El miércoles en la mañana estaba aromatizado por el café que compré antes de llegar a la universidad. El aula tenía el animado bullicio de siempre, y al cruzar la puerta, mi primer reflejo fue mirar a la primera fila, sólo para encontrarme con esa cara conocida. Ahí estaba Luisa, siempre puntual y en silencio contrastante con las voces del resto, pero ese día había algo diferente.
Mi introvertida nueva amiga estaba en el centro de una pequeña congregación de compañeras que, sin duda, la interrogaban sobre el video. Y Luisa siempre tan ecuánime no mostraba signos evidentes de malestar, pero había una rigidez en su postura que no pude ignorar.
Preocupada por cómo podría sentirse decidí acercarme. Al llegar a su lugar, escuché los últimos fragmentos de una pregunta sobre cómo se había sentido siendo la protagonista de un video tan popular. Luisa se encogía ligeramente, su voz era apenas un murmullo grave. En ese instante, supe que debía intervenir.
—Me quedó bonita, ¿no? —intervine con una sonrisa, intentando disipar la atención que pesaba sobre ella. Mi experiencia en redes sociales me ha obligado a aprender a manejar situaciones sociales para mí y para otros.
Mis compañeras me miraron con sorpresa primero y luego con curiosidad. Luisa parecía aliviada, lo noté en la manera en que sus hombros bajaron abandonando su tensión inicial.
—La verdad es que sí, ¡eres una profesional! —exclamó una de las chicas, y el grupo asintió expresando acuerdo
—Gracias, aunque en realidad no me costó nada, trabajé con una excelente base— dije sonriendo y mirando a Luisa quien sonrió tímidamente
En ese momento el profesor cruzó la puerta del aula llamándonos a tomar nuestros lugares, las chicas se disiparon y yo toqué el hombro de Luisa en señal de despedida.
En cuanto la clase terminó me apresuré hacia el lugar de Luisa, quien como siempre se tomaba su tiempo para organizar sus pertenencias, sabiendo esto, mi urgencia no tenía sentido, pero se manifestaba sin qué yo pudiera hacer nada al respecto.
—Oye, no dije nada hace rato, pero te veías incómoda, ¿estás bien? — Le pregunté calmadamente
—Sí, solo, fue raro — respondió mientras cerraba su mochila
—Entiendo, aquí estoy si necesitas cualquier cosa
—Gracias— respondió sin mirarme por completo
—¿Tienes algo qué hacer ahorita?
—No, iba a leer un poco
—Ya veo, es que quiero invitarte a almorzar, para que conozcas a mis amigas
Luisa me miró evidentemente sorprendida
—Pero sólo si te sientes cómoda, no pasa nada si no quieres — dije anticipándome a una negativa
Luisa guardó silencio por un momento, pareció considerarlo antes de darme una respuesta
—Está bien, vamos— dijo finalmente en una voz casi susurrada tan suave que por un momento pensé que había escuchado mal.
¿Realmente había aceptado mi invitación así de fácil? Su respuesta me llenó de una alegría que apenas podía contener, y como pude la guie hacia la cafetería donde MaJo y Liz ya nos esperaban.
Era un lugar pequeño y acogedor cerca de la universidad, perfecto para pasar las horas entre clase y disfrutar de buena comida y un ambiente agradable, había una selección musical que variaba entre cosas de inicios de los 2000, algunas canciones que conocía por mi hermana, y otras algo más actuales. La iluminación era buena, la decoración simple pero efectiva.
Al llegar, MaJo y Liz saludaron a Luisa con naturalidad. MaJo, siempre la más efusiva, le ofreció un asiento y comenzó a hablarle como si fueran amigas de toda la vida. Liz, más reservada pero igualmente cordial, sonrió y le preguntó sobre sus intereses, iniciando una conversación más tranquila. Era un buen inicio, Luisa parecía sentirse cómoda en compañía de mis amigas
La dinámica entre todas nosotras fluía mejor de lo que esperaba. Luisa, inicialmente retraída, comenzó a abrirse poco a poco bajo la atmósfera amistosa y el interés genuino de mis amigas. Incluso se animó a contarles sobre su amor por la mitología griega y la literatura, Luego fueron a otros temas, y Luisa congeniaba con Liz en gustos musicales, y con Majo en cuanto a cine, lo cual me sorprendió gratamente. La conversación empezaba poco a poco a tomar tintes más personales.
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