La mañana del domingo se sentía tranquila, Julián dormía a mi lado, el silencio se veía a penas interrumpido por su suave respiración. Me levanté de la cama despacio y con todo el cuidado que me fue posible, pero mi esfuerzo por no despertarlo fue inútil, Julián notó en seguida mis movimientos y abrió los ojos.
—¿No estás cansada por lo de anoche? — preguntó sonriendo aún con la voz enronquecida por el sueño
—perdón, no quise despertarte —respondí mientras comenzaba a vestirme
—Está bien, estoy sorprendido, hace tiempo no lo hacíamos de esta forma —dijo Julián suspirando —estuviste increíble
Me sonrojé al escucharlo, sentí el rostro acalorado. Su comentario me dejó halagada y abrumada a partes iguales, sentía algo parecido a la culpa, por haberlo usado como distracción para no, lidiar con los pensamientos que amenazaban con robarme el sueño la noche anterior. Mientras me vestía, podía sentir la mirada de Julián sobre mí, me giré hacia él, buscando en su rostro algún indicio de duda o pregunta, pero todo lo que encontré fue una sonrisa tranquila y unos ojos llenos de afecto. Julián siempre había sido así, directo en sus emociones, claro en sus deseos. Una parte de mí envidiaba esa claridad que necesitaba con urgencia.
—¿Quieres desayunar algo? Puedo preparar café, y el avo toast que te gusta —ofreció Julián, levantándose de la cama.
Se sentía más amable de lo normal, y eso me inquietaba de cierta manera.
—Sí, suena bien —respondí, obligándome a sonreír. Observé cómo se dirigía a la cocina, y por un momento, me permití simplemente mirarlo y apreciar la familiaridad de sus movimientos, la manera en que su presencia llenaba mi espacio.
Me senté en la orilla de la cama, tomando un profundo respiro. Necesitaba ordenar mis pensamientos, entender qué estaba pasando conmigo. ¿Era posible sentirse tan conectada a alguien en tan poco tiempo? ¿Y qué significaba eso para lo que sentía por Julián? Mis pensamientos fueron interrumpidos por el hirviente resoplar de la cafetera que comenzaba a aromatizar el depa con ese olor que normalmente me llenaba de calma.
Salí a encontrarme con Julián en la cocina, y en silencio lo miraba mientras cortaba un aguacate con cuidado. Verlo normalmente habilidoso con las manos me hacía sentir calmada aun sabiendo que la cocina no era su especialidad, tampoco es que lo hiciera mal. Los alimentos eran algo importante para él, y desde que lo conozco su lenguaje del amor es tan práctico como su propia personalidad. Siempre centrado en lo tangible y necesario como la comida, el descanso, el afecto físico. Lo miré por un momento antes de que notara mi presencia.
El desayuno transcurría en un silencio relajante al inicio, reflexivo después, mis pensamientos amenazaban con desplazar la realidad hasta que la voz de mi novio me ancló de nuevo al presente
—¿Cómo me quedó? — preguntó Julián directamente
—muy bien, está todo muy rico
—tienes algo que hacer hoy? — dijo cambiando el tema abruptamente
Di un sorbo a mi café antes de responderle. La realidad era que no tenía nada qué hacer, además de rumiar en mis propios pensamientos, una y otra vez como los últimos días.
—No, no realmente —respondí con sorpresa por lo repentino de su pregunta
Julián sonrió ligeramente, parecía más relajado
—Estaría bien pasar el día juntos ¿no?, tipo salir a algún lado a distraernos, creo que te hace falta, porque has pasado mucho tiempo encerrada trabajando
—Suena bien —dije, aunque mi voz carecía de la certeza que intentaba proyectar. —Sólo me baño, me arreglo un poco y nos vamos ¿sí?
Estaba escapando de algo, lo sabía en el fondo de mi mente, pero no quería pensar en ello, en nada, pasar la tarde con Julián me alejaría de todo lo que me incomodaba.
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