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La Aventura antes del caos

Problemas y decisiones capítulo 4 (parte 2)

Problemas y decisiones capítulo 4 (parte 2)

Jul 26, 2024

Amel rápidamente tapo mi boca y, en un estado de completa incertidumbre, dijo que era mi madre. Yuka no aguanto la risa por la situación. Aunque también se molestó un poco. El Anciano solo arqueo una de sus cejas y comenzó a reír tímidamente. «Sí, supongo que sí» dijo, con intriga y curiosidad.

«Solo por decir, cuidado con los soldados. No son muy amigables con los forasteros. Y menos con los que vienen del bosque. Aunque aquí estarán a salvo», nos dijo el anciano, un poco serio mientras se levantaba para irse de la habitación

«Gracias, señor Grent.» Le dijo Amel pensativa mientras hacia una pequeña reverencia.

«Adiós, niñas. Que la suerte os acompañe», nos dijo el anciano, aunque nos miraba con duda.

Nos levantamos y salimos de su casa. Amel me miró con una mezcla de alivio y reproche.

«Lumia, ¿por qué le has dicho que veníamos del bosque? ¿Y sobre Yuka, Estás pensando lo que dices?», me regañó Amel, con preocupación.

«Lo siento, no lo pensé muy bien» le dije, con la mirada perdida.

«Lumia, tienes que entender que no todo el mundo es tan bueno como yo. Hay gente mala y, ya has visto de lo que son capases. Tenemos que ser cuidadosas», me dijo Amel, con seriedad.

«… Lo sé.», le dije, aún más triste.

Amel viéndome así se disculpó y abrazándome nos íbamos a algún lugar.

«Está bien, Lumia. Gracias por entender» decía Amel con culpa, aunque nos detuvimos cuando dimos al escuchar una voz suave.

«Hey!, seguro no tienen dinero ¿cierto?» dijo Grant

Apenada Amel asintió.

«Pueden quedarse en mi casa por un tiempo» dijo mientras se daba la vuelta para entrar de nuevo.

Nos miramos, entramos a la casa nuevamente y Grant nos señaló un cuarto algo vacío que tenía, era pequeña y sencilla, pero acogedora y limpia. Tenía una cama, una mesa, una silla, una ventana y una estantería con algunos libros.

Nos habíamos acomodado en la habitación, y Amel ayudaba a Grant mientras que yo miraba por la ventana hacia afuera como los niños humanos correteaban detrás de aquel perro.

«Lumia ven a Ayudar, el señor Grant quiere algunos vegetales»

«Sii—i» dije mientras despegaba la vista de la ventana y corría hacia una pequeña casa que indico Grant.

El tiempo fluyo rápidamente el sonido de la madera siendo golpeada me desconcentro, eran golpes seguidos de gemidos, parecían de un niño.

”Ten cuidado Lumia” Expreso Yuka viendo que estaba saliendo de la casa.

«¡Si!» dije mientras corría hacia aquel extraño ruido.

Al llegar me escondí detrás de unas maderas, había unos niños, que golpeaban una extraña escultura, con un palo.

Mientras reían y se motivaban para golpear aquella cosa más fuerte, era entretenido de ver. Aunque era algo que no entendía, vi las sonrisas que tenían aquellos niños mientras golpeaban y golpeaban sin descansar.

Salte de mi escondite, para sorpresa de los otros que saltaron para atrás y el que tenía el palo callo sentado. Los otros se rieron de él.

«Quien eres Tú» dijo aquel que tenía el palo mientras me apuntaba con una mirada desafiante

«Lumia» le respondí. Mientras me colocaba nuevamente la capucha que se había caído.

Su cara era algo confusa, no entendía que expresión estaba haciendo.

“Solo ignóralo Lumia, no vale la pena” dijo Yuka un poco molesta. Me pregunté si sabría algo. Pero fui interrumpida

«Entonces, ¿Lumia Eh?» dijo uno de los niños.

«Oh, son las dos chicas que vinieron. Hace unas horas.» Explico un niño.

«¿En serio? ¿Oye tú Eres aventurera?» pregunto uno de los niños con curiosidad.

No sabía que decirle a estos niños, buscaba consejos de Yuka, pero no quería saber nada de estos niños, Me acerque y le arrebate el palo al niño que lo tenía, con una risita que se me escapaba empecé a golpear a aquella cosa.

Algunos pedazos salieron volando, aunque no se rompía con facilidad. Aunque me estaba conteniendo era difícil.

Los niños permanecían emocionados y se divertían mirándome, hasta qué.

«¿Lumia donde estás?» Se escuchó a lo lejos.

Para cuando me di cuenta de aquella voz. Ya estaba tan cerca que sentí un viento caliente y a la vez tan frío. Detrás de mí.

«Lumia, eres incorregible. Pero te quiero», me dijo Amel, con una sonrisa cariñosa. A la vez que me llevaba de la mano de nuevo hacia la casa del anciano.

Así fue como empezó nuestra nueva vida en la aldea. Al principio, no fue fácil. Los aldeanos nos miraban con un poco de desconfianza. Los soldados nos vigilaban, aunque no eran hostiles. Algunos niños nos buscaban y otros nos evitaban con miedo y timidez. No teníamos dinero, pero el señor Grant nos había dado una habitación y comida.

Poco a poco, las cosas fueron cambiando.

La noche llego y, hoy comeríamos con el jefe, Ya habíamos estado una semana entera en la aldea. Ayudando e investigando sobre las ciudades cercanas y leyendo los pocos libros que Grant tenía.

Al día siguiente una aventura de exploración nos tenía esperando,

Nos dieron un saco vacío, y unas hojas que detallaban que plantas teníamos que traer. Aunque no íbamos solas dos niños corrieron tras nosotras para ayudarnos. El bosque, aunque más pequeño era tranquilizador. Aunque seguía siendo nostálgico.

Los niños que nos acompañaron no dejaban de escaparse Amel me indico que los mantenga vigilados, a la vez que ella se encargaba de buscar aquellas plantas.

Los niños se divertían y yo no era la excepción, para cuando nos percatamos del tiempo Amel ya estaba con el saco lleno y estábamos entrando de nuevo en la aldea.

Amel y Yuka fueron las únicas que realmente se esforzaron en aquella pequeña aventura y esa tarde tuve que ayudar en el campo como castigo.

Con el tiempo, nos fuimos integrando aún más en la comunidad. Amel se hizo amiga de muchos de los aldeanos e incluso empezó a entrenar con Marcus.

Una noche, una tormenta terrible azotó la aldea. Algunos cultivos se echaron a perder, y unas casas fueron demolidas por el feroz viento.

Aunque muchos no parecían desanimados, motivados ese día bajo una tenue llovizna arreglaron las casas.

Habíamos vuelto de ayudar y Grant nos esperaba con alegría en su rostro desde la puerta de la casa.

«Aquí tienen niñas séquense oh se enfermarán»

«Gracias!» exprese emocionada… aunque ni siquiera me afectaba el agua Yuka siempre estaba ahí para protegerme. Pero la tela estaba tan cálida.

Amel hizo lo mismo, pero mientras nos secábamos el señor Grant empezó a toser mucho.

«Está bien» dijo Amel rápidamente

«Si, no te preocupes es solo un pequeño resfriado» dijo cálidamente. Mientras nos invitaba a quedarnos al lado de la chimenea.

La noche llego y el jefe Grant, cayó enfermo con una fiebre alta, preocupándonos.

«Lumia esto no se ve muy bien,» expreso Amel mientras examinaba a Grant.

“Opino lo mismo que la Elfa.” Dijo Yuka.

«Que podemos hacer» dije mirando el estado de aquel anciano que tanto nos había ayudado.

«Lumia, rápido ve por la señora Hina»

«Si» dije apresurada mientras corría, en medio de la noche hacia la casa de Hina, golpee su puerta fuertemente, escuche unos pasos rápidos y algo pesados.

La puerta se abrió «¿Si?, oh eres tu Lumia, que—»

«Es el señor Grant» dije rápidamente cortando su voz.

«Está bien, Espera un segundo, adelantate.» Expreso mientras regresaba hacia adentro por unos materiales.

Volví hacia la casa rápidamente, Amel seguía a su lado cuidándolo, mientras miraba todo desde lejos, no sabía que hacer ni siquiera sabía que pasaba. Estaba muy preocupada no quería que el señor Grant sufriera. Se escuchó como la puerta se abría rápidamente. Seguido de un;

«Cómo está?» Hina había venido con una bolsa llena de yerbas y distintos objetos.

«Bien por el momento puede hacer que su fiebre bajara.» Explico Amel.

Esa noche no dormí, Amel si durmió, pero por su cansancio, me quede observando a Grant toda la noche. Cunado Amaneció todos se habían enterado del incidente y estaban preocupados.

«Oh, pero que estamos celebrando?» dijo Grant mientras se despertaba y miraba a su alrededor.

«Nada, nada. Solo estábamos un poco preocupados» dijo uno.

«Bueno, bueno estoy mucho mejor que ayer gracias, por la visita.» Dijo Grant casi echando a todos a sus trabajos de ese día.

«Está bien, parece que hicimos un alboroto necesario» expreso uno mientras se iba.

Todos salieron, y dejaron a Grant solo mientras Hina lo examinaba.

Los días pasaban, Grant iba mejorando poco a poco. Pero nuevamente decayó.

«¿Existe alguna medicina con la cual podamos ayudarlo?» Pregunto Amel, ya cansada de la situación

«Sí, hay una planta en el bosque, Pero está muy en lo profundo.» Expreso Hina triste.

Amel se ofreció a ir, yo la seguí, los otros preocupados por nuestra seguridad no quisieron en un inicio.

«Está bien. Vayan y que los dioses las acompañen.» Expreso un Hina convencida.

Con determinación, nos dirigimos al bosque, decididas a encontrar aquella planta.

Buscamos durante todo el día, recorriendo cada rincón del bosque. Al anochecer, tropecé con una rama, que se desprendió y dejó al descubierto unas hojas verdes y brillantes con flores blancas.

«¡Amel, mira! ¡Es la planta que necesitamos!» dije emocionada

«¡Sí, es esta!» expreso Amel igual de emocionada

Regresamos a la aldea con las hojas curativas. Todos nos recibieron con alegría y un poco de preocupación.

«¡Han vuelto! ¿Encontraron la planta?» expreso Hina con preocupación

«Sí, aquí está. Rápido» dijo Amel mientras le daba las hojas.

«Por favor, que esto funcione» decía Hina mientras le daba de beber una especie de medicina.

«Gracias, chicas. Pongo mi fe en ustedes.» Dijo Grant mientras ponía una cara graciosa por la amarga medicina.

Pero los días pasaban y no mejoraba. Su fiebre seguía alta, su respiración se debilitaba y su piel se volvía pálida. Los aldeanos se turnaban para cuidarlo, todos visiblemente afectados por la situación.

Una noche, igual de tormentosa, el jefe de la aldea falleció. Su rostro mostraba una sonrisa de paz y satisfacción.

La aldea estaba en penumbras y así continuo por unos días, aunque todos estaban tristes. Seguían con sus actividades y trabajos.

Nos dejaron quedarnos en la casa de Grant mientras ayudáramos en mejorar el pueblo. Amel se puso un poco triste por la perdida de Grant, ella parecía tenerle cariño. Aunque ami no me había afectado tanto me quede con un sentido de incomprensión y tristeza mezclada.

Yuka la cual siempre estaba en un estado de inanición, hundida en sus pensamientos intentando de todo para recordar algunos de sus recuerdos.

”La vida de un humano es carta Querida” expreso Yuka

«Aunque… sea así ¿no podemos hacer nada?» dije curiosa por la respuesta.

“Nada puede frenar la muerte, Solo Aquel llamado Dios” dijo Yuka en un tono nostálgico.

«Y donde podemos encontrarlo?» dije aún más curiosa, ya que había escuchado muchas veces ese nombre “Dios”.

”Ni yo lo entiendo, pero es el que crea y controla todo, Origen creo que se llamó así mismo”

«Espera ¿lo conoces Yuka?» dije impactada.

”No lo sé, solo tengo recuerdos de que hable contigo. Haciéndote llamar Lumia. Y luego Origen”

«¿Yo?» incrédula aun por aquella proclamación.

Amel entro en la habitación, cortando la charla,

«aquí estas Lumia, como te encuentras. Recién terminé el último trabajo» expreso dejando escapar un bostezo y arrojándose hacia la cama, cayendo dormida.

Al día siguiente un mercader llegó al pueblo. No era casualidad. Anteriormente había venido cuando no estábamos, mientras charlábamos con él. Nos había informado que en la ciudad del feudo de Alcántara, al que pertenecía esta aldea, había una biblioteca que era una de las más importantes de todo el reino. Una biblioteca que albergaba miles de libros, de todos los temas y de todas las épocas. Una biblioteca que era el centro del saber y de la cultura. Una biblioteca que era el sueño de cualquier amante de la lectura.

Sentía mucha curiosidad por ver nuevos lugares, pero sería difícil ir. Pero no imposible. Así que, después de charlar con el mercader de otros asuntos y comprar algunos bienes para la aldea, comenzamos el plan para ir a la ciudad. Pero teníamos que arreglar todo para nuestro viaje.

El mercader partió, la próxima vez que vendría iríamos con él hacia un feudo cercano, pero nunca nos dijo su nombre a sique estábamos ansiosas, por saber.

Los meses pasaban y la aldea cambiaba con el paso del tiempo, los niños ya se encargaban de algunos trabajos simples y otros empezaron a entrenar con Amel y Marcus en el arte de la espada.

Aunque para mí parecía un juego divertido.

Paso muy rápido el tiempo y Aquel mercader volvió una tarde.

Empacamos y nos despedimos de todos. Así comenzó nuestro viaje. Un viaje que nos llevaría a la ciudad del feudo de Alcántara.

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