El viernes se
fue en editar desde el mediodía hasta la noche, entre pausas para comer y
estirarme, y mayormente largos bloques de edición. La tarde estuvo llena de
cosas por hacer, editar el video, grabar voces en off, elegir las mejores tomas,
decidir los mejores momentos para obtener clips y videos cortos para la otra
plataforma de video. A penas y me había quedado tiempo para mí. Mi percepción
del tiempo se disolvió frente a la pantalla de mi laptop, lo suficiente como
para trabajar sin mirar las notificaciones que se acumulaban en el celular,
principalmente mensajes de mis amigas que enviaban memes a nuestro chat grupal,
luego de Julián que cada tanto escribía para preguntar por mi estado, y por
último las notificaciones de mis redes sociales que dejaba ocultas en segundo
plano.
Me permití un momento para responder en orden de prioridad a mis mensajes, pero vi algo que llamó mi atención, un recordatorio de lo que tenía por hacer. El mensaje de Diego con el enlace a su canción escrita por Luisa estaba ahí. Incluso con el entusiasmo que sentí en un primer momento al saber de la existencia de esa canción lo olvidé por completo frente a mis otras actividades. Pulsé sobre las letras azules en la pantalla que me llevaron a un video en la misma plataforma donde publico mis videos. Me recliné sobre la silla mientras escuchaba las primeras notas de una guitarra eléctrica. Y luego la voz profunda de Diego que reconocí de la breve conversación que tuvimos en el día.
"ámame sin mirarme el rostro
y yo te amaré por encima de todo
confía en el sonido de mi voz
Y yo sin flecharte encontraré un modo
De trascender contigo
Sobre las nubes del olimpo…"
Al terminar la canción respiré hondo, sentí una presión en el pecho, una sensación de calor que no debería estar ahí revoloteando sobre mi estómago, mis ojos comenzaban a sentirse húmedos, como si fuera a llorar. Pensé si estaba realmente conmovida o solo estaba muy cansada y necesitaba dormir. Decidí que era lo último así que opté por apagar todo e ir a la cama, no sin antes dejar un like en el video y comentar con un emoji de corazón. Lo mismo que yo le pedía a cualquiera que viera mis videos para ser favorecida por el algoritmo.
El sábado desperté más tarde de lo habitual, me preparé un desayuno ligero, un café y continué con la edición que para ese momento se veía cercana a mi expectativa final. La mañana parecía menos extenuante que el día anterior terminaría justo a tiempo para ver a Julián en la tarde, saldríamos a comer juntos, luego tal vez a algún espectáculo nocturno, debía concentrarme para terminar a tiempo y dedicarle el resto del día a mi novio a quien sentí haber dejado de lado últimamente.
Lo confieso, esa distancia me hacía sentir una cierta culpa, pero él entendía lo difícil que podía ser mi vida como beauty vlogger, y no me presionaba de más. En ocasiones como esta agradecía que su personalidad fuera tan práctica y des complicada, tener independencia era básico para ambos.
Cuando Julián llegó esa tarde, yo estaba lista para salir y distraernos un poco, apenas pude ocultar mi alivio. Necesitaba alejarme del proyecto, de la edición, incluso de mis propios pensamientos. Me vestí lo mejor que pude, un vestido casual y cómodo que me hiciera sentir bonita, maquillaje semi-cargado apropiado para la tarde y por supuesto un perfume que animara la cercanía con Julián.
Salir de mi edificio para encontrarme con él, Julián me recibió con su característica sonrisa, serena, sincera y tranquilizante. Me miró de pies a cabeza sin disimularlo ni un poco, y por un momento, vi en sus ojos el mismo brillo que solía sentir al principio de nuestra relación.
—Te ves hermosa, como siempre —dijo, acercándose para darme un beso. Su cercanía, el calor de su cuerpo, me recordó al tiempo en que empezábamos nuestra relación, todo era nuevo y emocionante, especialmente el fuego que parecía irradiar cuando estábamos juntos.
—Gracias —respondí, encantada de ver su reacción, que admito, me hacía sentir confiada. —Tú te ves muy guapo hoy— dije sonriendo
Mientras nos dirigíamos a cenar, traté de olvidar las preocupaciones y los pensamientos que habían ocupado mi mente durante la semana. Disfrutaba de la brisa fresca de la tarde, la vista de la ciudad, las luces de la calle y la gente, hasta la cotidianidad se sentía bien después de tantas horas de encierro. En el camino conversábamos trivialidades, y Julián que siempre era atento al camino aprovechaba cada semáforo para mirarme. Su voz calmada era música para mis oídos, ese momento era todo lo que necesitaba.
El lugar que Julián había elegido era acogedor, un restaurante de comida asiática con un ambiente tranquilo, iluminación cálida, música a un volumen agradable y una linda decoración con reminiscencias de aquella cultura. Agradecí el detalle, pues sabía que no era exactamente su gusto, pero él consideró que sí era el mío.
Mientras cenábamos, él compartía historias de su semana, cada anécdota narrada con su humor característico, buscando hacerme reír, cosa que lograba sin esfuerzo. Todo estaba bien, sentía paz ¿realmente la sentía? Su voz se difuminó en mis pensamientos por un instante, ¿debía estar pensando en otra cosa?, la realidad es que no podía enfocarme. Julián lo notó en seguida, siempre lo hacía. Me miró directamente a los ojos y súbitamente recuperé la noción del presente.
—¿Estás bien? — preguntó sin rodeos —Te veo distraída
—Sí, solo estoy cansada —respondí, utilizando la excusa más cercana a la verdad que podía ofrecer sin entrar en detalles. —El proyecto me tiene muy cansada, pero ya casi está listo.
—Entiendo — respondió brevemente, tomando un trago de su bebida
La cena transcurrió en una agradable calma, aunque las cosas no mejoraban para mí, esa sensación de no estar en el momento me hacía sentir una cierta culpa. Julián se estaba esforzando por darme un buen momento, y yo sentía estar desperdiciando su esfuerzo.
Después de la cena Julián me llevó de vuelta a casa, viajaba en el asiento del copiloto y me encontré deseando que la noche no terminara, no por el deseo de permanecer junto a él, sino porque realmente no deseaba tener los pensamientos confusos que había tenido últimamente. Necesitaba distraerme aún más, y me molestaba no ser la de siempre.
—Listo, llegamos —Dijo Julián deteniendo su auto frente a mi edificio- —Te dejo ya para que descanses
—Gracias— respondí secamente. Dudé por un momento. Tal vez me arrepentiría por pedirlo, o aún más por no hacerlo.
—Baby, ¿te quieres quedar a dormir? —Pregunté cediendo a mis impulsos
Julián me miró y respondió a mi pregunta
sonriendo antes de poner en marcha el auto para estacionarlo adecuadamente.
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