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La Aventura antes del caos

Apuntando a lo mas alto! capítulo 5 (parte 2)

Apuntando a lo mas alto! capítulo 5 (parte 2)

Aug 11, 2024

«¿Crees que nos reconocerán en el pueblo?» pregunte con una sonrisa, mientras ajustaba mi capa.

«Probablemente, después de todo, no somos fáciles de olvidar» respondió Amel ajustándome bien mi equipamiento.

Hoy nos toca escoltar a un mercader que se dirige a un pueblo sin nombre aunque si conocíamos aquel pueblo, ubicado en la frontera. Estamos emocionadas, tanto que compramos algunos obsequios para los habitantes del pueblo.

«¡Espero que les gusten los regalos que elegimos!» exclame, Yuka desde dentro de mi mente, añadiendo “Estuviste mucho tiempo escogiéndolo, les encantara”

El viaje de ida fue tranquilo, aunque un poco turbulento por los baches en el camino. No encontramos amenazas serias durante las dos semanas de viaje, y ya estábamos a pocos días de llegar.

«Este camino está lleno de baches, deberíamos proponer que lo arreglen» comentó Amel, riéndose mientras se sujetaba para no caerse del carro.

«Sí, creo que lo arreglaran En dos Años» dijo el mercader en sintonía con la risa de Amel.

A lo lejos, divisamos el pueblo con una muralla más alta. Al llegar, fuimos recibidas en el centro por una multitud; algunos nos saludaron y felicitaron. Amel más entendida con los ancianos se fue con ellos, Yo con un poco de soberbia, mostraba mi pecho con orgullo ante los niños.

«¡Lumia, La grande!» gritaban los niños.

Se escuchó por lo bajo a Yuka “Estos niños, Como les encanta jugar…”

«Gracias, pequeños,» respondí mirándolos desde arriba, inclinándome apenas para saludar a los niños, que habían crecido.

«Vamos a practicar!» me insistieron, Amel me indico que vaya.

Ella se fue con el resto haca la casa de Hina que ahora parecía la nueva Jefa del lugar.

Cuando el sol estaba cayendo Empezamos a repartir los regalos que habíamos traído, después de reencontrarnos con todos. Y haber ido a la tumba de Grant, para saludar después de tanto tiempo.

Nos quedamos unos días, ayudando en la aldea tanto como pudimos. Por la mañana, Amel fue a ayudar en el campo. Aunque quise ir los niños me detuvieron rápidamente para que los entrenara.

Amel fue a los campos. Yo estaba atrapada en la Aldea con los niños.

«Vamos, chicos, así es como se sostiene una espada correctamente,» decía corrigiendo la postura de un niño.

Pasamos todo el día entrenado, Amel seguía ayudando en algunas cosas menores, junto a Marcus.

Aunque los tres días se fueron volando. Una mañana, todos estaban ya en el campo trabajando. Amel estaba preparando el desayuno.

«¡Esto está delicioso, Amel!» exclamé, saboreando un pedazo de pan recién hecho.

«Me alegra que te guste» respondió Amel, sonriendo.

Nos llenamos tanto que terminamos tumbados en el suelo, yo incluida, aunque me recuperé rápidamente.

«Creo que comí demasiado» admití, riéndome mientras me levantaba.

Así terminamos nuestra estancia en el pueblo, felices de haber compartido un tiempo tan agradable con los aldeanos y de haberles dejado una parte de nosotros.

Amel, entre risas, fue a buscar todo el equipaje para regresar a la ciudad. Nos despedimos de todos en la salida, prometiendo volver en algún momento, y al salir a la aldea nos está esperando Evans con su carreta y había algunas personas más que parecían escoltas.

Pasaron algunas horas y el sol estaba en su punto más alto, abrasándonos con su calor. Decidimos detenernos y descansar a la sombra de unos árboles cerca de un río cercano.

«¡Uf, este calor es insoportable!» exclamó Una chica que se hacía llamar Rose, sé abanicándose con su mano mientras buscaba una sombra con el resto de su equipo.

«Sí, un descanso nos vendrá bien» dijo Amel luego de ver a todos descansando.

Evans se llevaba a los caballos al río para que bebieran agua. Amel, algo enérgica se fue a explorar por las cercanías del bosque.

«Solo quiero estirar las piernas y disfrutar un poco de la naturaleza» dijo Amel, sonriendo mientras se adentraba en el bosque.

Mientras tanto, el mercader se acomodó bajo un árbol, agradeciendo el alivio de la sombra. «Este viaje ha sido más agotador de lo que esperaba aunque ya esta pronto a terminar» comentó, sacando un pañuelo para secarse el sudor de la frente.

Estaba algo aburrida sentada junto a Evans, agudice todos mis sentidos, podía ver a Amel que caminaba con una aparente plenitud, observando la tranquilidad del bosque. Aunque era amplio mis sentidos no estaban a su tope, no había muchos animales visibles estaban lejos. Amel se había frenado y estaba observando el suelo, “¿Tal vez huellas?”, pensé. “Algunas huellas, de un grupo que habrá pasado por allí” dijo Yuka, y luego… «Parece que hubo gente por aquí anteriormente» la escuché decir.

”Yuka eres increíble” dije eufórica.

”Te falta práctica” dijo Yuka burlándose de mí.

”Nunca me voy a acostumbrar es muy extraño como todo se distorsiona” dije ya cansada.

Me había distraído charlando con Yuka, y cuando me di cuenta, Amel ya había regresado nos encontró a todos descansando bajo los árboles. «¡Es un buen lugar para un descanso!» dijo, sentándose junto a nosotros.

Descansamos un par de horas antes de retomar el camino hacia la ciudad. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que nos encontráramos con un grupo de bandidos. Estábamos acostumbradas al combate y, éramos mucho dos grupos de escolta, no nos preocupamos demasiado. El mercader, temeroso, se refugió rápidamente en el carruaje bajo la orden de Rose y sus compañeros, nos incitaron hacer lo mismo. Pero decidimos Ayudar.

La pelea comenzó de manera lenta y algo cómica, con los bandidos lanzando insultos más que amenazas serias. «¡Vaya, esto es nuevo!» se burló uno de los compañeros de Rose, sacando una espada.

Yuka, desde dentro de mí, mostró impaciencia. “Vamos a acabar con esto rápido,” insistió Yuka.

«De acuerdo, a la carga» dije, pero salte sola al frente, cuando mire para atrás solo vi a Amel y el que tenía la espada.

Los bandidos se sorprendieron por mi rápida reacción. Sus caras mostraban una mezcla de sorpresa y miedo. Solo uno de ellos logró bloquear mi espada, pero fue inútil; me impulsé de nuevo y le corté uno de sus brazos.

Amel ya había neutralizado a otros tres. El de la espada, enérgico. «¿Eso es todo?» preguntó, limpiando su espada.

«Sí, parece que eran más boca que acción» respondió desde lejos su otro compañero, mientras se acercaban a ayudar atar a los bandidos y a curarles las heridas para que no murieran.

«Suban a estos desgraciados al carruaje» ordenó Rose y, seguimos nuestro camino nuevamente.

Casi llegábamos a la ciudad; apenas estábamos saliendo del bosque cuando el ambiente comenzó a cambiar. Un viento extraño empezó a soplar. El aire se sentía pesado.

«¿Sientes eso?» pregunté, mirando a Amel. «El aire se siente... raro» los otros me miraban extrañados.

«No, no noto nada» respondió Amel, frunciendo el ceño. «Pero… tienes razón algo no está bien» dijo rápidamente. Mientras que yo saltaba del carruaje haca el suelo y me preparaba.

De repente, un rayo, seguido de varios haces de luz idénticos, descendieron del cielo a una velocidad asombrosa. El caballo se detuvo de golpe, relinchando nerviosamente unos segundos después de que aquellas cosas aparecieran.

«¿Qué demonios es eso?» exclamó Evans el mercader, asomando la cabeza desde el carruaje, sus ojos llenos de asombro.

«¡No parece nada bueno!» respondió Amel, observando con atención los haces de luz.

Los bandidos, atados en la parte trasera del carruaje, comenzaron a gritar de preocupación. «¡Esto no es normal! ¡Déjenos ir!» gritó uno de ellos, pero los ignoramos.

Intentamos discutir y adivinar qué podría ser. «¿Podría ser algún tipo de ritual mágico?», sugirió Rose, su voz llena de incertidumbre.

«Tal vez una señal de algún evento catastrófico,» Dijo su compañero, en tono de broma y nerviosismo.

Pero todas nuestras suposiciones eran inútiles, quedando solo en suposisisiones. El ambiente estaba cargado de una energía extraña, un zumbido apenas audible que vibraba en el aire, intensificando la sensación de inquietud. Era como si el mismo aire estuviera mas vivo que nunca.

Cada uno de nosotros sintió un escalofrío recorrer la espalda, un instinto primordial de advertencia. Los caballos también parecían inquietos, relinchando y pateando el suelo nerviosamente.

El camino fue duro, pero finalmente, al llegar cerca de la ciudad, los haces de luz desaparecieron tan repentinamente como habían aparecido. Todos nos quedamos en silencio, asimilando lo que acabábamos de presenciar.

«Eso fue... aterrador, ¿que habra sido?» dijo Amel, todavía mirando al cielo como si esperara que algo más sucediera.

«Sí, una experiencia realmente extraña» dije, sintiendo mas relajada. ”Eso se paresia a la misma cosa que tenia esa carne” añadio Yuka

El mercader salió del carruaje, visiblemente alterado, sacudiendo la cabeza intentando olviar lo que habia visto «¿Qué creen que era?» dijo sudando frio. El no quiera saber que era aquello.

«No lo sé,» respondió Rose, «pero definitivamente debemos informar de esto cuando lleguemos a la ciudad.» «Claro, Vamos a reportar algo que incluso la realeza de todo el imperio ya deben de saber» dijo uno de sus compañeros burlandose.

La ciudad finalmente Nos abrazo con sus murallas, y con ella, un sentimiento de alivio mezclado con una curiosidad inquietante sobre lo que habíamos presenciado.


En algún lugar pútrido y aterrador, la atmósfera era sofocante, casi como si la vida misma estuviera ausente, o al menos, distorsionada en formas grotescas. El paisaje estaba lleno de figuras que apenas se podían considerar vivientes: seres con aspecto humano, pero deformados y flaco, con músculos atrofiados. Una de estas criaturas, cuadrúpeda y de movimientos erráticos, corría sin un propósito aparente, mirando frenéticamente en todas direcciones antes de continuar su camino.

La criatura llegó finalmente a lo que parecía ser las ruinas de un castillo, un lugar donde escombros y monstruos flotaban como si estuvieran en un perpetuo ascenso hacia una isla en el cielo. Esta isla era verdaderamente aterradora; estaba cubierta de estructuras que parecían unirse por la puera fuerza, pedasos de escombro caian, para volver a levantarse hacia el cielo y otros pedasos de tierra sobrevolando la superficie. En su base, una esfera luminosa, ¿servíria como entrada a la isla?, atrayendo a las criaturas como un hormiguero gigantesco.

Dentro de la isla flotante, la bestia humanoide llegó a una sala que contrastaba radicalmente con el exterior. Las puertas de hueso calcinado se abrieron, revelando una figura femenina con cuernos y un bestido tan fino y elegante. Su mirada acompañaba aquel vestido un miraba llena de desprecio, complementaba su tez pálida y rojiza y sus ojos completamente rojisos, que brillaban con una maligna intensidad. Un aura roja la envolvía, resonando con la misma energía que permeaba toda la isla flotante.

La bestia, ahora en presencia de esta figura demoníaca, emitió una serie de rugidos y gemidos, como si intentara comunicarse. «Ghhaaar, Ghhaaaarrg Ghhaa Ghhaa», gruñó, sus sonidos eran desesperados y confusos.

La mujer, sin mostrar emoción alguna, levantó una mano. Un hilo brillante, casi imperceptible, surgió de su palma y en un instante, la cabeza de la criatura fue arrancada, rodando inerte por el suelo.

«¿Ese faro de luz... qué será?» murmuró la mujer, levantándose de su trono de huesos. Se acercó a un ventanal que daba al vasto vacío, donde podía ver claramente los haces de luz brillando en la distancia. Sus ojos se entrecerraron con curiosidad y deleite. Una sonrisa se formó en su rostro, una mezcla de alegría inconmensurable y una malevolencia apenas contenida.

«Muy interesante» susurró para sí misma. «Niños... con un poder tan aterrador dentro de ellos.»

La mujer demoníaca se giró hacia una figura oculta en las sombras de la sala. «Haz que se nutran rápidamente» ordenó con una voz fría y autoritaria. «Podría ser... una oportunidad interesante, de recuperar nuestra antigua vida.»

La figura en las sombras asintió, y la mujer se volvió de nuevo hacia el ventanal, sus ojos brillando con una mezcla de expectativa y ambición. Los haces de luz, lejos en el horizonte, eran una promesa de algo grande, algo que ella estaba decidida a controlar para sí misma.

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