Ya acostado después de comer, dirijo mi mirada a la ventana. Afuera logro ver las estrellas y la luna. Nunca había visto el cielo tan despejado y hermoso. No puedo evitar que una pequeña risita de frustración se escape de entre mis labios. En los tiempos más difíciles es cuando uno aprecia más las pequeñas cosas, esas cosas que en la vida cotidiana y el apuro del día a día no dejaba ver...
De nuevo el recuerdo de mi hermana cruza mi mente. No quiero llorar, no otra vez, pero no puedo evitar que algunas lágrimas salgan de mis ojos al pensar en ella. Respiro profundo, tengo que controlarme.
Un ruido llama mi atención, voltea a mirar y veo cómo aquel muchacho se sienta en el sofá. Se nota que está algo aturdido y parece perdido, su mirada al igual que él también lo está. Después de unos segundos, sus ojos se dirigen hacia las heridas, pero no parece preocupado o asustado. Parece que no entiende qué son, como si nunca se hubiera lastimado. Su reacción me llama mucho la atención. Quiero preguntarle, romper el hielo, pero no sé qué hacer para que me vea. Estoy en blanco, nada se me ocurre...Mientras pienso qué hacer, tiro la taza por error, rompiéndola en mil pedazos. Ese ruido termina asustándonos a los dos. Esto llama la atención del chico de forma casi instantánea, el muchacho grita, asustado.
Sin saber de dónde o cómo se cayó la taza, sube su mirada y nuestros ojos se encuentran. Chillando de nuevo, ese gritito casi me hace reír. Pero lo más llamativo para mí es su reacción de susto, temor, asombro e incluso curiosidad que refleja en su cara. En ese momento recuerdo la situación en la que nos encontramos, algo alarmado pongo mi dedo índice en mi boca para darle la señal de silencio, para que no alce la voz. El ruido puede atraer a las pandillas o los alíen y eso es lo que menos necesitamos en estos momentos.
Él me entiende rápidamente y me da un ligero movimiento de cabeza en señal de que entendió. El muchacho deja su mirada clavada en mí, intentando analizarme, para comprobar que yo no soy una amenaza. Un par de segundos después lo corrobora y sus músculos antes tensos se relajan, de nuevo, el silencio domina la habitación. No sé qué decir y parece que él tampoco. Después de un par de minutos en silencio y de que nuestras miradas se crucen de maneras repentinas, lanzo una pregunta, en voz baja, para aliviar la tensión en el ambiente.
- ¿Cómo te sientes?
No sé qué más decir, las palabras se atoran en mi garganta, impidiendo que diga otra cosa, y mis nervios me lo impiden aún más.
- Bien, gracias.
Su voz sale algo tímida, pero tan dulce. Es la voz más celestial que había oído en toda mi vida. Es suave pero algo aguda. Casi podría decir que se asemeja a la de una mujer o un niño muy pequeño, aunque sigue siendo masculina.
- ¿Cuál es tu nombre?
- Me llamo Lucas, ¿y tú?
- Mi nombre es Frank.
- Gracias, Frank... por ayudarme.
- De nada.
Decido pasarme a la otra silla para sentarme a su lado. Logro notar que algunas vendas ya se están manchando de sangre. Él parece notarlo también, pero su reacción no es como la de una persona normal. Es una reacción algo inocente, como si nunca hubiera visto sangre antes en su vida.
- ¿Nunca habías visto sangre?
- Sí, pero jamás que saliera de mí.
- ¿O sea que nunca te habías lastimado?
- si, pero nunca a este nivel.
Su respuesta me impresiona mucho. No sé en qué mundo loco vivía él, pero se me hace muy raro que nunca hubiese visto sangre. Pero bueno, hay gente de todo tipo, así que no le doy más vueltas y decido cambiar de tema. Aprovecho así para preguntarle algo que me está dando vueltas en la cabeza desde hace un tiempo.
- Oye Lucas, ¿viajas solo?
- Sí, ¿y tú?
- También.
Eso me emociona, pero a la vez me genera muchas más preguntas, como qué le pasó antes de nuestro encuentro, también saber cosas sobre su vida, ¿Quién era antes del ataque de los alienígenas? y ¿qué ha hecho después de eso? Pero no indago más. No me quiero imaginar cómo perdió a toda su familia, aunque posiblemente le pasó lo mismo que a mí. Los perdió el día que llegaron los alienígenas a la tierra.
Respiro profundo y decido hacerle una propuesta...
- ¿Qué piensas si nos quedamos juntos? Ambos estamos solos y no siempre es bueno. Además, nos podemos ayudar mutuamente. Verás, mi plan es salir de la ciudad e irme a vivir a alguna casa en el campo. Quiero quedarme allí el tiempo que más pueda, teniendo todas las cosas básicas para sobrevivir y llevar una vida tranquila, donde tenga cosas como comida y agua. ¿Qué opinas?
- Mmm... la verdad no sé - dice algo indeciso.
- Piénsalo bien, sería un beneficio para ambos. Dos mentes piensan mejor que una sola. Puede que nunca más te den una propuesta así.
- Pues...
- Mira, si tienes miedo de que te haga algo, tranquilo, no te haré nada. Digo fui yo quien te ayudo con tus heridas, si hubiera querido hacerte algo, ya lo hubiera hecho, ¿no?
- Oye, agradezco tu ayuda y la verdad llegué hace muy poco a la ciudad, y bueno, ya sabes, antes de que llegaran los alienígenas. No conozco muy bien el sitio, y bueno, tener un compañero no parece mala idea, la verdad.
- Entonces, ¿qué dices? ¿Cerramos un trato? Además, no te estoy diciendo que tengas que acompañarme hasta que salga de la ciudad. Tú puedes dejarme e irte en cualquier momento que quieras. sin resentimiento, No te obligaré a nada si tú no quieres. ¿Qué dices?
- Está bien, confío en ti, Frank.
Como si nos hubiésemos leído la mente, decidimos cerrar el trato con un estrechón de manos. En eso me percato de que en su mano hay un reloj. Me parece muy raro, no es un reloj normal como los que dan la hora o toman tu presión arterial. Parece mucho más avanzado.
Por accidente, toco el reloj. No sé qué le habré tocado, pero eso hace que me pase algo de electricidad, y no solo a mí, sino también a él. Lucas apenas siente la corriente, se levanta de la silla y retrocede unos pasos, tomando su mano y mirando el reloj nerviosamente. No entiendo por qué lo hace. Intento acercarme a él para disculparme si dañé su reloj o si puedo ayudarlo, ya que parece nervioso y asustado. Me acerco más y el solo se aleja, hay noto algo raro en él, más allá de su nerviosismo, pero no sé qué es. Mientras me acerco más, él se aleja hasta que lo acorralo en una esquina de la habitación y es cuando al fin logro verlo bien; Su piel antes blanca ahora es verde, y de su pelo salen dos antenas, No lo puedo creer. Me gustaría creer que mis ojos o mi mente me engañan, pero no es así. No hay duda.
Es un alíen.
Doy unos pasos atrás. El asombro es tanto que me paralizo. No sé qué hacer, y él, al igual que yo, está asustado. Sus ojos se mueven para todos lados, parece que estuviese buscando algo. Sin darme tiempo a reaccionar, sale corriendo hacia la puerta para huir.
Yo no lo pienso dos veces y salgo tras él, No puedo creer que un alíen bajara a la Tierra sin protección, sin armas y camuflado como un humano. Siento cómo la rabia hace que mi pulso se acelere, y cómo hierve mi sangre. Pero aún más rabia me da el hecho de que yo lo ayudé, gasté un botiquín en él y lo cuidé.
¡Sabía que era mejor dejarlo morir!
Soy un estúpido. Aunque pienso que esta es la oportunidad perfecta para vengarme de esos malditos alienígenas que mataron a mi hermana, Todos son unos animales sin corazón, matar a miles de personas sin razón. ¿Solo para qué? ¿Diversión?
La rabia me da fuerza para correr cada vez más rápido, y las ansias de vengarme nubla mi mente mientras saco mi arma y la cargo. Salgo del cuarto y de la tienda, corriendo de tras de él, mientras la luna brilla en todo su esplendor, alumbrando lo que pronto será una escena del crimen.

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