El viernes se sentía prometedor y desafiante, Solo unas horas de clase me separaban de un fin de semana dedicado a editar mi próximo video, algo que siempre era un reto, más aún teniendo en cuenta que se trataba de algo diferente a lo que solía hacer. Llegué antes de las 10 a.m. justo a tiempo para mi pequeño ritual, comprar un café que terminara de quitarme el sueño.
Mientras caminaba por el pasillo antes de entrar a clase, la vi. Luisa estaba allí, pero había algo diferente hoy. Estaba riendo, no con esa risa discreta y contenida que había visto, esta vez sonaba abierta y genuina, tan real que parecía resaltar entre todos los sonidos del ambiente, el aire, los murmullos y los pasos de otros estudiantes. Lo que realmente captó mi atención fue la persona con la que compartía ese momento: un chico de barba y cabello largo, con un estilo que podría describir como boho. Me parecía familiar, como si lo hubiera visto antes en alguna parte, pero ¿dónde? ¿Eran amigos?
Me detuve un momento, observándolos desde cierta distancia. Por alguna razón parecían encajar bien juntos, ambos con el mismo aire despreocupado y único, propio de quien no se detiene a pensar como le ven los demás. Luisa se veía completamente a gusto, algo que no mostraba en público. Esa era una faceta suya desconocida para mí. El chico decía algo que le provocaba otra carcajada, y no pude evitar sentir una dolorosa presión en el estómago, lo había sentido antes, alguna vez, y me parecía extrañamente incómodo que fuera ahora. Sacudí la cabeza para despejar esos pensamientos, que me parecieron por demás absurdos, respiré hondo unos segundos y me acerqué a ellos armándome de la sonrisa más natural que pude.
—Hola, Luisa —saludé, intentando que mi voz no delatara la tumultuosa mezcla de emociones que me embargaba. Luisa volteó a verme, su sonrisa aún estaba presente, aunque también parecía sorprendida por mi aparición repentina.
—¡Sara!, no te había visto —respondió Luisa, revelando la sorpresa en su cara más que en su voz. Luego, se giró hacia su compañero. —Te presento a Sara, mi compañera de clase.
—Mucho gusto, Sara. He oído mucho sobre ti y tu canal. Luisa habla maravillas. — dijo con una amplia sonrisa. —Soy Diego.
Estaba sorprendida por la amabilidad y calidez que parecía irradiar ese chico, pero no dejaba de sentir una extraña incomodidad, ¿Luisa siempre había estado cerca de alguien así?
—Encantada de conocerte— respondí estrechando su mano tratando de ocultar lo confusa que se sentía mi mente.
Mi atención se desvió brevemente hacia Luisa, quien aún mostraba restos de esa alegría que parecía compartir con Diego. Lo primero que pude identificar en mis pensamientos confusos es que Luisa no reía así en mi presencia y con mis bromas. Era absurdo en realidad, puesto que no llevábamos tanto tiempo conviviendo, pero con lo poco que la conocía me daba una cierta envidia verla reaccionar así con otras personas. La idea me incomodó más de lo que estaba dispuesta a admitir.
—No te he visto antes, ¿de dónde se conocen? — pregunté, intentando sonar casual
—Nos conocimos en una optativa de área común— Respondió Diego calmadamente — fue "producción literaria" ¿no?
—Si, fue ahí —Respondió Luisa —Hicimos equipo todo ese semestre
—Estuvo padrísimo— dijo Diego con entusiasmo — No sé si sabes, pero Luisa es una gran escritora, neta, debería sacar un libro, el punto es que para esa materia escribimos algo así como un fanfic de mitología, pero en tiempos modernos. Luisa parecía encogerse de hombros y sonrojarse ligeramente ante los halagos de Diego, yo por mi parte la miré con algo de sorpresa.
—¿Así que escribes? — Pregunté a Luisa quien para entonces se mostraba tímida.
—Si— respondió esquivando mi mirada
—Si quieres saber cómo escribe oye esta canción, la grabé hace unos meses, pero Luisa la escribió —dijo Diego mostrándome la miniatura en su celular —Por cierto, búscame en YouTube, estoy como "Apolo Dee"
Lo miré por un momento, aunque estaba conflictuada con mis propias emociones, no podía perder la oportunidad de escuchar algo creado por Luisa, la curiosidad era suficiente para llamar mi atención.
—Mándame el link —le respondí sonriendo —Sí quiero escuchar esa canción
—Ya verás que te gustará, mira, agrégame y te la envió— dijo Diego con genuino entusiasmo
Diego me pasó su teléfono para agregar mi contacto, tecleé mi número e inmediatamente lo devolví, mientras lo hacía, eché un vistazo rápido a Luisa. Su mirada se cruzó con la mía, intenté leer su expresión en ese breve margen de tiempo, pero no estaba segura de cómo interpretarla, para ese momento su inexpresividad era enigmática para mí.
—Listo, ya te lo envié —dijo Diego, devolviéndome al momento presente.
—Gracias, la escucharé al rato —respondí genuinamente entusiasmada
—Ya es hora de entrar —Dijo Diego mirando hacia la puerta de su aula, nos vemos después, Luisa. Y fue un gusto conocerte, Sara. Espero que disfrutes la canción —dijo con una sonrisa amable antes de alejarse hacia su próxima clase.
Luisa y yo nos quedamos solas, por fin sin la presencia de su amigo.
—Vamos Luisa, también tenemos clase— Le dije tratando de conseguir su atención
—Si —respondió brevemente con esa voz grave que me era cada vez más familiar
—Me dio curiosidad lo que dijo tu amigo— Comenté mientras caminábamos hacia el aula —Algún día me gustaría leerte dije, antes de entrar.
Luisa me mostró brevemente esa sonrisa tímida y reservada tan característica de ella.
—Tal vez algún día, por ahora, tienes las canciones de Diego — Respondió antes de cruzar la puerta.
La clase transcurrió más rápido de lo que esperaba y lo cual agradecí, me sentía motivada para empezar a editar, pero no podía irme a casa sin tratar un último tema con Luisa.
—Oye, antes de irme, quiero pedirte algo— dije acercándome a Luisa, quien sin prisa alguna guardaba sus cosas en la mochila
—Sí, dime—Respondió sin mirarme
—Bueno, tal vez se entiende, pero para asegurarme, no le cuentes a nadie del video, quiero que realmente sea una sorpresa, te lo voy a mostrar el lunes antes de subirlo, por si llegas a querer que cambie algo
—Bueno — respondió cerrando su mochila aún sin mirarme
Busqué su mirada lo más que pude y nuestros ojos a penas se encontraron por unos segundos
—Nos vemos el lunes entonces —Dije finalmente
—Hasta el lunes— dijo Luisa casi mirándome de reojo
Salí del aula tentada a mirar hacia atrás y ver si Luisa seguía ahí, o se había movido. No podía hacer eso, por alguna razón pensé que le incomodaba el hecho de ser observada, así que desistí y seguí adelante. Pensé en todo lo que tenía que hacer, en balancear trabajo y descanso, en las ideas que había apuntado, mis planes, y en Luisa y nuestro breve intercambio del día, por alguna razón me resultaba cada vez más interesante.
Comments (0)
See all