Nos dirigimos a la cafetería cerca del museo, buscando un espacio tranquilo donde pudiéramos sentarnos a tomar algo frío, relajarnos y conversar, últimamente luisa parecía más cómoda de compartir cosas de sí misma conmigo, y yo indudablemente disfrutaba esa cercanía. La conversación de a poco se hacía más personal.
—Nunca te lo pregunté, pero, ¿y tu familia? Por lo que vi, vives sola en tu depa ¿no? —Preguntó Luisa
—Así es, mis padres viven en Querétaro y los visito en vacaciones. El depa en el que vivo era de cuando Adri, mi hermana estudiaba la uni, ella es 6 años mayor que yo. Estudió diseño de modas, consiguió un trabajo en Italia y se fue a penas al año de que yo llegué
—Ya veo, así que tienes una hermana — dijo Luisa, pausadamente
—Sí, y tú, ¿tienes hermanos?
—Sí, Roberto, mi hermano mayor, vivo con él y con mi papá
—¿Y cómo es vivir con ellos? —pregunté, interesada en saber más sobre su dinámica familiar.
—Es bastante tranquilo, la verdad. Roberto es maestro de historia, así que pasa mucho tiempo preparando clases o revisando trabajos. Y mi papá... bueno, es arquitecto, pero trabaja desde su oficina en casa, hace proyectos por su cuenta y eso le permite manejar su tiempo —explicó Luisa, su tono reflejaba un afecto evidente por ambos.
—Suena a que todos son hogareños, ¿se llevan bien? —comenté, imaginando su vida tranquila en casa.
—Si, lo somos, pero está bien, es un ambiente relajado. Creo que eso me ha dado espacio para todos mis pasatiempos —dijo con una sonrisa leve.
—Debe ser bueno tener ese tipo de paz para concentrarte en tus pasiones —respondí, pensando en cómo mi propio entorno a veces se sentía demasiado solitario.
—Sí, es una de las razones por las que aún no me he ido de casa. Además, Roberto y yo somos muy unidos. Aún con la diferencia de edad, y pues no tengo tantos amigos, el más cercano es Diego— dijo Luisa, y al escuchar ese nombre sentí una leve incomodidad que traté de ignorar.
—Ya veo, pero aquí tienes otra amiga con quien pasar el tiempo —Dije sonriendo
—Gracias, Sara, y tu hermana y tú ¿Son cercanas? —preguntó, cambiando el enfoque de la conversación hacia mí.
—Bastante, aunque ya no nos vemos mucho ahora que ella está en el extranjero. Pero siempre que hablamos, es como si no hubiera distancia. Ella fue quien me impulsó a comenzar mi canal de YouTube, siempre me ha apoyado en mis decisiones creativas —expliqué, sintiendo nostalgia por los días en que estábamos cerca.
Luisa me miró en silencio por un momento, quizá tratando de entenderme
—Es bueno tener ese tipo de apoyo, ¿verdad? Alguien que realmente crea en ti —dijo suavemente.
—Sí, lo es
—Quiero que sepas que te apoyo, no sé bien de qué manera eso te es útil, pero sinceramente admiro tu trabajo — Dijo con total honestidad.
Aún con su voz lineal y grave, sus palabras parecían contener afecto genuino.
—Gracias, Luisa, eso significa mucho para mí, especialmente viniendo de ti —respondí, con gratitud—. Y espero poder ofrecerte el mismo apoyo con tu escritura y todo lo que decidas hacer.
Luisa sonrió levemente, mirando hacia abajo como solía hacer, pero hoy su sonrisa brillaba más que el propio sol. Mi corazón pareció dar un salto, y la respiración me faltó por un instante y mis pensamientos me abandonaron unos segundos, antes de que la voz de Luisa me trajera de vuelta a la realidad.
—Lo valoro, Sara —Dijo en voz baja
—Hablando de escribir— Comenté tratando de recomponerme — dijiste que alguna vez me mostrarías algo escrito por ti, yo voy a seguir esperando— dije esto en tono bromista queriendo ver su reacción.
Luisa pareció congelarse por un momento. En silencio abrió su bolso, sacó su teléfono y de ahí tecleó como si buscará algo hasta que lo encontró.
—Toma— dijo entregándome el teléfono —Es la canción que estoy escribiendo para musicalizar con Diego. No debería compartirla con nadie, así que por favor no le digas —expresó con visible preocupación.
Tomé el teléfono con cuidado, consciente del peso de la confianza que Luisa depositaba en mí al compartir algo tan personal. Miré la pantalla donde el texto de una canción se desplegaba, las palabras fluían con una cadencia que ya podía imaginarme en melodía. Leí en silencio, absorbiendo cada línea, cada emoción entretejida en las estrofas.
—Esto es... increíble. Realmente tienes un don —dije sinceramente, levantando la vista hacia ella después de terminar de leer. Sentía que sus palabras tenían vida propia, y expresaban más de lo evidente.
Luisa parecía aliviada y algo tímida ante mi elogio.
—Gracias, aún está en proceso, pero me alegro que te guste —respondió, tomando de nuevo su teléfono y guardándolo en su bolso.
Por un lado, me sentí feliz de compartir ese momento, la confianza que me mostraba, sus palabras, la sensación de cercanía. Y, por otro lado, esa pequeña muestra de afecto me hizo sentir una leve superioridad respecto a su amigo, era una oscura satisfacción qué guardaba para mí misma.
—Me gusta mucho, y además siento que puedo entender un poco más de ti a través de tus palabras —comenté, deseando profundizar en su proceso creativo. —¿Qué te inspira para escribir?
Luisa se tomó un momento antes de responder, como si eligiera sus palabras con cuidado.
—Supongo que es una mezcla de cosas, experiencias personales, observaciones... y a veces, solo el deseo de vivir otra vida, no sé si esto suena raro
—No, para nada, creo que lo entiendo — dije impresionada por su capacidad de traducir sentimientos en arte. Era un talento que siempre había admirado en los demás, y verlo en Luisa solo aumentaba mi respeto y afecto por ella.
—Como sabes, mi inspiración son todas las historias qué leo
—Se nota, aunque, no sé cómo decirlo, es interesante qué una persona tan reservada como tú sea tan apasionada al escribir—dije sonriendo —y no sé si eso solo viene de la lectura, pero hablas del amor de una manera tan sensible qué llego a pensar que realmente cuentas tu vida
Luisa pareció contemplar mis palabras por un momento, y un leve rubor apareció tiñendo sus mejillas. Era raro verla tan expuesta, incluso en un comentario que pretendía ser un elogio.
—Supongo que escribir me da la libertad de expresar lo que no suelo decir en voz alta —admitió con honestidad. —Y aunque mucho de lo que escribo se inspira en lo que leo, también pongo mucho de mí misma en ello, mis sentimientos, mis deseos...
Su voz se apagó un poco, como si hubiera revelado más de lo que inicialmente pretendía. Me di cuenta de que acababa de entrar en contacto con su parte más emocional
—Creo que eso hace que lo que escribes sea tan bueno —dije, queriendo hacerla sentir segura—. No solo estás compartiendo letras, sino partes de ti misma. Eso es muy valiente.
—Gracias, Sara. A veces me pregunto si debería ser más abierta en otras áreas de mi vida, como lo soy en mi escritura.
—Solo si te sientes cómoda —respondí rápidamente— Todos tenemos nuestras maneras de compartirnos con el mundo. Aquí estás tú con tu escritura y yo con mis videos, es como somos y ambas son válidas ¿no crees?
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