La tarde del martes era calurosa, las 4 p.m. era la hora más movida en aquella cafetería cerca de la universidad. Mis amigas y yo íbamos con frecuencia, era un lugar cómodo para comer después de clase, hablar de cualquier cosa y hacer el tracking en la actividad de los estrenos en mi canal.
Compartía la mesa con Liz y MaJo, mi laptop abierta ante ellas, preparada para mostrarles el trabajo que tanto esfuerzo me había llevado. La animación previa a los estrenos se reproducía en pantalla, y a cada segundo de la cuenta regresiva sentía los latidos de mi corazón en la garganta. No era la primera vez que mis amigas veían uno de mis videos, de hecho, era casi un ritual semanal, pero ese día se sentía diferente.
La cuenta regresiva terminó y finalmente el video apareció en la pantalla, simultáneamente todas guardamos silencio.
Las reacciones de ambas fueron inmediatas. Liz, siempre más reflexiva, miraba la pantalla con atención, asintiendo con la cabeza a medida que las escenas se sucedían, mostrando su apreciación por los detalles y la narrativa visual. MaJo, por otro lado, más expresiva comentaba y señalaba con emoción cada cambio de escena, claramente impresionada por la transformación de Luisa y el acabado profesional del video.
—Sara, esto está increíble —exclamó MaJo, con una sonrisa plena—. ¡Es arte!
—Innovador para tu canal, si me lo preguntas —Comentó Liz aun mirando la pantalla.
Las reacciones del público empezaron a llegar casi de inmediato, con notificaciones parpadeaban en la esquina de la pantalla. Comentarios elogiando la transformación, la calidad de la producción, y cómo la presencia de Luisa le daba al video un enfoque distinto e interesante. Las vistas subían por segundos y los 'me gusta' se acumulaban rápidamente. Era más de lo que hubiera podido esperar.
—"¿Tutorial de maquillaje o clase de filosofía?"— pronunció MaJo leyendo un comentario en voz alta.
—Es lo mismo que pensé— Comentó Liz
Sonreí mirando la pantalla. A medida que los números de visualizaciones y comentarios subían se hacía evidente que el video gustaba a la audiencia. Todo estaba saliendo bien, me sentía orgullosa de mi trabajo, de la reacción de mi público y de mis amigas, y en medio de todo, una notificación hizo vibrar mi teléfono.
En la pantalla se leía el nombre de Diego, inmediatamente tomé el teléfono y abrí el mensaje en el que se leía “Estamos viendo tu video y te quedó increíble, ya me suscribí a tu canal” seguido de emojis de aplauso, pero el mensaje además estaba acompañado de una foto, una selfi donde él y Luisa aparecían en una casa iluminados por la luz de la pantalla con el video reproduciéndose en una laptop.
Por un instante, el ruido de la cafetería se atenuó, las voces de Liz y MaJo se alejaron, y me encontré absorta en la foto, contemplando la dinámica entre Diego y Luisa. Pensé en lo fácil que era para ella sonreir cuando estaban juntos y entonces sentí lo mismo que había sentido días atrás, esa punzada sutil y persistente de algo que comenzaba a reconocer como envidia estaba ahí, arruinándome el momento y de paso el apetito
—¿Todo bien? —preguntó Liz, notando que miraba fijamente la pantalla de mi teléfono.
—Sí, sí, todo bien —dije, volviendo al momento presente y dejando el teléfono a un lado.
—Bueno ya vamos a comer, ¿no? Leer tantos comentarios me dio hambre— Comentó MaJo, despreocupada y honesta, como siempre.
—Sí, hay que ver si ya tienen nuestra orden—respondí, tratando de enfocarme en el momento y dejar de lado la emoción negativa que acababa de sentir.
MaJo se levantó para recoger nuestras órdenes en la barra, mientras Liz me miraba con una expresión perspicaz, como si supiera que algo no estaba bien conmigo. Con una amiga tan observadora, sabía que no podía esconderme por mucho tiempo, pero por ahora estaba agradecida por su decisión de dejarlo pasar.
A los pocos instantes MaJo regresó con la comida y nos sumergimos en la conversación habitual, nuestras risas se entrelazaban con las de los demás comensales, en una atmósfera social y cálida. Buena comida y una tarde amena con mis amigas parecía ser todo lo que necesitaba. Sin embargo, una vez más tuve la sensación de que estaba huyendo.
—A propósito, ¿has hablado con Luisa? ¿Qué ha dicho sobre el video? —preguntó MaJo, interrumpiendo mis pensamientos.
—Le encantó —respondí brevemente— Lo vió antes de subirlo, y eso me dijo.
—La hubieras invitado a comer con nosotras hoy
—Creo que estaba ocupada, y con tantas cosas que hacer hasta a mí se me olvidó—Respondí sin intenciones de ahondar en el tema
—También tengo curiosidad, además del video y creo que una clase en el primer semestre, ni siquiera la he oído hablar —comentó Liz
—Creo que voy a organizar algo después para que la conozcan, si les soy honesta, me cae muy bien, pero parece algo tímida, ya veré que piensa de conocerlas y pasar el rato todas juntas
La simple mención de Luisa trajo de vuelta esa corriente de emociones que me había acompañado desde que comenzamos a trabajar juntas. Me preguntaba cómo sería verla interactuar en el círculo de mis amigas, cuán diferentes o similares serían nuestras dinámicas.
"Luisa conviviendo con mis amigas" No estaba segura de cómo me hacía sentir la idea Era una posibilidad que me emocionaba y me inquietaba al mismo tiempo. Comencé a visualizar la idea, como si soñara despierta, la imaginé en esa misma mesa, comiendo con nosotras. Pude imaginar su voz tranquila mezclándose con las risas y la voz más aguda de MaJo, los ojos reflexivos de Liz evaluándola con una curiosidad matizada con su característica cordialidad.
—Sí, sería bueno organizar algo —dije en voz alta, casi como si necesitara convencerme a mí misma tanto como a ellas—. Creo que sería bueno tener una tarde de chicas
Liz asintió tranquilamente, y MaJo estuvo de acuerdo con su usual entusiasmo.
—Estaría cool —dijo MaJo con una sonrisa—. Y quién sabe, a lo mejor ella termina siendo la cuarta niña del grupo
Pensé en ello aún y probé mi comida, una chapata de salmón con ensalada, cuyo sabor suave no me ayudaba a apartarme de mis pensamientos. Liz y MaJo continuaron hablando, y yo les seguía la conversación en los puntos más importantes, pero mi mente estaba mayormente en otra parte. Terminé mi comida y decidí que, por el momento, no iba a preocuparme más. En lugar de eso, disfrutaría de la compañía de mis amigas, celebraría el éxito del video, y dejaría que pasara lo que tuviera que pasar. Como había hecho últimamente.
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