza.

«Está bien».

«Una decisión sabia, por favor, señorita, acompáñeme».

Comenzamos a caminar, siempre rodeados y vigilados, pero sin la hostilidad que había sentido antes.

Llegamos a la ciudad. La mayoría de los ciudadanos eran soldados y había pocos niños. Todos se detenían a mirar a Amel o a mí, aunque llevaba mi capucha, sentía que podían verme.

Era extraño.

Llegamos a una casa grande, más que cualquiera que hubiera visto, con hilos impregnados de magia escapando de ella.

Entramos por unas puertas enormes. Todo era brillante y hermoso, tanto que olvidé que estaba siendo observada y que estaba junto a Amel. Corrí a tocar cada cosa que veía. Yuka observaba tranquilamente, ocultando la magia que usaba para ver en todos los ángulos.

Ningún soldado se inmutó. Solo el que iba al frente y Amel estaban algo impacientes.

Subimos unas escaleras, y ahora éramos solo dos guardias charlando entre ellos, Amel, yo y el capitán.

Se oían murmullos al otro lado de la puerta. Alguien nos abrió y nos invitó a pasar. Lo primero que vi fue mucha gente moviéndose con papeles. En un escritorio lleno de papeles, se distinguía una mano indicando a cada uno de los que se acercaban con hojas. Nadie se detuvo por nuestra entrada, estaban tan ocupados que tardaron un minuto en avisar de nuestra llegada.

Una figura emergió de detrás de los papeles, mostrando ferocidad y superioridad. No me inmuté, igual que el capitán. Amel me abrazó para protegerme.

«¿Qué haces aquí, caballero de su majestad Kerat? Hmp», dijo con desprecio. El capitán no se inmutó.

«Entiendo las circunstancias, Comandante Berits, pero necesitamos una carreta para transportar a una persona», dijo sin desviar la mirada.

«¿Tomas mi tiempo solo para pedirme una carreta? ¿No sabes que mi tiempo es limitado, niño? Eh, (suspiro) Solo ve y pide una, no me molestes más por estas cosas…». Afligido, bajó los hombros y retrocedió para sentarse. «Oh, y dile a su majestad que los traficantes de esclavos están más activos por esta zona, aunque no han podido romper nuestra defensa».

«Muchísimas gracias, Comandante. Le haré llegar el mensaje», dijo con una reverencia y salió de la sala.

Nosotros lo seguimos. Aunque la figura era grande, no parecía intimidante después de todo. Salimos de la gran casa y los soldados ya esperaban con un carruaje. Subimos sin decir nada y la carreta comenzó a moverse.


La carreta frenó de golpe y poco a poco empezó a levitar, meciéndose ligeramente. Después de un tiempo, dejó de subir y volvió a moverse. Por las rendijas, se veían menos elfos y más bestias.

No sabía por qué hasta que, luego de un largo rato, la carreta se detuvo y dos soldados nos bajaron con cuidado.

Lo primero que vi fue que todos los caminos estaban hechos de ramas de los árboles, tan lisas que apenas se percibían. Miré a mi alrededor y vi algunas casas que se integraban con los árboles, y una que era gigantesca, la más enorme que había visto hasta ahora. Todos se arrodillaron de repente. Amel se acercó a mí.

Raíces comenzaron a formar unas escaleras. El soldado y otros dos subieron con nosotras; el resto se fue. Al final de la escalera, estábamos muy alto.

El árbol comenzó a abrirse desde dentro, casi como si estuviera consciente de todo. Estaba asombrada. Entramos y había pasillos largos y altos, aparentemente interminables.

«Ustedes dos se irán a la habitación asignada. Cuando su majestad las llame, las buscaré», dijo el capitán.

Los guardias asintieron y comenzaron a escoltarnos. «Por aquí, señoritas», indicaron.

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